El 30 de junio de 1521 tuvo lugar un hecho trascendental para el futuro de la Monarquía Hispánica: la batalla de Noáin, en la que los ejércitos imperiales derrotaron contundentemente a los invasores franceses, quienes habían llegado a sitiar Logroño.

Este evento histórico, sin embargo, nunca ha sido suficientemente conmemorado ni en Navarra ni en el resto de España… salvo por parte de los abertzales panvasquistas, quienes, desde 1996, vienen atribuyéndole el falso significado de la que sería ulterior resistencia de los defensores de un ilusorio Estado Navarra, auténticos protonacionalistas vascos o, incluso los primeros napartarras (así se denominan los nacionalistas navarros, que también los hay incluso en las filas “regionalistas” de UPN).

SOMOS no podía pasar de largo esta ocasión, por lo que, en coherencia con nuestros presupuestos ideológicos y nuestro compromiso con la verdad histórica y, por lo tanto, con España, queremos contribuir con esta breve valoración de tan significado hecho histórico.

1.- No es cierto que en Noáin murieran cinco mil navarros: fueron franceses en su inmensa mayoría; además en ese número se sumaron el total de bajas, heridos y prisioneros. El número de muertos oscilaría entre 600 y 800. Esta mentira forma parte del victimismo narrativo del imaginario panvasquista. De haber sido cierto, tamaña sangría habría sido una catástrofe demográfica de largo impacto; circunstancia desmentida por el crecimiento económico de las décadas posteriores de una Navarra, finalmente, en paz.

2.- Agramonteses y beamonteses, en guerra civil durante 60 años, eran bandos cambiantes, movidos por intereses aristocráticos particulares, arruinando en sus luchas a un pueblo llano, harto de guerras, muerte y pobreza; lo que bien explicaría sus pocas ganas de combatir en Noáin.

3.- Muchos navarros participaron en el ejército imperial, entre otros, Lanzarot de Gorráiz. De hecho entre ellos encontramos tanto a guerreros de procedencia agramonteses y beamonteses. Un buen grupo de caballeros agramonteses lucharon en Villalar por Carlos I de España, IV de Navarra y V del Sacro Imperio Romano Germánico.

4.- Muchos agramonteses, como los hermanos de San Francisco de Javier, Martín de Azpilicueta, el célebre “Doctor Navarro”, y otros, se adhirieron finalmente al emperador. El 24 de febrero de 1524 se decretó una amnistía general, recuperando los bienes confiscados en 1516 y 1521; incluidos, los mal llamados “resistentes” de Maya.

5.- Los vascongados, vascos de Castilla, ya habían optado por el gran reino peninsular siglos antes, participando entusiastas en la anexión de Navarra de 1512. También, en el otoño de aquel año, cuando Luis XII envió un ejército de 30.000 hombres liderado por el delfín de Francia, Francisco de Angulema, para “reconquistar” Navarra, lucharán decisivamente contra los invasores. Será entonces cuando las milicias guipuzcoanas tomaron una docena de cañones. Por ello, la reina Juana otorgó a Guipúzcoa el privilegio de incorporar a su escudo de armas los famosos cañones, permaneciendo en él hasta 1979. Nuevamente, en 1521, las milicias guipuzcoanas y vizcaínas, unos 5.000 hombres, participaron en la batalla de Noáin envolviendo a los franceses desde el puerto del Perdón. Bien puede decirse que Navarra reafirmó su destino hispánico gracias a los hermanos vascongados.

6.- En Noáin no se perdió la “independencia de Navarra”. No existía un sentimiento nacional navarro. Sí se consolidó definitivamente la adscripción de Navarra a la monarquía española. Lo que realmente acaeció fue un recambio de dinastía: los Foix-Albret, vasallos del rey de Francia por sus grandes posesiones ultrapirenáicas, fueron relevados por la casa de Austria.

7.- A la batalla de Noáin le sucedieron trescientos años de  prosperidad, librándose Navarra, entre otros, de los efectos de las guerras de religión que golpearon, entre otros muchos, a los navarros de ultrapuertos; particularmente agraviados por las correrías de los hugonotes. Las instituciones propias, como eran las Cortes y la Diputación del Reino, así como los fueros en plenitud, continuaron siendo un freno ante los posibles excesos o la vulneración de los Fueros perpetrados por los virreyes.

8.- Los navarros participaron muy notablemente en las empresas comunes de la Monarquía, combatiendo en Flandes, Italia, el Mediterráneo o las Indias. Grande fue su presencia en universidades, en la burocracia imperial y eclesiástica. Navarra proporcionó virreyes para las Indias.

9.- Los siglos XVI, XVII y XVII fueron considerados los “siglos de oro de Navarra”. En 1800, poco antes de la invasión napoleónica, Navarra y Andalucía eran los territorios españoles con mayor nivel de renta per cápita.

10.- En conclusión, la “guerra de Navarra” fue un frente más en el enfrentamiento entre Carlos I de España y Francisco I de Francia por la hegemonía en Europa. En este marco, recordemos que en 1525, tanto Francisco I de Francia, como Enrique II de Albret, todavía pretendiente nominal de Navarra, y mero satélite de Francia, cayeron prisioneros de las fuerzas de Carlos I, en la decisiva batalla de Pavía.

Los panvasquistas y napartarras, en su falsificación de la Historia, le vienen reasignando una significación victimista y protonacionalista, fruto de su imaginación y los delirios ideológicos propios de ciertas concepciones políticas del siglo XIX y XX: romanticismo, racialismo, ultracatolicismo, marxismo, radical-progresismo finalmente...

La tentación napartarra, de muchos de nuestros paisanos, es otra ensoñación romántica que desconoce intencionadamente los imperativos ideológicos de cada época, los movimientos históricos reales y la evolución de la sociedad. Por ello la “concepción napartarra” es un hermano menor, acomplejado y timorato del panvasquismo.

Porque SOMOS navarros, SOMOS españoles.

Porque SOMOS españoles, amamos y nos sentimos navarros.

Colectivo SOMOS