Como hemos indicado en el capítulo anterior, hubo una persecución contra la agrupación piñarista, las más de las veces tácita y silenciosa, pero en ocasiones tremenda. Prueba de ello fue el atentado de mayo de 1979 contra la cafetería California 47, local frecuentado por militantes y simpatizantes de FN del centro de Madrid, habida cuenta que la sede nacional del partido se hallaba muy cerca, en la calle Núñez de Balboa. El atentado, que costó la vida a nueve personas y originó 61 heridos de diversa consideración, fue obra del grupo armado del GRAPO, según la Policía y la Audiencia Nacional.

La prensa pseudoprogresista intentó culpabilizar del atentado a la llamada ultraderecha: mera maniobra sensacionalista que pretendía desviar atenciones por la sangre derramada. De igual modo, semanas más tarde, proclamaría que el atentado del hotel Corona de Aragón, en Zaragoza, había sido un hecho fortuito… Conducta deplorable, mire como se mire, pues un régimen democrático como Dios manda -mismamente el norteamericano- no necesita servirse de tantas mentiras y añagazas para conseguir estar estabilizado y ser aceptado por la ciudadanía. Pero llegará el día que se hable, largo y tendido, de aquellas inmoralidades

Por lo pronto, hay que reconocer que fue una persecución efectiva, lo que no impide que la cataloguemos como maquiavélica: la izquierda radical “calentaba” las bases de Fuerza Nueva, aquí, allá y donde fuere menester; y sí se respondía con represalias, estas salían distorsionadas y adulteradas en la prensa nacional intitulada democrática. En cambio, las operaciones más complejas (atentado de California 47 o, mismamente, el homicidio del antiguo dirigente de Fuerza Joven, Juan Ignacio González) precisaban de otro tipo de “técnicas”, pero el fin era el mismo: conseguir el aplastamiento de Fuerza Nueva, y su desprestigio para el porvenir.

Y cuando digo ‘Fuerza Nueva’, incluyo también a sus hermanos mayores (la Falange y el Tradicionalismo) que por idénticas razones fueron objeto de descrédito.

De hecho, los sucesos sangrientos de Montejurra (mayo de 1976) y la matanza de los abogados laboralistas en Madrid (enero de 1977), que ahora puede interpretarse como una operación próxima a la Red Gladio -creada por la CIA y dependiente de la NATO-, sirvieron para desprestigiar tales ideologías. Y la verdad que estos acontecimientos les vinieron muy bien a sus adversarios políticos, cara a las primeras elecciones generales, pues hasta la desaparición institucional del Movimiento en la primavera de 1977, los municipios españoles aún podían exhibir la bandera nacional, junto con las de la Falange y la Tradición, por pertenecer ambas al Movimiento Nacional. Qué duda cabe que los homicidios de Montejurra (Navarra) y de la calle madrileña de Atocha alteraron la influencia que aún conservaban dichas corrientes políticas sobre amplias capas de la opinión pública.

Por supuesto, que tales crímenes fueron redireccionados por la izquierda y el progresismo patrio para calumniar a FN, acusándola de la comisión de tales atrocidades; y hasta hay algún estudio reciente, pretendidamente científico, que intenta convencernos de que alguno de los integrantes del comando madrileño estaba vinculado a Fuerza Nueva como afiliado, ignorando que esto nunca fue admitido por FN, que acababa de constituirse como partido político cuando era una simple editorial, siendo imprescindible que los carnés fueran firmados personalmente por Piñar. También desconocen estos analistas que la editorial era una compañía mercantil, legalmente constituida, que impartía conferencias de tipo cultural, como suelen hacer algunas sociedades anónimas de prestigio, siendo la entrada libre y gratuita.

Por lo demás, todo asesinato político implica un móvil previo, según la criminología. Y, por aquel tiempo, lo que realmente preocupaba a Fuerza Nueva era desarrollarse como partido político y cumplir con sus obligaciones societarias; en absoluto, un conflicto laboral del transporte, que no era asunto de su incumbencia y sí de los desafortunados abogados.

Con todo, el número de muertos y heridos en ambas operaciones* no superan los causados por la bomba que hizo trizas la cafetería California 47, muy cerca de la sede de FN. Tampoco ha de olvidarse que los atentados terroristas contra los fuerzanovistas fueron efectuados por grupos armados, perfectamente organizados y con experiencia acreditada en el asesinato y secuestro político. En las provincias euscaldunas, las acciones fueron llevadas a cabo por la organización ETA o por su grupo escindido, los denominados Comandos Autónomos Anticapitalistas; mientras que los actos cometidos en el resto del Estado, fueron obra del GRAPO, incluyendo su marca blanca el Partido Comunista Reconstituido, y del FRAP, como sucedió en Málaga contra un dirigente de FN.

De hecho, el terrorismo vasco mataría durante la etapa oscura de 1976-1977, aparte del mencionado Legorburu, a dos suscriptores más de la revista Fuerza Nueva: en Basauri, sería asesinado en junio de 1976 el falangista Luis Carlos Albo Llamosa; y, en octubre de 1977, caería muero en Guernica Augusto Unceta–Barrenechea Azpiri. En la misma época, el activista de FN, Eloy Ruiz Cortadi, salvaría la vida en un atentado de ETA perpetrado contra él en la localidad de Sestao.

La criminalización mediática de FN por parte de la prensa sensacionalista de carácter progresista responde a una especie de instinto de conservación de la izquierda, frente al temor atávico de ser rebasada por sus adversarios. Y me explico: la paralización del movimiento piñarista como se había previsto inicialmente no era viable, habida cuenta las decenas de miles de personas entusiastas que habían acudido a la plaza madrileña de Oriente en noviembre del 76. Era menester, pues, adoptar otra estrategia con medidas más drásticas, tales como asaltos selectivos, campañas difamatorias y, en último término, la eliminación física.

Mientras tanto, FN empezaba a crecer por todo el país. Se abrían sedes locales, se celebraban actos multitudinarios… pero, sobre todo, comenzaría a despuntar Fuerza Joven con su peculiar estilo, que recordaba más que a falangistas o carlistas ortodoxos a soldados de las fuerzas especiales, con un ademán parecido al exhibido por los capitanes portugueses de la revolución de los claveles. Y, obviamente, se multiplicaron las adhesiones juveniles, así como los ataques por parte de una izquierda desgreñada, rabiosa e instintiva. Los reportajes del semanario Fuerza Nueva dan fe de lo que estamos diciendo, destacando, por su objetividad expresiva, las fotografías del acto organizado nuevamente en la plaza de Oriente bajo un aguacero de consideración.

Pues bien, hasta las elecciones generales de junio, refiero el inventario de ataques revelados por Blas Piñar dos días antes de los comicios: un chico de Sevilla, brutalmente apaleado, con pérdida de visión; tiroteado el presidente de Fuerza Nueva de Málaga; incendio intencionado de la casa del jefe de Fuerza Nueva de Córdoba; apaleamiento del presidente de Almería y candidato al Congreso; varios heridos en Barcelona y Madrid, con intentos de asalto a las sedes respectivas; navajazo infligido a un asistente al mitin de Fuerza Nueva en la plaza de toros Monumental; destrozos en los coches de miembros de Fuerza Nueva en El Escorial.

Blas Piñar, en sus libros sobre esta violencia –de obligada consulta para cualquier historiador imparcial-, recopila más sucesos violentos del año 1977: en mayo, fueron agredidos unos muchachos de FN que estaban pegando carteles electorales en la capital de España (terminaron algunos en el hospital); en octubre, cuatro militantes de FN resultaron heridos y dos automóviles destrozados por unos desconocidos en la localidad valenciana de Picasent; en la ciudad de La Coruña, el cuatro de  diciembre, fue agredida y pateada en el suelo, una joven e FN; y, en el mismo mes, otro militante de FN fue agredido en el centro de Madrid, debiendo ser ingresado en el Hospital del Aire (14 de diciembre).

Piñar refiere también atentados contras las sedes de la agrupación: concretamente, desde el lejano 1971 hasta 1977, el notario madrileño contabiliza hasta dieciocho asaltos, correspondiendo la mayor parte al año 77. Pues bien, resulta curioso que, durante el tardofranquismo, la editorial Fuerza Nueva fuera objeto de dos ataques terroristas. De hecho, en mayo de 1971, la sede social fue aterrorizada con el anuncio de bomba y dos años más tarde, se intentó quemar con petróleo la redacción la revista Fuerza Nueva; el hecho motivó que, meses después y con ocasión de una conferencia de Piñar en la ciudad de León, la policía vigilase el lugar donde durmió el político toledano en tierras leonesas, días antes del asesinato del almirante Carrero Blanco. No debiera de olvidarse al respecto que, desde 1970, el fundador de Fuerza Nueva estuvo en las miras de la organización terrorista ETA, así como del GRAPO**, según desvelaría Piñar en sus libros sobre FN, proporcionándosele una protección policial que, repentinamente, el PSOE le retiraría una vez que llegó al poder en octubre de 1982.

Nada extraño, pues en la campaña electoral de 1977, activistas del PSOE madrileño también atacaron salvajemente a los hombres de FN: apedrearon a unos chicos de la organización y les embistieron con una furgoneta, hiriendo a algunos de los jóvenes fuerzanovistas.

Con todo, la revista del partido recoge más agresiones: así, el doce de junio de 1977, fue arrojado un objeto incendiario contra el domicilio del candidato al Senado por Mallorca, mientras este pegaba propaganda electoral, salvándose su familia merced a los ladridos del perro; y, en Écija, fue apedreado un autocar de militantes causando graves destrozos en el vehículo…

Tras los comicios generales de junio, prosiguieron lamentablemente las agresiones: en Playa Oro (Gerona) se agrede a un notario, militante de FN; en Vitoria, se asalta y se destroza el domicilio de otro militante. Y, el 26 de julio, en la localidad malagueña de Archidona, se colocaron hasta seis kilos de goma-2 en los bajos de un vehículo, propiedad de un simpatizante del movimiento de FN.

Posteriormente, con ocasión de la propaganda del 20N del 77, fueron brutalmente agredidos varios jóvenes madrileños de FN en el metro de Pueblo Nuevo, arrojados incluso alguno de los atacados a las vías del tren… y, en la glorieta de Legazpi, fueron asaltados unos santoñeses que habían acudido horas antes a la Plaza de Oriente.

Por lo que a ciudadanos pacíficos respecta, hemos de referir que también fueron molestadas bastantes personas de orden, comenzando por el mismo Duque de Tovar, candidato fuerzanovista en las elecciones de junio, cuya integridad física corrió serio peligro cuando unos fanáticos manifestantes pro amnistía lo intentaron apuñalar en pleno centro de Madrid, siendo rescatado in extremis por un coche de la Policía. Además, las amenazas, obviamente, fueron numerosas, refiriendo Blas Piñar la dirigida contra su yerno y letrado de la organización, Antonio Muñoz Perea, al salir de un juzgado madrileño.

En definitiva, las acometidas y agresiones fueron incontables al comienzo de la denominada Transición, anotando incluso Piñar el ataque llevado a cabo por unos hedillistas contra los chicos de FN en 1977, con ocasión de la presentación al Senado de la candidatura de Fuerza Nueva por Madrid, ignorando estos airados falangistas el respeto que por la figura de Manuel Hedilla Larrey había tenido la revista Fuerza Nueva, especialmente con ocasión de su fallecimiento.

En fin, se trataba ya de una abierta persecución, eso sí silenciosa y manipulada.

  

*Stefano delle Chiaie declaró tras ser extraditado a Italia en 1987 que la matanza de los abogados laboralistas de la calle de Atocha fue instigada por determinados sectores de la policía española y que los autores materiales del atentado eran jóvenes muy próximos a ese círculo policial. Fuente: El País, Madrid, (05.07.1987), https://elpais.com

**El automóvil de Piñar en junio de 1976, un seat modelo 1430, fue sustraído y quemado por activistas del GRAPO.

 

 

Fuentes: Archivo Linz de la Transición española.

ABC, Madrid-Sevilla (1976-1979); Diario de Burgos (1976-1979); La Vanguardia,   (1976-1979); El Alcázar (1977-1982).

                  Fuerza Nueva (1970-1979).

                  Boletines provinciales de Fuerza Joven (1977-1982).

                  Archivos y testimonios personales (1977-2017).

 Piñar, B. (2002): La Pura Verdad, FN Editorial, Madrid.

 Piñar, B. (2003): Bandera Discutida, FN Editorial, Madrid.

 Piñar, B. (2004): Así Sucedió, FN Editorial, Madrid.