Por ordenanza fechada en el Boletín Oficial del Estado a 16 de julio de 1937 -viernes, día hábil- se declaró día de Fiesta Nacional el dieciocho de julio. Desde ese día y durante muchos años los españoles hemos conmemorado, como acto festivo, el aniversario del 18 de julio de 1936, por ser la fecha en que oficialmente se inició en toda España un alzamiento unánime cívico-militar en defensa de su fe y de su unidad nacional, contra la tiranía comunista, y contra la encubierta desmembración de su solar patrio.  (1)

     Resulta curioso comprobar como esta fecha tan emblemática, que cambió para bien, la historia de España y la de Europa, sea tachada, por los “demócratas” de toda la vida, “como el golpe de Estado que desencadenó la guerra y  la erosión de la democracia en España, esto es, el comienzo negro de la dictadura que duró hasta 1975”, ,  cuando en realidad la escalada de violencia realizada por la II  República, con 196 muertos en 1931, 190 en el 1932, 311 en 1933, 1.457 en 1934, 46 en 1935 y 428 desde el “pucherazo” de las elecciones de febrero del 36 al  13 de julio de 36,  es ni más ni menos, entre otras lindezas, que la arbitrariedad sangrienta más peligrosa que añadió el Frente Popular al cóctel previo al 18 de julio.

      Y es que la Segunda República no fue el oasis de paz destrozado por las fuerzas nacionales conservadoras de la fe y la unidad de la Patria, que cuenta el mito popular en colegios, universidades, medios de comunicación, foros de Internet, artículos periodísticos y páginas web, sino un proyecto de democracia poco democrático, que se desarrolló violentamente para desembocar a un proceso revolucionario, cada vez más impulsivo, que superó las barreras ideológicas de propios y extraños. Esta es una verdad como puños, que provocó un giro bolchevique de proporciones catastróficas, tan desproporcionado, que ninguna democracia, que se tenga como tal, puede asumir sin un acuerdo que supere las barreras ideológicas.

    También se habla de Golpe de Estado fallido que provocó la guerra, pero  la auténtica realidad histórica acaecida en aquella fecha  es muy otra, y pueden verla en el siguiente enlace https://vimeo.com/134998353 , y así comprobar que el 18 de julio es un día de suma importancia en la historia de nuestra patria, que merece ser recordado y necesariamente conocido por todos los españoles para que entiendan y sean conscientes de lo que ocurrió en España en aquella contienda fratricida. Y me refiero a la rapidez y al desconcierto de los hechos acaecidos, desde el 17 al 20 de Julio de 1936, fechas inmortales, y que he de hacer presente, poniendo en un primer plano lo que no se recuerda, o no se quiere recordar, dejándolo en el cajón de los olvidos, y es que el Poder Público, esto es, el Gobierno, y los partidos componentes del Frente Popular, al grito de “¡Viva Rusia y Muera España!”, iban a imponer, en nuestra Patria, el sistema comunista el primero de agosto en 1936.

     La réplica al traicionero Gobierno Frentepopulista, y no a la Republica, se la dio por adelantado, el 17 de Julio, el prestigioso Ejército de Marruecos. Allí, la coherencia de las fuerzas armadas, alejadas de la vigilancia policial y los sindicatos anarquistas y marxistas, el gran número de los efectivos y, sobre todo, su calidad, dignidad y decoro, el espíritu patriótico de cuantos uniformados, desde el general hasta el soldado raso, amparados por el compromiso internacional de permanecer en la zona, y fieles a la orden y servicio de la España crucificada, forjaron la hueste capacitada del escudo patriótico y entusiasta, alzándose en armas, contra la bestia roja de los judas, caines y masonazos, para acabar con ella y con su gran crimen. Y en poco más de diez y seis horas quedó   en   manos   nacionales todo   el   Protectorado y las plazas de soberanía española.

    Esa réplica nacional originó la lucha general según los planes esperados por el Gobierno traicionero, comenzando al día siguiente, 18 de julio, un impreciso forcejeo local, en cada pueblo y ciudad con resultados diferentes, haciendo estallar un conflicto caótico, sin coherencia ni amplio objetivo planeado. Morir o liberar al pueblo, a la ciudad, o la aldea: ése fue el propósito. Y así, las gentes, de toda condición y buena voluntad, se lanzaron al asalto de las férreas estructuras frentepopulistas como David contra Goliat, puesto que los rojos tenían las principales ciudades, los núcleos industriales, todo el oro del Banco de España, inagotables reservas de hombres, y la Escuadra, lo tenían todo cuanto es preciso para ganar una guerra, ¡Todo, menos la razón!

    Entre tanto, el Ejército de Marruecos no pudo pasar a la Península, por estar bloqueado el Estrecho de Gibraltar por la flota en poder de la marinería homicida.

    Ese mismo día se da a conocer en Tenerife un Manifiesto redactado por el general Franco en el que justifica el alzamiento militar y que termina con vivas a España y al honrado pueblo español. A mediodía el archipiélago canario está bajo el control de los nacionales.

    En Madrid, tras conocerse la noticia de lo ocurrido en Marruecos y la alocución de Franco, la diputada del Partido Comunista, Dolores Ibárruri, la Pasionaria, desde un despacho del Ministerio de la Gobernación, en el que se instaló un improvisado estudio radiofónico, se dirigió al pueblo de Madrid y al de toda España en nombre del Partido Comunista: “Trabajadores, antifascistas, pueblo laborioso: todos en pie, dispuestos a defender la República, las libertades populares y las conquistas democráticas del pueblo...” Mientras, el general Fanjul, declaro el estado de guerra y se hizo fuerte en el Cuartel de la Montaña, en unión de los regimientos de Carabanchel, los del Pacífico, el de El Pardo, apoyado por unos 1.500 hombres dispuestos a defender la causa nacional para ganar Madrid.

    Pero, el 19 de Julio, fuertemente armadas las milicias populares, los guardias de asalto y la Guardia Civil rodearon el Cuartel de la Montaña, y comenzó el asalto a tiros, junto a la artillería y la aviación. Y en la madrugada del 20, quemadas todas las municiones tras la encarnizada lucha del cuerpo a cuerpo, alumbró el exterminio y saña de la Bestia borracha de sangre, llenó de cadáveres el patio del Cuartel…

    Derrotados los defensores, la barbarie se hizo dueña de la calle y a los falangistas en Carabanchel y en Pacífico también fueron pasados por las armas. Y en Madrid, las cárceles se llenaros a rebosar de prisioneros y las checas comenzaron a sustituir a las cárceles. Por cunetas, desmontes, solares y calles aparecieron los primeros “besugos frescos”, como se llamaron a los arrancados de su hogar y asesinados con un tiro en la nuca.

    En Barcelona, con servidores del separatismo además del sovietismo, durante la madrugada y el amanecer del domingo 19 de julio se produjeron combates en las calles del centro de la ciudad, hasta hacer capitular al general Goded, que se rindió creyendo que lo hacía con caballero, procurando salvar, en última instancia, la vida de los suyos, pero todos ellos fueron fusilados. La derrota de los sublevados en Barcelona, llevó al fracaso de los Nacionales en toda Cataluña.

    En Valencia, confusiones, barbarie e indecisiones, soldados que no saben a quién obedecer, jefes rebasados por las masas, barcos extranjeros en el puerto a la ayuda de su revolución, mientras saqueos, incautaciones y asesinatos. Es el terror, que se apoderó de las calles a la espera de acontecimientos en Madrid o en Barcelona.

    Y Alicante, con José Antonio entre rejas, con el intento y fracaso de su liberación y el fusilamiento de los 52 falangistas de Callosa de Segura, y tras el establecimiento de un Comité Revolucionario de Defensa, que convocó la huelga general, los sindicatos tomaron el control de la ciudad, armaron a sus afiliados, que cercaron el cuartel de Benalua y detuvieron a todos los sospechosos de simpatizar con las derechas para, seguidamente, ser inmolados. Perdido Alicante después de intentos de los pocos contra los muchísimos, y de ser inundada Levante por la barbarie de disfraz de la casulla robada y la actuación el Gran Oriente, el de sonrisa hipócrita y maneras ocultas de pastelero para entregar a las cándidas victimas al matadero, Alicante quedó en manos del Frete Popular.

     En Castellón no se produjo pronunciamiento alguno al no recibirse órdenes desde Valencia, además de que no había oficiales comprometidos.

    En la provincia de Murcia el alzamiento fracasó igualmente.

    En Aragón, las tres ciudades capitales de provincia quedaron bajo el mando de los nacionales y 3/5 partes del territorio aragonés quedo en manos republicanas, gracias a que, una vez sofocada la sublevación en Cataluña, desde allí salen diversas columnas, en su mayoría integradas por milicianos de la CNT, para intentar recuperar Aragón y fundamentalmente Jaca, Huesca y Zaragoza.

    En Baleares tras el alzamiento, se ganaron Mallorca y las islas chicas, y se perdió Menorca.

   Oviedo quedó como un islote azul en la Asturias roja, en donde como otra Numancia, sufrió una feroz destrucción, que soporto con heroísmo y tesonera de españolidad. Y gracias a la sabia y sacrificada decisión del entonces coronel Aranda, las provincias de Palencia, León, Zamora ...quedaron salvas de la represión roja.   

    En Galicia el choque fue encarnizado, a pesar que el general Salcedo se mostró dubitativo, por lo que la iniciativa la tomó que el teniente coronel Luis Tovar, previa detención del general Salcedo, y el cañoneo reiterativo del edificio del gobierno civil, donde el gobernador Francisco Pérez había intentado resistir al golpe apoyado por la guardia de asalto. Finalmente quedaron las cuatro provincias quedaron en zona nacional.

    El núcleo fundamental de la sublevación militar en Navarra lo constituía Pamplona, porque allí estaba el General Mola, “El Director” y organizador del Alzamiento Nacional, que proclamo el estado de guerra en la Plaza del Castillo donde estaban congregadas las milicias carlistas requetés. En toda Navarra se triunfó el levantamiento sin oposición alguna.

     En Badajoz, desde un principio, mandoneó en el acto el preparado, como en todas partes, un Comité del Frente Popular. Que, proclamándose “defensores de la legalidad” llenaron las poblaciones de las furias rojas, y con la ferocidad que caracteriza a cuantos tienen cuajados sus ojos con hoces y matillos de visiones de sangre, creando unas ráfagas de crímenes por doquier y no dejaron “ni heridos ni prisioneros” nacionales, incendiando, asaltando y fusilando, e incluso quemando vivos a doce personas en Fuente de Cantos. Ganando así una provincia entera.

   En Andalucía hubo mucha y varia fortuna. Cádiz fue la primorosa ciudad en incorporarse al Alzamiento, después de aventar unos cuantos cuervos graznadores. En Sevilla, el milagro de los milagros: un general con el disco de gramófono de la marcha legionaria y los garrochistas y caballistas de la labranza señoril, más la audacia de la Falange Sevillana, una de las mejores, en total pocos centenares, dominó por la gracia de la Gracia las hordas avezadas en número innúmero, que se refugiaron en Triana, y al llegar, de verdad, esta vez, la Legión apaciguó la ciudad hispalense y ganó para la Sagrada Causa el cogollo de la zona oriental andaluza. El increíble suceso se llamaba Queipo de Llano. Granada se incorporó también al Movimiento después de duras escaramuzas, sangrientas y ciegas. Málaga, Jaén, Almería, Huelva se perdieron, al igual que Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara y Santander. Se ganó Córdoba, dirigida por un gobernante no Frentepopulista, sin matanzas por ello, sin más crisis que el minuto de la buena decisión.

    Valladolid y Burgos, cabeza de Castilla junto con salamanca consolidaron en el alzamiento sin derramamiento de sangre e hicieron de ventosa, al sacar sus jonsistas y las escuadras de labradores armados, impidiendo que saliesen de Madrid más de doscientos cincuenta mil milicianos rojos e invadiesen el centro de la Península o se extendiesen por las ciudades andaluzas.

    Cuando amaneció el día 20 de julio, el sol contempló como quedo España, después de un eclipse de noticias de setenta y dos horas, el mapa, el territorio y sus morados. Y es así: por la continuidad como nación están Las Palmas, Tenerife, las plazas y provincias africanas, Baleares, excepto Mahón; Cádiz, Sevilla, ciudad, y algún pueblo; Córdoba capital, y poquísimos pueblos, también; Granada, la ciudad tan sólo; Cáceres, y no todo; Ávila, en parte, con la capital; Segovia, en idéntica situación, como Soria; Teruel, la capital, y algo de territorio alrededor de su enclave; Zaragoza y parte de la provincia; Huesca, capital, y poca provincia; Pamplona, Vitoria, Logroño, Burgos, Palencia, Valladolid, Salamanca, Zamora, León, con merma de pueblos norteños; Orense, Lugo, Pontevedra, La Coruña. Lo demás, dos terceras partes de la España peninsular, en las uñas de la Komintern soviética y de los disgregadores pactos secretos de San Sebastián.

 

(1) La supresión de esa FESTIVIDAD NACIONAL fue ejecutada a través del decreto firmado por el gobierno del “flecha rota” exministro secretario general del movimiento, Adolfo Suárez, y publicado en el BOE el Día de los Santos Inocentes de 1977.