En los días 11 y 12 de mayo de 1809 podría haber cambiado la historia de Cataluña y de España, durante la Guerra de la Independencia. Los grupos de resistencia patriótica, en colaboración con el Ejército español, organizaron una gran conspiración para apoderarse de Barcelona, echar a los ocupantes franceses y abrir las puertas a los soldados españoles. Fue lo que se conoce como la conspiración del día de la Ascensión. Estaba previsto llevar a cabo el plan en los días 11 y 12 de mayo de 1809.

Se trataba de una gran conspiración en la que estaban implicados nada menos que 6.000 personas. Los dirigentes patriotas se habían puesto de acuerdo con dos capitanes de origen italiano que formaban parte del ejército napoleónico. La idea era que estos dos capitanes napoleónicos abrirían por sorpresa las puertas del castillo de Montjuic y de las Atarazanas a las partidas de Migueletes o Miquelets, y a las tropas españolas, que entrarían en tromba. Una vez que ambas fortalezas estuvieran ocupadas, las campanas de la catedral de Barcelona, convocarían a los grupos armados, que asaltarían los principales acuartelamientos franceses de Barcelona. Durante meses se habían ido introduciendo clandestinamente armas en Barcelona y más de 6000 personas estaban al parecer, organizadas para lanzarse a la lucha.

No sabemos que habría ocurrido si el plan se hubiera puesto en marcha, pero probablemente hubiera dado lugar a una gran batalla urbana. Sin embargo, todo el plan fue descubierto cuando uno de los dos capitanes napoleónicos implicados advirtió de todo a la policía francesa de ocupación. Tal vez se asustó en el último momento o quizá, más probablemente, estos oficiales fueron agentes dobles desde el principio. Las autoridades napoleónicas llevaron a cabo una serie de detenciones que culminaron en un proceso militar sumarísimo y fulminante llevado a cabo en la Ciudadela de Barcelona el 2 de junio.

El día 3 de junio, solo un día más tarde fueron ejecutados en la misma Ciudadela el sacerdote Joaquín Pou, el fraile Juan Gallifa, el subteniente del regimiento de Soria, José Navarro y otros dos conspiradores civiles, Juan Massana y Salvador Aulet. Otros tres miembros de la conspiración, Ramon Mas, Julián Portet y Pedro Lastrortas fueron también detenidos, tras esconderse varios días en el órgano de la catedral de Barcelona y serían posteriormente ejecutados Antes, durante el proceso habían tenido lugar momentos emocionantes, como cuando el fraile Juan Gallifa (nacido en San Boi de Lluçanés en 1775) se encaró con sus verdugos y se negó a retractarse de sus actos. Cuando le llamaron asesino y le reprocharon que siendo religioso se hubiese implicado en la conspiración puso en duda que las autoridades francesas fuesen legítimas y llamó “irreligionarios” a los napoleónicos. Cuando le preguntaron con ironía si pensaba tener la fortaleza de un filósofo, ya que había estudiado Filosofía además de Teología, Gallifa dijo “A lo menos pienso tener la fortaleza de un mártir”. Otros 18 condenados a muerte vieron su pena conmutada.

Y así fue. Todos murieron en el patíbulo con tranquilidad y según los testigos Gallifa era el de aspecto más sereno y enérgico. Pero los mártires fueron vengados pronto por los guerrilleros patriotas y el Ejército. En ese mismo mes de junio de 1809, a finales, las fuerzas de migueletes del gran guerrillero y militar patriota Juan Clarós, natural de Barcelona, se apoderaban de un gran convoy francés de 120 carros de municiones y abastecimientos, durante el sitio de Gerona. Y el 8 de julio de 1809, durante el mismo asedio, el intento de asalto francés al castillo de Montjuich (no el de Barcelona obviamente sino el castillo llamado así que estaba en Gerona) terminó en desastre cuando cientos de soldados napoleónicos murieron bajo los disparos de la artillería española.

Como han recordado los historiadores Fernando Martínez Laínez y Antonio Moliner Prada, en sus recientes obras sobre la guerra de la Independencia en Cataluña, el Principado fue uno de los bastiones de la resistencia patriótica contra Napoleón y el amor a España estaba en todas partes en Cataluña, también en la música popular, como se refleja en la famosa canción de aquella época “Nosaltres som Espanyols”

Los mártires de Barcelona de 1809 son recordados en un bello grupo escultórico que cuenta también con azulejos y baldosas situado detrás de la Catedral. Este monumento fue construido durante los años 20, durante la Dictadura del general Primo de Rivera. En esa época se dio además el nombre de los ejecutados a una serie de calles situadas en torno a la Vía Layetana y la Catedral, que aún permanecen. El monumento fue destruido por la Generalitat de Companys durante la Guerra Civil. Y reconstruido en los años 40 por el Ayuntamiento y el escultor Josep Llimona.

En 2009 los homenajes institucionales en Barcelona a estos mártires brillaron por su casi total ausencia, mientras las autoridades separatistas preparaban fastuosas celebraciones por el tergiversado “Tricentenari” de 1714.  Pero el heroísmo de los catalanes patriotas de 1808-1814 marca una huella indeleble en la historia de Cataluña.