El jueves 20 de agosto de 1942 y tras una visita a Santiago de Compostela y Pontevedra, el Jefe del Estado y Generalísimo de los Ejércitos, Francisco Franco llegaba  a la Escuela Naval Militar de Marín, visitando detenidamente las obras de sus instalaciones,  que el propio Franco inauguraría al año siguiente.   

Marín se engalanó para la ocasión presentando un brillantísimo aspecto aclamando incesantemente al Caudillo. Poco después de su visita, acompañado de su esposa, del ministro secretario general del Movimiento, José Luis de  Arrese; del ministro de Marina, almirante Salvador Moreno Fernández;  del vicesecretario general, José  Luna Meléndez; capitán general del Departamento marítimo del el Ferrol, almirante Francisco Moreno; comandante general de la Armada, almirante Rafael Estrada; jefe de la Casa Militar del Generalísimo, general José Moscardó; jefe de la Casa Civil, Julio Muñoz Aguilar.  y otras personalidades y jerarquías, subió a bordo del destructor “Almirante Valdés”, que se encontraba empavesado en su honor y donde fue recibido con los honores propios de su  jerarquía de Jefe de Estado. El “Almirante Valdés”, que iba acompañado por el destructor “Sánchez Barcáiztegui”, puso rumbo a Vigo.

A las cinco y cuarto de la tarde el buque entraba en la ría de Vigo,  donde centenares de barcos pesqueros le dieron guardia de honor, rodeando a los destructores de la Armada, haciendo sonar constantemente sus sirenas y acompañándolos hasta las cercanías del muelle vigués.

En Vigo todos los servicios de comunicación marítima, ferroviaria y de carretera se encontraban desde primera hora de la mañana desbordados para trasladar a los productores y militantes que iban participar en la magna concentración que presidiría el Caudillo de España. La ciudad tenía un brillantísimo y espectacular aspecto. Calles abarrotadas de gentes, llegadas desde todos los puntos de la provincia, engalanadas con Banderas de España y del Movimiento, escudos Nacionales, Yugos y Flechas y Víctores del Caudillo, así como escudos de su casa Militar. 

Más de cien mil personas, de las cuales 60.000 eran productores, encuadrados en los Sindicatos de la provincia,  Ex combatientes, soldados de la División Azul, camisas viejas  de la Falange española y las banderas más gloriosas de las J.O.N.S. de Pontevedra se encontraban ya formados en la Avenida de Elduayen, dispuestos a desfilar ante el Jefe Nacional de la Falange. La avenida presentaba un aspecto espectacular con una gran fila, delante de las formaciones,  de banderines, guiones, Banderas Nacionales y de Falange Española, y engalanado con tapices y colgaduras. La tribuna donde se situaría  el Caudillo, tenía en su fondo un enorme Yugo y Flechas,

Las calles y los edificios de la ciudad lucían adornados con profusión de  banderas, reposteros, tapices y gallardetes. Fue un ingente movimiento de trenes, tranvías, autobuses y automóviles particulares, muchos de ellos luciendo pequeñas banderitas con los colores rojo y gualda, llegando a la ciudad constantemente, con infinidad de afiliados a la organización sindical y a las juventudes Nacional-Sindicalista que confluyeron en Vigo, provenientes de todos los rincones de la provincia de Pontevedra.

A partir de las dos de la tarde, cesó  la actividad industrial en todas las factorías e industrias, sumándose también al cierre el comercio al mayor y detall. La circulación de tranvías y los servicios de cafés y restaurantes, también fueron suspendidos  con objeto de facilitar al personal la asistencia a la gran concentración nacionalsindicalista en la Avenida de Elduayen.

El Jefe Nacional de la Falange llegó a Vigo a las cinco y veinticinco de la tarde. En el muelle de Trasatlánticos fue recibido por el gobernador civil y jefe provincial del Movimiento, el vieja Guardia Francisco  Rodríguez Acosta; alcalde de la ciudad, Luis Suarez Llanos; general Siro Alonso y jerarquías y representaciones de la provincia.

Una batería de Artillería y las del crucero “Navarra” que se hallaba anclando a puerto, hicieron las salvas de ordenanza. Una compañía del regimiento de Infantería número 56, con bandera y música, rindió honores al Jefe del Estado

Inmediatamente después de pasar revista a las tropas que le rindieron honores en el muelle, el Jefe del Estado marchó a la tribuna desde donde presenciaría la magna y multitudinaria concentración. Antes de subir a ella, pasó revista a las centurias de milicias de Falange Española Tradicionalista y de las JONS, que se hallaban formadas. Junto al Caudillo ocuparon puestos en la tribuna su esposa,  autoridades y jerarquías. En otras tribunas se situaron el obispo de Madrid-Alcalá, doctor Eijo-Garay; autoridades eclesiásticas y militares, gobernadores civiles de las cuatro provincias gallegas, todos los jefes provinciales de servicio, el jefe provincial del Movimiento, de La Coruña y otras jerarquías.

  1. El Jefe Nacional de la Falange Española Tradicionalista y de las JONS, Francisco Franco, se dirige a más de cien mil militantes en la avenida de Elduayen en la ciudad de Vigo.

Una vez hecho el silencio entre la multitud, El Caudillo se situó ante los micrófonos, dirigiéndose  al auditorio con estas palabras: “Camaradas y españoles todos aquí concentrados: Es para mí una satisfacción el encontrarme en esta ciudad gallega en medio de los elementos productores de esta región noblemente representados por cuantos en este lugar aquí os congregáis,

Este acto quiero que sea una afirmación noble y clara de España; una afirmación de nuestra unidad y de nuestra fe.

Soy poco amigo de palabras; muchos de vosotros, por haber pasado una gran parte de la juventud española durante treinta años bajo mis órdenes, conocéis muy bien cuan poco amigo soy de palabras; me gusta predicar con actos y con ejemplo.

Pero sería desatención el que no aprovechase este momento para transmitiros una consigna que deseo quede grabada en vuestro ánimo: que la vida es lucha y la paz es sólo un accidente. Y porque ello es así, después de vuestro esfuerzo en la campaña, después de haber arrancado la España física de la barbarie roja, hemos de continuar nuevamente, con el mismo ahínco, la preparación para la lucha. Porque la Historia nos dice a cada paso que los pueblos que se duermen sobre los laureles y se entregan a la frivolidad y a la burguesía, están condenados a la muerte.

En estos mismos momentos vernos en el Mundo el fruto de las predicaciones democráticas y pacifistas y cómo muchas naciones europeas pagan con su esclavitud la creencia en aquellas utópicas teorías. Y porque la, vida es lucha y la paz sólo un accidente, hemos de prepararnos en cada momento para la lucha, preparación que alcanza al orden moral y religioso, al político, al militar y al industrial. Es te unidad completa de España la que se necesita. Nada nos importaría ser fuertes en el Ejército, ser potentes en la industria, si fracasase nuestra unidad, política, si fracasase la solidaridad de los españoles ante el destino histórico de la nación.

Y este toque, de clarín, esta preparación, esta llamada para la preparación de la lucha, no quiere- decir que nosotras amemos la guerra y desdeñemos lo paz: que si la preparación de un pueblo para ¡a prueba suprema exige la preparación moral, la preparación bélica, la, preparación política y la preparación industrial, de todo ello sólo se derivan bienes fecundos para la vida de la Patria, ya que tal preparación representa el crear nuestra autarquía, que se muevan y se exploten nuestras minas; que se abran nuevos caminos; que se levanten nuevas fábricas; que se multiplique el trabajo; se extienda la riqueza; se investigue en los laboratorios; se impulsen las inteligencias; los españoles, lodos, subordinen sus egoísmos y sus intereses a la España Grande, a la España Una y a la España Libre; que descansen en esa unidad política, moral, militar e industrial, que tanto os recomiendo.

En prueba de que así será, gritad, conmigo con toda la fuerza de vuestros pulmones; ¡Arriba España! “

Al terminar el discurso, el público  prorrumpió en grandes  aclamaciones y gritos de ¡Franco! ¡Franco!  y ¡Falange, Si! ¡Comunismo, No!, acompañados de Arribas y Vivas a  España, que duraron  largo rato.

El Caudillo a continuación presenció el desfile de las milicias del Movimiento, Organización Sindical, Falanges Juveniles de Franco, Sección Femenina  y del Frente de Juventudes. Las formaciones falangistas, correctamente uniformadas, hicieron  gala ante su Jefe Nacional de la más perfecta disciplina castrense.

Al abandonar la tribuna el Generalísimo,  los militantes que habían participado en la concentración y posterior desfile, así como el público, rompieron las barreras, deshaciéndose las formaciones  y en apretado haz rodearon   a Franco  para aplaudirle con entusiasmo.

  1. Desfile de las formaciones Falangistas ante su Jefe Nacional Francisco Franco, al final de la magna concentración Nacional Sindicalista celebrada en Vigo.

Seguidamente el Caudillo de España se dirigió, acompañado de su esposa, autoridades y  séquito, a los salones del Casino de Vigo, situados en la calle de García Barbón,  un extraordinario edificio, proyectado por el gran arquitecto Antonio Palacios, inaugurado en 1926,  seguido por una multitud entusiasmada que no dejó de aplaudirle y vitorearle. En el Casino le fue ofrecido un vino español por parte del Ayuntamiento de la ciudad.

A las siete y media de la tarde, entre aclamaciones, el Caudillo de España, tras despedirse de las autoridades, emprendió viaje de regreso por carretera  a su residencia veraniega del Pazo de Meirás