El “Cristo de la Agonía” y “Nuestra Señora del Mayor Dolor” (1962)

La Semana Santa coruñesa siempre fue más austera que otras, menos ostentosa, incluso un poco de “andar por casa”; sin embargo, como todo, tuvo sus momentos de auge y esplendor y también, porqué negarlo, de casi total desaparición.

En la actualidad estamos viviendo instantes de recuperación al menos en lo que a desfiles procesionales se refiere ya que, a lo largo de la totalidad de los días que median entre el Domingo de Ramos y el de Resurrección, sale, por lo menos, una procesión a las calles.

Sin embargo, creo que para lograr que la Semana Mayor de La Coruña se convierta en un referente, al menos en el ámbito provincial, todavía falta mucho y tal vez no se esté yendo por el buen camino.

Desde los personalismos, pasando por la falta de implicación de algunas de las Cofradías, los itinerarios de las procesiones, la coincidencia de horario de algunas de ellas, la falta de voluntad a la hora de captar nuevos cofrades tan necesarios para producir el necesario relevo generacional, la no existencia más que sobre el papel de una Junta de Cofradías, son factores que están dificultando seriamente la progresión de estas celebraciones, convirtiendo muchos de los esfuerzos que se realizan en baldíos.

Sin embargo, no me corresponde a mí entrar a valorar este asunto al que soy ajeno, aun cuando las veces que quisieron contar con mi concurso siempre estuve en buena disposición de prestar todo tipo de colaboración.

En cuanto al título de estos párrafos, “aquella procesión del Miércoles Santo coruñés”, no me estoy refiriendo a la del “Santísimo Cristo del Buen Consuelo” que, en la actualidad, sale de la iglesia de la Orden Tercera, organizada por la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y del Santo Entierro y en cuya gestación, al menos en lo referente a la presencia de la Policía Nacional y de las Meigas de las Hogueras de San Juan, tuve una intervención directa y decisiva.

Me voy a referir, volviendo muchos años en el tiempo, a un desfile procesional que, a finales de los años 50, comenzó a salir a las calles del centro coruñés, lo que en la ciudad conocemos como la Pescadería.   

Tras el resurgimiento de las manifestaciones populares de la Semana Santa, a la conclusión de la guerra civil, que tuvieron su principal exponente, en lo que a La Coruña se refiere, con la creación de la Cofradía de San Juan Evangelista y la salida de la procesión del “Dolor”, tienen que pasar varios años para encontrarnos con un nuevo atisbo de recuperación de la Semana Mayor de La Coruña y tal cosa sucede en 1957, cuando los coruñeses reciben, con gran expectación, el anuncio de la salida de una nueva procesión: la del Cristo de la Agonía y Nuestra Señora del Mayor Dolor.

“Jesús atado a la columna”, este “paso” desfilaba en aquella procesión

Esta procesión, que llegamos a presenciar en primera persona, al menos en una ocasión, tenía su salida desde la iglesia de San Jorge, en la noche del Miércoles Santo.

A decir tanto de la prensa como de los coruñeses de la época, se trataba de la procesión más vistosa e innovadora de cuantas salieron a las calles de nuestra ciudad durante muchos años.

Al parecer, la génesis del proyecto está íntimamente relacionada con la iniciativa de algunos Oficiales de la guarnición, suponemos que de origen ajeno a nuestra ciudad y que se encontraban, por entonces, destinados en la plaza de La Coruña que dieron los pasos necesarios para hacerlo realidad.

La primera novedad de aquella vistosa procesión, además del tamaño e impronta de los tronos, venía dada por el color de los hábitos de los congregantes. Cada tercio, que acompañaba a las imágenes participantes, vestía un hábito distinto y así, los había blancos con capirotes de igual color que abrían el cortejo; blancos con capuchón azul que acompañaban el “paso” del “Ecce Homo”; negros con capirote rojo con “Jesús atado a la columna”; hábito negro y antifaz morado acompañando la imagen del Cristo crucificado y blancos con capirote dorado con el “paso” de la Virgen. Este derroche policromático venía a poner el contrapunto a los monocromáticos de color negro, tradicionalmente vestidos por la Congregación de los Dolores, y a los blancos y negros vestidos por los cofrades de la Hermandad de San Juan Evangelista.

En cuanto a las imágenes participantes, en la salida de 1957, lo hicieron “Jesús atado a la Columna”, el “Ecce Homo”, el “Cristo de la Agonía” y “Nuestra Señora del Mayor Dolor”, acompañados no solo por los cofrades, vestidos con sus vistosos hábitos, sino también por coruñesas vistiendo la tradicional Mantilla Española. Como era costumbre, los distintos “pasos” iban escoltados por Soldados, Marineros, Guardias Civiles y Policías Armadas y el cortejo acompañado de la Banda de Cornetas y Tambores de los Aprendices de la Fábrica de Armas, la del Regimiento de Artillería de Campaña nº 28, la de la Agrupación de Transmisiones nº 8 y, cerrando el desfile procesional, la Banda Municipal.

De acuerdo con lo que refiere la prensa de la época, en esta primera salida procesional, la imagen de “Jesús atado a la columna”, iba conducida a hombros de guardias civiles, en tanto que la de “Ecce Homo” la portaban marineros de la Comandancia Militar de Marina de La Coruña. Por su parte, el paso del “Cristo de la Agonía” era cargado por jóvenes coruñeses y la imagen de “Nuestra Señora del Mayor Dolor” por soldados de la guarnición.

En 1958, la imagen de “Nuestra Señora del Mayor Dolor”, desfiló bajo palio, muy al estilo andaluz y portada a hombros de Soldados de Ingenieros, al igual que en 1959. Suponemos que esta salida debió de impactar en los coruñeses no acostumbrados a este tipo de derroches ornamentales.

Tras dos años de interrupción -1960 y 1961-, esta vistosa procesión saldría, por última vez a la calle, el Miércoles Santo de 1962, incorporando la imagen de la “Virgen de la Esperanza” procedente de la iglesia de San Nicolás.

Desconocemos el motivo que impulsó a que este vistoso desfile procesional dejase de salir a la calle. Hemos oído referir algunas razones que lo motivaron, sin bien, la mayoría de ellas, carentes de el mínimo rigor.

Hoy, la iglesia de San Jorge conserva la totalidad estas imágenes procesionales y, a su alrededor, se creó, años atrás, la Cofradía de la Pasión que, sin embargo, no ha vuelto a sacar esta procesión de la calle.