La historia de los negreros o esclavistas catalanes es bien conocida. Muchas de las grandes familias catalanas deben su fortuna a la trata de esclavos del siglo XIX. Desde el puerto de Barcelona salían barcos cargados con telas, algodón, fusiles y se dirigían a Ghana, Benín, Togo o Nigeria, en lo que se conoce como África Occidental. Ahí intercambiaban aquellos productos por esclavos que luego llevaban y vendían en América. El tráfico de esclavos se permitió en España hasta poco antes de la caída de la de la monarquía encabezada por Isabel II. Se calcula que, de 1820 a 1866, los negreros españoles trasladaron a América 600.000 esclavos. Los negreros catalanes llegaron a transportar 132.000 esclavos. Los más significativos negreros catalanes debemos destacar a Antonio López, marqués de Comillas; Juan Güell Ferrer; Salvador Samá Martí, marques de Marianao; Miquel Biada; José Carbó; Jaume Torrents; Agustín Goytisolo Lezarzaburu; José Vidal Ribas; Manuel y Alejo Vidal-Quadras; José Baró Blanxart; José Xifré Casas, entre otros. Muy poco se ha hablado de los chineros. Esto es, los comerciantes de esclavos chinos. Durante el siglo XIX hubo uno, catalán, que dominó ese negocio. Su nombre era Francisco Abellá Raldiris.


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La evolución del esclavismo en Cuba

La producción azucarera en la Isla de Cuba, durante el siglo XIX, estuvo basada principalmente en la explotación de esclavos como materia prima para recoger la caña de azúcar. Durante el siglo XVIII el trabajo lo realizaron esclavos negros venidos de África. A mediados del 1840 entró en crisis el esclavismo africano. Se pensó en introducir braceros blancos, gallegos y catalanes, pero también fracasaron. Luego se pensó en introducir indios yucateros, pero el gobierno de México lo prohibió. Al final se introdujeron culíes o coolies chinos procedentes de Macao y Cantón. El término “culíes” o “coolies” es el apelativo que se utilizó para designar a los cargadores y trabajadores, con escasa cualificación, procedentes de los países asiáticos.

Los primeros culíes llegaron a la isla de Cuba en el 1846. Eran hombres libres comprometidos a prestar servicios a sus patrón durante ocho años. Esta era la concepción jurídica que se le dio en aquel momento. La realidad es que fueron tratados de manera inhumana. El término “hombre libre” no existía. Eran esclavos al servicio de los hacendados españoles afincados en Cuba. A partir de esta fecha, anualmente llegaron cientos de culíes a la isla. El número máximo fue en 1858 con 13.000 esclavos chinos.

Según los datos oficiales publicados en 1874 por la Comisión Central de Colonización de La Habana, el 93 % de los 124.214 culíes oficialmente desembarcados en Cuba procedían de la provincia de Guangdong, sólo el 6 % de la de Fuchién y menos del 1 % de Filipinas y otros lugares.

¿Cómo se contrataba a aquellos hombres? Francisco Abellá escribió que “el agente contrataba con casas portuguesas y alguna inglesa, el número de colonos que necesitaba, mediante un precio convenido; a su vez, éstas celebraban contratos con chinos o macaístas, los cuales se encargaban de enviar en diferentes direcciones a los enganchadores, conocidos vulgarmente por corredores, quienes trataban de persuadir a los chinos llamados allí coolies o chut-chai, que es el nombre que dan los chinos a aquellos de sus compatriotas que se venden para ir a trabajar en países extraños”.

La situación de esos hombres era extrema. A parte de recibir castigo físico, estaban endeudados con los hacendados o sus agentes en China para costearse el billete a Cuba. Al llegar a la isla se manipulaba la deuda y, concluidos los ocho años aún eran deudores. Los que consiguieron saldar la deuda, al finalizar aquel periodo de ocho años, eran tan pobres que no podían comprar un billete de regreso a China. Aquí no acababa su pesadilla. Al estar sin trabajo y sin hogar, eran confinados en depósitos o cárceles. Sólo podían salir de ellas si un hacendado los contrataba por un periodo de ocho años de trabajo. Con lo cual volvían a ser esclavos y nunca conseguían librarse de esta condición.

De esta manera cubrían los hacendados el déficit de mano de obra negra y el estado reglamentaba la vida y el trabajo de los culíes. Tengamos en cuenta que la producción azucarera en Cuba era el principal negocio, luego venía el tabaco. Los datos hablan por sí solos. En la década del 1850 se produjeron unas 400.000 toneladas anuales de caña de azúcar, en la década siguiente 700.000 toneladas anuales y en la del 1870 llegaron a las 780.000 toneladas anuales.

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La cifras

Entre 1847 a 1874 llegaron a Cuba alrededor de 130.000 chinos. Como hemos dicho, muy pocos pudieron regresar. Los motivos son muy diferentes. Muchos fallecieron por vejez o enfermedad, o por malos tratos o por suicidios. Los menos consiguieron la protección del cónsul portugués Elça de Queiros, o al haber llegado a Cuba desde California, lograron acomodarse y dedicarse al comercio, abriendo establecimientos de frutería y hostelería.

Para ampliar el conocimiento con respecto al número de chinos llegados a Cuba y su situación durante esos años, tenemos que ir al escrito de Francisco Abellá Raldiris titulado Proyecto de inmigración y colonización libre para fomentar la Isla de Cuba, que terminó el 30 de septiembre de 1875. En él escribe:

 

Número de inmigrantes chinos que han sido embarcados para la Habana desde 1847 a 1873. – 140.084 chinos, muertos en la travesía 15.880 hombres.

Es un hecho conocido de todos los que pueden apreciar el estado y desarrollo de la población en la Isla de cuba que en ella existen 70.000 chinos de los cuales 40.000 están empleados en los trabajos agrícolas y 30.000 en el servicio doméstico, en la agricultura y prófugos de sus patronos.

La estadística oficial, empero no da a la población asiática a fin del año 1871 más de 58.400.

En cuanto al tratamiento que reciben los colonos en algunas fincas, hubiese evitado que los que están en los depósitos dijeran a la comisión china que representada por Chin-lan-pin, pasó a la Habana en 1874, que preferían estar en el presidio a trabajar en el campo por el mal trato que se les daban.

Creo que la colonización africana y la japonesa serían superiores a la China, la primera está probado que es más dócil y resiste mejor el trabajo en los campos de cuba, si bien los chinos son más inteligentes.

Los japoneses son tan diestros e industriosos como los chinos, no son recalcitrantes a las costumbres europeas como estos y desconocen completamente los vicios de fumar opio y de jugar que tan arraigados tienen los hijos del Celeste Imperio”.

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El último barco con culíes chinos llegó a la Isla de Cuba en el 1874. ¿Por qué finalizó de repente el comercio esclavista? El comisionado Chin-lan-pin confeccionó un informe al Imperio chino. Lo que ahí vio fue tan horrible que no tuvo más remedio que explicar la realidad. Lo que vio en los campos y en los depósitos-cárceles era deleznable. A partir de ese momento se cerró cualquier tratado de inmigración entre España y China. Hubo un intento de seguir con el tráfico de esclavos chinos a la Isla de cuba y, por eso, se creó la Sociedad de Importación de Trabajadores Libres. Esta sociedad fracaso.



Nicolás Tanco y Francisco Abellá

Durante aquel periodo de 1847 a 1874 hubo dos personajes que se encargaron del tráfico de chinos a Cuba y Perú. El primero fue Nicolás Tanco Armero, de origen colombiano. Estuvo en China desde el 1855 al 1864. Durante este tiempo mandó miles de culíes a Perú y a la Isla de Cuba. Lo sustituyó Francisco Abellá Raldiris. Natural de Vilanova i la Geltrú -como Salvador Samá Martí y Víctor Balaguer-, de 1850 a 1860 trabajó con Nicolás Tanco. De 1864 a 1868 ejerció como subsargento en Macao y del 1870 al 1872 como agente principal de esclavos culíes y del conocido negrero cubano Francisco Feliciano Ibáñez y Palenciano, conde de Ibáñez.

Abellá se jactaba de haber enviado a más de 100.000 culíes a El Callao (Perú), La Habana, California y otros lugares. En 1879 conoció a Eduardo Toda y Güell (Reus 1855- Poblet 1941), vicecónsul en Chin entre 1876 a 1882, mecenas, bibliófilo, egiptólogo y coleccionista. Como vicecónsul estuvo en Macao, Hong Kong, Cantón, Whampoa y Shangai. A él se debe la reconstrucción del Monasterio de Poblet (Tarragona), en el que implicó a Antonio Gaudí. Tanto Toda como Abellá eran amigos de Víctor Balaguer, a cuya Biblioteca-Museo, en Vilanova i la Geltrú, donaron obras de arte y documentos.

En 1874 publicó Proyecto de inmigración libre de China dirigido a los Sres. Hacendados de la isla de Cuba. Abellá proponía la creación de una sociedad para traer a Cuba trabajadores libres de China, que podrían ser contratados libremente por el tiempo que quisieran los chinos y por el sueldo que se pactara, pero nunca por debajo de los 35 céntimos por día. Es decir, un culíe cobraría 10 pesos al mes. Abellá quería cambiar las normas establecidas hasta ese momento. Un culíe cobraba 5 pesos mensuales y su contrato era por ocho años.

El pasaje y todo tipo de gastos desde su entrada en el depósito de macao o Cantón, hasta su llegada a la Isla de cuba, correrían a cargo del culíe. Ahora bien, la Sociedad de importación de Trabajadores Libres prestaría al trabajador el dinero. Una vez en la isla y ya trabajando, el hacendado descontaría la mitad del sueldo, hasta que se saldara la deuda. El coste desde Macao o Cantón a La Habana era de 137 pesos. Esto incluía el pasaje, la manutención, los gastos del agente, corretajes, ropa y derechos consulares. Con lo cual el culíe conseguía pagar la deuda en dos años y tres meses. Un mes de la paga no la cobraban como canon por la mortandad del viaje. Un 10% de los culíes que embarcaban fallecían durante el viaje.

Una vez pagados los gastos, las cuentas de ingresos y gastos de cada culíe lo llevaría el hacendado en una libreta. Una vez terminado el periodo de trabajo, se pasarían cuentas. Aquellos que cayeran enfermos serían atendidos por un médico y tendrían medicinas gratuitas. Abellá se llevaba 12 pesos por culíe. Si es cierto que había enviado 100.000 culíes a lo largo de los años, nos podemos hacer una idea de la fortuna que llegó a acumular con el tráfico de esclavos chinos.

Según los cálculos de Abellá, ganando 5 pesos al mes, un culíe le costaba al hacendado, durante esos ocho años, 2.608 pesos. Con su sistema el gasto se reducía a 2.448 pesos. Salía más barato un trabajador libre que un esclavo. El periódico El León Español, en 1874, comentaba que “por más que se diga son dóciles, muy sobrios y laboriosos. Con estos coolies si no se hace de ellos buenos colonos es porque no se quiere”.



Tratado hispano-chino

El 17 de noviembre de 1877 se firmó el Tratado hispano-chino de emigración. Al mismo tiempo se publicaban las Bases bajo las cuales se establece en La Habana una Compañía de Comandita en que puedas tener parte además de los comerciantes e industrial quienes quieran concurrir a ella (La Habana, 1878). En su artículo cuarto del Tratado se decía que el Emperador de China no se apondría a la emigración por cuenta propia. Por su parte, el artículo cuarto de las Bases especificaba que la Sociedad adelantaría fondos a los trabajadores. Dos artículos contradictorios, pues no irían a Cuba por cuenta propia, sino como esclavos camuflados.

El artículo 16 de las Bases decía que “la Compañía podrá (en el caso de que no se hubieran contratado en un plazo de treinta días tras su llegada a La Habana) con intención del respectivo cónsul, proceder desde luego a colocarlos por el tiempo preciso para el pago de dichos gastos, con la mitas del jornal, para la agricultura, industria o servicio domestico a que fuesen destinados, dentro del jornal correspondiente a su clase”. Es decir, mientras que un sueldo mensual estaba sobre los 20 pesos, los culíes sólo cobrarían 10 pesos y todos los costes irían a cargo de ellos. Con lo cual tenían poco de trabajadores libres. Es más, tenía 30 días para colocarse libremente. Si un conocimiento del idioma, de las costumbres, y sin dinero era muy difícil que pudieran cumplir el artículo 16 de las Bases. Con lo cual los culíes, a pasar del Tratado, seguirían siendo esclavos de los hacendados cubanos. Y estos saldrían ganando pues, al no poder encontrar trabajo como hombres libres y tenerlos que acoger como trabajadores no libres, el salario se reducía a la mitad. De 10 a 5 pesos mensuales. Esto suponía que, a pesar del Tratado y las Bases, en esta nueva etapa nada variaba de la anterior.

Reconcentración

El proyecto de Francisco Abellá se encontró con un problema cuando, en 1878, marcho a China. ¿Qué ocurrió? Los adelantos para el viaje no eran aceptados por el gobierno chino, a no ser que provinieran de comerciantes de la misma nacionalidad. Por eso el vapor Perusia no pudo zarpar de Cantón hasta El Callao (Perú). ¿Cuál era el problema? Algo tan sencillo como la deuda. Eduardo toda escribió que “en China deber dinero significa estar a merced del acreedor quien tiene derecho de exigir de un deudor toda clase de sacrificios, incluso el de su propia voluntad”.

Por eso debemos volver al artículo 4 del Tratado. Este era muy claro “sólo podrían inmigrar aquellos chinos que dispusieran de medios propios”. Ninguno podría inmigrar endeudándose. Con lo cual se acababa el negocio traficando con esclavos chinos. ¿Qué hizo Francisco Abellá?

Intentó comprar a las autoridades, cambiar de puerto y realizar los viajes desde Hong Kong, Macao o Manila; que se admitieran las adelantos hechos por capitanes o agentes. Nada de todo esto le salió bien. Se vio superado por la burocracia administrativa china. Como que algunos hacendados cubanos nunca creyeron que Francisco Abellá pudiera iniciar una segunda fase en el comercio de esclavos chinos, convencieron al gobernador de la Isla de Cuba para que se procediera a la reconcentración de los chinos no sujetos a contrato. Fue el 19 de noviembre de 1878. Esto iba en contra del Tratado hispano-chino. Los hacendados tenían dos opciones. O asegurarse los miles de culíes que ya tenían en la Isla y no permitirles marchar a China, o esperar que llegaran de nuevo. Teniendo en cuenta la situación, y a pesar del Tratado, decidieron quedarse con los que ya tenían en el país.

De esta manera acabó la inmigración de chinos a la Isla de Cuba. Muy pocos pudieron regresar a China. La mayoría porque nunca dejaron de ser esclavos y no ganaron el dinero suficiente para comprar un pasaje. Muy poco, como hemos dicho, lograron establecerse por su cuenta. Hoy en día hay 20.000 habitantes descendientes de aquellos culíes, siendo la tercera etnia más importante de la Isla, junto con la africana y la española.