A pocos días de haberse celebrado el 213 aniversario del glorioso levantamiento de pueblo de Madrid contra el invasor francés, hoy 5 de mayo se cumplen 200 años de la muerte de Napoleón Bonaparte (Ajaccio, Córcega, 15 de agosto de 1769- Longwood, Isla Santa elena, 5 de mayo de 1821). Figura discutida y discutible, sigue siendo un personaje admirado en Francia. Miles de turistas anualmente van al Hôtel National des Invalides para visitar su tumba. Un lugar que guarda una sorpresa para el visitante. La forma del arco que da acceso a la tumba está abombado de tal forma que el visitante tiene que inclinarse hacia adelante -hacer una reverencia- al finado Emperador de Francia. Posteriormente puede leer la inscripción en la lápida: “Yo deseo que mis restos reposen a orillas del Sena, junto al pueblo de París, que tanto amé”.

 

Menos en Polonia, en toda Europa su figura es mal vista y vilipendiada. En Francia tienen el corazón partido. Napoleón fue el gran conquistador de medio mundo, al que años después emuló Adolf Hitler. Ambos tuvieron el mismo error. Invadir Rusia en invierno. Y ambos terminaron de la pero de las maneras posibles. Ambos han escrito miles de páginas sobre sus conquistas, batallas, tácticas y acciones. No es nuestro propósito hacer una biografía de este personaje. Todo lo contrario. Para ello existen historiadores especializados en él y en las guerras napoleónicas. Para aquel que quiera conocer un poco su manera de pensar es interesante leer El Príncipe de Maquiavelo con sus anotaciones.

 

Nuestro propósito es acerca el personaje en el bicentenario de su fallecimiento, explicando una serie de curiosidades y anécdotas relacionadas con su vida y, dejar a los expertos todo lo que concierne a ese periodo histórico que revolucionó la vieja Europa que acababa de dejar el Antiguo Régimen, se adentraba en el Romanticismo y en la revolución Industrial.

 

En Francia Napoleón ha dejado diferentes legados que, hoy en día, aún se conservan. Entre otros la figura de los prefectos del Consejo de estado, los liceos -la enseñanza gratuita y obligatoria-, la legión de honor, la Comédie Française -cuyos estatutos fueron firmados por Napoleón en Moscú, durante la campaña de Rusa-, y el código civil, adoptado por más de veinte países. Ahora bien, uno de los legados que nos ha marcado como sociedad, en el momento de la movilidad.

 

En la Antigua roma los guerreros se movían por la izquierda. ¿Por qué? A ese lado tenían la espalda y, cuando venían los enemigos, los podían sacar para defenderse. En la Edad Media significaba una separación de clases. Los caballeros y los nobles circulaban por la izquierda, mientras que el pueblo y los pobres lo hacían por la derecha. Como que Napoleón era zurdo, obligó a todo su ejército y los países conquistados a circular por la derecha. Por eso, los países que fueron conquistados por él conducen por la derecha, mientras que los no conquistados lo hacen por la izquierda. Un caso claro es Gran Bretaña y los países de su influencia -Commonwealth- que lo hacen por la izquierda.

 

La influencia de Napoleón se trasladó al mundo de la música. El compositor Ludwig van Beethoven dedicó su sinfonía número 3 en mi bemol mayor opus 55 a Napoleón. De ahí el sobrenombre de Heroica. Beethoven admiraba los ideales de la Revolución francesa encarnados en la figura de Napoleón Bonaparte, pero cuando este se autocoronó emperador en mayo de 1804, supuestamente Beethoven se disgustó tanto que borró el nombre de Bonaparte de la página del título con tal fuerza que rompió su lápiz y dejó un agujero rasgado en el papel. Se considera que dijo: “¡Ahora sólo... va a obedecer a su ambición, elevarse más alto que los demás, convertirse en un tirano!”.

 

Napoleón no le tenía ningún miedo al enemigo, todo lo contrario, se enfrentaba a él con valentía. Sin embargo, les tenía pavor a los gatos. Cuando veía uno saltaba de temor. Esta enfermedad se conoce como ailurofobia. Dicen que antes de la fatal batalla de Waterloo, en la que comenzó el declive de su imperio, vio un gato negro, el cual fue el peor de sus presagios. Además, también se cuenta que, debido a las plagas de ratas que llevaban enfermedades a sus soldados y por toda Europa, a Napoleón le sugirieron que las combatiera con gatos, pero él se negó, prefiriendo usar raticidas.

 

Uno de los mitos es su estatura. Siempre se le representa como a una persona bajita. En realidad medía 1,70 cm., que era la altura promedio de aquella época. Con lo cual, esta legenda urbana, o bien fue inventada para ridiculizarlo, o para hacer ver al mundo que una persona pequeña de estatura podía conquistar el mundo.

 

Lo que muchos no deben saber es que llamar Napoleón a un cerdo en Francia, aún es ilegal. A pesar de los años, no se ha levantado esta prohibición. La edición francesa de la obra de George Orwell, Rebelión en la Granja, tuvo que modificarse el nombre de uno de los protagonistas. El cerdo Napoleón, en la edición francesa, se llama César.

 

Por lo que se refiere a las innovaciones militares, en las guerras napoleónicas se utilizó, por primera vez, los globos aerostáticos y el telégrafo. También desarrolló un sistema de calibre para los cañones. Hasta ese momento el constructor hacía el calibre que le parecía. Napoleón obligo a un mismo calibre. De esta forma era más fácil distribuir entre los ejércitos la munición, pues toda era igual. También se inventó un sistema de amortiguación para transportar a los heridos en lo que hoy en día llamaríamos ambulancias. Otra novedad introducida por Napoleón fue los alimentos enlatados. Esto permitía conservarlos, que no se pudrieran los alimentos, y tener alimentada a la tropa. El inventor de las conservas enlatadas fue François Appert.

 

Numerosos historiadores coinciden en que Napoleón era un adicto al trabajo. De hecho, se tienen registros que dicen que dormía no más de 4 horas por día. Y no solo esto. Napoleón era una persona tan egocéntrica que cuando trató de suicidarse con veneno, se tomó una dosis muy por encima de la que hubiera matado a cualquier persona. Él se consideraba a sí mismo como un hombre muy superior al resto, como con poderes extraordinarios. Por eso supuso que necesitaría una cantidad mayor de veneno que el resto de los mortales. Pero ese exceso en la dosis provocó que vomitara y el veneno acabara siendo expulsado de su cuerpo. De modo que acabó salvándose. Fue un intento frustrado de suicidio debido a su fuerte egolatría. Cuando Napoleón Bonaparte fue coronado como emperador de Francia, a modo de superstición, no permitió que nadie tocase la corona. Fue él mismo quien se la ciñó a su cabeza. Generalmente la corona es colocada por otra persona, pero en este caso fue distinto.

 

Napoleón fue exiliado en 1814 a la pequeña isla italiana de Elba, situada a unos 20 kilómetros de la costa de Italia. Una vez allí, se le otorgó la soberanía de la isla. Le fue asignada como Principado de Elba, una isla en la que cuenta la mitología que se detuvieron Jasón y los Argonautas para hacer reparaciones en su nave cuando iban en busca del Vellocino de Oro. Durante su estancia en Elba, Napoleón impulsó la industria vitivinícola y construyó dos residencias. Una de ellas es actualmente un museo sobre el antiguo emperador de Francia. Elba fue una suerte de cárcel para Napoleón.

 

Y terminaremos con dos anécdotas. La primera para desmitificar otea fake news. Se ha repetido hasta la saciedad que los ejércitos napoleónicas, en sus ansias de conquistar Egipto, una bala de cañón seccionó la nariz de la Gran Esfinge de Guiza. En las memorias del general Eugène de Beauharnais escribe que el 21 de julio de 1798, después de haber derrotado a los mamelucos, Napoleón les dijo a sus tropas: “¡Soldados! Desde lo alto de estas pirámides, cuarenta siglos os contemplan”. Pues bien, quizás cuarenta siglos los contemplaban, ahora bien, la Gran Efigie no perdió la nariz por culpa de Napoleón. EL arquitecto danés Frederick Lewis Norden, en 1737, ya realizó un dibujo en el cual la efigie ya no tenía nariz. Se cree que la pérdida es culpa de MuhammadSa'im al-Dahr, un fanático religioso Sufí, que, en 1378, al ver que los campesinos hacían ofrendas a la Esfinge para conseguir mejores cosechas, decidió dañar el monumento. No olvidemos que, gracias a esa campaña, se descubrió la piedra roseta y, con ella, Jean-François Champollion pudo descifrar la escritura egipcia.

 

Durante la campaña italiana, que culminó con la Tratado de Campoformio, el cuartel general de Napoleón estaba en la Villa Manin, en Passariano di Codroipo, provincia de Udine. En aquella Villa se encontraban el jefe del Estado Mayor del Ejército de Francia, Louis Alexandre Berthier, príncipe de Neuchâtel; Gioacchino Murat, mariscal de Francia, rey de Nápoles, duque de Berg, y cuñado de Napoleón al casarse con Carolina Bonaparte; Auguste Marmont, mariscal y duque de Ragusa; el general André Masséna, el general Pierre Françoise Charles Augereau; y el general Amédée Emmanuel François Laharpe. También había presentes numerosos señores de los territorios recién conquistados. En un momento determinado Napoleón dijo en italiano: “Gli italiani sono tutti ladroni” (Los italianos son todos ladrones). A lo que el escultor Antonio Canova -el cual le dedicó una estatua titulada Napoleón como Marte pacificador- le contestó: “Generale, tutti no, ma buona parte si…” (General, todos no, pero una buena parte si…).