El Cuartel de la Montaña fue una edificación militar de Madrid construida durante el siglo XIX, situada en la Montaña de Príncipe Pío, sobre el lugar en el que las tropas francesas del ejército de Napoleón fusilaron a los sublevados del alzamiento de 1808, y que alcanzó gran popularidad y relevancia por tratarse del lugar en el que se inició la sublevación militar de julio de 1936 en la capital de España.

     El 19 de julio de 1936, el general Joaquín Fanjul Goñi, militar sin mando de tropas en Madrid, pero encargado de la sublevación de la ciudad, ante la indecisión del General Villegas, que debía tomar el mando, se encargó de la sublevación de la ciudad, entró en el cuartel de la Montaña. Sin embargo, en lugar de salir con las tropas para tomar los puntos vitales de la capital, proclamó simplemente el estado de guerra y se hizo fuerte en el Cuartel junto con 1500 de sus hombres (de los cuales unos 140 eran Oficiales Cadetes de permiso en la capital) y unos 180 falangistas. Esperaba que llegasen refuerzos desde las guarniciones de Campamento, Getafe y Cuatro Vientos, lugares todos ellos en donde el alzamiento había sido sofocado. En el Cuartel de la Montaña se guardaban varias decenas de miles de cerrojos de fusiles, cuya falta hacía inútiles los correspondientes fusiles, en manos del gobierno.

     Esa misma tarde y tras los aconteciendo favorables a la República acaecidos en de Barcelona, el cuartel fue rodeado de tropas leales al gobierno de la República, guardias de Asalto y milicias del Frente Popular, fuertemente armadas con el apoyo de la artillería y de la aviación.

     Al amanecer del día 20, se inició el cañoneo del Cuartel dirigido por el teniente de artillería Orad de la Torre. Los allí acuartelados resistieron solo algunas horas, a pesar de las diferencias de opinión existentes entre los que se decidieron a enarbolar la bandera blanca y otros que siguieron luchando y disparando sobre los asaltantes hasta que con la utilización la aviación contra los sitiados y destruido prácticamente el cuartel, se produjo la capitulación. La entrada de la chusma asaltante en el cuartel se tradujo en el asesinato inmediato de la mayor parte de sus defensores, especialmente de los Oficiales Cadetes y todos los falangistas. El número de muertos se contabilizó entre 500 y 900.

    El espectáculo del patio del Cuartel de la Montaña era escalofriante, espeluznante y aterrador. Amén de que el pelotón de los vencidos era distribuido por los milicianos, encaminándolos por la izquierda, junto a la pared del cuartel, donde eran rematados a bayonetazos, estimándose en más 130 la cifra de prisioneros asesinados tras la rendición 

    El general Fanjul, su hijo, teniente médico y otros oficiales, entre los que se encontraba el coronel Fernández de la Quintana, fueron hechos prisioneros por el Guardia de Asalto, teniente Moreno, y conducidos a la cárcel Modelo de Madrid, donde fueron juzgados por rebelión militar, el 15 de agosto y ejecutados tres días después.

    Esta represión sobre el estamento militar, no fue la única, sino que fue un objetivo primordial del terror rojo durante toda la contienda…

    El edificio, que ya había resultado dañado durante el asedio y posterior asalto, recibió durante la guerra el impacto de numerosos proyectiles de artillería debido a su cercanía con la línea del frente, prácticamente estabilizada desde inicios de 1937. Hacia el final de la contienda era ya tan solo un conjunto de ruinas irrecuperables.

    A pesar del estado ruinoso del edificio, recién terminado el conflicto bélico se ofició en él la primera misa de réquiem por los caídos por Dios y por España, con la asistencia de los familiares de los allí asesinados.

    Después de la guerra se barajaron diversas ideas para aprovechar el solar, como, por ejemplo, la edificación de la Casa de la Falange o la construcción de un nuevo ministerio. Pero ningún proyecto salió adelante y el solar fue finalmente demolido y cedido al Ayuntamiento de Madrid para que lo destinase a jardín público.

    El parque del Cuartel de la Montaña fue inaugurado el 20 de julio de 1972, y en recuerdo de los hombres que murieron en su defensa se erigió una Placa conmemorativa realizada por Joaquín Vaquero Turcios y compuesto por una figura de bronce que representa el cuerpo de un hombre mutilado, colocada en el centro de un paredón construido en forma de sacos terreros. Ese mismo día también fue inaugurado el templo de Debod en el mismo parque, situado en el solar que ocupó el cuartel.