No es la primera vez que en Los crímenes del comunismo abordamos el tema de la represión del Frente Popular contra los intelectuales que no eran de izquierdas durante la Guerra Civil. Ya hicimos un primer esbozo de la lista de importantes representantes de todos los campos del saber que fueron asesinados por ser de derechas, monárquicos o católicos — También contamos como había sido brutalmente asesinado Ramiro Ledesma Ramos, filósofo -discípulo de Ortega y Gasset- y fundador de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalistas (JONS).

 
Documentos correspondientes a Causa General del A.H.N.
 

Hoy vamos a estudiar dos casos que son muy significativos: Ramiro de Maeztu y Pedro Muñoz Seca. El primero, preso en la cárcel de Ventas, de donde es sacado sin juicio previo, y asesinado el 29 de octubre en Aravaca en la que posiblemente sea la primera saca de cárceles madrileñas durante la Guerra. No estaba en una cheka, sino en una cárcel controlada por el Gobierno. Éste seguía en Madrid y Santiago Carrillo todavía no se había hecho cargo del orden público en la capital.

Su saca, con la excusa de un traslado al penal de Chinchilla, fue consentida por el Gobierno y no fue fruto de acciones de descontrolados como se viene justificando desde la historiografía de la izquierda. Todavía faltaba una semana para que comenzasen las sacas generalizadas.

Muñoz Seca, detenido en Barcelona y trasladado a Madrid, estaba detenido en la cárcel de San Antón. Un antiguo colegio religioso convertido en cárcel ante la falta de espacio en los centros penitenciarios de Madrid tras la detención de más de veinte mil personas por el mero hecho de pensar diferente a los partidos del Frente Popular.

 

En el caso de Muñoz Seca, el dramaturgo más reputado de España en los años anteriores a la Guerra Civil, sí que hubo un simulacro de juicio previo a su condena. Se celebró el 27 de noviembre de 1936 y el veredicto fue la condena a muerte por ser católico y monárquico. Todo un crimen en el Madrid controlado por los comunistas de Santiago Carrillo.

En el caso de Muñoz seca, además, se produjo un ensañamiento por parte de sus carceleros y una omisión de las ayudas que la familia reclamó a su paisano y conocido Rafael Alberti. Los dos habían nacido en El Puerto de Santa María. Los hermanos de ambos tenían buena relación. Alberti hacía y deshacía en materia de represión desde su puesto de presidente de la Asociación de Intelectuales Antifascistas. Pero estaba más preocupado por señalar a las víctimas desde su columna “A paseo” en la publicación El mono azul.

Uno de los carceleros de San Antón, arrancó a Muñoz Seca los bigotes cuando éste se dirigía hacia el autobús que le trasladaría a Paracuellos en la madrugada del 28 al 29 de noviembre. Antes le había quitado su abrigo y los pocos efectos personales que le quedaban.