Escribo estas líneas como desahogo y agradeciendo a mi editor, don Álvaro Romero, la oportunidad. Uno está harto de ver cómo se derriban estatuas de Colón y Ponce de León en Estados Unidos con cualquier excusa o peregrina motivación. La última de ellas, no se la pierdan, es que un policía blanco asesinó a un negro en una detención en Mineápolis. Sí, se lo juro.

Eso hecho por supuesto execrable, ha provocado graves disturbios en varios estados, que muchos policías se arrodillen ante manifestantes airados y, porque siempre queda como una hazaña en fotos y vídeos que circulan por miles, el derribo de estatuas de Cristóbal Colón.

Volvemos a lo de siempre. Que si Colón representa el genocidio de los indios americanos, que si lo que vino después de él a América fue lo peor y masacraron a la población,... Todo tan falso y manipulado que sonroja a quien no tenga la mente podrida con consignas negrolegendarias que atacan y denigran todo lo que suponga la obra y legado español en el mundo.

A esos que derriban estatuas no les voy a convencer de nada, básicamente porque no leen ni tratan de aprender la historia libre de prejuicios e ideologías sectarias tan de moda en este siglo XXI cada vez más inmerso en la podredumbre intelectual y en la estulticia generalizada.

Fíjense como estamos que, también a raíz de estas protestas, la película “Lo que el viento se llevó” -obra maestra del año 1939-, ya ha sido apartada de los fondos de una plataforma yankee por sus contenidos racistas. En fin, así todo... es para comer cerillas. Ha vuelto la censura, impuesta o preventiva, los complejos, la tiranía de lo políticamente correcto que todo lo inunda y la pésima practica de juzgar el pasado desde la mentalidad del siglo XXI. De la mentalidad además de muchos nescientes, por supuesto.

Colón fue un marino, un navegante, un aventurero, un explorador y comerciante afortunado que dio con el Nuevo Mundo cuando buscaba las Indias y sus especias navegando hacia el oeste, más allá del mar tenebroso. Luego fue un pésimo gobernante de la Española, donde dejó a sus hermanos Diego y Bartolomé al frente, produciéndose múltiples abusos, corruptelas y mal gobierno, tanto que le valió ser devuelto a España encadenado.

También trató de hacer negocio, algo lógico y normal. Como no había tanto oro como él pregonaba, trató de beneficiarse del tráfico de esclavos, actividad muy habitual en aquellos tiempos. Estamos a finales del siglo XV y principios del siglo XVI, cosa que siempre olvidan los bárbaros que todo destrozan. La reina Isabel la Católica se disgustó mucho con esa práctica, conminándole a liberar a los indios, pues eran súbditos de Castilla y debían ser bien tratados, nunca esclavizados.

A Colón le siguieron otros muchos, hombres y mujeres que quisieron explorar y asentarse en aquellas tierras. Poco a poco, tras las primeras décadas de desorden, refriegas armadas y gran mortandad de los indios sobre todo por las enfermedades europeas, se fue configurando una sociedad mestiza y criolla, donde había desigualdades pero todos tenían sus derechos y podían apelar a la justicia (Leyes de Burgos, 1512; Leyes Nuevas, 1542; Leyes de Indias,...).

Pero bueno, todo da igual, si hay una estatua de Colón por ahí y ocurre alguna revuelta social, siempre pagará el pato. Da igual que no pusiera un pie en lo que hoy es Estados Unidos o que la presencia española en aquél territorio no fuera tan masiva como en otras partes del continente, respetando además a los nativos y sólo batallando cuando era necesario para defender sus posiciones.

¡Pero si han derribado una en Virginia! ¡En Virginia! Donde llegaron los primeros ingleses y formaron sus sociedades endogámicas blancas. Nunca se dio el mestizaje en esas colonias pues consideraban salvajes a los indios; sólo hubo comercio, explotación y carnicería cuando les estorbaban en su progresiva expansión hacia el oeste. Cómo disfrutábamos aquellos westerns, ¿eh? La conquista del oeste, aquél mítico séptimo de caballería, el general Custer,... ¡qué bien nos la colaron!

Las grandes plantaciones de algodón y tabaco de los siglos XVII y XVIII provocaron la introducción de esclavos negros a mansalva y nacieron hijos mulatos producto de violaciones o flagrantes abusos de aquellos terratenientes ingleses. Niños que, por supuesto, casi nunca eran reconocidos como propios y pasaban también a ser esclavos.

Hasta la década de 1960 el matrimonio interracial no estuvo permitido en todo Estados Unidos. La culpa va a ser de Colón, por supuesto... y si no, da igual, nos cargamos y cagamos en su recuerdo porque algo habrá hecho. Es el chivo expiatorio a tanta hipocresía e incultura de una muy injusta y racista sociedad.

No sé de qué me asombro o enojo a estas alturas. También fueron ultrajados varios monumentos a Pedro de Valdivia en Chile durante las protestas del otoño pasado. Nada tenía que ver con que se subiera 30 pesos el precio del metro pero ahí estaba, un representante del estado opresor y esas zarandajas.

En fin, paciencia, lo que vivamos aún del siglo XXI promete nuevas emociones fuertes y estupideces por doquier. Tómenlo con calma.

Un servidor seguirá escribiendo para recuperar y contarles las aventuras y desventuras de quienes cruzaron el océano para probar fortuna en el Nuevo Mundo. Lo hice en mi último libro, Conquistadores olvidados. Personajes y hechos de la epopeya de las Indiasy lo espero repetir próximamente, dándole su lugar a un personaje apasionante y muy desconocido del siglo XVI.

Daniel Arveras es periodista y escritor.