Si hay algo consustancial al verano coruñés son sus festejos de agosto que reciben el nombre de “Fiestas de María Pita”, en recuerdo de la heroína coruñesa que tanto destacó en la defensa de la plaza cuando el ataque inglés de 1589.

Aquel agosto de 1916, las fiestas se habían recuperado ya que, el año anterior, no se habían podido celebrar por una prohibición expresa de que el Consistorio invirtiese dinero del erario en este tipo de festejos y celebraciones.

Sin embargo, todo volvió a la normalidad en este 1916 y, de nuevo, las fiestas mayores regresaron a su cita anual con el verano coruñés como así lo había anunciado la Liga de Amigos, entidad encargada de la organización de los festejos, meses antes.

Aquel año, se hizo un esfuerzo complementario con el fin de que el programa festivo constituyese un aliciente capaz de atraer la atención no solo de los coruñeses, sino también de los veraneantes que acudían a la ciudad por aquellas fechas.

A lo largo de casi veinte días de aquel mes de agosto, se programaron actividades de todo tipo: la Función del Voto, toros, veladas nocturnas, concurso hípico, la fiesta de la flor, paseos de moda, conciertos de Bandas, verbenas, fuegos artificiales, regatas, concurso de tiro de pichón, futbol… En definitiva, un amplio y atractivo programa que fue muy elogiado por la prensa de la época.

Dentro de este abigarrado programa hemos destacado especialmente dos jornadas, las de los días 12 y 13 -sábado y domingo-. La expectación de estos días se centró, de una parte, en la bahía coruñesa, donde el día 12 se celebraron varias pruebas de regatas y una fiesta nocturna, y en el desfile militar que siguió a la misa de campaña celebrada el domingo día 13 en los Cantones.

La prensa, que denominó la jornada del 12 como el “día del mar”, resaltaba que, por fin, después de muchos años, La Coruña volvía su rostro para mirar a su fiel compañero secular: el mar y que aquello serviría para que el viejo Atlántico tuviese un protagonismo especial, en adelante, en el calendario festivo de la ciudad.

Para dar mayor brillantez a la jornada, las Autoridades coruñesas oficiaron al Ministro de Marina con la finalidad de contar, en la jornada, con el concurso de alguna unidad naval procedente del Apostadero ferrolano, petición a la que accedió el Ministro.

De esta suerte, el día 11, arribó al puerto coruñés el Crucero protegido “Río de la Plata” y, al día siguiente, lo hicieron los Torpederos nº 9 y 13.

El Crucero protegido, con casco de acero, “Río de la Plata”, tiene una génesis desconocida para muchos. Fue construido en los astilleros franceses La Seyne y bautizado con el nombre de “Río de la Plata”, por una Real Orden de 1897, debido a que su coste, 3.650.000 pts., fue sufragado íntegramente por los españoles residentes en Argentina y Uruguay quienes, formando las llamadas “Comisiones patrióticas”, recabaron los fondos necesarios, a base de cuestaciones populares, ofreciéndoselo a la Armada con el fin de paliar, en alguna medida, las carencias operativas para la defensa de las últimas posesiones españolas en el Caribe y Pacífico.

Botado en 1898, fue dado de alta en las listas de la Armada el 1 de agosto de 1899, causando baja, para el desguace, en junio de 1931.

Desplazaba 1.950 tn., con una eslora de 76.30 m., una manga de 10,80 y 7,10 de puntal. Disponía de dos máquinas y calderas Normand-Sigandy, que le proporcionaban 6.000 cv de fuerza y un andar de 20 nudos. Su dotación era de 210 hombres.

Estaba artillado con dos cañones Schneider-Canet de 140 mm. y cuatro Krupp de 105, así como otras piezas menores.

La Bandera de Combate, la recibió en Buenos Aires en el año 1900 y en ella figuraba bordada la leyenda “A la gloriosa España. Las damas argentinas y uruguayas”.

Como dato curioso, añadir que otro Crucero protegido de la Armada, coetáneo del “Río de la Plata”, el “Extremadura”, botado en abril de 1900 y asignado en 1902, tiene un origen similar al ser costeado su importe, próximo a los cuatro millones de pesetas, por la “Comisión patriótica” formada por los españoles emigrados a Méjico.

Torpedero nº 13

En cuanto a los dos Torpederos, presentes también en el puerto coruñés, pertenecían a la larga clase Vickers-Normand, construidos en la factoría de la S.E.N.C. (Sociedad Española de Construcciones Navales) de Cartagena entre los años 1912 y 1921. En el pedido inicial, se habían encargado veinticuatro unidades que, finalmente, quedaron reducidas a veintidós.

Desplazaban 186 tn., a plena carga. Su eslora era de 59 m., manga 5 m. y 1,7 metros de calado. Era propulsado por calderas Normand y turbinas Parsons con una potencia de 4.100 cv, su velocidad máxima era de 26 nudos y la dotación, 31 hombres. Su armamento constaba de tres cañones Vickers de 47 mm. y tres lanzatorpedos de 450 mm., uno sencillo y otro doble.

El T-9, había sido entregado en 1915, manteniéndose operativo hasta su baja en 1943, en cuanto al T-13, entregado ese mismo año 1916, causó baja en 1932.

La presencia de las tres Unidades navales en el puerto atrajo la atención de cientos de coruñeses, al igual que las pruebas náuticas de diferentes especialidades celebradas en la bahía el sábado día 12.

En la noche de esa jornada, se celebró la “serenata marítima”. El puerto se engalanó con cientos de farolillos multicolores, al igual que las embarcaciones surtas en la bahía y los reflectores de los Torpederos iluminaron el cielo coruñés.

Llamó especialmente la atención la iluminación dispuesta en el Crucero “Río de la Plata”, a base de lámparas eléctricas que dibujaban su silueta y palos de señales y en cuya cubierta se celebró una animada fiesta.

El gentío presente en la zona era inmenso y la animación desbordó las expectativas más halagüeñas. Se quemó una vistosa sesión de fuegos artificiales, aunque al parecer escasa, y una multitud de globos de papel surcó el nocturno coruñés. Fue una jornada inolvidable.

Al día siguiente, domingo, a las diez y media de la mañana, se celebró, en la avenida de los Cantones, una solemne Misa de campaña que contó con la asistencia de los diferentes Cuerpos de la guarnición coruñesa integrada, aquel año, por el Regimiento de Infantería “Isabel la Católica” nº 54, el Regimiento de Caballería Cazadores de Galicia nº 25, el Regimiento de Artillería de Montaña nº 3, la 8ª Comandancia de Tropas de Intendencia y la 8ª Compañía de Tropas de Sanidad Militar, todos ellos pertenecientes a la 14ª División. También se sumaron a este acto fuerzas de la Guardia Civil que contaba en la plaza con la Plana Mayor del 6º Tercio, con una Compañía de Infantería y un Escuadrón de Caballería, y de la 3ª Compañía de la 10ª Subinspección de Carabineros.

La función religiosa, a la que asistieron las primeras Autoridades de la ciudad, estuvo presidida por el Capitán General interino, General de División Santiago Díaz de Cevallos y Visgrés, jefe de la 14ª División, a quien, a su llegada, le fueron rendidos los honores de ordenanza, pasando seguidamente revista a la línea que estaba al mando del General de Brigada Ramón Domingo de Ibarra, Jefe de Estado Mayor de la Región.

A la conclusión de la Misa, que contó con la presencia de miles de coruñeses, las fuerzas participantes desfilaron ante la Autoridad militar.

Fueron dos jornadas memorables dentro del variado programa de festejos organizados aquela verano de 1916.