El Generalísimo Franco visitaba  en la mañana del día 20 de agosto de 1948,  la Grande Obra de Atocha, benéfica institución de enseñanza, creada en 1923 por el canónigo Don Baltasar Pardal Vidal.

El Caudillo llegó al edificio de la Obra, sito en la Plaza de España, minutos después de las once de  la mañana, y aun cuando no se había hecho pública la noticia de su llegada, en las inmediaciones de la Obra se había congregado numeroso público.

El edificio estaba adornado con un gran tapiz y  banderas Nacionales y gallardetes, de igual forma que  las calles que conducían al  edificio de la Obra. En la plaza se habían colocado unos altos mástiles donde ondeaban Banderas de España, En las inmediaciones se habían situado también las comparsas de gigantes y cabezudos, que recorrían la ciudad en días de fiesta.

Esperaban al Jefe del Estado, el capitán genera] de la VIII Región militar, Teniente General Salvador Mújica Buhigas; el gobernador civil de la provincia, señor Martín Ballesteros; el alcalde Alfonso Molina Brandao; el gobernador militar, general Ferrater Tello; el presidente de la Audiencia. Territorial; delegado de Hacienda; miembros de la Corporación municipal; jefes y comisiones  de la guarnición y  Cabildo y otras personalidades coruñesas, así como el director de-la Gran Obra de Atocha, Don Baltasar Pardal, junto con el profesorado del centro.

La llegada del vehículo que conducía al Generalísimo, escoltado por su unidad de motos,  fue anunciada con disparos de multitud de bombas de palenque, y al aparecer el mismo, en la Plaza, el público prorrumpió en entusiásticas aclamaciones y vítores, mientras una banda de música interpretaba el himno Nacional.

El Generalísimo tras saludar a las autoridades y representaciones, pasó al interior del edificio, en donde era esperado por todos los niños y  niñas que allí recibían educación. Al subir el Generalísimo Franco las escaleras de la entrada, cuatro alumnas de la Grande Obra, desde el balcón principal del edificio,  arrojaron pétalos de flores a su paso. Tras ello y ya en el interior el recibimiento tributado al Caudillo fue impresionante. Centenares de niños y niñas, le vitorearon con entusiasmo.

EL Caudillo y sus acompañantes pasaron seguidamente a la capilla, mientras los niños y niñas entonaban el himno Nacional.

  1. El Caudillo de España saluda al alcalde de la Coruña Alfonso Molina, a su llegadA a la Grande obra de Atocha

Después de orar breves instantes ante el Sagrario, el canónigo Don Baltasar Pardal explicó al Generalísimo el simbolismo del Sagrario y del Copón. Después Don Baltasar  Pardal  abrió el Sagrario, y el Jefe del Estado admiró su interior, que tenía un reproducción descrita en  el Cantar de los Cantares.

Seguidamente el Caudillo visitó las aulas y pabellones del segundo piso de la casa, y en el Salón del Trono recibió el homenaje de la Obra.

El Caudillo había entregado  5.000  pesetas como donativo para esas escuelas y el señor Pardal  al pronunciar, seguidamente, unas breves palabras, aludió a dicha ofrenda como el oro de los Magos. Los  niños dijo “tienen un sentido especial y para ellos el beso dé una madre vale más que todo el oro del mundo; por eso nosotros, aunque nos hubierais llenado las arcas vacías de la Obra con todos los tesoros, no por eso quedaría nuestro corazón insatisfecho.” Recordó que los niños que se hallaban allí eran parte de los que el 7 de julio de 1937, en nombre de más de 22.000 criaturas, llenaron la Plaza del Hospital, de Santiago de Compostela, levantando sus brazos para implorar la divina protección para los soldados de España que entonces luchaban por la salvación de la Patria en Brunete. Continuó el señor Pardal diciendo que la oración era el alma de los niños. Dedicó, un emotivo recuerdo, a la esposa del Generalísimo, Carmen Polo de Franco, que en otra ocasión visitó la Obra, y dijo que a ella no le ofrendaban ramos de flores porque “se marchitan pronto, sino los ramos, formados por los corazones de estas niñas y sus profesores, que, como los nardos míticos del joven divino del Cantar de  los Cantares, han de abrirse todos los días ante el Sagrario, que acabáis de ver, para exhalar el aroma santo que ha de llegar hasta el Niño Jesús para que bendiga siempre vuestro hogar.”

Finalizó sus palabras ofreciendo al Caudillo una medalla de oro, con la imagen del Niño Jesús y el escudo de la Obra, así como otras dos medallas más para su esposa e hija.

El Generalísimo, visiblemente emocionado por el homenaje, pronunció unas palabras de agradecimiento.

A continuación prosiguieron el recorrido por las diversas dependencias e instalaciones. El Generalísimo Franco, pasó de muevo al salón de actos, donde había levantado un artístico escenario, sobre el  cuál se había situado un grupo de niños, uno de los cuales portaba una gran Bandera Nacional.

  1. El Generalísimo ora ante el Sagrario de la Capilla de la Grande Obra de Atocha.

Los niños ostentaban delantales blancos, con el nombre de Franco, mientras, que las niñas, los ostentaban con el nombre de doña Carmen, en homenaje a la esposa del Generalísimo. Otro grupo de niños, ataviados con  vistosos trajes de paje de época, lanzas y armas antiguas, daban guardia de honor. Ante dicho escenario, un niño de corta edad, vestido con el traje típico regional, recitó unas poesías en gallego de salutación al Caudillo, siendo muy aplaudido.

Después actuaron unos grupos de danzas regionales, formados por niños de corta edad, que también fueron muy ovacionados.

Por último, el Caudillo de España  felicitó al director y profesorado, de la Obra y abandonó el edificio poco más de las doce. A la  despedida, los niños y niñas  se arremolinaron en torno al Jefe  del Estado, aclamándole y vitoreándole.

El público que se había congregado a la salida prorrumpió en grandes aclamaciones al ver salir al Caudillo, quien subió al coche y partió, con su escolta, hacia el Pazo de Meirás, mientras atronaban las bombas de palenque disparadas en su honor. Al pasar el Caudillo ante el acuartelamiento de Atocha sede del regimiento de Infantería, situado muy cerca de la Grande Obra de Atocha, se hallaba formado la guardia del mismo con Bandera  y música, que le rindió honores.

El creador de la Grande Obra de Atocha fue el sacerdote Don Baltasar Pardal Vidal. Nacido en 1886 en el seno de una familia de campesinos, que vivían en la parroquia compostelana  de Santa Cristina Date. Tras su paso por el seminario, fue ordenado Sacerdote en diciembre de 1910. Tras ser párroco en Betanzos, en 1913 llegó a  La Coruña como Coadjutor de la parroquia de San Nicolás.  En 1923 y viendo las enormes carencias, incultura, pobreza y hambre, que tenían los habitantes del barrio coruñés de las Atochas, decide fundar una institución que sería dotada de cocinas, comedor, así como de una gran escuela, dedicada  a los niños sin recursos.

Tras intensa lucha, pidiendo donativos por toda la ciudad, logra, ante el asombro de los coruñeses, levantar de la nada, la Grande Obra de Atocha, que se convertiría en una admirable institución social, educativa y religiosa y  en 1927 visitarían sus majestades los Reyes de España. Alfonso XIII y Victoria Eugenia.

En 1951 sería declarada como instituto secular por las Hijas de la Natividad de María.  Su obra se extendería con otros institutos en Uruguay y Venezuela. Canónigo magistral de la Real e Insigne Colegiata de La Coruña, Don Baltasar fue una persona muy querida y apreciada en la ciudad. Falleció el 3 de marzo de 1963 y sus restos reposan en la capilla de su Grande Obra de Atocha.

El 14 de diciembre de 1996 se inició su causa de canonización en la archidiócesis de Santiago de Compostela, cerrándose el proceso diocesano en el año de 2001. La Congregación para las Causas de los Santos recibió la “Positio” en 2005. El 10 de mayo de 2012, el Papa Benedicto XVI emitió un decreto de virtudes heroicas, por lo que se le declaró "Venerable". Una calle de la ciudad de La Coruña lleva su nombre y una estatua se halla situada en los jardines de la plaza de España, enfrente a su Grande y querida Obra de Atocha.