Mientras los presidentes del gobierno socialistas actuales como Zapatero o Pedro Sánchez son ignorados por los presidentes de Estados Unidos (tanto por Bush hijo como por Obama en el caso de Zapatero y tanto por Trump como hasta ahora por Biden, en el caso de Sánchez), en la época de Franco a partir de Eisenhower fueron habituales las visitas a España de los presidentes de Estados Unidos. Aunque los demócratas Kennedy y Johnson no vinieron, sí lo hicieron los republicanos Richard Nixon y Gerald Ford, en 1970 y 1975, respectivamente.

En el caso de Richard Nixon, la visita a Madrid se produjo entre el 2 y el 3 de octubre de 1970. Fue una visita rápida pero intensa. Nixon y su esposa Pat fueron recibidos con solemnidad por el general Franco, su esposa, doña Carmen y un séquito de ministros, en el aeropuerto de Barajas, A continuación, Nixon y Franco iniciaron un recorrido en coche descubierto por las calles de Madrid, en el que fueron aclamados por cientos de miles de personas.

Las imágenes son elocuentes. Aunque es cierto que les acompañaban vehículos oficiales con miembros de servicios de seguridad, tanto norteamericanos como españoles (lógico tratándose de la visita de un presidente norteamericano), ambos mandatarios saludaban sonrientes a la multitud sin ningún tipo de miedo o aprensión, en un recorrido que duró más de dos horas. Hoy en día serían impensables este tipo de actos, ya que los servicios de seguridad y de guardaespaldas tanto de Estados Unidos como de cualquier país europeo no los permitirían por miedo a tiradores o a posibles agresiones o ataques. Y la verdad es que uno no se imagina, por ejemplo, a Pedro Sánchez atreviéndose a afrontar un acto público de estas características. Imágenes como estas son el mejor desmentido a las versiones actuales que tratan de convencernos de que los españoles vivían aterrorizados por “la dictadura”. Franco nunca se escondió de su pueblo. No tuvo por qué.

En el caso de Nixon, el recibimiento que experimentó en Madrid le llenó de alegría y emoción, como recuerda en sus memorias, su asesor principal en política exterior, Henry Kissinger, que también se halló presente en la visita a Madrid. En plena era de la guerra de Vietnam, en la que  eran habituales en Estados Unidos enormes manifestaciones contrarias a Nixon y su política, (solo unos meses antes en mayo, él y su familia habían tenido que ser evacuados de urgencia de la Casa Blanca, durante una multitudinaria y violenta manifestación “pacifista”) Nixon agradecía profundamente las muestras de respeto y apoyo, que solían llegarle más en sus visitas al exterior que en su propio país.

Kissinger recoge en sus memorias la euforia que sintieron en Madrid, ante aquella bienvenida, tanto Nixon como Bob Haldeman, jefe de Gabinete y el asesor más cercano a Nixon. Haldeman (polémico personaje que más tarde acabaría en prisión por su supuesta implicación en el caso “Watergate” que le costaría a Nixon la presidencia en 1974) comentó a Nixon que cuando un recibimiento es tan multitudinario el único problema es ofrecer a la prensa una cifra adecuada pero que en este caso era de cientos de miles de personas como mínimo. La visita de Nixon a Madrid fue el colofón a una gira del presidente norteamericano por diversos países de Europa, entre ellos Irlanda e Italia. Justo antes de venir a España, el último país visitado por Nixon había sido la Yugoslavia de Tito, un país comunista, pero al que se consideraba distanciado de la Unión Soviética.

Kissinger señala que la escala en España había recibido fuertes críticas en sectores políticos y mediáticos norteamericanos “que tenían problemas para reconocer que la España de Franco era mucho menos represiva que cualquier país comunista” pero Nixon se había decidido a llevarla a cabo por la importancia geoestratégica de España como aliada de Estados Unidos y la importancia de las bases militares norteamericanas en nuestro país, así como para preparar la relación con España en el período posterior a Franco, que todo el mundo veía próximo. Aunque Kissinger, a diferencia de Nixon, nunca sintió gran simpatía por España (ni la de Franco ni la posterior) reconoce en sus memorias la importancia del desarrollo económico que experimentaba España en aquel momento.

Nixon se reunió posteriormente con Franco durante una hora y media en el Palacio de El Pardo,  Nixon expresó a Franco su deseo que España ingresara en la OTAN ( algo que más tarde volvería a señalar algunos años más tarde siendo ya expresidente y habiendo fallecido Franco). Kissinger comenta en sus memorias la anécdota de que Franco, agotado por el largo recorrido en coche se quedó dormido al final de su entrevista con Nixon y que, curiosamente, el mismo Kissinger se quedó dormido también. Nixon continuó la entrevista con el ministro de Asuntos Exteriores español, Gregorio López Bravo.

Después, por la noche, tuvo lugar una solemne cena en el Palacio Real de Madrid, en la que  estuvieron también el príncipe Juan Carlos y su esposa Sofía. Tras alojarse en el Palacio de la Moncloa, que entonces servía como residencia para los jefes de Estado extranjeros de visita en España, Nixon y su séquito partieron hacia Estados Unidos al día siguiente.

Mientras, en la España de 2021, más de 50 años más tarde, no solo no hay hasta ahora ninguna noticia de una visita a España del actual presidente de Estados Unidos, Joe Biden, sino que éste, en los casi 5 meses que lleva en el cargo, ni siquiera ha considerado hablar por teléfono con el actúa presidente del Gobierno español.