En pleno período de los años del plomo etarra, las Fuerzas de Seguridad del Estado continuaban su abnegada lucha contra el terrorismo. El 15 de noviembre de 1978, la Casa Cuartel de la Guardia Civil de Arechavaleta, Guipúzcoa, fue ametrallada desde un coche Renault 12 matrícula de Bilbao. Los ocupantes del coche dispararon con ametralladoras y escopetas de postas. Algunos disparos llegaron incluso al pasillo del pabellón de habitaciones familiares pero afortunada y casi milagrosamente ningún agente o familiar resultó herido.

La fuerza de retén del Cuartel repelió con sus armas la agresión pero los terroristas pudieron escapar en el coche. Los agentes entonces montaron en dos vehículos de la Guardia Civil e iniciaron la persecución al tiempo que avisaron a los guardias civiles del puesto de la Guardia Civil en Mondragón para que instalaran inmediatamente un control antiterrorista a la entrada de Mondragón, cosa que éstos hicieron rápidamente.

Cuando el R 12 de los terroristas llegó a las inmediaciones de Mondragón se vio detenido por un atasco circulatorio. Entonces los terroristas bajaron del coche y dispararon contra los coches de la Guardia Civil que les perseguían. Se produjo un fuerte tiroteo y finalmente murieron dos terroristas: Roberto Aramburu Iribarren y José María Iturrioz Garmendia, alias "Zapa". Un tercer terrorista, Enrique Zurutuza Odriozola, resultó herido grave y fue detenido. Desgraciadamente en el tiroteo también murió una vecina de Mondragón llamada María Emilia Larrea, de 55 años y otros tres vecinos resultaron heridos.

Los terroristas muertos eran miembros de los Comandos Autónomos Anticapitalistas (CAA), una escisión ultracomunista de ETA, que, no, obstante, seguía actuando en coordinación con "ETA militar". Eran los autores de los asesinatos de los guardias civiles Aurelio Salgueiro y Anselmo Durán, cometidos algún tiempo antes.

Estos hechos causaron una fuerte polémica política ya que al día siguiente el llamado Consejo General Vasco, el gobierno preautonómico vasco formado básicamente por el PSOE y el PNV, y presidido por el socialista Ramón Rubial, hizo público un duro comunicado acusando a las Fuerzas de Seguridad del Estado de actuar en territorio vasco como en territorio enemigo, lo que motivó un contundente comunicado del entonces ministro del interior Rodolfo Martín Villa exigiendo al CGV que abandonara su ambigüedad y diera su apoyo a las FSE.

Los terroristas fueron enterrados en olor de multitudes y al día siguiente miles de proetarras trataron de asaltar el Cuartel de la Guardia Civil de Mondragón, obligando a los agentes a emplearse con contundencia en defensa propia. Era la dura realidad de la valiente lucha por España de las Fuerzas de Seguridad del Estado en aquellos años en Vascongadas.