Francisco Elías de Tejada y Spinola nació en Madrid el 6 de abril de 1917. Catedrático de Derecho Natural y Filosofía del Derecho en las Universidades de Murcia, Salamanca, Sevilla y Madrid.

En la biografía de la Fundación Elías de Tejada -creada después de su muerte- leemos que “adscrito al pensamiento tradicionalista español es también, en el mismo período, una de las cimas del tradicionalismo carlista, con Rafael Gambra y Álvaro d’Ors, con Juan Vallet de Goytisolo -por más que éste sin tinte estrictamente legitimista- y Francisco Canals”. 

Miguel Ayuso afirma que “Elías de Tejada y Spinola fue una de las figuras más relevantes del pensamiento jurídico y político tradicional en el periodo posterior a la guerra civil, fue polígrafo fecundo -con tres centenares cumplidos de monografías y artículos-, políglota asombroso -con conocimiento de cerca de cuarenta lenguas, desde el chino al vascuence y desde el griego al sueco-, viajante infatigable y bibliófilo apasionado -su biblioteca, de más de sesenta mil volúmenes, fue donado por su viuda a la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas-, desbordando su personalidad los lindes usuales del profesor y del erudito para instalarse en la leyenda”.

 

Fundó y dirigió la revista luso-castellana Reconquista, las ediciones Montejurra, el Centro de Estudios Históricos y Políticos General Zumalacárregui, y la Asociación de Iusnaturalistas Hispánicos Felipe II. Falleció en Madrid el 18 de febrero de 1978.

 

¿Por qué hablamos de Elías de Tejada y una página 68? Nos tenemos que remontar al año 1954. La Biblioteca del Pensamiento Actual, de la Editorial Rialp, publicó La Monarquía Tradicional de Francisco Elías de Tejada. El libro se publicó incompleto. La página fue censurada. ¿A qué se debe? El autor habla abiertamente de Ramón Serrano Suñer y del mal que ocasionó a Falange Española.

 

En la capítulo segundo “La tradición de las Españas”, en varios subcapítulos, habla de “La europeización absolutista”, “La europeización liberal” y concluye con “El dilema presente”. Pues bien, falta uno llamado “La Europeización Falangista”. En este subcapítulo apartado por la censura, explicaba su pensamiento con respecto a Serrano Suñer.

 

Que fuera censurado no quiere decir que ese subcapítulo de la página 68 -casualmente en este página empieza el subcapítulo “El dilema presente”- haya desaparecido. Todo lo contrario. A continuación transcribimos lo que fue censurado en el año 1954:

 

El 18 de julio de 1936 se abrió por tercera vez la posibilidad de reconstruir la Tradición de las Españas, siguiendo el cauce de un movimiento nacional contra la república, reacción gloriosamente semejante a la que promovió la guerra de la independencia a principios del siglo XIX. Dos grupos políticos encarnaron la vibración del alma nacional: la Comunión Tradicionalista y Falange Española.

 

La Comunión Tradicionalista asumía en lo formal la continuidad tradicional, sublimada en el heroísmo de los requetés navarros, por más que atravesase grave crisis en su sector intelectual, cuyo valor más relevante, Víctor Pradera, había dejado deslizar en un libro como EL ESTADO NUEVO, proposiciones reñidas con el sistema de las ideas políticas de la Tradición. Falange Española, externamente adscrita a formularios fascistas de estilo europeo, ofrecía sin embargo, por su parte, la posibilidad tradicional en cuanto subordinaba su quehacer político a empalmar con “la eterna e inconmovible metafísica de España”, bellísima manera en la que su fundador José Antonio Primo de Rivera, definió a la tradición hispana en su discurso de 19 de mayo de 1935. La unión entre ambas fuerzas hubiera podido restaurar el hilo roto de las Españas verdaderas.

 

Más la unión fue imposible por la conjunción de dos factores desdichados: el primero, el yerro psicológico de reducir el movimiento nacional al programa falangista, sin concesiones al ideario del carlismo; el segundo, interpretar dicho programa, ya exclusivo, a la europea, no a la española. De donde todas las proclamas unificadoras de Francisco Franco tendrán idénticas consecuencias al decreto filipino de 1707 o a los artículos gaditanos: postularán presentar por tradición hispana y bajo la bandera de las Españas lo que no era más que fórmula enemiga, la hora vigente en la Europa extraña: el totalitarismo fascista.

 

El hombre nefasto que consumó esta nueva y tercera desventura, el traidor de la etapa contemporánea, el Macanaz nuevo o el afrancesado redivivo, se llama Ramón Serrano Suñer. No es tarea mía ahora aclarar lo que haya de cierto en los autorizados rumores que atribuyen su gestión a contactos con las logias masónicas, bien que los hechos externos parecen confirmarlos. Baste decir que este hombre, cuñado del Caudillo Franco, usó toda su omnímoda influencia familiar con cinismo verdaderamente extraordinario para erigirse el alma del falangismo, al que nunca perteneció (estaba adscrito a la CEDA) y para otorgar espaldarazo falangista intérprete del 18 de julio a determinados pseudo intelectuales que hicieron de la adulación de Franco o del vestido de la camisa azul cómodos y turbios jornales donde ocultar pasados no muy limpios.

 

Así el programa de Falange Española, que el 18 de julio era tabla rasa en la cual, de seguir los anhelos de José Antonio Primo de Rivera, se hubiera inscrito la doctrina de la Tradición española, fue interpretado a tenor del fascismo italiano o del nacionalsocialismo alemán. Antonio Tovar, herido por los propios falangistas en julio de 1936 en Valladolid, labró a la sombra de Serrano Suñer una teoría del imperio a lo tedesco, con sus ribetes de anticlericalismo y todo, que era la evidencia de nuestra defensa de la Cristiandad contra Europa, punto de partida de la Tradición de las Españas. Pedro Laín Entralgo, tarado de intimidades tan dispares de la Falange, edificó los valores morales del nacionalsindicalismo a tono con el hegelismo fascista, incompatible con nuestros libérrimos gremios. Y Javier Conde García, también acunado en manchados pañales políticos, al amparo de Serrano Suñer se elevó a teórico del régimen justificando el caudillaje de Franco con la teoría europea, anticatólica y antiespañola del carisma, en lugar de apelar a la luenga línea doctrinal que desde San Isidro a Enrique Gil y Robles habría certificado el sentido español del poder de mano del Caudillo.

 

Una vez más, la moda europea pretendía osadamente pasar por Tradición de las Españas. En 1939 fue la bandera del falangismo, y de esa guisa Falange Española se trocó en el tercer intento de penetración de Europa entre nosotros, siendo así que su fundador lo había soñado empalme vivo en la Tradición perdida”.

 

Una vez conocida la página 68 de “La Monarquía Tradicional” añadimos lo que el 16 de octubre de 1954 afirmó Elías de Tejada:

 

No hay en mí ninguna hostilidad a la Falange, sino hacia quienes han hecho de Falange una arma al servicio de la Anti-España. Así yo, que vendí Arriba en 1935 por las calles de Madrid, fui luego, soy y seré encarnizado enemigo de esa otra Falange, europeizada, carismática, antiespañola, democristiana, farisaica, fofa, encanallada y triste. Admiraré siempre a la Falange inicial de José Antonio; como español y como carlista odiaré a muerte a la Falange de Ramón Serrano Suñer”.