1941 fue un año eminentemente social y revolucionario para la política del régimen franquista donde el Caudillo brilló, de nuevo, por su habilidad sagaz en el equilibrio de poderes entre las familias políticas del régimen y en sus aspiraciones de justicia social.

El 19 de mayo de 1941 se produce una remodelación gubernamental en la que Franco hizo la apuesta más valiente en favor de los derechos laborales de los trabajadores de España: con 29 años de edad, José Antonio Girón de Velasco fue nombrado ministro de Trabajo.

En el frontis de acción del falangista y héroe de guerra estaba lograr, en el ámbito social y económico, la armonización entre el capital y el trabajo, dignificar los salarios e instaurar como garantías reales las coberturas ante accidentes de trabajo o las pensiones por vejez. El viejo Instituto Nacional de Previsión creado por Antonio Maura bajo el reinado de Alfonso XIII debía ser superado por una acción social protectora, universal y generalizada que enterrará el estigma de la lucha de clases. La vanguardista labor impulsada por el ministro Girón de Velasco creando el Seguro de enfermedad en 1943, el Seguro de invalidez y vejez en 1947 o el Seguro nacional de desempleo en 1953, así lo demostraría. La inauguración de la Ley de Bases de la Seguridad Social en 1963 culminaría la cobertura protectora del Estado sembrada desde el Ministerio de Girón con sus ambiciosas normativas.

Ese año 1941vería, además, la incorporación de José Luis Arrese como ministro del Movimiento, y Ramón Serrano Suñer continuaría al frente de la cartera de Exteriores. Falange había crecido arrolladoramente en pocos meses experimentando 900.000 afiliaciones. Su papel en el Estado era importante y su peso social inapelable. Militares monárquicos como Valentín Galarza o el general Varela veían con disgusto el peso falangista en el Estado. El Caudillo mantuvo a Varela al frente del Ministerio de Tierra; a Moreno al frente de Marina y a Vigón en el del Aire. Pero regó a los falangistas con los puestos que sabía que serían determinantes para la elevación de la dignidad obrera: Trabajo y Vivienda.

Para neutralizar el tira y afloja entre militares monárquicos conservadores y falangistas con indudable voluntad de reforma social, Franco sustituyó al ferviente monárquico Galarza, hasta entonces subsecretario de la Presidencia, por el entonces capitán Luis Carrero Blanco, quién se convertiría desde entonces en el fidelísimo colaborador del Caudillo.

La elección de Arrese para dirigir el movimiento, como la de Girón para la cartera de Trabajo, estuvieron excelsamente aplaudidas por Falange.

Los falangistas, no obstante, reclamaban sigilo y vigilancia ante el peso monárquico en el gobierno al que veían con recelo. El nombramiento de Galarza en Gobernación, en vez de de optar por Ramón Serrano Suñer que se postulaba para el cargo, tuvo una respuesta en el diario “Arriba”, cuyo título era “El hombre y el currinche”; ácido artículo contra Galarza. El “currinche” era el propio Galarza. Las líneas del texto venían del propio Suñer, y días después Galarza respondió al artículo desde el diario “Madrid” tachando a los falangistas como “incompatibles “ con el nuevo ministro.

Para la confección del artículo en “Arriba”, Serrano Súñer contó con uno de los más distinguidos intelectuales de Falange, Dionisio Ridruejo, a quien secundaban Antonio Tovar y Pedro Laín Entralgo. Tanto Ridruejo, subsecretario de Prensa y Propaganda, como Tovar, director general de Propaganda, habían sido destituidos de sus cargos en el cambio gubernamental del 19 de mayo.

El General Franco había maniobrado con la sagacidad que le caracterizaba para situar a falangistas y militares monárquicos en su gobierno, equilibrando el poder de ambas facciones, y cumpliendo resueltamente con la estabilidad política y la revolución social que estaba por llegar desde el Ministerio de Girón de Velasco.

No obstante hubo un quebradero de cabeza para el Caudillo ocasionado por la cerrazón monárquica –Alfonso XIII había abdicado en su hijo Juan-, y cuyos representantes más significados eran el jefe de la Aviación –general Kindelán- y el general Aranda. El general monárquico Vigón había viajado a Alemania para saber si ésta apoyaría la instauración de la Monarquía, fracasando en su pretensión. En octubre, Aranda se reunió  con otros generales a los que quiso convencer sin ningún éxito de la necesidad de un nuevo Gobierno militar.

Los monárquicos más conspicuos conspiraban contra Franco, pero el Generalísimo controlaba y abortaba toda voluntad golpista que le rodeara. Las distintas familias del régimen serían siempre vigiladas, maniatadas y compensadas cuando lo requiriesen por el Jefe del Estado para garantizar la unidad de mando con que gobernaba España.

La revolución social del Estado del 18 de julio continuaba y el 1 de agosto de 1941se promulgó una nueva ley de protección a las familias numerosas, considerándose como tales aquellas compuestas por cinco o más hijos. Los beneficios a aplicar iban desde la enseñanza, tributos, transporte o asistencia médica. Se pretendía impulsar la natalidad y, por ello, además, se había dictado el 2 de febrero una ley que castigaba el aborto con o sin consentimiento de la mujer así como la propaganda antinatalista. Se articularía, con el paso del tiempo un sistema de “puntos” y pluses salariales para compensar a los trabajadores por cargas familiares así como “premios a la natalidad”.

Franco no olvidaba la necesidad de empezar ya la reforma de los transportes terrestres, aunque fuera difícil dada la guerra europea que imposibilitaba la importación del material necesario. El 24 de enero de 1941 se promulgó la Ley de Ordenación Ferroviaria y del Transporte por Carretera, dentro de la cual se constituyó la empresa pública llamada “Red Nacional de Ferrocarriles Españoles” (RENFE). El objetivo prioritario de la nueva empresa pública (donde revertían todas las privadas) será la reconstrucción de la red ferroviaria nacional dañada durante la guerra.

El 25 de septiembre se constituyó el Instituto Nacional de Industria –INI-. Creado a imagen de una institución similar de la Italia fascista, el INI se encargaría de impulsar la industria y las actividades claves del nuevo Estado hacia la modernidad.

Contra la dura posguerra y la economía de autarquía impuesta por la guerra mundial en desarrollo, contra vientos internacionales complejos e inseguros, y contra la lucha intestina de las familias políticas del régimen, Franco antepuso el supremo interés de España, los fines católicos de justicia social y las premisas de Familia, natalidad y desarrollo que no abandonaría hasta el día de su muerte.

Los valores del estadista Franco brillaron en aquel año de 1941 para no sólo no desmoronar la empresa de unidad nacional, sino para agilizar e impulsar las bases de una ambiciosa revolución por la justicia social que sería la máxima de su política. No fueron los tenebrosos años 40…Fueron el inicio de la revolución por la Justicia, la paz y el fin de la lucha de clases.