El Patio de Escuelas de la Universidad de Salamanca es una pequeña plaza cuadrangular construida a principios del siglo XVII. Prodigio de arte e historia, a ella se abren los edificios de las Escuelas Mayores de la Universidad, de las Escuelas Menores, del Hospital de Estudio y de la Casa de los Doctores de la Reina. En su centro, vemos el monumento dedicado a uno de los grandes humanistas del siglo de oro español: Fray Luis de León (Belmonte, Cuenca, 1527-Madrigal de las Altas Torres, Ávila, 1591).

La idea de erigir un monumento en su honor nació en la Universidad en 1858, y dos años después la reina Isabel II apoyó la suscripción nacional para financiar la obra. La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando convocó un concurso para la erección del monumento, que fue ganado por el escultor Nicasio Sevilla, quien halló su inspiración y modelo en Roma, en la figura de Aristóteles sosteniendo la Ética representada en el fresco de La Escuela de Atenas. Esta obra maestra, pintada por Rafael Sanzio en 1511 se encuentra en una de las paredes de la segunda planta de la Estancia de la Signatura de los Palacios Apostólicos del Vaticano.

La escultura, de cuerpo entero y 2,60 metros de alto, fue fundida en bronce, en su suscripción contribuyeron los Ayuntamientos de Salamanca y de Madrid y su solemne inauguración tuvo lugar en abril de 1869.

Hoy, de cara a la bellísima fachada plateresca del edificio de las Escuelas Mayores, Fray Luis nos mira con expresión serena. Lleva el hábito de la orden agustina y las arrugas de su frente y las marcadas arterias temporales reflejan su edad madura. Tiene la barba rizada y la tonsura se difumina en la más que incipiente calvicie. Su mano derecha, adelantada y levantada a la altura de la cintura, con la palma hacia abajo nos inspira calma. En la mano izquierda, en vez del libro que porta Aristóteles en el modelo, lleva unas hojas de papel semienrolladas. Su pie izquierdo, levemente adelantado, sobresale ligeramente de la broncínea peana.

En la cara anterior del pedestal de mármol figura: A / Fr. DE LEON y en la posterior: SUSCRIPCION NACIONAL / XXV ABRIL / MDCCCLXIX. En los laterales vemos sendos bajorrelieves en mármol, obra también de Sevilla, representando la poesía en latín con una ninfa y la poesía en castellano con un ángel, ya que Fray Luis fue uno de los más grandes poetas en nuestra lengua.

Recordemos ahora los versos que Pedro Antonio de Alarcón dedicó en 1870 al monumento: “ … / Cuando en el alto pedestal / en que un siglo entusiasta la coloca, / del tiempo a resistir el fiero embate / como a la mar la perdurable roca… / “¡Loor a Fray Luis”!, resuena por Castilla / “¡Vítor!” responden de la mar las olas / al recibir el Tormes con el Duero, / y “¡vítor!” claman en el mundo entero / cuantas naciones fueron españolas / … ¡Noble ciudad, Atenas castellana, / Salamanca inmortal, aula del mundo!”

Sólo como breves pinceladas, en la biografía de Fray Luis cabe destacar algunos hechos significativos. Así, sus antecesores habían sido judíos conversos hasta su bisabuela paterna, lo que en aquella época pudo influir en cómo fue visto por algunas jerarquías. En 1546 obtuvo el grado de Bachiller en Artes y en 1560 los de licenciado y doctor en Teología por la Universidad de Salamanca. De carácter altivo, criticó conceptualmente la Vulgata, la versión de la Biblia traducida del hebreo al latín por San Jerónimo a finales del siglo IV, lo que le granjeó la enemistad de la orden benedictina, fiel a ella.

El problema era que desde su dominio del hebreo, se atrevía a cuestionar algunas inexactitudes de la traducción del santo y su rígido seguimiento: “Porque hay muchos que quieren que la Vulgata sea venida del cielo, cuando la realidad es que con ella ni con otras cien traslaciones que se hiciesen, aunque no sean al pie de la letra, se pondrá la fuerza que el hebreo tiene en muchos lugares, ni se sacará a luz la preñez de sentido que en ellos hay […] Como lo saben los que tienen alguna noticia de aquella lengua”. (De los nombres de Cristo, 1572-1585).

Interesado en el estudio del libro sagrado, en 1560 opositó a la cátedra de Sagradas Escrituras de Salamanca que, no obstante, conseguiría su amigo Gaspar de Grajal. Pero en 1561 ganó la cátedra de Santo Tomás y en 1565 la de Durando (célebre autor de Sentencias). Ese año, fruto de su solidez moral y valentía, por no decir osadía, tradujo del hebreo el Cantar de los Cantares (“Me incliné a ello sólo por mostrar que nuestra lengua recibe bien todo lo que se le encomienda, y que no es dura ni pobre, como algunos dicen, sino de cera y abundante para los que la saben tratar”).

La obtención de la cátedra y esa traducción dieron lugar a más de una agria discusión con los dominicos, orden con una gran influencia en la Inquisición. De tal manera que, denunciado por alejarse de las disposiciones del Concilio de Trento (1545-1563), en 1571 fue acusado de herejía por sus razonados reparos a la Vulgata. Juzgado y condenado junto con Gaspar de Grajal y Martínez de Cantalapiedra, ingresó en la cárcel de la Inquisición en Valladolid en marzo de 1572. Allí permaneció cuatro años y nueve meses, hasta que en diciembre de 1576 fue absuelto por el alto tribunal en Madrid.

La sentencia definitiva dictaminaba: “El dicho fray Luis de León sea absuelto de la instancia deste juicio y en la sala de la audiencia sea reprendido y advertido que de aquí adelante mire cómo y adónde trata cosas y materias de la cualidad y peligro que las que deste proceso resultan y tenga en ellas mucha moderación y prudencia como conviene para que cese todo escándalo y ocasión de errores, y que se recoja el cuaderno de los Cantares traducido en romance”.

El 31 de diciembre de 1576 fue recibido con honores por el claustro de la Universidad y en 1577 obtuvo la cátedra de Teología Escolástica. Al año siguiente logró la de Filosofía Moral y, finalmente, en 1579 la cátedra de Biblia, por la que había luchado desde veinte años antes, superando al benedictino Domingo de Guzmán, que recurrió la decisión del tribunal sin éxito. Fray Luis aún tuvo que comparecer en Toledo ante el cardenal Quiroga, inquisidor General, que le amonestó y aconsejó “que se abstenga de defender opiniones comprometidas en las disputas teológicas de la Facultad”.

Bien se ve que la naturaleza humana no ha cambiado mucho con el paso del tiempo y cómo las rivalidades y rencillas, disputas y querellas entre órdenes, partidos, escuelas y catedráticos no son algo reciente, sino que vienen de siglos atrás. Aunque las formas de censura se hayan ido sofisticando y lleguen hoy mucho más lejos que aquella vieja institución.

Fray Luis dictó su última lección a primeros de agosto de 1591, poco antes de partir hacia Madrigal de las Altas Torres (Ávila) para presidir el capítulo provincial de la Orden de Castilla. Allí, en el convento de San Agustín, murió el 23 de agosto a los 64 años. Su cuerpo fue trasladado a Salamanca, siendo enterrado en el claustro del convento de San Pedro de la orden de San Agustín en presencia del claustro de la Universidad y miembros de los conventos de la Orden. El claustro fue destruido durante la invasión napoleónica, pero, una vez localizados sus restos, en marzo de 1856, tras una ceremonia en la Catedral, fueron trasladados en procesión a la capilla de San Jerónimo, en el edificio de las Escuelas Mayores de Salamanca.

En cuanto a su obra escrita, Fray Luis publicó en 1580 su Cantica Canticorum Salomonis Explanatio, el In Psalmum XXVI Commentarium y la Exposición del Libro de Job. Tres años después salieron de la imprenta sus dos obras capitales: De los Nombres de Cristo y La perfecta casada. Sin embargo, no vio publicada su obra poética, que saldría a la luz cuarenta años después de su muerte gracias a Quevedo: “Obras propias y traducciones latinas, griegas e italianas. Autor el doctissimo y Reverendissimo Padre Fray Luis de León, de la gloriosa Orden del grande Doctor y Patriarca San Agustín. Sacadas de la librería de don Manuel Sarmiento de Mendoça. Dalas a la impresión don Francisco de Quevedo Villegas, Caballero de la Orden de Santiago. Ilústralas con el nombre y la protección del Conde Duque gran Canciller, etc. Olivares”.

Qué mejor forma de acabar este recuerdo que trayendo aquí algunos versos de quien fue y es símbolo de una ciudad y de su Universidad:

Oda I. “Vida retirada”:

¡Qué descansada vida /  la del que huye del mundanal ruïdo, / y sigue la escondida / senda, por donde han ido / los pocos sabios que en el mundo han sido; …

Oda XXIII. “A la salida de la cárcel”:

Aquí la envidia y mentira / me tuvieron encerrado. / Dichoso el humilde estado
del sabio que se retira / de aqueste mundo malvado, / y con pobre mesa y casa /
en el campo deleitoso / con sólo Dios se compasa / y a solas su vida pasa /
ni envidiado ni envidioso.

Versos a la altura de los compuestos en su honor por Cervantes en 1585 en La Galatea: (“En él cifro y recojo todo cuanto /  he mostrado aquí, y he de mostraros, / Fray Luis de León es el que digo / A quien yo reverencio, adoro y sigo...”).

O los que le dedicó Lope de Vega en Laurel de Apolo en 1630:

“¡Qué bien que conociste / el Amor soberano / agustino León, / fray Luis divino!”