La Declaración unilateral de Independencia y la proclamación de la República de Cataluña le duraron al Ejército menos de 10 horas. 

Hubo 46 muertos y más de 100 heridos y alrededor de 3.000 personas, con el Presidente Companys y su Gobierno a la cabeza, fueron detenidas y encarceladas en el barco "Uruguay", que estaba anclado en el puerto.

100, 250, 375, 420, 600, 300, 170...así, por grupos, fueron llegando los detenidos al "Uruguay", un barco que estaba anclado en el puerto y que fue rápidamente adaptado como prisión provisional, la noche del 6 al 7 de octubre de 1934, tras las rendiciones sucesivas que se fueron produciendo en los distintos Centros sublevados por la iniciativa del Presidente Companys y su Gobierno de declarar unilateralmente la independencia de Cataluña y proclamar el "Estat Catalá" (la República catalana).

               

Fue algo no por esperado menos sorprendente, ya que ni el propio general Batet, el general Jefe de la IV División Orgánica (antes Capitanía General de Cataluña), podía esperar que todo el ímpetu nacionalista y el espíritu independentista tan arraigado  se derrumbase en cuanto sonaron los dos primeros cañonazos contra el Palacio de San Jaume, sede del Gobierno de la Generalitat...

               

"¡Traició !  ¡Traició ! ¡Traició ! fue el grito casi unánime de los miles de "rabassaires", "escamot", "migueletes", somatenes armados al ver que "sus" Jefes se rendían y se entregaban  sin apenas luchar  (sólo cuatro mossos y varios centenares de locos arrastrados por otro loco, el más loco de todos, el Consejero de Gobernación, que al final usaron las armas y provocaron que 46 personas resultasen muertas y casi un centenar heridas)... tanta rabia que al ser encerrados en el "Uruguay" tuvieron que ser separados de las Autoridades.

               

Pero, no adelantemos acontecimientos y sigamos paso a paso lo que sucedió aquel 6 de octubre, con la ayuda del gran periodista Eduardo Palomar Baró:

 

“Barcelona despertó el 6 de octubre de 1934 bajo un profundo silencio. Se repartía por sus calles una proclama con este título: «La República Catalana», que decía así:               

   «Pueblo catalán: en estos momentos propicios, en estos instantes de exaltación, una vacilación constituiría un acto de cobardía que, cualquiera que fuese el autor, Cataluña no perdonaría nunca. El pueblo está a punto. Las formaciones están movilizadas para lanzarse a la lucha tan pronto como suene la orden de acción. ¡Fuego al que pretenda cerrar el paso! ¡Nacionalistas!; si ahora no proclamamos la independencia de Cataluña, es porque no queremos. Que escuchen nuestras autoridades este llamamiento que sale del fondo del alma: obreros, intelectuales, idealistas en los que palpita un anhelo de libertad. ¡A las armas por la República Catalana!»              

   La Alianza Obrera, amalgama de escamots (en español: pelotones. Creados por Miguel Badía, germen miliciano de un ejército revolucionario y secesionista), socialistas catalanistas, elementos del Centro Autonomista de Dependientes del Comercio y de la Industria y comunistas-trostkystas del grupo de Andrés Nin, empiezan a ser los conductores de la agitación. Se incautan del Fomento del Trabajo Nacional en la Puerta del Ángel instalando allí su Cuartel General. Redactan una proclama que fijan en los sitios céntricos de la ciudad. En ella se dice:           

   «El movimiento insurreccional del proletariado español contra el golpe de Estado cedista ha adquirido una extensión y una intensidad extraordinaria. Jamás se ha conocido en España alzamiento de tanta magnitud… Las noticias recibidas de todo el país no pueden ser más optimistas y alentadoras. Es necesario en estas horas críticas una acción decidida y enérgica. En este sentido la proclamación de la república catalana tendrá sin duda una influencia enorme, provocará el entusiasmo de las masas trabajadoras de todo el país e impulsará vigorosamente su espíritu combativo. Pero no se puede perder el tiempo. Es hoy cuando hay que proclamar la república catalana. Mañana podría ser tarde. Conviene que las masas populares lo tengan presente y cumplan con su deber. ¡Viva la huelga general revolucionaria! ¡Viva la República catalana!»  

Conferencia entre Luis Companys y el consejero José Dencás

   A las nueve de la mañana del día 6 de octubre, el Presidente Companys se dirigió a Gobernación para mostrar al consejero de Gobernación José Dencás Puigdollers dos manifiestos y a la vez solicitarle su parecer. Uno de los documentos lo había redactado Juan Lluhí Vallescà y estaba concebido en términos de ferviente republicanismo. El otro lo había escrito el propio Luis Companys, logrando ligar los conceptos de república y de nacionalismo para proclamar el Estado catalán dentro de la República Federal Española. Dencás se inclinó por el del Presidente, si bien no interpretaba su manera de pensar, ya que él era partidario de una declaración de independencia total de Cataluña. Acto seguido José Dencás preguntó al Presidente si creía oportuno que diese orden de movilización y de reparto de armas, siendo la respuesta de Companys afirmativa. José Dencás ordenó a Miguel Badía Capell (autonombrado general en cap de las Fuerzas de Orden Público) el inmediato reparto de armas a los escamots y el llamamiento a los rabassaires (del catalán ‘rabassa’, el viñedo que era explotado por el aparcero que había plantado la viña) de los pueblos cercanos para que acudieran a Barcelona. En la Ciudad Condal había cuatro depósitos de armas: uno en la Consejería de Justicia y Derecho, otro en la de Gobernación; otro en un centro de Las Corts y el cuarto en la Avenida de San Andrés. Estas armas, fueron entregadas a los cuatro mil hombres distribuidos por los alrededores de Barcelona. En algunas calles comenzaron la distribución de fusiles y pistolas transportadas en camiones. Según un informe del general Domingo Batet, «se repartieron públicamente armas cortas y largas y comenzaron a circular grupos armados»            

 

    José Dencás ordenó al comandante Enrique Pérez Farrás que concentrara 400 Mozos de Escuadra en el Palacio de la Generalidad. La distribución de los mandos era la siguiente: Miguel Badía, con 3.400 paisanos armados; Coll y Llach, comisario general, con 3.200 guardias de Asalto, a la vez que enviaba emisarios por toda Cataluña con instrucciones detalladas y órdenes de movilización.  

 

Alocución de José Dencás

 

   Hacia el mediodía, José Dencás pronunció las siguientes palabras:              

 

   «Pueblo de Cataluña: El Gobierno de la Generalidad no abriga duda de que estáis todos a su lado y que contribuiréis con vuestro heroísmo a mantener el orden. Pero como tenemos noticias que elementos extremistas intentan perturbarlo, hemos tomado las disposiciones del caso y os avisamos que esta tarde será tomada militarmente la ciudad por el Somatén Republicano de Cataluña. Los extremistas han iniciado una agresión contra la fuerza pública y han cometido algunas arbitrariedades que es necesario evitar, por lo que os pido ayuda a todos en estos momentos de grave responsabilidad.»     

 

Preparativos de la proclamación

 

   Por la tarde, a partir de la cinco, fueron llegando a la Generalidad comisiones y representaciones, algunas de las cuales pasaban en compañía de diputados al antedespacho de la Presidencia, donde al parecer se celebraba una reunión.            

 

   A las seis y media de la tarde, los consejeros abandonaron el Consejo que había venido celebrándose y se dirigieron rápidamente a sus Departamentos respectivos.            

 

   En la reunión acababa de tomarse el acuerdo de proclamar el Estado catalán y ofrecer refugio al Gobierno provisional de la República federal española en el territorio catalán, hasta que las circunstancias le permitieran instalarse en la capitalidad del Estado.            

 

   Momentos más tarde, el Presidente Companys ordenó a los Mozos de Escuadra que despejaran todas las dependencias del palacio y que en éste no permanecieran más que aquellos que hubieran de cumplir una misión determinada.  

 

 

 

En la Plaza de la República

 

   A las 6:30 de la tarde comenzaron a afluir a la Plaza de Cataluña grupos de escamots y de afiliados a los partidos nacionalistas. Cuando los congregados sumaban varios millares, se organizó la manifestación precedida por dos pancartas en las que se podía leer: «Alianza Obrera», «Exigimos la independencia catalana». La muchedumbre, entonando Els Segadors, Santa Espina, La Marsellesa, El Virolai y el Cant de la Senyera, penetró en la Plaza de la República.               

    Poco después de las siete y media regresó a la Generalidad el consejero de Gobernación, señor Dencás, acompañado de los directivos de las agrupaciones de «Estat Català».              

    La masa humana apiñada en la Plaza de la República y calles adyacentes, llegó al frenesí al aparecer el Presidente Companys en el balcón del histórico salón de San Jorge, siendo saludado con entusiastas aplausos y vivas a la libertad de Cataluña. El público, que se mostraba excitadísimo –y buena parte del cual esgrimía armas– no cesó en sus aclamaciones hasta que el Presidente hizo ademán de que iba a dirigir la palabra.  

 

Discurso de Companys

   El Presidente dio entonces lectura a la siguiente alocución que le había sido facilitada momentos antes por uno de los que formaban el grupo:            

    «Catalanes: Las fuerzas monarquizantes y fascistas que de un tiempo a esta parte pretenden traicionar la República, han logrado su objetivo y han asaltado el Poder.

   » Los partidos y los hombres que han hecho públicas manifestaciones contra las menguadas libertades de nuestra tierra, los núcleos políticos que predican constantemente el odio y la guerra a Cataluña, constituyen hoy el soporte de las actuales instituciones.            

   »Los hechos que se han producido dan a todos los ciudadanos la clara sensación de que la República, en sus fundamentales postulados democráticos, se encuentra en gravísimo peligro.              

   »Todas las fuerzas auténticamente republicanas de España y los sectores socialistas avanzados, sin distinción ni excepción, se han alzado en armas contra la audaz tentativa fascista.            

   »La Cataluña liberal, democrática, republicana, no puede estar ausente de la protesta que triunfa por todo el país, ni puede silenciar su voz de solidaridad con sus hermanos que en tierra hispana luchan hasta morir por la libertad y el derecho. Cataluña enarbola su bandera, llama a todos al cumplimiento del deber y a la obediencia debida al Gobierno de la Generalidad, que desde este momento rompe toda relación con las instituciones falseadas.           

    »En esta hora solemne, en nombre del pueblo y del Parlamento, el Gobierno que presido asume todas las facultades del Poder en Cataluña, proclama el Estado Catalán en la República Federal Española, y al establecer y fortificar la relación con los dirigentes de la protesta general contra el fascismo, les invita a establecer en Cataluña el Gobierno provisional de la República, que hallará en nuestro pueblo catalán el más generoso impulso de fraternidad en el común anhelo de edificar una República Federal libre y magnífica.            

   »El Gobierno de Cataluña estará en todo momento en contacto con el pueblo. Aspiramos a establecer en Cataluña el reducto indestructible de las esencias de la República. Invito a todos los catalanes a la obediencia al Gobierno y a que nadie desacate sus órdenes, con el entusiasmo y la disciplina del pueblo.            

   »Nos sentimos fuertes e invencibles. Mantendremos a raya a quien sea, pero es preciso que cada uno se contenga sujetándose a la disciplina y a la consigna de los dirigentes. El Gobierno, desde este momento, obrará con energía inexorable para que nadie trate de perturbar ni pueda comprometer los patrióticos objetivos de su actitud.            

   »Catalanes!: La hora es grave y gloriosa. El espíritu del presidente Macià, restaurador de la Generalidad, nos acompaña. ¡Cada uno a su lugar y Cataluña y la República, en el corazón de todos!            

   »¡Viva la República! ¡Viva la libertad!»     

 

Discurso de Ventura Gassol

    A continuación, Ventura Gassol pronunció el siguiente discurso:              

    «Catalanes: Ya habéis oído al Honorable presidente de la Generalidad, Luis Companys. Sus palabras tienen el eco histórico que nos recuerda que él es el digno sucesor del inmortal Francisco Macià y fiel continuador de su historia de gestas gloriosas y de sacrificios ejemplares al servicio de Cataluña, de la República y de la libertad.          »Yo ahora, en nombre del Gobierno, os pido que marchéis por todo Barcelona y por Cataluña a llevar la nueva histórica de la proclamación del Estado Catalán en la República Federal de España.              

   »Ayudad a las fuerzas del Gobierno de Cataluña a imponer el orden, que hoy más que nunca es indispensable. Defendiendo con palabras y con actos, si es que hay necesidad, contra cualquier agresión, cueste lo que cueste y venga de donde venga.              

   »Este movimiento en defensa de la República del 14 de abril triunfa en todas las tierras de España.           

   »Nuestra Cataluña es inmortal.            

   »Nuestra Cataluña es invencible, pero conviene que todos estéis alerta para seguir a cada momento la voz y las órdenes del Gobierno de Cataluña.               »¡Viva Cataluña! ¡Viva la República Federal!»              

    A continuación fue izada la bandera catalana con grandes aplausos, pero con las protestas de un grupo que era portador de una bandera de «Estat Català» (la cuatribarrada con la estrella) y pretendía que fuera aquélla la que ondeara, hasta que desde el balcón se les exhortó a mostrar disciplina a las órdenes del Presidente.            

    Al abandonar Companys el balcón le esperaban las felicitaciones y plácemes de los consejeros, diputados y correligionarios. Cuando recibió los parabienes del diputado Soler i Plà, el Presidente de la Generalidad dijo en voz alta:            

    –«Ja està fet! Ja veurem com acabarà. A veure si ara també direu que no soc catalanista!» (–Ya está hecho! Ya veremos como acabará. A ver si ahora también diréis que no soy catalanista!)                      

    A poco, fue despejándose la plaza, quedando algunos grupos que disolvían los Mozos de Escuadra.”

 

Se inician las hostilidades

La debacle se inició en cuanto el general Batet recibió la llamada del President Companys, ya proclamado el Estat Catala, para comunicarle oficialmente lo que se había decidido y pedirle que se pusiera a sus órdenes.

  • ---Señor Presidente –le respondió el general- usted comprenderá que antes de tomar una decisión tan importante y delicada yo tenga que consultar con mi Ministro, el señor Ministro de la guerra e incluso con el Presidente del Gobierno de España.
  • --- Sí, sí, general –respondió exaltado el señor Companys- usted consulte con quién le corresponda, pero yo solo le puedo decir una cosa “¡Visça Cataluña llure!”.

Naturalmente, a partir de ese momento las cosas se precipitaron. Ya que cuando el general Batet se puso al habla con el Ministro de la Guerra, don Diego Hidalgo  de Cisneros, tras hablar con el Presidente del Gobierno, don Alejandro Lerroux, la orden que recibió fue tajante:

  • ---¡General, le trasmito la perentoria orden del Presidente: declare usted inmediatamente el Estado de Guerra y tiene usted 5 horas para acabar con “eso” ¡(don Diego ni siquiera le dio valor de rebelión o Golpe de Estado, lo llamó simplemente “eso”)
  • --- Pues, a sus órdenes, señor Ministro. ¡¡Así se hará!!

Y naturalmente fue colgar el teléfono y empezar a dar órdenes. Eran ya las 20,30 horas del 6 de octubre de 1934.

Al anochecer aparecieron las primeras barricadas, se distribuyeron grupos armados por las calles y se preparó a los edificios oficiales para la resistenciala Alianza Obrera ocupó el local de Fomento del Trabajo Nacional en la Vía Layetana con unos 400 hombres; un número similar de partidarios del PSOE se concentraron en la Casa del Pueblo de la calle Nueva de San Francisco; y en general los grupos con fusiles estaban preparados en los locales de La Falç, Nosaltres Sols! y el CADCI (Centre Autonomista de Dependents del Comerç i de la Indústria) en la Rambla de Santa Mónica.

Pero, tampoco el general Batet perdió el tiempo. Hacia las 10 de la noche una compañía de artillería se plantó y ocupó la Plaza de la República (actual plaza de San Jaume) y situó varias piezas frente al Palacio de la Generalitat y el Ayuntamiento, donde también se había sumado el alcalde Carles Pi Suñer y sobre las 11 de la noche una compañía de infantería y una batería del Regimiento de artillería llegaron a la Plaza de Santa Mónica y cuando el capitán se dispuso a leer el Bando de Proclamación de Guerra los civiles dispararon contra ellos, produciendo por la sorpresa la muerte de un sargento y 11 soldados resultados heridos.

Recibida esa situación el general Batet no esperó más y dio orden a la artillería de disparar contra el Palacio de San Jaume y a los soldados contra los mozos que disparaban en defensa del edificio.

Naturalmente las fuerzas militares se hicieron rápidamente dueñas de la situación. Sin embargo, Batet no quiso entrar en ambos edificios a tiros y permitió una especie de “alto el fuego”, para darle tiempo a los encerrados a meditar sobre su situación. Una situación que ya era insostenible estando sitiados por fuerzas de artillería y de infantería.

A las 6 de la mañana, ya del día 7, 10 horas más tarde de la Proclamación, Companys comunicaba al general Batet su rendición. Al mismo tiempo el Consejero de Gobernación, Josep Dencas y otros mandos de los mossos huyeron del Palacio de la Generalitat por las alcantarillas y lograron escapar a Francia.

Sobre las siete de la mañana del 7 de octubre las tropas entraron en el Palacio de la Generalidad y detuvieron a Companys y a su gobierno y a los diputados Josep Tarradellas, Antoni Xirau, Joan CasanellasEstanislau Ruiz, y al presidente del parlamento Joan Casanovas. Acto seguido detuvieron también en el Ayuntamiento al alcalde Carles Pi i Sunyer y a los concejales de ERC que le seguían. Los apresados fueron trasladados al “buque Uruguay” anclado en el puerto de Barcelona y reconvertido en prisión. Aquella mañana, las calles fueron quedando vacías de gente y todo fue volviendo a la normalidad. Incluso un representante de la CNT aconsejaba por la radio volver al trabajo, apostando por la organización obrera y la no colaboración con los partidos burgueses nacionalistas.

Pese a la gravedad de los hechos, se considera que el general Batet consiguió dominar la situación con el mínimo de destrucción y violencia, actitud que le valió ataques de la derecha y de algunos sectores militares por un lado (Batet sería fusilado durante la Guerra Civil por los franquistas) y de los insurrectos, por no ponerse a sus órdenes. Por su participación en el sofocamiento de la insurrección obtuvo de la República la Cruz Laureada de San Fernando, en 1934.

Según algunos de los presentes muchos de los que se rendían, y con los brazos en alto salieron gritando ¡¡Viva España!!.

De allí fueron todos llevados al “Uruguay” el barco prisión que anclado en el puerto sería su “casa” y vivienda hasta que unos meses más tarde fueron trasladados, con Companys a la cabeza, a la cárcel modelo de Madrid. Así terminó la República catalana. Aunque, para “El Correo de España” no habrá terminado, porque interesante, muy interesante para lo que hoy se está viviendo con el tema de los indultos, será repasar lo que fue el juicio, las condenas, los indultos y las amnistías de aquellos condenados, tres de los cuales, incluso, fueron condenados a muerte, por ser militares, e indultados a última hora por la cadena perpetua.

 

Por la transcripción Julio MERINO