Hoy, mientras leía la Concentración de la Plaza de Colón de Madrid me entretuve escribiendo y leyendo, primero lo que fue la marcha sobre Roma, de Mussolini, y luego la del famoso discurso de Luther King: “yo tuve un sueño”. Y como siempre me complace reproducir el resumen de lo que fueron aquellas marchas para los lectores y amigos de “El Correo de España”.

LA MARCHA SOBRE ROMA DE MUSSOLINI EN 1922

 

La marcha sobre Roma fue una marcha con destino a Roma organizada por Benito Mussolini, entonces dirigente del Partido Nacional Fascista, entre el 27 y el 29 de octubre de 1922, que lo llevó al poder italiano. La marcha marcó el final del sistema parlamentario y el principio del régimen fascista, aunque la manera en la cual Benito Mussolini se convirtió en jefe de gobierno estaba paradójicamente de acuerdo con el Statuto Albertino (constitución italiana.  La dictadura entró en vigencia más adelante, con el asesinato de Giacomo Matteotti y la prohibición de partidos de la oposición.

 

Desarrollo de la marcha

Mussolini ordenó a mediados de octubre de 1922 que todos los militantes del Partido Nacional Fascista se preparasen para llevar a cabo manifestaciones públicas masivas en todas las ciudades principales de Italia. Para esa fecha, los fascistas habían conseguido, por medio de agresiones y amenazas varias, forzar la renuncia de casi todas las autoridades socialistas del Norte de Italia, región que dominaron en pocos días, ante la pasividad del ejército y la policía.

Ante una orden de Mussolini, masas de fascistas se lanzaron tanto a carreteras como a trenes para dirigirse a Roma, con el fin de tomar el poder para su líder. Armados apenas con algunas pistolas, mazas de acero y armas caseras, los camisas negras acudieron a la capital italiana desde el 22 de octubre, amenazando con provocar una guerra civil si las autoridades les cerraban el paso. Los manifestantes fascistas acudieron en ferrocarril, en automóviles o camiones, e incluso a pie aquellos que residían en regiones próximas.

 

Desenlace

Mussolini, ahora seguro de su control sobre los acontecimientos, estaba decidido a no aceptar nada que no fuera el control del gobierno, y el 29 de octubre el rey le pidió que fuera primer ministro y que formara un gabinete. Viajando desde Milán en tren, Mussolini formó gobierno en Roma el día 30 de octubre. Cerca de 25 000 camisas negras fueron transportados a la ciudad sólo ese día, desde donde marcharon en un triunfal desfile ceremonial el 31 de octubre de 1922.

Al día siguiente, Mussolini instaló su gobierno en Roma. Formalmente la dictadura fascista no comenzó de inmediato, sino que los fascistas recurrieron a diversos procedimientos durante los meses siguientes para asegurar el control de todos los mecanismos de poder político.

 

Cuando el socialismo se confundía con el fascismo durante la violenta ascensión de Mussolini

Poco después de triunfar la Marcha sobre Roma en 1922, muchos camisas negras aseguraban que «el fascismo actual es el antiguo socialismo», una confusión basada en que el futuro «Duce» era un antiguo militante socialista y en que sus políticas tenían similitudes. Ese debate incluso llegó a España en aquella época

El 1 de noviembre de 1922, poco después de que Mussolini entrara en Roma y se hiciera con el poder por la fuerza en Italia, el escritor y corresponsal catalán Josep Pla (1897-1981) mantenía una conversación en Bolonia con uno de sus seguidores, los conocidos como camisas negras. Esta fue publicada en España por el diario «El Sol» y decía:

«¿Vienen ustedes satisfechos?– le pregunto al fascista que está delante de mí, con esos ojos de codorniz que se ven en los obreros del campo en Italia.

Muy satisfechos. Hemos ganado la partida.

¿Son todos ustedes obreros del campo?

Sí, todos, y antes éramos socialistas. Figúrese usted que, en la provincia de Ferrara, hay 80 ayuntamientos que hace dos años eran socialistas y ahora son todos fascistas. Todos han sido ocupados. En la provincia de Rovigo, de 63 ayuntamientos, 61 son fascistas y dos del partido popular.

¿A qué cree usted que se debe el rápido crecimiento del fascismo?

Según mi opinión, a muchas causas. La primera, porque los desertores de la guerra fueron indultados y nosotros, que hemos hecho la guerra, tenemos hoy los mismos derechos que ellos. Y luego, porque habiéndose apoderado el fascismo de los sindicatos agrícolas en nuestra provincia, quien no es fascista, no come.

De manera que el fascismo actual es propiamente el antiguo socialismo.

El mismo. Solo que ahora algunos señores están con nosotros».

No fue fácil definir aquella nueva ideología que había irrumpido por sorpresa en el panorama político mundial de la mano de un antiguo líder socialista como era Mussolini. La manera en que los propios seguidores italianos explicaban el fascismo era vaga, en parte debido, suponemos, a la rapidez con este movimiento había emergido de la nada. No hay que olvidar que tres años antes de la Marcha sobre Roma, el número de fascistas en Italia no superaban los mil. En las elecciones de noviembre de 1919, Mussolini tan solo obtuvo 5.000 votos de los 270.000 de Milán, la ciudad por la que se presentó, y no consiguió ser elegido diputado al Parlamento.

En las elecciones de mayo de 1921, la campaña del Partido Nacional Fascista (PNF) fue tremendamente violenta y tuvo su efecto. Obtuvieron 35 diputados, Mussolini entre ellos. Continuaron con la misma estrategia en la primavera de 1922, destruyendo locales y propiedades socialistas en el norte de Italia. «La violencia, a veces, es moral», proclamó exaltado Mussolini en un discurso en Udine, el 20 de septiembre de 1922. Y un mes después le arrebataba el Gobierno al primer ministro Luigi Facta, poniendo fin al sistema parlamentario.

¿Qué es el fascismo?

Aunque el mundo no era consciente aún, aquel episodio terminaría por convertirse en uno de los acontecimientos más importantes de la historia de mundo actual, causa indirecta de la muerte de millones de personas durante la Segunda Guerra Mundial y clave para entender el surgimiento de muchos de los regímenes dictatoriales de la segunda mitad del siglo XX. Pero, ¿qué era el fascismo? ¿Cómo podía explicarse aquel movimiento de manera certera teniendo tan poco tiempo de vida? ¿Y, sobre todo, en qué se diferenciaba de la anterior ideología de su creador?

«Si horas antes de conocerse la ascensión de Benito Mussolini alguien hubiese consultado nuestra opinión, resueltamente habríamos afirmado que cualquier solución era posible, menos el fascismo. Sin embargo, Mussolini preside ahora un Gabinete y ocupa dos carteras de enorme responsabilidad. Si el lector mira el camino recorrido por el fascismo desde que nació, participará de nuestra estupefacción», podía leerse en el editorial publicado por el semanario «España» el 4 de noviembre de 1922. La mayoría de los diarios españoles y europeos trataban de explicar a sus lectores en qué consistía este. Tres días después, Ramiro de Maeztu lo definía en «El Sol» como «un movimiento político inclasificable dentro de los casilleros del siglo XX».

El origen de aquella confusión entre fascismo y socialismo, durante la violenta ascensión de Mussolini al poder, lo encontramos dos décadas antes de la Marcha sobre Roma. A finales del siglo XIX ya existían en Italia algunas organizaciones denominadas «fascios», que no eran sino un guiño a las organizaciones obreras y campesinas que reivindicaban demandas sociales de toda índole, aunque no tuvieran todavía una ideología uniforme, tal y como explica Íñigo Bolinaga en «Breve historia del fascismo» (Ediciones Nowtilus, 2007). Fue en ese momento cuando Mussolini entró en contacto con el sindicalismo revolucionario, un movimiento de izquierda radical que soñaba con instaurar una dictadura del proletariado, tal y como pretendían en su origen el socialismo y el comunismo.

El «Nuevo socialismo»

De ahí venga, probablemente, la confusión del camisa negra entrevistado por Josep Pla en 1922. «El fascismo actual es el antiguo socialismo», decía. Y es que Mussolini fue socialista antes de dar forma al fascismo, aunque es cierto que la violencia como herramienta siempre estuvo presente en su vida. Con 34 años se convirtió en el líder de un pequeño sector de nacionalistas intransigentes que se habían escindido de la Unión Sindical Italiana (USI), una organización que seguía postulados revolucionarios y que pretendía convertirse en el germen de un futuro gobierno proletario que eliminara todos los partidos.

Fue el 23 de marzo de 1919 cuando Mussolini creó los Fascios Italianos de Combate. Esta organización, núcleo del futuro Partido Nacional Fascista, contaba con un programa que incluía muchos puntos de corte social que compartía con el socialismo histórico. Por ejemplo, el salario mínimo, la jornada laboral de ocho horas, el voto femenino, la participación de los trabajadores en la gestión de la industria, el retiro a los 55 años, la nacionalización de las fábricas de armas y municiones, la confiscación de los bienes de las congregaciones religiosas y la abolición de las rentas episcopales, cuenta R. J. B. Bosworth en su biografía de «Mussolini» (Ediciones Península, 2003).

Con estas premisas tan propias del socialismo anunció Mussolini en 1919 que se ponía en marcha una organización con aspiración de masas, que debía mostrarse fuerte y directa y que hablaría con los puños y las palabras. Una organización que haría un uso decidido de la violencia política y que exteriorizaría su ímpetu en la estética, la escenografía, los lemas y los discursos. Debían sentirse, en definitiva, profundamente orgullosos de esa violencia. Y aunque el movimiento parecía destinado a la desaparición y al olvido, su líder no se desanimó con los primeros resultados electorales y llegó a declarar que «un millón de ovejas siempre serán dispersadas por el rugido de un solo león». Nadie podía imaginarse que aquel movimiento dirigiría, tres años después, los designios del país.

 

España, en el debate

Cuando Mussolini conquistó el poder, en España el régimen de la Restauración entraba en su último año de existencia, sumida en un periodo de inestabilidad política y experimentando el empuje del movimiento obrero al calor de la Revolución rusa de 1917. Estos dos aspectos son clave para entender mejor cómo acogieron también los periódicos españoles la repentina llegada a Italia del fascismo. Y como intentaron explicar de qué se trataba aquella ideología con todo tipo de artículos, editoriales y columnas de opinión, algunas de las cuales también establecían un confuso paralelismo con el socialismo.

No podemos olvidar que aquella confusión y aquellos textos estaban marcados por la cercanía de los acontecimientos. Quizá ahí radique su originalidad, en el acierto o el fracaso de sus hipótesis, sobre todo si tenemos en cuenta que el proceso de incursión del fascismo en nuestro país no fue tan rápido como en Italia. En el editorial del 4 de noviembre de 1922 del semanario «España», se aseguraba que «en España también hay un fascismo latente que no ha estallado todavía, porque las circunstancias no han favorecido su expansión. No es el fascismo enteramente exótico en España. Y no es preciso ser un lince para descubrir en la confusión de la vida política española fenómenos conexos con él: sindicatos libres, juntas de defensa y acción ciudadana», advertía ya esta publicación, en referencia a las organizaciones afines entre el socialismo español y el fascismo italiano.

Y, además, añadía: «Si fuera preciso un Mussolini en España, ahí está Don Alejandro Lerroux [líder del Partido Republicano Radical y futuro presidente durante la Segunda República], que haría el papel de maravilla. Ya tiene, de hecho, la literatura de las futuras arengas fascistas […]. Entonces, ¿por qué no se ha producido en España el fascismo? Sencillamente porque el espíritu liberal contra el que reacciona no ha imperado entre nosotros y porque la ofensiva antiobrera ha corrido aquí a cargo del Ejército».

 

«El fascismo en el Gobierno»

Aunque eran ideas todavía imprecisas, los análisis tendían a explicar la acción del fascismo como una especie de lucha contra los intentos de imponer una nueva revolución bolchevique. Pero había también matices. Para periódicos como «El Sol», por ejemplo, el fascismo era «una réplica a una exageración contraria», en referencia al socialismo y al comunismo, según apuntaba en un artículo titulado «El fascismo en el Gobierno». Para «El Debate», era igualmente «una reacción antilegal y de fuerza contra los desmanes anteriores de socialistas y comunistas», bajo la premisa de que todas estas ideologías habían hecho uso de la violencia en su nacimiento. Para el diario «La Libertad», abiertamente republicano, el fascismo «había nacido contra la violencia disolvente y anárquica del sindicalismo comunista». Y en «La Voz», el escritor y político socialista Luis Araquistáin criticaba al fascismo, pero casualmente de una manera demasiado tibia, trazando un paralelismo entre lo que había ocurrido en Italia y lo que estaba sucediendo en Cataluña, en lo que respecta a la represión de las organizaciones.

No hay que olvidar tampoco que Mussolini, además de comenzar su andadura política en el Partido Socialista Italiano, también fue director de «Avanti!», el periódico de cabecera del socialismo en su país. En «The Problem with Socialism» (Regnery Publishing, 2016), el economista Thomas Di Lorenzo defiende que el «fascismo siempre ha sido un tipo de socialismo. Benito Mussolini, fundador de la Italia fascista, fue un socialista internacional antes de ser un socialista nacional, siendo esto último la esencia del fascismo. Al socialismo nacionalista propio de este no le importaba dejar sobrevivir a empresas privadas, siempre y cuando éstas fueran controladas por políticas y subsidios gubernamentales».

Y son muchos los que opinan que, al igual que Marx y Engels en «El Manifiesto Comunista», Mussolini también denunció duramente el capitalismo y los mercados libres, lamentándose de «la búsqueda egoísta de la prosperidad material». De hecho, declaró que el fascismo es una «reacción contra la fláccida concepción materialista de la felicidad», implorando a sus seguidores que «rechazaran la literatura economicista del siglo XVIII de Adam Smith», el considerado padre del liberalismo económico.

LA MARCHA SOBRE WASHINGTON DE MARTIN LUTHER KING

 La Marcha sobre Washington por el trabajo y la libertad fue una gran manifestación que tuvo lugar en Washington, D.C. el 28 de agosto de 1963. Martin Luther King Jr. pronunció su histórico discurso "Yo tengo un sueño" defendiendo la armonía racial en el Monumento a Lincoln durante la marcha.

La marcha fue organizada por un grupo de organizaciones sindicales, religiosas y de derechos civiles, bajo el lema "empleo, justicia y paz". Las estimaciones del número de participantes variaron entre 200.000 y más de 300.000. Alrededor del 80% de los manifestantes eran afroamericanos y un 20% blancos y otros grupos étnicos.

La marcha ayudó a la aprobación de la Ley de los Derechos Civiles (1964) y la Ley del Derecho al Voto (1965).

 

“Yo tengo un sueño”

Estoy orgulloso de reunirme con ustedes hoy, en la que será ante la historia la mayor manifestación por la libertad en la historia de nuestro país.

Hace cien años, un gran estadounidense, cuya simbólica sombra nos cobija hoy, firmó la Proclama de la emancipación. Este trascendental decreto significó como un gran rayo de luz y de esperanza para millones de esclavos negros, chamuscados en las llamas de una marchita injusticia. Llegó como un precioso amanecer al final de una larga noche de cautiverio. Pero, cien años después, el negro aún no es libre; cien años después, la vida del negro es aún tristemente lacerada por las esposas de la segregación y las cadenas de la discriminación; cien años después, el negro vive en una isla solitaria en medio de un inmenso océano de prosperidad material; cien años después, el negro todavía languidece en las esquinas de la sociedad estadounidense y se encuentra desterrado en su propia tierra.

Por eso, hoy hemos venido aquí a dramatizar una condición vergonzosa. En cierto sentido, hemos venido a la capital de nuestro país, a cobrar un cheque. Cuando los arquitectos de nuestra república escribieron las magníficas palabras de la Constitución y de la Declaración de Independencia, firmaron un pagaré del que todo estadounidense habría de ser heredero. Este documento era la promesa de que a todos los hombres, les serían garantizados los inalienables derechos a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

 

Es obvio hoy en día, que Estados Unidos ha incumplido ese pagaré en lo que concierne a sus ciudadanos negros. En lugar de honrar esta sagrada obligación, Estados Unidos ha dado a los negros un cheque sin fondos; un cheque que ha sido devuelto con el sello de "fondos insuficientes". Pero nos rehusamos a creer que el Banco de la Justicia haya quebrado. Rehusamos creer que no haya suficientes fondos en las grandes bóvedas de la oportunidad de este país. Por eso hemos venido a cobrar este cheque; el cheque que nos colmará de las riquezas de la libertad y de la seguridad de justicia.

También hemos venido a este lugar sagrado, para recordar a Estados Unidos de América la urgencia impetuosa del ahora. Este no es el momento de tener el lujo de enfriarse o de tomar tranquilizantes de gradualismo. Ahora es el momento de hacer realidad las promesas de democracia. Ahora es el momento de salir del oscuro y desolado valle de la segregación hacia el camino soleado de la justicia racial. Ahora es el momento de hacer de la justicia una realidad para todos los hijos de Dios. Ahora es el momento de sacar a nuestro país de las arenas movedizas de la injusticia racial hacia la roca sólida de la hermandad.

Sería fatal para la nación pasar por alto la urgencia del momento y no darle la importancia a la decisión de los negros. Este verano, ardiente por el legítimo descontento de los negros, no pasará hasta que no haya un otoño vigorizante de libertad e igualdad.

1963 no es un fin, sino el principio. Y quienes tenían la esperanza de que los negros necesitaban desahogarse y ya se sentirá contentos, tendrán un rudo despertar si el país retorna a lo mismo de siempre. No habrá ni descanso ni tranquilidad en Estados Unidos hasta que a los negros se les garanticen sus derechos de ciudadanía. Los remolinos de la rebelión continuarán sacudiendo los cimientos de nuestra nación hasta que surja el esplendoroso día de la justicia. Pero hay algo que debo decir a mi gente que aguarda en el cálido umbral que conduce al palacio de la justicia. Debemos evitar cometer actos injustos en el proceso de obtener el lugar que por derecho nos corresponde. No busquemos satisfacer nuestra sed de libertad bebiendo de la copa de la amargura y el odio. Debemos conducir para siempre nuestra lucha por el camino elevado de la dignidad y la disciplina. No debemos permitir que nuestra protesta creativa degenere en violencia física. Una y otra vez debemos elevarnos a las majestuosas alturas donde se encuentre la fuerza física con la fuerza del alma. La maravillosa nueva militancia que ha envuelto a la comunidad negra, no debe conducirnos a la desconfianza de toda la gente blanca, porque muchos de nuestros hermanos blancos, como lo evidencia su presencia aquí hoy, han llegado a comprender que su destino está unido al nuestro y su libertad está inextricablemente ligada a la nuestra. No podemos caminar solos. Y al hablar, debemos hacer la promesa de marchar siempre hacia adelante. No podemos volver atrás.

Hay quienes preguntan a los partidarios de los derechos civiles, "¿Cuándo quedarán satisfechos?"

Nunca podremos quedar satisfechos mientras nuestros cuerpos, fatigados de tanto viajar, no puedan alojarse en los moteles de las carreteras y en los hoteles de las ciudades. No podremos quedar satisfechos, mientras los negros sólo podamos trasladarnos de un gueto pequeño a un gueto más grande. Nunca podremos quedar satisfechos, mientras un negro de Misisipí no pueda votar y un negro de Nueva York considere que no hay por qué votar. No, no; no estamos satisfechos y no quedaremos satisfechos hasta que "la justicia ruede como el agua y la rectitud como una poderosa corriente".

Sé que algunos de ustedes han venido hasta aquí debido a grandes pruebas y tribulaciones. Algunos han llegado recién salidos de angostas celdas. Algunos de ustedes han llegado de sitios donde en su búsqueda de la libertad, han sido golpeados por las tormentas de la persecución y derribados por los vientos de la brutalidad policíaca. Ustedes son los veteranos del sufrimiento creativo. Continúen trabajando con la convicción de que el sufrimiento que no es merecido, es emancipador.

Regresen a Misisipí, regresen a Alabama, regresen a Georgia, regresen a Louisiana, regresen a los barrios bajos y a los guetos de nuestras ciudades del Norte, sabiendo que de alguna manera esta situación puede y será cambiada. No nos revolquemos en el valle de la desesperanza.

Hoy les digo a ustedes, amigos míos, que a pesar de las dificultades del momento, yo aún tengo un sueño. Es un sueño profundamente arraigado en el sueño "americano".

Sueño que un día esta nación se levantará y vivirá el verdadero significado de su credo: "Afirmamos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales".

Sueño que un día, en las rojas colinas de Georgia, los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos, se puedan sentar juntos a la mesa de la hermandad.

Sueño que un día, incluso el estado de Misisipí, un estado que se sofoca con el calor de la injusticia y de la opresión, se convertirá en un oasis de libertad y justicia.

Sueño que mis cuatro hijos vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad.

¡Hoy tengo un sueño!

Sueño que un día, el estado de Alabama cuyo gobernador escupe frases de interposición entre las razas y anulación de los negros, se convierta en un sitio donde los niños y niñas negras, puedan unir sus manos con las de los niños y niñas blancas y caminar unidos, como hermanos y hermanas.

¡Hoy tengo un sueño!

Sueño que algún día los valles serán cumbres, y las colinas y montañas serán llanos, los sitios más escarpados serán nivelados y los torcidos serán enderezados, y la gloria de Dios será revelada, y se unirá todo el género humano.

Esta es nuestra esperanza. Esta es la fe con la cual regreso al Sur. Con esta fe podremos esculpir de la montaña de la desesperanza una piedra de esperanza. Con esta fe podremos trasformar el sonido discordante de nuestra nación, en una hermosa sinfonía de fraternidad. Con esta fe podremos trabajar juntos, rezar juntos, luchar juntos, ir a la cárcel juntos, defender la libertad juntos, sabiendo que algún día seremos libres.

Ese será el día cuando todos los hijos de Dios podrán cantar el himno con un nuevo significado, "Mi país es tuyo. Dulce tierra de libertad, a tí te canto. Tierra de libertad donde mis antesecores murieron, tierra orgullo de los peregrinos, de cada costado de la montaña, que repique la libertad". Y si Estados Unidos ha de ser grande, esto tendrá que hacerse realidad.

Por eso, ¡que repique la libertad desde la cúspide de los montes prodigiosos de Nueva Hampshire! ¡Que repique la libertad desde las poderosas montañas de Nueva York! ¡Que repique la libertad desde las alturas de las Alleghenies de Pensilvania! ¡Que repique la libertad desde las Rocosas cubiertas de nieve en Colorado! ¡Que repique la libertad desde las sinuosas pendientes de California! Pero no sólo eso: ! ¡Que repique la libertad desde la Montaña de Piedra de Georgia! ¡Que repique la libertad desde la Montaña Lookout de Tennesse! ¡Que repique la libertad desde cada pequeña colina y montaña de Misisipí! "De cada costado de la montaña, que repique la libertad".

Cuando repique la libertad y la dejemos repicar en cada aldea y en cada caserío, en cada estado y en cada ciudad, podremos acelerar la llegada del día cuando todos los hijos de Dios, negros y blancos, judíos y cristianos, protestantes y católicos, puedan unir sus manos y cantar las palabras del viejo espiritual negro: "¡Libres al fin! ¡Libres al fin! Gracias a Dios omnipotente, ¡somos libres al fin!"

Sí yo tuve un sueño. Ayer soñé que ¡por fin un millón de españoles marchaban sobre la Moncloa y conseguían después de tres días de asentada y vítores por España que el Presidente Sánchez se avergonzara, dimitiera y se fuese con su amigo Puigdemont a Waterloo… pero ya sé que la vida es un sueño y los sueños, sueños son. Al menos mientras la Derecha española esté comandada por el cobardica don Pablo Casado y don Teo, el fullero compra-votos de Murcia.