ECDE el 8-M homenajea a la mujer española: Manuela Malasaña

Manuela Malasaña

Manuela tenía 17 años en 1808 y era hija de un panadero nacido en Vallecas y de origen francés, Jean Malesange, a quien los castizos vecinos del barrio de Maravillas cambiaron su apellido por «Malasaña». Jean tenía su tahona en la calle Divino Pastor, a pocos metros del cuartel de Monteleón donde Luis Daoíz y Pedro Velarde, resistieron heroicamente con sus cañones contra miles de invasores franceses. A pesar de su origen galo, el panadero como otros tantos héroes anónimos, acudieron aquel dos de mayo a auxiliar al pequeño batallón de artillería que plantó cara a los soldados de Napoleón.

 

Su hija era Manuela, costurera en un taller de modistas. Vivía con sus padres en el cuarto piso del número 18 de la calle de San Andrés. Su muerte, convertida en mito y revestida de ciertas leyendas, tiene varias versiones. La más extendida y popular es que «Manolita» fue obligada a permanecer en el taller en el que trabajaba mientras los hombres y las mujeres del barrio luchaban contra los franceses. Cuando cesaron los disparos, mientras regresaba a su casa, una patrulla de soldados galos la interceptaron.

Una tijeras entre la ropa

 

El relato popular asegura que intentaron abusar de ella y que Manuela se defendió del ultraje usando sus tijeras. Otra versión apunta a que, tras descubrir que ocultaba unas tijeras entre su ropa, fue acusada de portar un arma. Sea como fuere, fue ejecutada por la tarde en la plaza que hoy lleva el nombre de Dos de Mayo.

Otros historiadores sitúan a Manuela Malasaña en pleno combate al lado de sus padres, que desde el balcón de su casa defendían a trabucazos las puertas del parque de artillería de Monteleón. Dicen que Manuela murió de un disparo y que su padre resistió hasta descargar sobre los invasores el último gramo de pólvora. La trágica muerte de una joven costurera a manos de los invasores dejó una huella inmortal en los vecinos del barrio de Maravillas.

Manuela Malasaña consta en los registros de la época como la víctima número 74 de las 409 que fallecieron en el levantamiento popular. Fue enterrada en el hospital de la Buena Dicha, convertida en iglesia posteriormente, en la que también yacen los restos de la también heroína Clara del Rey. Ésta murió por la metralla de una bala de cañón que le alcanzó en la frente mientras animaba y ayudaba a los defensores junto a su marido y tres hijos.