Las relaciones entre Estados Unidos y España durante en la época de Franco están llenas de hechos poco conocidos e interesantes que revelan que, en última instancia, para Estados Unidos la alianza con la España de Franco era muy valiosa desde el punto de vista estratégico y geopolítico (otra cosa era para Washington la España posterior y democrática, como se vio en el tema del Sáhara).Los Estados Unidos veían a Franco como a un líder fuerte y la única figura capaz de mantener el orden en España ( aunque al mismo tiempo planeaban mantener el control sobre la España futura a través de Juan Carlos de Borbón). Y la verdad es que la historia posterior de España parece corroborar esa impresión pues poco después de morir Franco España cayó en la crisis económica, el caos terrorista y en la desmembración territorial autonómica, durante la “Transición democrática”

Uno de esos hechos significativos fue todo lo relacionado con las maniobras militares conjuntas entre Estados Unidos y España en 1967 y 1968, llamadas “Pathfinder Express” I y II, que acabaron provocando una fuerte polémica política en Estados Unidos. En mayo de 1967 se trasladaron a España varios batallones de fuerzas aerotransportadas norteamericanas, desde Alemania a España. Se trataba de unas maniobras militares conjuntas de unidades norteamericanas y fuerzas paracaidistas españolas de la BRIPAC que se desarrollaron en la provincia de Zaragoza.

Al mando del contingente norteamericano estuvieron el general Patrick F Cassidy y por parte española, el general Julio Coloma Gallegos. Cassidy, que mandaba la VIII división de Infantería norteamericana en la RFA, era un “peso pesado” del ejército norteamericano, que había ganado la Cruz de Servicios Distinguidos, una de las mayores condecoraciones militares de Estados Unidos, en las operaciones de Normandía y Holanda en la II Guerra Mundial.

Las maniobras se desarrollaron a lo largo de varios días durante mayo de 1967 y mayo de 1968 y fueron de envergadura. Todo salió bien, excepto porque un soldado norteamericano murió al lanzarse en paracaídas. La polémica vino cuando el Washington Post, uno de los principales periódicos norteamericanos de línea “progresista” publicó más tarde, en junio de 1969, un artículo que fue el primero de una serie “denunciando” que las citadas maniobras militares en España habían constituido un ensayo de como el ejército norteamericano intervendría en España para ayudar a sofocar una teórica subversión armada comunista que llegara a apoderase de algunas partes del país.

Según el Washington Post en las citadas maniobras el ejército de un país amigo de España llamado “Samland”(un evidente seudónimo para Estados Unidos) venía en apoyo de una teórica “España occidental” que estaba siendo atacada por una supuesta “España oriental” comunista. Según el Post esto era un subterfugio para referirse a una hipótetica sublevación comunista armada que llegara a apoderarse de parte de España. En definitiva, una sublevación interna.

Esto causó una fuerte controversia política en Estados Unidos. En plena era de la guerra de Vietnam, lo último que querían los sectores izquierdistas de la política y los medios norteamericanos era la posibilidad de una nueva intervención militar USA anticomunista en apoyo de otro régimen derechista autoritario y ello precisamente cuando se estaba negociando la renovación del Convenio de las bases norteamericanas en España.  El gobierno de Nixon tuvo que declarar públicamente que estas maniobras militares habían sido un error (aunque se habían llevado a cabo todavía durante la presidencia del demócrata Lyndon Johnson) y que se habían realizado como deferencia al Gobierno de España, que las había solicitado. Esto causó indignación al gobierno de Franco, ya que, como reconoce Charles Powell en su libro “El amigo americano”, en realidad las maniobras citadas se habían hecho a iniciativa norteamericana.

La situación empezó a calmarse con las visitas a Washington del ministro de Asuntos Exteriores español, Gregorio López Bravo, en marzo y abril de 1970. López Bravo se reunió con el presidente Nixon y lo que es tanto o más significativo, se reunió también con algunos de los senadores norteamericanos más importantes (hoy sería impensable que la ministra de Exteriores española pudiera hacer eso), incluyendo al influyente senador William Fullbright, uno de los más destacados opositores a la guerra de Vietnam y a la alianza con la España de Franco. Pese a todo las reuniones entre López Bravo y Fullbright se desarrollaron con cortesía.

Sin embargo, poco después el Senado, bajo control demócrata, manifestó una fuerte oposición a la renovación del Convenio sobre las bases militares entre Estados Unidos y España, firmado  en agosto de 1970 y la Administración Nixon tuvo que imponerla por vía ejecutiva. Todo esto demuestra que la unión con la España de Franco era innegociable y vital para el ejército de Estados Unidos y para el partido Republicano. En octubre de ese mismo año Nixon visitaría Madrid donde fue recibido en olor de multitudes y se reuniría con Franco.

En aquel momento, como reconoce el general Schwartzkopf, que dirigió al ejército USA en la primera guerra del Golfo en 1991, en sus memorias, los planes del Pentágono incluían a España como pieza clave y base logística y militar principal en la que tendrían lugar grandes desembarcos de tropas norteamericanas y de material en el caso de una III Guerra Mundial, si ésta se desarrollaba sin el uso de armamento nuclear. En ese caso se suponía que las fuerzas convencionales soviéticas, mucho más numerosas que las de la OTAN, arrollarían fácilmente la RFA y Francia convirtiéndose España y Portugal, sobre todo España, en el último reducto  a través del que llegaría a Europa el grueso del ejército norteamericano para reconquistar Europa Occidental. La alianza con la España de Franco era, pues, estratégica para los Estados Unidos.