Desde EL 21 DE JULIO AL 28 DE SEPTIEMBRE DE 1936

La gran escalera

El Alcázar de Toledo, era antes de su destrucción, por los barbaros el Palacio más hermoso de Europa por su situación, su riqueza, su arte.

Entrando por la puerta principal, de la fachada Norte, se desemboca en el patio central enriquecido por la estatua del gran Emperador. Estatua colocada en el año 1880, gracias a la labor del General San Román, el tercer restaurador del Alcázar. Es copia de la existente en el Palacio Real, de Madrid, fundida en el siglo XVI modelada por el escultor, Leone Leoni, uno de los mejores artistas del siglo de oro de Italia. La existente en el Alcázar fue fundida en Paris, y hecho el vaciado de la original por el escultor Cajani.

Uno de los primeros cañonazos dirigidos por las baterías de Pinedo, la hizo girar en el pedestal, y caer a tierra.

Pero el emperador esta incólume y pronto le vimos otra vez sobre su pedestal, por ser asi la voluntad de nuestro Generalísimo y el deseo de los españoles que no pueden olvidar sus grandes hombres ni su brillante historia.

En el fondo del patio, comienza la magnífica escalera, obra genial de Villalpando que la concibió sin llegar a ser ejecutada su obra, pues Villalapando murió el año 1561 y la escalera no se terminó hasta 1605.

Es tan grandiosa que el vulgo pone en boca del gran Emperador las siguientes frases:

“En ocasión ninguna me doy cuenta de mi grandeza y poderío, como al subir a mi regia morada por tan magnifica escalera”.

Palabras nunca mencionadas por Carlos V pues la escalera se comenzó estando el Emperador en Yuste y se terminó bastantes años después de su muerte.

Pero era necesario borrar toda huella del Imperio de España. El bombardeo incesante de las baterías de Pinedo, la redujo a escombros, lo mismo que lo fue la Capilla del Alcázar, y fue inútil el heroísmo de los defensores, que habiéndose declarado un incendio en ella, al subir a apagarlo sufrieron la descarga de varias granadas de 15,5 sin que milagrosamente sufrieran el menor daño y solo alguna herida a consecuencia de los materiales que sobre ellos cayeron.

Pero el bárbaro atentado se consumó. La gran escalera y la Capilla, se derrumbaron mientras Largo Caballero desde los cigarrales cercanos a Mirabel, rodeado de sus inmundos secuaces se gozaba en ver caer los torreones, las fachadas de lo que representaba el poderío de España. Mientras, aquí dentro, durante los setenta días del Asedio los defensores realizaban hechos que en otras ocasiones les habría valido ostentar la más preciada recompensa militar por cada uno de ellos y que, or lo tanto, hubieran merecido 70 laureadas.

El Alcázar es símbolo de España.

Ahí tenéis a su emperador arrojado al suelo por una horda de asesinos y después enhiesto otra vez por la voluntad de España y de su Generalísimo.

¡VIVA ESPAÑA! ¡VIVA FRANCO!

El patio de Carlos V

El patio del Alcázar de Toledo, terminado el año 1554,  por Villalapando es un modelo de construcción y de esbeltez.

En él se han verificado los principales actos de las Academias de Infantería y General Militar, y ningún infante español puede olvidar tanto suceso, importante en el que ha intervenido en su vida militar.

Escenario grandioso, en donde se declaró el Estado de Guerra el 21 de julio de 1936, el día en que el Coronel Moscardo, arrojo su guante al comunismo internacional, presintiendo, quizá , que este Alcázar iba a ser el primer valladar en que se tenía que estrellar el furor marxista.

Se estrelló, pero ved como lo encontró nuestro Generalísimo el día 29 de septiembre de 1936, día de su llegada a Toledo.

Comparad la fotografía antigua con su estado actual y veréis a cuantas reflexiones se presta.

Una de las preocupaciones del Coronel Moscardo, desde el principio del Asedio fue poner en condiciones el Alcázar, para que los proyectiles de artillería hicieran el menor daño posible a nuestros combatientes.

Para esto se organizó el servicio de vigilancia con los entusiastas, Oficiales de Artillería, que se encontraban en la fábrica de Armas haciendo un curso de prácticas ya refugiados en el Alcázar.

Estos oficiales colocaron en la fachada Norte del patio una bocina de gran tamaño que a la indicación del vigilante colocado en sitio desde donde veía el fogonazo de las baterías de Pinedo, el encargado de ella daba la voz de fuego. Los pocos segundos transcurridos desde el fogonazo hasta la caída del proyectil eran suficientes para resguardarse en el patio lo que consiguió un ahorro de vidas incalculables.

Voladura y ataque al Alcázar.

Día 18 de septiembre DE 1936. Este día es uno de los días más gloriosos de la defensa el Alcázar.

Viendo los comunistas que no consiguen la rendición de sus defensores, conciben la diabólica idea de hacerle volar por medio de la dinamita. Idea lanzada por una mujer, la Nelken, como si estuviera escrito que las mujeres no deben dejar de influir en los destinos de este glorioso monumento desde los primeros tiempos de su existencia.

Y el 18 de agosto empiezan los trabajos de mina dese las casas números 6 y 20 de la calle de Juan Labrador, bifurcando en dirección de la fachada de Poniente, nica no batida por el fuego de artillería.

Pocos días después, se hacen perceptibles, los ruidos de las perforadoras. La emoción entre los sitiados, es enorme, pero nada hace decaer su espíritu. Se nombra al Teniente de Ingenieros, don Luis Barber para que siga la marcha de la construcción de la mina, y este con estudio y una clarividencia excepcional, determina la zona peligrosa y los límites de los cuales no se deben pasar en sus diferentes zonas.

Y llega el ansiado día. Ya no se oyen los sonidos de las perforadoras. La mina puede estallar de un momento a otro. Días de emoción indescriptible que hace que hasta algunos soldados deserten, demostrando con esto el temple de los que, despreciando la vida resisten.

En Toledo, el gobierno rojo, da la orden de evacuar la ciudad.

Desde el amanecer del 18, intenso cañoneo dirigido contra la parte Saliente del Alcázar parece querer obligar a los defensores a refugiarse en la parte opuesta, donde se han de sufrir más los efectos de la explosión, para que ni uno de los habitantes del Alcázar pueda salir con vida.

A las siete y veinte, desde el Ayuntamiento, por un hilo conductor, se hace estallar la mina.

Una enorme explosión; el efecto de un volcán en erupción, se tambalea todo el Alcázar; el torreón S.O. y parte de la fachada de Poniente se derrumban. Una ola de polvo, de cascotes, de armas, de objetos, de arte, la colección del Museo Romero Ortiz por el aire.

Cuestión de unos minutos. La Providencia que según una ingeniosa frase de uno de los defensores, esta descaradamente con los sitiados, hace que no se hayan producido más que cinco víctimas.

Pero esto no ha sido más que el prólogo del drama.

Dada por el jefe de Estado Mayor rojo, la orden de asalto, se lanzan sobre el Alcázar unos cuatro mil hombres. No cuatro mil hombres, cuatro mil fieras, que quieren acabar con los restos de los que ellos creen vencidos.

Pero se encuentran allí con la España inmortal; con la España de Franco, personificada en el corazón de bronce de Moscardo.

Este se apresta a la defensa en un parapeto construido en el ángulo S.E. del maravilloso patio, y sobre los escombros producidos por las minas. Unos Tenientes de Infantería con cuerdas y escaleras unidas, saltan sobre la galería O, del patio y con bombas de mano improvisadas con clavos de puerta y pistolas expulsan a los comunistas en lucha desigual de sus posiciones dominantes sobre el patio y arrancan la bandera roja que sobre los escombros de la fachada Norte, ha colocado una furia femenina y la cambian por la gloriosa enseña roja y gualda.

Sigue la lucha. Los rojos son expulsados de todos los sitios que sus inmundas huellas habían osado profanar, y vuelve el Alcázar a seguir su vida de sacrificio defendiendo el honor español y su gloriosa bandera.

Todos sus defensores se han inmortalizado en este día.

El Alcázar sigue siendo el Alcázar, sensibles bajas eso sí. Muertos un Comandante, un Capitán, un Alférez y siete Guardias Civiles. Heridos, un Teniente Coronel, cuatro Tenientes, un Alférez, dos Oficiales de Complemento, cuarenta y cuatro individuos de tropa y cuatro paisanos.

La mayor parte de la fachada de Poniente; derruida; el antiguo Museo de Romero Ortiz, deshecho, hasta el retrato de su fundador, con manchas de sangre en la cara, como queriendo demostrar que también él estaba en espíritu con los sitiados.

¡ESPAÑOLES, EXTRANJEROS, descubríos ante tanto heroísmo!

No se dan nombres personales pues la modestia de los defensores del Alcázar lo prohíbe y todos son dignos de figurar en letras de oro en el libro de la defensa del Alcázar.

Todos están cobijados bajo el apellido glorioso, de Moscardo, que resume toda la heroica gesta.

¡VIVA ESPAÑA! ¡VIVA FRANCO!

 

El simplón.

Es conocido por este nombre un anejo subterráneo del Alcázar, colocado bajo la explanada de la fachada Norte y dirección Norte Sur, por el lado de Poniente

Su entrada, por el antiguo comedor del Cuarto de Banderas pasaba por el torreón del Noreste.

Magnifico observatorio sobre la cuesta del Alcázar y la Plaza de Zocodover, era un sitio estratégico para tener en jaque a los comunistas, dueños por completo de las casas situadas enfrente del Alcázar.

En cuanto se rompieron las hostilidades con los marxistas, el Coronel Moscardo recomendó que buenos tiradores se hicieran allí fuertes, cuidando de que nadie penetrase en el Simplón , mediante un escalo, en el Alcázar.

Desde allí se entablo la caza del marxista.

Magníficos tiradores tenia Toledo como buenos aficionados a la caza y desde ese día a la caza del marxista se dedicaron.

Aguirre (luego Alcalde de Toledo); Isidoro Basaran (luego Presidente de la Diputación); José García Basaran, Ingeniero Agrónomo; tres hijos, del que fue Gobernador Civil de Toledo, Sr Cirujano de los cuales el mayor, Silvano fue nombrado Jefe de la posición y otros varios formaron este equipo que hizo sinnúmero de bajas al enemigo, cogiendo flanco a los atacantes en el asalto al Alcázar el día 18 de septiembre obligándoles a retirarse.

Casi todos ellos paisanos de gran temple  de alma, de altos niveles nacionalistas, demostraron que el alzamiento en los campos de Marruecos el día 18 de julio de 1936, de nuestro Generalísimo Franco, no fue una sublevación militar de un General ambiciosos, (como han proclamado los Gobiernos rojos por medio de su prensa canalla), sino, la vibración sentida, lo mismo por militares que por paisanos que se resistían a estar a las órdenes de n Gobierno de asesinos que tanto crimen cometían, culminando y haciendo rebosar la copa del infortunado Calvo Sotelo.

No fueron militares solos los que se alzaron, fue España entera y aquí en el Simplón, tenéis una prueba cierta.

Jugándose la vida durante setenta días, las personas más importantes de Toledo, aquí demostraron el temple de su alma, siempre con una sonrisa en los labios y asistiendo a escenas como la muerte de un comunista que estaba en las habitaciones bajas del Simplón que sirvieron de talleres, cuyo cadáver fue izado con una cuerda para ver si tenía tabaco, del que carecían los sitiados, como asi fue.

Que numero de balazos entrarían por las ventanas, del Simplón, lo indican los impactos  frente a cada una de ellas, que han destrozado, la pared, de piedra y ladrillo del frente de cada una.

Los cañonazos disparados desde Pinedo y el derrumbamiento del torreón del Noroeste, hicieron temer pudieran quedar aislados del resto del Alcázar, los defensores del Simplón, y algunos días tuvieron que abandonarlo. Pero visto que no había el peligro que se temía, otra vez a la caza de las fieras, de las fieras comunistas.

Hay que pensar en la vida llevada durante setenta días por esta docena y media de defensores del Simplón durmiendo en el suelo, rodeados de toda clase de roedores casi sin comida y con el sol abrasador de Toledo durante los meses más calurosos del año, sufriéndolo en la fachada de Poniente del Alcázar.

Algunos de estos defensores dieron su vida por la Patria y sus retratos figuran en el Museo del Asedio.

¡Un recuerdo ara su gloria vida y Una oración por sus almas!