Confieso que en esto de las redes sociales (Twitter, Facebook, Whatssap, Linkedln, y otras palabrejas) soy un analfabeto integral y tal vez por eso me llevo grandes sorpresas cuando entro en Internet. Porque sorpresa fue para mí que a las dos horas de haber visto publicado en este diario mi artículo “La profecía de Tarradellas” recibiera un correo de un viejo amigo desde Barcelona en el que me decía: “Querido Julio Merino, acabo de leer el artículo que hoy te publica el “Diario CÓRDOBA” sobre tus relaciones con el Honorable Tarradellas y eso  me ha hecho recordar el primer artículo que publicaste como Director del “Diario de Barcelona” y que yo les he leído más de una vez a mis hijos y a mis nietos, porque has de saber que mis hijos me salieron “nacionalistas” y mis nietos son independentistas furibundos. Te lo reenvío por si no lo recuerdas. Un abrazo y que sigas escribiendo. Antonio Roldán”. Pues, la verdad es que no lo recordaba, pero al releerlo me he dado cuenta que bien podía publicarse hoy, sobretodo viendo lo que actualmente está pasando en Cataluña. Lo reproduzco tal cual, sin quitar ni poner una coma:

 

Buenos días, Cataluña

Queridos amigos, al iniciar esta nueva etapa de mi vida profesional, no tengo más remedio que retrotraerme en el tiempo y recordar que hace muchos años, pero muchos, yo venía en un tren correo camino de Barcelona y de Cataluña. Como venía parte de mi familia y casi todos los habitantes de 

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mi pueblo cordobés. Sí, mi pueblo cordobés, Nueva Carteya, se vació una mañana al despertar al día siguiente en esta “tierra prometida” que entonces era, sin duda, la salvación. Porque, entonces, años cincuenta, el hambre hacía, todavía, estragos en mi siempre amada Andalucía y el pan estaba aquí, en Cataluña, en Barcelona, en Tarrasa, en Sabadell, en San Cugat, en Mataró, en Gavá, en Viladecans, en Esplugas… y tantos otros…

Pero el sino, sí el sino que decía mi admirado Lucio Anneo Séneca, es decir, el destino, mi destino hizo que aquel tren me dejase tirado en Madrid, con una maleta llena de libros y cinco duros en el bolsillo. Corría el año de 1958 y yo sólo tenía 18 años. Atrás quedaba media familia, la que preparaba las maletas para venirse a Barcelona, y delante iba la otra media, con su drama a cuestas. Pasaron los días, pasaron los meses y yo seguí luchando en Madrid por la subsistencia, eso sí, con el billete del tren para Barcelona en el bolsillo. Dios me amparó y pude salir adelante en la capital de España.

Por eso hoy, al incorporarme a la dirección de este diario que lleva el nombre de Barcelona, no he podido evitar volver los ojos atrás y recordar el pasado. El destino me alejó entonces de Cataluña y el destino me trae hoy a Cataluña.

Así pues, mis queridos amigos catalanes, hoy me vais a permitir que el primer saludo, el primer recuerdo a mi llegada a esta ilustre y noble capital, sea para mis muertos y para mis paisanos. Para mis muertos, porque aquí están ya enterrados algunos, muchos quizás, de los miembros más destacados de la familia. ¡Y la sangre tira a la sangre! Para mis paisanos de Nueva Carteya porque al llegar a esta institución que es DIARIO DE BARCELONA lo primero que he deseado ha sido lanzarles este abrazo del alma que hoy les envío. Pero, sería injusto si en esta primera salutación pública no acogieses al siempre increíble pueblo catalán.

Mi propósito al llegar a esta dirección está, pues, bien claro. Pondré todo mi esfuerzo en servir con dignidad a lo que hoy representa Cataluña y trataré por todos los medios de que este histórico e ilustre diario sea a partir de ya el vehículo de la concordia para unos y otros, para los que nacieron aquí y para los que un día supieron o pudieron llegar a esta “tierra prometida”. Y por eso, porque amo a España y me siento español hasta la médula, hoy, aquí y ahora grito a los cuatro vientos: ¡Visca Catalunya!

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PD: Lo que sí recordaba es que ese artículo se lo leí antes de publicarlo a mi ya amigo, el Honorable Presidente Tarradellas, y de que de su puño y letra figura al pie un V.B. en mi archivo particular y estas palabras: “Sí, concordia, para unos y otros. Ciutadans i catalans”. Hace 39 años y yo tenía, por casualidad, 39 años. Se publicó el día 4 de diciembre de 1979.