Agapito García Atadell fue el responsable de la checa instalada por la Brigada de Investigación Criminal en la calle Martínez de la Rosa número 1 de Madrid. Allí fueron asesinadas más de un centenar de personas de las más de 800 que pasaron por las instalaciones y que fueron, en su mayor parte, torturadas.

 

La historia de García Atadell es otro de los hechos que demuestra que la represión en la retaguardia republicana fue organizada desde el Gobierno del Frente Popular y que los centros ilegales de detención no estaban en manos de “un puñado de incontrolados”, como aseguran los historiadores de izquierdas y los defensores de la Ley de Memoria Histórica.

García Atadell nació en 1902 y era tipógrafo de profesión. Desde muy joven se vinculó al sindicato UGT, y al PSOE. En 1921 se afilió al recien creado PCE, donde promocionó hasta ser nombrado secretario de las Juventudes Comunistas. En 1928 volvió a la UGT y el PSOE. Formando parte de la Ejecutiva Federal del sindicato y siendo uno de los hombres de confianza de Indalecio Prieto, de cuya escolta fue uno de los dirigentes.

Su carácter agresivo quedó claro en los años veinte. Donde sus detenciones y multas son continuas: en 1922 fue detenido tras agredir a un impresor, Benito López García, que se negó a afiliarse a su sindicato; dos años después se le detuvo por incitar a la sedición; y ese mismo año, 1924, cumplió un año de cárcel por una agresión durante una huelga.

 

Llega a 1931 bien posicionado dentro de la UGT gracias a sus contactos con Prieto. En 1934 participó en la revolución de 1934 y pasó un tiempo en la cárcel hasta que en 1936 fue uno de los escoltas del líder socialista. Gracias a estas relaciones, al comienzo de la guerra se le nombró jefe de las “Milicias Populares de Investigación”. Un cargo que dependía del ministro de Gobernación, Sebastián Pozas, que quería reforzar la Brigada de Investigación Criminal. Su jefe directo fue el inspector de la Policía Antonio Lino.

Las autoridades republicanas le cedieron el palacio de los condes de Rincón, en la calle Martínez de la Rosa núemero 1, donde recibió el encargo de organizar un centro de detención, una checa y se le encomendó el mando de 48 agentes que eran antiguos milicianos del PSOE y la UGT a los que se había nombrado agentes de policía.

Atadell era el dirigente de la denominada como “Brigada del amanecer” y del siniestro grupo “Los linces”. En los dos meses que ocupó su cargo detuvo a 800 personas, de las cuales más de cien fueron asesinadas. Practicó centenares de registros y las incautaciones de objetos de valor que realizaba no tenían ningún control, con lo que junto a sus lugarteniente, Luis Ortuño y Pedro Penabad, consiguió reunir un gran botín que ascendía a 25 millones de pesetas de la época. Salieron hacia el puerto de Alicante en octubre de 1936.

La historiografía de izquierdas insiste en señalar que fue el encargado de negocios George Ogilvie quien le convenció de que abandonase la represión. Pero la realidad es que el plan de Atadell era escapar junto a sus socios con el botín y escapar a Hispanoamérica. Los milicianos comunistas llevaban tiempo intentando apropiarse de parte del botín conseguido por Atadell, pero éste siempre lo impidió, lo que le granjeó importantes enemigos en Madrid.

Para fugarse, no dudó en saquear una cuenta a nombre de su esposa, una antigua monja, a la que abandonó para escapar con sus socios. Se trasladó a Alicante donde compraron documentos de identidad cubanos falsos. Pero fue delatado a las autoridades francesas para que fuera detenido en la escala que el barco en el que viajaban iba a realizar en Vigo. El embajador republicano en Francia, Luis Araquistáin, fue autorizado para delatar al fugado ante las autoridades franquistas para que fuera detenido al ser considerado un traidor tras su fuga.

 

El barco, de bandera francesa, estaba bajo la autoridad del país vecino, pero en ese momento el Gobierno galo no autorizó la detención al hacer escala en Vigo. Sin embargo, el 24 de noviembre, en una escala en Las Palmas, la autorización se concedió y fue detenido y trasladado junto a sus compinches a Sevilla, donde se le ingresó en un módulo de alta seguridad.

Durante el juicio al que fue sometido, se practicaron diligencias completas. Los testimonios en su contra fueron demoledores frente a cualquier defensa posible y se le condenó a muerte. Una sentencia que fue cumplida el 15 de julio de 1937.

Desde su cautiverio hasta su muerte, Garcia Atadell se convirtió al catolicismo y adjuró de sus acciones y anteriores creencias socialistas. Murió encomendándose a Cristo Rey.