Don Alvaro de Bazán, Marqués de Santa Cruz

"El fiero turco en Lepanto,

en la Tercera el francés,

y en todo el mar el inglés..."

(A Don Alvaro de Bazán. Lope de Vega)

En 1537 S.M. el Emperador D. Carlos, ordena, con el fin de mantener una fuerza armada de buena calidad y preparación, la adscripción a la Escuadra de Galeras del Mediterráneo de las Compañías del Tercio Viejo de la Mar de Nápoles, constituyendo así el origen de nuestra Infantería de Marina.

Es S.M. el Rey D. Felipe II quien toma clara conciencia de la necesidad de mantener una fuerza permanente con capacidades no solo para combatir a bordo de los navíos sino también con posibilidades de su proyección a tierra o lo que es lo mismo, convertir a esa fuerza de infantería embarcada en una fuerza anfibia. Por ello, el Rey, ordena la creación de Tercios con el fin de ser adscritos a la Real Armada. De ahí la creación, el 27 de febrero de 1566 del Tercio de Armada en Cartagena.

En este contexto histórico, surge la crisis sucesoria de la Corona portuguesa tras la muerte, sin herederos, del Rey de Portugal Sebastián I (1578) y su sucesor Enrique I en 1580. Son varios los candidatos que se postulan para ceñir la corona del reino luso, entre ellos el Rey D. Felipe II, hijo de Dña. Isabel de Portugal.

Franceses e ingleses se oponen a la coronación de Felipe II como Rey de Portugal por temor a que España incrementase su primacía como primera potencia europea, logrando reunir bajo una sola corona el mayor imperio de la historia.

Invadido Portugal por tierra por un ejército a las órdenes del Duque de Alba, se prepara en Cádiz una gran Escuadra a cuyo frente se sitúa el Almirante D. Alvaro de Bazán, Marqués de Santa Cruz, para con ella bloquear la desembocadura del Tajo.

Concluidas las acciones terrestres con la victoria de las armas españolas y la coronación de Felipe II como Rey de Portugal, solo se mantienen adictas al otro pretendiente a la corona lusa, el Prior Crato, las islas Azores, a donde arriba, en junio de 1582, una flota francesa con la pretensión de convertirse en la punta de lanza del Prior para la toma de Portugal y el destronamiento de Felipe II.

Las Azores, enclave situado en el medio del océano Atlántico, era un punto estratégico fundamental para los intereses españoles al ser lugar de recalada y aprovisionamiento de los convoyes en su ruta de viaje a las Indias, por ello su posesión constituía un objetivo de sumo interés, evitando con su conquista que pudiesen convertirse en base de operaciones de las Escuadras enemigas que podrían llegar a cortar las comunicaciones con la América Hispana.

El galeón San Mateo

Enterado el Rey Felipe II de la presencia de los franceses en las Azores ordena zarpar a parte de la Escuadra desde Cádiz con el fin de neutralizarlos, evitando así un ataque a las costas españolas. Es entonces cuando D. Alvaro de Bazán dispone que parte de su flota leve anclas con rumbo a las Azores.

El 26 de julio de 1582 se produce, en las inmediaciones de la isla Tercera, el encuentro entre la Escuadra española, compuesta por 28 naves, al mando de D. Alvaro de Bazán, y la francesa, integrada por 60 navíos, embarcando a 7.000 infantes, mandada por el Almirante Felipe Strozzi.

Aunque hay notables diferencias en los datos que proporcionan diferentes autores parece que, de acuerdo con la mayoría, la Escuadra española estaba integrada por dos Galeones del Rey, uno de ellos el San Martín, de unas 1.200 tn., donde enarbolaba su insignia D. Alvaro de Bazán; 10 naos Guipuzcoanas; 8 naos castellanas y portuguesas y 10 urcas, dos de cuales se perdieron antes del combate; igualmente, embarcaba 4.500 hombres de Infantería de Marina al mando del Maestre de Campo Don Lope de Figueroa, que navegaba en el Galeón San Mateo.

El avistamiento de ambas Escuadras se produjo en la jornada del 23 de julio, comenzando el combate el día 25 en que nuestra Escuadra se situó a barlovento de la francesa que se vio en la necesidad de maniobrar para intentar huir de su posición de desventaja.

Al mediodía del 26, sin ventaja táctica alguna, el Galeón San Mateo puso rumbo hacia la Escuadra francesa; percatado del Almirante Strozzi de su situación ventajosa y ante la posibilidad de echar a pique o apresar al segundo buque de más tonelaje de la flota española, ordena sea atacado por cinco galeones, entre ellos la nave Almiranta y la Capitana, que hacen fuego con sus piezas sobre nuestro galeón que aguanta la acometida disparando toda su artillería sobre los barcos enemigos.

Por su parte, la Compañía embarcada en el San Mateo, integrada por 250 infantes de Marina, pese a tener una parte de su efectivos muertos o heridos, evita, con valentía y resolución, el abordaje de los franceses, aguantado por dos horas los ataques enemigos hasta la llegada de otros buques de la Escuadra que acuden en su auxilio.

Rotas las formaciones, Alvaro de Bazán persigue al San Juan Bautista, buque en el que enarbola insignia el Almirante Strozzi que es alcanzado y abordado por la Infantería de Marina Española quien asalta su castillo de popa y logra la rendición del navío. Consecuencia de esta acción, al recibir un arcabuzazo, muere el Almirante francés.

Como resumen final de esta acción las bajas españolas se cifraron en 750 hombres, de los cuales 224 son muertos, no registrándose la pérdida de ningún barco salvo serias averías en el San Mateo y en otro de los buques de la Escuadra presente en esta acción. Por su parte los franceses registraron 5.000 bajas, de ellos 1.500 muertos y la pérdida de 11 buques de su flota.

El Mestre de Campo D. Lope de Figueroa

Pese al resultado de este combate las Azores, salvo la isla de San Miguel donde quedaron de guarnición 2.000 hombres, no cayeron en poder español y hubo que aguardar hasta el año siguiente para su definitiva conquista quedando la totalidad del Imperio portugués bajo el poder de S.M. el rey D. Felipe II quien, en junio de 1583, ordena que una potente flota, al mando de D. Alvaro de Bazán, parta de Lisboa en dirección a al archipiélago para su conquista.

Justo un año después del combate de las Terceras, la Infantería de Marina desembarca en esta isla, conquistándola, y repitiendo la misma operación anfibia en el resto de las islas del archipiélago que, sucesivamente, caen en poder de nuestras armas. El éxito es completo.

La Escuadra española está compuesta, en esta ocasión, por dos galeazas, cinco galeones y una treintena de naos gruesas como elementos para dar escolta y protección al convoy que lo integran doce pataches, quince zabras, un navío y veintinueve grandes barcas de desembarco, así como catorce carabelas que constituyen las fuerzas ligeras para realizar la descubierta y doce galeras artilladas con la finalidad de convertirse en plataformas desde las que bombardear y destruir las defensas costeras enemigas, disponiendo el total de los buques 684 bocas de fuego.

La fuerza de desembarco, integrada por 8.841 hombres, está mandada por el Maestre de Campo del Tercio de Armada, Don Lope de Figueroa, que, según Queipo de Sotomayor, formaban un total de 42 Compañías de Infantería, pertenecientes a los siguientes Tercios:

Siete compañías del Tercio de D. Lope de Figueroa; siete del Tercio de D. Francisco de Bobadilla; siete del Tercio de D. Agustín Iñiguez de Zárate; catorce de Lisboa, Andalucía y Oporto; una de portugueses; cuatro de alemanes y tres de italianos.

Tras intimar a la rendición al Gobernador del archipiélago y como este declinase el ofrecimiento, D. Alvaro de Bazán ordena se prepare el desembarco, eligiendo la cala de las Molas como el punto más idóneo. Y así, en la madrugada del 26 de julio de 1583, justamente un año después de la victoria naval, la Infantería de Marina es proyectada a tierra en las grandes barcazas encontrando fuerte oposición de los defensore, debidamente atrincherados, que finalmente, merced a la bravura y decisión de los nuestros, son desalojados y puestos en fuga.

La victoria de nuestras armas es concluyente.

¡Orgullosos de ser españoles!