“El carlismo ha cegado a los vizcaínos, les ha hecho desconocer a su Patria, adoptar espontáneamente la patria extranjera que los aniquila y derramar copiosa sangre y destruir sus haciendas en dos largas guerras sostenidas por exótica causa”

¿”Para que derramar tanta sangre y exponerse al cabo a las iras del pueblo español, siguiendo una bandera extranjera, defendiendo una causa exótica, y por tanto antinacional y antipatriótica?

“El carlismo ha dejado transcurrir todo este siglo sin hacer al bizkcaino la más leve indicación de su nacionalidad y ha visto con infame despreocupación tanta sangre derramada inútilmente”.  También calificó al carlismo como “partido extranjerista al que estaba afiliada la gran masa euzkeriana”

Son frases de Sabino Arana, el fundador del nacionalismo vasco, del folleto que escribió titulado “El Partido Carlista y los Fueros Vasko- Nabarros”, un folleto escrito precisamente para negar que el nacionalismo vasco, que acababa de fundar, tuviese ninguna relación ni semejanza con la doctrina carlista. Sabino Arana, a pesar de haberse identificado durante algunos años con el Carlismo o mejor dicho, con su escisión” integrista”, a partir de su “conversión” al nacionalismo pasó a odiar mortalmente al Carlismo. También, por ejemplo, calificó al Carlismo como “el partido extranjerista al que estaban afiliados la gran masa de los euzkerianos”

En nuestros días es bastante habitual en numerosos periodistas mal informados el hablar del nacionalismo vasco o catalán, como los herederos naturales del Carlismo, el decir que los nacionalistas vascos o los independentistas catalanes son los carlistas de nuestra época. Y sin embargo, nada es más falso e incierto, como se ve claramente en las frases antes citadas.

Una obra académica que deja bien clara la falsedad de este tipo de argumentos es el libro “Nobleza con libertad. Biografía de la derecha vasca”, de Pedro José Chacón Delgado, publicado en 2015 por la editorial Atxular Atea. Se trata de un libro de gran extensión (casi 700 páginas), extraordinariamente documentado y de gran erudición. El autor niega con rotundidad que el Foralismo vascongado del siglo XIX, ya sea en su versión carlista o en su versión liberal conservadora, fuese “prenacionalismo”, como se ha afirmado desde algunos sectores. A través de amplias semblanzas biográficas de 64 políticos y escritores foralistas vascongados de los siglos XIX y XX, comprobamos que el Foralismo, la defensa de los Fueros y de su recuperación, tras la abolición parcial de parte de los mismos por Cánovas del Castillo, en 1876, era la forma natural del españolismo derechista en Vascongadas durante el siglo XIX y la primera mitad del XX, a pesar de la aparición del nacionalismo a finales del XIX.

Los Fueros, entendidos como el ordenamiento jurídico y legal tradicional en las Provincias Vascongadas, eran unánimemente defendidos por las fuerzas políticas del españolismo conservador, ya fuese carlista o liberal, que, como el autor recuerda, fue hegemónico en Vascongadas durante todo el siglo XIX. Las manifestaciones de amor a España y a la Corona, (ya fuese entendida en sentido carlista o en sentido liberal), por parte de todos los foralistas vascongados fueron constantes, como se recoge en la obra. Por supuesto no había contradicción entre su españolismo, siempre manifestado por ellos, con su amor y defensa de la lengua vasca, de la que muchos de ellos fueron amantes y cultivadores. Fueron grandes defensores de su “patria chica”, Vizcaya, Guipúzcoa o Álava y de su “patria grande “, España.

Como señala el autor, el nacionalismo vasco, lejos de ser una evolución natural del Foralismo o del Carlismo, supuso una auténtica revolución contra la tradición vasca y una verdadera ruptura con toda la historia de las Provincias Vascongadas. Sabino Arana en teoría defendía el Foralismo (aunque de hecho rechazaba el término “Fueros” y hablaba de “Leyes viejas”) pero, como señala el autor, en realidad lo falseaba, presentándolo como un código de soberanía política y como mera coartada retórica para su separatismo. El nacionalismo mutilaba una parte vital del Foralismo, como era la unión con la Corona española. Además, Arana y sus seguidores, obsesionados con presentar a los vascos como una raza muy diferente a España, negaron la teoría del vasco iberismo, que describía a los vascos como los primigenios pobladores de la Península Ibérica y a la lengua vasca como la original de todos los iberos.  El vasco iberismo había sido defendido por todos los foralistas y por todos los cronistas e historiadores vascos clásicos, ya desde Esteban de Garibay, en el siglo XVI.

Una de las partes más interesantes del libro es la reproducción de los brutales ataques e insultos lanzados por Arana, en artículos periodísticos, contra los políticos foralistas y contra los historiadores vascos más famosos de su época. Lanzó fuertes ataques y descalificaciones, por ejemplo, contra Fidel de Sagarmínaga, historiador y probablemente el político foralista liberal más importante de su época, llamándole “españolista”, “extranjerista”,” amigo de la monarquía española” y muchas cosas similares, no perdonando el monarquismo y españolismo de Sagarmínaga. En un determinado momento Sabino Arana se referirá a los padres de la Foralidad vasca en conjunto, con una durísima frase: “Conocieron a su Patria pero no la amaron y la entregaron a sus enemigos”

También lanzó Arana fuertes ataques contra el eminente sacerdote e historiador carlista Estanislao de Labayru, que publicó en la década de 1890 una historia de Vizcaya en 8 volúmenes, que aún hoy sigue siendo considerada una obra fundamental. Arana le criticó por defender la españolidad de Vizcaya en su obra y por su énfasis en la participación vizcaína en la Reconquista o en la Conquista española de América. Tampoco le perdonó que Labayru se pronunciase en contra de determinados mitos y leyendas que se habían aceptado previamente como parte de la historia de Vizcaya (como el mito del “Caballero Blanco”, que supuestamente había liderado a los vizcaínos y vencido a las fuerzas del rey de León, en el siglo IX). Arana defendió explícitamente los mitos, si estos ayudaban al “patriotismo”, llegando a acusar a Labayru de amar más a la verdad histórica que a la “Patria”

Otro historiador que fue objeto de las iras de Sabino Arana fue el guipuzcoano Carmelo Echegaray, considerado todavía hoy en día como el historiador del Derecho y de los Fueros más destacado de su época. Arana le llamó tonto e inculto, por defender el hispanismo de la foralidad y por llamar “hermanos” al resto de españoles. Echegaray le contestó llamándole inculto a él, por despreciar a las grandes figuras vascas de la historia española y universal, como Elcano, Urdaneta, Oquendo y tantos otros. Resulta extraordinariamente llamativa vista en perspectiva, la perspicacia de Echegaray que además señaló que las ideas de Arana “ devolverían Guipúzcoa a los tiempos en que estaba infestada de malhechores ( se refería a la época de las luchas banderizas medievales) y calificó a los nacionalistas como “sectarios, cismáticos y amparadores del robo y el asesinato”. Sabino Arana le contestó a su vez con fingida ironía, agradeciendo a Echegaray su “cortesía” por calificar así a los nacionalistas. Pero teniendo en mente, por ejemplo, el País Vasco de 1980, parece más que demostrada la clarividencia de Echegaray.

Así pues, como señala Chacón Delgado, teniendo en cuenta los descarnados ataques de Sabino Arana a todos los próceres del Foralismo, difícilmente se le puede considerar un discípulo y un continuador de ellos.

En definitiva, un libro muy relevante “Nobleza con libertad. Biografía de la derecha vasca”, de Pedro José Chacón Delgado, de Atxular Atea Ediciones (2015)