Voy a hablar hoy un poco de estos dos personajes de carreras tan parecidas que se podría escribir un libro sobre ellos dos que se llamase Vidas Paralelas.
 
Dos hombres que partiendo de abajo y enfrentándose al ancien regime imperante en sus países, se hicieron dueños de Europa. Y que después lo perdieron todo debido a sus excesivas ambiciones y a una cierta sensación de invencibilidad que les había proporcionado sus grandes victorias.
 
Como he dicho, ambos se hicieron dueños de Europa con sus victorias militares. En pocos años además. Pero ambos cometieron el mismo error garrafal. Invadir Rusia y sus terribles inviernos.
 
Ambos subestimaron al enemigo como un país atrasado y de raza inferior. Pero Rusia es enorme. Un imperio. Y había mucha vida más allá de los Urales. Llegaron hasta Moscú pero no contaron con el general invierno.
 
Napoleón perdió a su Gran Armada en las estepas rusas. Hitler perdió varios cuerpos de ejército.  Hombres que les hubieran garantizado el dominio de Europa perecieron a millares bajo los gélidos inviernos rusos. Y es más, Hitler, no contento con ello cometió la insensata locura de declararle la guerra a los U.S.A.
 
Ambos hubieron de retroceder y vieron sus países invadidos por el enemigo. Y estos pusieron fin a sus días de gloria. Hitler se suicidó y Napoleón acabó sus días confinado en una oscura isla.
 
Fueron en ambos casos unos vertiginosos años los que vieron el encubrimiento de estos dos genios militares y sus debacles.¿Que excesiva ambición les llevó a enviar a sus hombres hacia el este? ¿La emulación del gran Alejandro? Nunca lo sabremos.
 
Hoy en día la OTAN está a punto de cometer el mismo error que cometieron ambos estrategas. Según mi humilde punto de vista Rusia no es el enemigo. Es un país cristiano y occidental que debería ser nuestro aliado. Es verdad que ha invadido Ucrania por que nos ve débiles y decadentes. Y tiene pretensiones expansionistas. Pero toda nuestra diplomacia debe resolver este problema.  No podemos permitirnos abrir un frente contra Rusia cuando el verdadero enemigo está esperando que nos destrocemos, los islamistas.
 
Por eso, si surgiera un hombre que se adueñase de Europa, dicen que a la tercera va la vencida, ya sea por la fuerza, ya sea por las urnas, le aconsejaría que buscase en Rusia a un aliado contra el Islam y no a un enemigo.
 
Y este hombre habrá de surgir tarde o temprano, pues como he dicho en mis anteriores artículos, la democracia liberal nos está dejando inermes ante la amenaza yihadista y la pauperización de las clases medias, mediante el invierno demográfico y demás meteduras de pata.  Y llegará un día en que le encomendaremos a alguien la tarea de defendernos de los bárbaros y la tarea de poner orden en el caos económico y el expolio que actualmente estamos sufriendo.
 
Y ojalá este hombre que se adueñe de Europa no cometa el error de abrir un frente ruso.
 
Así vienen los tiempos. Los yihadistas amenazan con reconquistar Al Andalus y no sería extraño que el hombre con el destino señalado fuese español. Es decir, un nuevo Trajano, Adriano o Teodosio.
 
Pero mientras nos llega ese hombre providencial, no olvidemos quién es nuestro enemigo. Contra quien estamos combatiendo y quien nos amenaza.
 
La democracia liberal está dejando una Europa sin europeos y con unas clases medias empobrecidas. Ojalá que a la tercera sea la vencida y le demos la bienvenida al nuevo César.
 
Por la supervivencia de la raza blanca y por la implantación de una verdadera Justicia Social que ponga fin al ancien regime persistente con sus latrocinios consentidos, sobre todo en España, y que aparte a los nuevos invitados progresistas al expolio. Son muchas las garrapatas ya que succionan la sangre de este perro flaco. Oligarquías cleptomanas,   clase política en expansión, administraciones desmesuradas y etc, etc.
 
Dos hombres y un destino. El engrandecimiento y el colapso. Ojalá a la tercera el nuevo invitado sepa ver sus límites y se centre en sus pesadas tareas de ganar la III guerra mundial a los mahometanos y de implantar la Justicia Social en nuestro continente para que volvamos a ser la luz del mundo cuando el ocaso del capitalismo y el dinero se nos muestra ya evidente.
 
Y para terminar, que el hipotético tercer hombre nos restaure nuestras tradiciones. Y que el relativismo y el nihilismo desaparezcan de nuestros territorios. 
 
Es decir, que la nueva Europa vuelva sus ojos a Dios y a la procreación. Para salvar el invierno demográfico y la parálisis espiritual del continente. Una vuelta a nuestras raíces cristianas que habrá de realizarse más temprano que tarde antes de que nos volvamos todos afeminados y dejemos este solar vacío de niños blancos europeos sustituidos por las chilabas, los burkas y el canto de los minaretes alabando a Alá.