Veo con sorpresa que cada día se habla más en la prensa de las “taifas” árabes que acabaron con el califato de Córdoba y con la expulsión de los árabes de España. Lo cual ya es un síntoma de lo que se huelen los columnistas del futuro que se nos avecina si siguen en el Poder los dos locos que lo detentan hoy: el Pedro y el Pablo... aquellos Reinos de “taifas” que, fueron el antecedente de los “cantones” de la Primera República fueron un verdadero “aquelarre”, ya que hasta poblados pequeños se consideraron independientes. Por su interés les reproduzco la lista de las “taifas” que existieron… y que, curiosamente, acabaron con la proclamación de una República (¡increíble, pero cierto!).

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¿Se imaginan ustedes independiente a Morón de la Frontera?

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¿Se imaginan ustedes independiente a Ronda?

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¿Se imaginan ustedes independientes a Tortosa?

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Es cierto que los árabes se apoderaron prácticamente de toda la península en menos de un año e incluso pasaron los Pirineos y llegaron hasta Poitiers (centro de la Francia actual) y luego fueron retrocediendo hasta la derrota total (1492) y la expulsión definitiva.

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 Es verdad que entre la llegada y la salida pasaron más de siete siglos y que en ese largo período hubo de todo. Desde una situación de "tierras conquistadas" o colonia dependiente del Califato de Oriente, con dos centros de poder, Toledo y Córdoba, y gobernadores delegados del Califa de Damasco, andando los siglos llegaría el Califato independiente, con Abderramán III y sede central en Córdoba (ciudad a la que hizo "luz de occidente"). Pero, aquello, a pesar del poderío que llegó a tener y el control de todos los territorios ocupados por los árabes, desde Zaragoza a Huelva, pasando por Valencia, Murcia, Granada, Almería, Málaga, Cádiz y demás, también duró poco, ya que muerto Abderramán III el Califato apenas si se mantuvo medio siglo. Desde 1009, que abdica a la fuerza el califa Hisham II, hasta 1031, que se produce la abolición formal del Califato, se sucedieron en el trono nueve Califas, ya en un escenario político de anarquía total (al caer Hisham III se proclamó una República en Córdoba)... y comienza el guirigay (mayor que el cristiano) de los Reinos de Taifas. Entre los años 1031 y 1085 (cuando llega la segunda invasión, la de los almorávides) se declararon independientes y se formalizaron las siguientes Taifas (por orden alfabético ¡qué cosas!):

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*Taifa de Albarracín.                                  *Taifa de Algeciras.

*Taifa de Almería.                                                  *Taifa de Alpuente.

*Taifa de Arcos de la Frontera.                           *Taifa de Badajoz.

*Taifa de Baleares o Taifas de Mallorca.           *Taifa de Ceuta.

*Taifa de Calatayud.                                              *Taifa de Carmona.

*Taifa de Córdoba.                                                *Taifa de Denia.

*Taifa de Granada.                                                *Taifa de Lisboa.

*Taifa de Lorca.                                                      *Taifa de Málaga.

*Taifa de Mértola.                                                  *Taifa de Molina.

*Taifa de Morón.                                                    *Taifa de Murcia.

*Taifa de Murviedro y Sagunto.                           *Taifa de Niebla.

*Taifa de Ronda.                                                     *Taifa de Huelva.

*Taifa de Santa María del Algarve.                     *Taifa de Segorbe.

*Taifa de Sevilla.                                                    *Taifa de Silves.

*Taifa de Toledo.                                                    *Taifa de Tortosa.

*Taifa de Valencia.                                                *Taifa de Zaragoza.

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¿Y qué era una Taifa? Pues, un Estado independiente, que se arrogaba todas las funciones de gobierno y rechazaba la dependencia de cualquier otro Estado.

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En el trasfondo tras cada Taifa, había un problema profundo. Por una parte, las luchas por el trono califal no hacían sino reproducir las luchas internas que siempre habían asolado el emirato y el califato por causas raciales, árabes, bereberes arabizados y nuevos, muladíes o eslavos, que estaban constituidos inicialmente por esclavos libres de origen centroeuropeo o del norte peninsular y conseguido puestos importantes en la administración. También influían la mayor o menor presencia de población mozárabe, el afán de autonomía de las áreas con mayores recursos económicos y la agobiante presión fiscal necesaria para financiar el coste de los esfuerzos bélicos.

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Inicialmente se constituyeron más de 30 pequeños estados o taifas autónomas dirigidas por caudillos locales procedentes de una familia que se perpetuó a lo largo del siglo XI en una dinastía reinante. Así ocupan el poder clanes de la antigua aristocracia árabe en Valencia (amiríes, descendientes de Almanzor) y de Zaragoza (tuyibíes y hudíes). En la zona occidental se hicieron con el poder tribus bereberes muy arabizadas, que formaban parte de la población andalusí desde la conquista de Tariq a comienzos del siglo VIII: los aftasíes en Badajoz, birzalíes en Carmona, ziríes en Granada, hamudíes en Algeciras y Málaga y abadíes en Sevilla. Con el paso de los años, la taifa de Sevilla (que había conquistado todas las pequeñas taifas de la Andalucía accidental y Murcia en la parte de la oriental), Badajoz, Toledo y Zaragoza, constituirían las potencias islámicas peninsulares.

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En general, las taifas más poderosas fueron absorbiendo con el tiempo a las más pequeñas. Así, la taifa de Sevilla, conquistó y anexionó a las más pequeñas de Arcos, Algarve, Algeciras, Morón, Ronda, Carmona, Huelva, Mértola, Niebla y Silves, estas últimas, situadas al sur del actual Portugal, ambicionadas también por la taifa de Badajoz. Por otro lado, en la antigua Marca Superior del califato, los hudíes de Zaragoza reunieron un conglomerado que en ocasiones se segregaron como taifas independientes. formado por Tudela, Calatayud, Huesca, Lérida o Tortosa, llegando hacia 1080 a ocupar el territorio peninsular de la poderosa taifa de Denia (que consiguió conquistar las Baleares y Cerdeña y reunió una flota de guerra de ciento veinte naves) y hacer vasalla a la rica pero desprotegida Taifa de Valencia. Sin embargo, en esta zona, y gracias a su hábil manejo de la diplomacia, lograron sobrevivir dinastías independientes en la taifa de Albarracín y la taifa de Alpuente.

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Durante el apogeo de los reinos de taifas del siglo XI sus reyezuelos intentaron reproducir las estructuras del califato omeya a una escala menor. Para ello compitieron entre sí no solo militarmente sino también procuraron mostrar su esplendor intelectual. Para ello, trataron de rodearse de los más prestigiosos poetas, científicos y artistas. Paradójicamente, el periodo de taifas fue a su vez el del máximo apogeo de la cultura andalusí, y en este siglo sus creaciones intelectuales adoptan caracteres propios e independientes del islam oriental. Nace en este siglo una filosofía en Al-Ándalus con una particular idiosincrasia, progresan las matemáticas y la astronomía, florece la poesía y la arquitectura desarrolla un estilo manierista que influirá posteriormente en el arte magrebí de almorávides y almohades.

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Sin embargo, la disgregación del califato en múltiples taifas, que podían subdividirse o concentrarse con el paso del tiempo, hizo evidente que sólo un poder político centralizado y unificado podía resistir el avance de los reinos cristianos del norte. Al carecer de las tropas necesarias, las taifas contrataban mercenarios para luchar contra sus vecinos o para oponerse a los reinos cristianos del norte. Incluso guerreros cristianos, como el propio Cid Campeador, sirvieron a reyes musulmanes, luchando contra otros reyes cristianos. Sin embargo, esto no fue suficiente y los reinos cristianos aprovecharían la división musulmana y la debilidad de cada taifa individual para someterlas. Al principio el sometimiento era únicamente económico, forzando a las taifas a pagar un tributo anual, las parias, a los monarcas cristianos.

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No obstante, la conquista de Toledo en 1085 por parte de Alfonso VI de León y Castilla hizo palpable que la amenaza cristiana podía acabar con los reinos musulmanes de la península. Ante tal amenaza, los reyes de las taifas pidieron ayuda al sultán almorávide del norte de África, Yusuf ibn Tasufin, quien pasó el estrecho y no sólo derrotó al rey leonés en la batalla de Sagrajas (1086), sino que conquistó progresivamente todas las taifas.

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Esta fue, pues, la España árabe. Al final el avance cristiano acabó reduciendo el poderío y ya a mediados del siglo XV sólo les quedaba el Reino de Granada. La Reconquista termina con la entrada de los ejércitos cristianos a la ciudad de la Alhambra y con aquellas palabras que le dice la madre al Rey Boabdil: "Sí, hijo, llora, llora como mujer lo que no supiste defender como hombre".

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