El “Juan Sebastián Elcano” (A-71)

En las vísperas de una nueva visita a nuestra ciudad -la segunda en su dilatada historia-, del Buque Escuela de la Armada “Juan Sebastián Elcano”, recordamos aquel junio de 1999 en que, por vez primera, este legendario buque atracó en el puerto coruñés.

El programa de la visita se fijó para los días 21, 22, 23 y 24 de junio, fecha, está última, en la que el buque levó anclas y aproó al Arsenal de Ferrol.

Voy a omitir, de forma intencionada, los detalles que me vincularon con aquella visita que fueron muchos y, tan solo, me limitaré a contar, muy por encima, algunas de las anécdotas surgidas durante los días de estancia del buque en nuestra ciudad.

En la jornada del 21 de junio, el airoso “Juan Sebastián de Elcano”, con sus cuadernas cargadas de historia, sus velas al viento y su mascarón de proa -para unos investigadores, una representación de la diosa Minerva, y para otros, la de Hispania, la matrona con la que los romanos personificaban la realidad nacional de España- con su mirada perdida en la lejanía coruñesa, arribó al puerto coruñés, ante gran expectación popular. Un día radiante, que presagiaba una magnífica noche de San Juan, le dio la más cordial y cariñosa de las bienvenidas.

Aquella tarde, como estaba previsto, la plaza de María Pita se vistió de gala para acoger un vistoso y marcial acto de homenaje a la heroína protagonizado por los Caballeros Guardiamarinas. Cientos de coruñeses concurrieron a la plaza en la que, además de los Guardiamarinas, formó la Policía Local vestida con sus uniformes de época de los siglos XVIII y XIX. Concluido el acto, el Ayuntamiento fue escenario de una recepción en honor a los ilustres huéspedes a la que tuve el honor de ser invitado, al igual que as Meigas de las HOGUERAS-99, por mi buen amigo e inolvidable Alcalde, Francisco Vázquez Vázquez.

Como todo lo que se organizó a lo largo de los años de su mandato como primer edil coruñés, el acto destacó por la elegancia, clase y estilo propio de La Coruña, característicos en todo aquello que, por aquellas fechas, tenía como escenario nuestra ciudad.

Aquella misma noche, los salones del R.C. Náutico fueron escenario de un baile de gala que resultó muy animado.

Además de otros actos de carácter protocolario, en la jornada del 22 se celebró la recepción oficial a bordo del buque a la que, pese a estar invitado, no asistí por tener que organizar el acto que, en honor a los Guardiamarinas y a la Oficialidad del barco, iba a tener lugar en la jornada siguiente.

Por lo que supe, la recepción fue multitudinaria hasta el punto de que alguien, de forma jocosa, me señaló “si llega a subir a bordo uno más, el barco se hunde”. Estoy seguro de que no habría sido así y si yo no asistí fue porque las obligaciones así me lo exigieron, aun cuando confieso que me hubiera encantado estar presente.

El día siguiente, 23 de junio, víspera de San Juan, el día grande del programa de actos de la Comisión Promotora de las Hogueras de San Juan, organizamos una fiesta para agasajar a todos los Guardiamarinas y la Oficialidad en el hotel Riazor, frente al lugar donde, a las doce de la noche, ya del día de San Juan, quemaríamos la Hoguera de aquel año.

Mascarón de proa del “Juan Sebastián Elcano”

La fiesta fue memorable. Elegante, todos los asistentes vestidos de “tiros largos”, divertida y muy agradable en todos los sentidos, contando con la presencia de la Meiga Mayor y de las Meigas de Honor de las HOGUERAS-99 que fueron las anfitrionas, amén de gran cantidad de invitados.

Tras la cena fría que se sirvió, dio inició un baile que abrió la Meiga Mayor y el número uno de la Promoción y que se prolongó hasta la madrugada, no sin antes los Guardiamarinas presenciar, desde los balcones del hotel, el paso de la Cabalgata de las Meigas, la sesión de fuegos artificiales y la quema de la Hoguera de San Juan con un paseo marítimo abarrotado de gente. En resumen, una Noite da Queima inolvidable.

Y como sucede todas las noches de San Juan, en aquella también surgió el milagro. Una de las Meigas de Honor conoció a uno de los Guardiamarinas que viajaban en el Buque Escuela y hoy forman una pareja feliz tras haber contraído matrimonio años después.

Volviendo al buque, con aparejo de bergantín-goleta, el “Juan Sebastián Elcano” (A-71), fue construido en los astilleros Echevarrieta y Larrinaga de Cádiz. Botado en 1927 y dado de alta en las listas de la Armada en 1928. Con un desplazamiento a plena carga de 3.770 tn., su eslora es de 113,1 m., incluido el bauprés; 13,1 de manga y 8,68 de puntal.

Dispone de cuatro palos -mayor proel, mayor popel, trinquete y mesana- que reciben los nombres de otros tantos Buques Escuela que prestaron servicio en la Armada -Almansa, Asturias, Blanca y Nautilus, respectivamente-. Despliega veinte velas con una superficie de 3.151 metros cuadrados.

Cuenta con medios electrónicos de auxilio a la navegación y de comunicaciones -radares Decca brige master; gps Leyca Marina MX.420/8, Trimble Navigat NT 100 y Furuno SC50; sondadores Elac LAZ (5100 Y 50); antena AIS SAAB R4, etc.-, así como un motor diésel Deutz MWM tipo RBV 6M que le proporciona una potencia de 2.070 cv y una velocidad de 16,5 nudos.

Va armado con dos cañones de 37 mm., desde los que se disparan las salvas de ordenanza; ametralladoras de 12,70 y otras de menor calibre. Su dotación es de 197 tripulantes y puede embarcar a 78 Guardiamarinas.

El Buque-escuela chileno “Esmeralda”

Su madrina de botadura fue Carmen Primo de Rivera, hermana de José Antonio e hija del General Miguel Primo de Rivera.

Durante su larga vida operativa ha realizado numerosos cruceros de instrucción, dando en varias ocasiones la vuelta al mundo como el mejor Embajador de España. También ha participado en gran cantidad de regatas de grandes veleros.

Sin embargo, no todo el mundo sabe que nuestro “Juan Sebastián Elcano”, forjador de las mejores tradiciones marineras españolas, tiene un gemelo que sirve, con el nombre de “Esmeralda” en la Armada chilena.

Este buque, que en origen iba a recibir el nombre de “Juan de Austria” en recuerdo del hermanastro del Rey D. Felipe II, invicto General, que ostentó el mando de la flota combinada cristiana en la memorable batalla de Lepanto (1571), logrando derrotar a la poderosa armada turca, estaba destinado a servir en las filas de la Armada junto a su gemelo, sin embargo, finalmente no fue así.

Concluida la guerra civil, la Armada sintió la necesidad de disponer de un Buque Escuela para la formación de sus Suboficiales, motivo por el cual, en 1942, se contrató su construcción en el astillero gaditano Echevarrieta y Larrinaga quien, en 1946, comenzó los trabajos para llevar a cabo el proyectó.

Sin embargo, una explosión ocurrida el 18 de agosto de 1947, que causó la destrucción del astillero, paralizó las obras de su construcción hasta 1952, en que se reanudaron los trabajos con destino a la Armada chilena tras la firma de un acuerdo entre el Gobierno español y el del país hispanoamericano para saldar una deuda contraída por España con motivo de la importación de miles de toneladas de salitre para recuperar a la devastada agricultura nacional.

Bautizado como “Esmeralda”, su entrega oficial a Chile se verificó el 15 de junio de 1954. Iniciado un viaje por varios puertos, el 1 de septiembre siguiente arribó al puerto de Valparaíso, donde fue recibido por una multitud.

Volviendo a nuestro Buque-escuela, en la mañana del próximo día 6, con sus velas desplegadas al viento del Atlántico, el mítico “Juan Sebastián Elcano”, arribará, por segunda vez en su historia, al puerto de La Coruña y lo hará en olor de multitud. Como en la ocasión anterior, se celebrará una multitudinaria recepción a bordo y se desarrollarán una serie de actos oficiales y protocolarios que, por supuesto, nada tendrán que ver con aquellos de 1999 ya que, por desgracia para nuestra ciudad, Francisco Vázquez ya no es Alcalde.

El Alcalde Francisco Vázquez con el Almirante de Ferrol y el Comandante del buque en el homenaje a María Pita en 1999

El acto central tendrá lugar el día 9 con una Jura de Bandera para personal civil en la que jurará fidelidad a España Irene Ruiz Sanz, nuestra Meiga Mayor 2022, y quién sabe si la historia se repetirá...

Eugenio Fernández Barallobre.