En esta segunda parte de la Trilogía (considerada para cada uno de nosotros como Triduo de Consagración por medio de San José, Patriarca de la Iglesia) con motivo de la Declaración Pontificia de este año 2021 como su Año Jubilar, vamos ha hacer una retrospectiva histórica, de Historia de la Iglesia, que nos ayudará, no sólo ha comprender todo el bien que ha hecho, sino también a prever con sabiduría e inteligencia lo que aún realizará en el futuro grandioso que está reservado a los que Esperamos contemplar el Retorno y la Manifestación del Poder del Señor, Jesús, Rey, Juez y Sumo Sacerdote Eternos.

En los primeros siglos del cristianismo, bajo la cruel persecución del Imperio Romano, la Iglesia, al igual que Nuestro Señor Jesucristo después de su nacimiento, fue desarrollándose como frágil niña, continuamente amenazada. Incontables mártires vertieron su sangre como Jesús no sin antes invocar al Patriarca de los justos, cuya devoción ya se estaba extendiendo. El patrón de la buena muerte los acompañaba hasta el ultimo suspiro inspirándoles actos y acciones de Fe, Esperanza y Caridad…Con el Celo y Ardor de Espíritu por la Casa del Padre. Al contemplar los cuerpos inertes de sus hijos predilectos, como Jesús era su hijo, San José suplicaba la intervención de Dios como narra el Apocalipsis 6:

“Cuando abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los degollados por causa de la Palabra de Dios y del testimonio que mantenían. Y gritaban con voz potente: “¿Hasta cuándo, Dueño Santo y Veraz vas a estar sin hacer Justicia y sin Vengar nuestra sangre de los habitantes de la Tierra?”

Cesadas las persecuciones gracias al Decreto del Emperador Constantino, San José estuvo al lado de los Confesores, consejeros o directores espirituales, que defendían la Pureza de la Fe y la Sana Doctrina contra los innumerables, perniciosos y pérfidos errores introducidos por los miembros de la Sinagoga de Satanás y demás paganos y judaizantes, que pretendían corromperla y desvirtuarla. Debido a su integridad absoluta, San José se convirtió en el más implacable enemigo de la Herejía. Observa con indignación cómo las abundantes apostasías rasgaban la túnica sin costuras del Señor y Rey de Reyes, su hijo Jesús, que las tolera a la Espera de la Justa Venganza y Retribución procedentes de Él, ya que tiene el Poder, la Autoridad y la Majestad dados por el Padre.

Con el florecimiento de la Civilización Cristiana se pudo observar, hasta cierto punto, parte de esta Venganza contra los enemigos. Época de gran perdón para la humanidad pecadora, en la que Dios mostró Su Bondad y Amor hacia las naciones de la Cristiandad, y muy en especial a España y a toda la Hispanidad, en ella se suscitaron santos sacerdotes, religiosos, monjes y cruzados virtuosos. Fue una Era en la que la Sangre Preciosa y Adorable de Jesucristo impregnaba toda la vida social, administrativa y caballeresca: “¡Qué buen vasallo si tuviera un buen Señor!”, era una realidad… Había honorables y serviciales señores y vasallos. En este ambiente se podía oler el “Bonus Odor Christi”, el Buen Olor de Cristo.

Durante la Edad Media, la fuerza de San José estuvo al lado de los monjes, dándoles ánimo y sabiduría para construir, al son de las armonías del Canto Gregoriano y bajo el suave yugo o la dulce férula de la Regla Benedictina, una nueva Civilización Cristiana sobre las ruinas del Imperio Romano. Acompañó los largos recorridos de los peregrinos penitentes, revistió de coraje a los Cruzados y sustentó la realeza, la cual tuvo en San Enrique, San Luis, San Fernando y San Martín… y en muchos otros, ilustres y santos modelos de combatividad frente al mal y de celo por consolidar la justicia, paz y verdad del Evangelio en todas las instituciones temporales humanas.

Al acercarse el final de este periodo, la Teología empezó a reflexionar con interés respecto a San José, haciéndolo que brillara, todavía tímidamente, con el firmamento de la Piedad Católica “la comunión de los santos”. Nacía así una Devoción y vía de santificación o Consagración, ya consolidada por siglos de práctica de piedad. Pasó justamente a un segundo plano (como él estaba en un segundo plano mientras vivía en la Tierra con su esposa y su hijo) ante el Brillo de la Consagración a María, Reina de los Ejércitos Celestiales, y más recientemente por la Consagración al Sagrado Corazón de Jesús, al que está Consagrado España, y hacia Quien todo tiende.

¿Qué ha sucedido en la actualidad? Que todas las formas de paganismo materialista, gnóstico y esotérico canalizadas por la masonería en todas sus formas y obediencias, es decir, que todas las formas de la pérfida acción protestante y judaizante, han cobrado presencia por medio del Opositor y Anticristo… y es a él al que se le está dejando operar por un tiempo. Este es el motivo por el que la Consagración por medio de San José es hoy más importante que nunca antes pues hoy más que nunca debemos recuperar el Espíritu de Soldados de Jesucristo y de la Inmaculada. De este asunto hablaremos, Dios mediante, en el artículo final de este Triduo.