En los pasados días de la anterior semana nos encontrábamos, hojeando la prensa o escuchando  cadenas de radio con  la noticia estelar de la vida nacional, algo que haría acabar con el virus chino, que los ciudadanos cobrasen los ERTES y el salario mínimo vital, restaurantes y hoteles abriesen sus puertas sin ningún problema, que no era otra que  el expolio y robo descarado con premeditación y alevosía del pazo de Meirás a la familia Franco, con el único interés de desviar la atención, gracias a esos medios de comunicación vendidos al poder, estómagos agradecidos, de la gravísima situación por la que atraviesa España, con su unidad enormemente amenazada, debido a  un gobierno socialista-comunista indigno, mentiroso, delictivo y delictuoso, que pacta con los cómplices de los asesinos de la ETA y con los separatistas racistas de la Esquerra catalana.  Los mismos que hoy gozan de forma malévola en arrancar y robar el Pazo a la familia Franco, con la aquiescencia  de una juez partidista, por cierto, muy poco fotogénica, son los sucesores de los que en 1978 quemaron de forma intencionada el pazo y los mismos que “apiolaron” como les gustaba decir, al Señor de Meirás Jaime Quiroga Pardo-Bazán y a su hijo, en el Madrid  rojo y siniestro de agosto de 1936.

Curiosamente esos que se llaman así mismo “periodistas de investigación” y no pasan de ser unos cuartilleros ignorantes y analfabetos, no se percataron nunca, ni realizaron jamás una investigación  que arrojaría luz sobre el porqué del Pazo de Meiras llego a manos del Invicto Caudillo de España, en 1938, regalado por suscripción popular de  todos los coruñeses, no los gallegos, como pretenden ahora decir de forma falsa los cobardes que están instalados en la Xunta de Galicia.

Pues bien unos de los máximos culpables de que Francisco Franco veranease  treinta y seis años en Meirás fueron sin duda alguna los socialistas, comunistas y anarquistas que sedientos de sangre y venganza, perpetraron, en agosto de 1936, el asesinato vil cobarde y despreciable de Jaime Quiroga Pardo Bazán y su hijo. Con el asesinato del conde de la Torre de Cela, y heredero del pazo de Meiras  al ser el hijo primogénito de José Quiroga y la Condesa Doña Emilia Pardo Bazán, heredero por derecho del mencionado pazo; al haber fallecido su hermana Carmen sin descendencia y su tercera hermana Nieves Blanca, viuda del Teniente General Cavalcanti, también si descendencia, la familia Pardo Bazán, en rama directa, queda en proceso de extinción  Es entonces cuando la viuda de Jaime Quiroga, Manuela Esteban Collantes, decidió vender el pazo de Meiras a la Junta creada al efecto, en 1938, en la provincia de La Coruña, con el único fin de regalarle la propiedad a Francisco Franco Caudillo de España, para que eligiese su tierra como lugar de , como afortunadamente para Galicia así sucedió desde v1939 a 1975..

Vamos a comprobarlo a través de las siguientes líneas, sobre todo para despeje de unas cuantas dudas, algunas de ellas muy mal intencionadas,  y para que sirva de información a políticos estultos, cobardes unos y miserables otros, cuartilleros canallescos y sobre todo a las jóvenes generaciones, víctimas de una enorme desinformación, manipulada, sesgada y partidista, que nos ahoga con su desvergüenza a todos los españoles. Es auténticamente chocante que los que ahora se pavonean y se cuelgan “medallas” de haber “chorizado” de forma indigna el pazo de Meirás  a los Franco, son descendientes, políticamente  hablado, de los asesinos de  Jaime Quiroga Pardo Bazán, sin cuyo asesinato posiblemente el pazo de Meirás nunca hubiese sido residencia veraniega del Generalísimo Franco. 

Jaime José Emilio Elías, nació en la Coruña a las cinco de la mañana del día 20 de julio de 1876. Sus padres  José Quiroga Pérez y  Emilia Pardo Bazán, la genial escritora, el referente máximo del estilo naturalista en nuestra literatura, bautizaron al niño, su primer hijo,  en la  parroquia de Santiago, situada  en la ciudad vieja de la Coruña, a pocos metros de la casa donde nació en 1851 Doña Emilia, en la calle de Tabernas.

A principios del siglo XX, Jaime  militó en el Carlismo como vocal de la junta directiva del Círculo carlista madrileño.

En abril de 1909 el Rey Alfonso XIII firmó la cedula que condecía la Merced de Hábito de la Orden Militar de Santiago a Jaime Quiroga y Pardo Bazán. El día 8 de julio de ese año, Jaime Quiroga fue armado caballero de la Orden de Santiago en el  Monasterio de las Comendadoras de Santiago de Madrid, actuando como padrino el Duque de Béjar.

En el mes de julio de ese mismo año se producían en Melilla unos sucesos que conformarían el inicio de una desdichada guerra en la que si vio inmersa España contra las cabilas insurgentes y belicosas de Rif, desde ese año hasta 1927. El día 9 de julio, unos trabajadores pertenecientes a la compañía Española de minas del Rif,  que operaban en la instalación de una vía férrea, eran atacados por cabileños  que mataban a seis de ellos y herían a uno. Al conocer  los hechos, el Teniente General , Comandante del Ejército de Melilla, estableció con las fuerzas de la guarnición, una línea defensiva en el exterior del perímetro de la ciudad, comunicando la acción de los rifeños al gobierno presidido por Antonio Maura, que decretó el 10 de julio la movilización de tres brigadas mixtas de Cazadores, la 1º con sede en Madrid, la 2º en el campo de Gibraltar y la tercera de guarnición en Barcelona,  formadas en su mayor parte por reservistas de las quintas de 1903 y 1904;  lo que provocó disturbios en Madrid y gravísimos sucesos en Barcelona, que desembocarían en la conocida  semana Trágica.

Con la llegada de estas Brigadas, el General Marina ordena la salida de las tropas. El día 23 de julio una columna que manda el coronel Álvarez Cabrera es atacada por sorpresa en Sidi Musa, cayendo muertos el coronel, ocho oficiales y 46 soldados.

En la noche del 26 al 27 de julio los cabileños  levantan unos 300 m de la línea férrea ya construida. De inmediato desde Melilla, sale un convoy de aprovisionamiento y reparación de la vía, protegido por dos columnas, una al mando del coronel Fernández Cuesta, con seis compañías, cinco de la 2º Brigada Mixta y una de la de África, y otra integrada por los batallones de la 1. ª Brigada Mixta, de Madrid, al mando del general Pintos Ledesma. La columna que manda Pintos se introduce por un error en un terreno abrupto y escarpado, el Barranco del Lobo, situado en las estribaciones del Monte Gurugú. Allí les esperan los rifeños, que magníficamente situados en las alturas del barranco, hace un indiscriminado fuego contra los soldados españoles con el terrible balance de 17 jefes y oficiales, entre ellos el propio general Pintos Ledesma, y 136 hombres de tropa y soldados muertos; 35 jefes y oficiales, y 564 hombres de tropa y soldados heridos. Total: 752 bajas.   

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  1. Jaime Quiroga y Pardo Bazán como voluntario en la guerra de Marruecos. Imagen aparecida en ABC.

Jaime  Quiroga se alistará como voluntario en el regimiento de Húsares de la Princesa,  estando presente en las operaciones siguientes al desastre del barraco del Lobo, en las cuales el ejército español ocupó  Taxdirt, con la famosa carga protagonizada por quien sería su cuñado el Teniente Coronel José Cavalcanti y Alburquerque;  Taurit, El Zoco el Had, Hidum, Nador, el Gurugú y la alcazaba de Zeluán,

Su propia madre, Doña Emilia escribía, en una de sus crónicas, de septiembre de 1909, en el diario La Nación de Buenos Aires, la angustia que le producía saber que su hijo Jaime estaba participando en dicho conflicto bélico: “Veremos si la guerra que me tiene sujeta en el retiro de mis Torres aguardando el correo y las nuevas del hijo que allá está, termina pronto”.

Jaime Quiroga Pardo-Bazán volverá a alistarse como voluntario para la campaña del Rif en 1913 con el grado de teniente de complemento, dejando de nuevo en el desasosiego y temor a la genial escritora, que en una de sus cartas, fechada el 30 de junio, escribe a su buen amigo Alejandro Barreiro, director de La Voz de Galicia, solicitándole que incluya en su diario una reseña en la que se resalte el valor de su hijo Jaime:  “Mi buen amigo: Si no encuentra usted que es algo de exigencia maternal le ruego que consagre una nota, como usted sabe consagrarlas, a la marcha de mi hijo Jaime a la guerra. Como usted recordará, fue Jaime el primer voluntario de la guerra de 1909. Se portó, como también nadie ignora, y le hicieron de soldado raso, cabo, y luego teniente de la reserva gratuita. Al ver que se volvía a batir el cobre, lo ha dejado todo otra vez, y allá se ha ido, destinado, a ruego suyo, a Tetuán, al regimiento de Vitoria, 28 de Caballería, que acaba de figurar honrosamente en la acción de Laurien”.

El día 9 de mayo de 1916, en la capilla del Asilo del Sagrado Corazón, de la calle de Claudio Coello de Madrid, el teniente de Húsares de la Princesa, Jaime Quiroga Pardo Bazán contraía matrimonio, en una solemne ceremonia, con la señorita Manolita Esteban-Collantes y Sandoval, hija del exministro de Instrucción pública, en el gabinete presidido por Eduardo Dato Iradier en 1915, Saturnino Esteban Collantes conde de Esteban Collantes.

Como padrino ejerció el padre de la novia, siendo la madrina  la madre del novio. Entre los testigos firmaron por parte de la novia el ex presidente del gobierno Eduardo Dato, el barón de Eróles, el conde de Aguilar y el señor Mateo Collantes; y por la del novio, su hermano político el laureado de San Fernando, coronel Cavalcanti y Alburquerque, el héroe  de Taxdir; el ex ministro marqués de Figueroa; el general  Zabala, de Húsares; el Barón de Molinet; el marques Viesca de la Sierra y Ricardo Bermúdez de Castro. El enlace matrimonial, que reunió a más de 500 invitados, se celebró en los salones de hotel Ritz. De aquella unión matrimonial nacería Jaime Quiroga Esteban-Collantes.

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  1. Boda de Jaime Quiroga y Pardo Bazán con Manuela Esteban Collantes, celebrada en Madrid.

Unos meses más tarde  Doña Emilia cedía a su hijo el condado de la Torre de Cela. Por ello la eximia escritora elevó  una solicitud al Rey Alfonso XIII suplicando la autorización de la referida cesión, alegando ser propietaria del expresado título de Conde de la Torre de Cela y deseando fuese cedido a favor de su hijo primogénito, único varón y heredero forzoso, el Señor Don Jaime Quiroga y Pardo-Bazán, “demostrándole de esta manera el mucho cariño que le tiene”, el cual, por Real Carta de Sucesión de 21 de julio de 1916, sería inscrito como II Conde de la Torre de Cela..

A finales de los años veinte Jaime Quiroga forma parte como Vicesecretario de la directiva del Centro católico de Madrid.

Con el advenimiento de la II república, el día uno de junio de 1931, en el domicilio de Jaime Quiroga tuvo lugar una reunión a la que acudieron los reconocidos monárquicos el general José Cavalcanti, el coronel José Enrique VarelaEugenio Vegas Latapié y el doctor Albiñana, entre otros. Desde ese instante Jaime se convertirá en un enemigo irreconciliable de la república. Tras la fallida sublevación del general Sanjurjo en Sevilla, el día 10 de agosto de 1932, numerosos monárquicos y derechistas serán encarcelados sin ningún tipo de causa y justificación. Entre ellos Jaime Quiroga Pardo Bazán, que saldrá de la cárcel Modelo de Madrid, donde fue internado, el domingo 24 de septiembre, junto a  otras personalidades monárquicas como Manuel Falcó, Juan Ignacio Luca de Tena y José Ibáñez Martín.

Un viernes de finales del mes  de septiembre de 2019, unas semanas antes de cometer el gobierno criminal y criminoso la profanación del cadáver del Invicto Caudillo Franco, vino al pazo de Meiras, entre las visitas de ese día, que yo dirigía, un elegante caballero, de alrededor de unos sesenta años, que provenía de Madrid. Al finalizar la visita, de la que quedó muy complacido, me rogó que tomase con él una cerveza en el bar situado enfrente del propio Pazo y que regenta la admirable Rosa.

Entre trago y trago, me fue comentando que su abuelo había sido  muy amigo del Jaime Quiroga Pardo-Bazán y que había conocido de primera mano los pormenores de su vil asesinato. Hablamos del libro de Francisco Camba “Madridgrado” donde el escritor gallego, el único, que en todos los libros escritos sobre la represión del Madrid rojo, dejó un pequeño relato de aquel atroz asesinato de Jaime Quiroga. Me relató, cómo le contó su abuelo, -que afortunadamente salvó la  vida en aquella infernal situación al lograr introducirse en un legación extranjera-, como fueron en busca de Jaime Quiroga y de otros madrileños, a sus casas de la calle Goya, el día 11 de agosto del año 36, cuando el furor asesino rojo estaba completamente desatado en la capital de España.

Ese día, tres partidas de milicianos patibularios, asaltaron numerosas viviendas de la calle Goya, donde, según ellos, vivían los ricos, los señoritos, los meapilas que iban a Misa  y los fascistas. Vestidos con monos grises del ejército con correajes, pistolas y fusiles, llevando unos el pañuelo rojo y negro de la FAI, otro con el azul claro del partido socialista  y los demás con unos brazaletes donde se podía leer JSU, se dedicaron a allanar domicilios y llevarse detenidos a un buen número de  inocentes víctimas. Fue lo que posteriormente se conocería como la matanza de la calle Goya.

En el momento de ser detenido Jaime Quiroga se hallaba junto a su hijo Jaime Quiroga Esteban-Collantes, de diecisiete años de edad. Al ver que se llevaban detenido a su padre, Jaime Quiroga, de forma gallarda, exigió a aquella partida de facinerosos marxistas vengativos,  que lo detuviesen también a  él, sabiendo a ciencia cierta que se encaminaba hacia una muerte segura.  Entre risas y a empujones fueron bajados de su casa e introducidos en un vehículo, acusados de ser el hijo de la Condesa de Pardo Bazán, militar y cuñado del Teniente General Cavalcanti, el héroe de la carga de Taxdir, uno de los colaboradores más eficientes que tuvo el Teniente General Miguel Primo de Rivera en su directorio y decidido partidario del bando de Franco a quien se unió en el principio de la guerra de Liberación Española, Pero en aquella injustificada detención subyacía una terrible y malvada venganza. Uno los miembros de aquella partida de izquierdistas asesinos, que se presentaron en el domicilio del II Conde de la Torre de Cela, era hijo ilegitimo y no reconocido del propio Jaime Quiroga Pardo Bazán, nacido de una relación extramatrimonial con una criada de servicio. Por tanto uno de los verdugos iba  a ser hijo y hermanastro de las victimas

Jaime y su hijo fueron trasladados  a la checa del círculo de Bellas Artes, que se había creado a principios de ese mismo mes de agosto, cuando en los salones del  propio circulo tuvo lugar una reunión con la asistencia de representantes de todos los partidos políticos y organizaciones sindicales que integraban el Frente Popular, convocada y presidida por el Director General de Seguridad, diputado a Cortes por el Partido de Izquierda Republicana y miembro de la Masonería con grado 33, Manuel Muñoz Martínez.

De aquella reunión salió la creación de un Comité Provincial de Investigación Pública, que, en estrecho y permanente contacto con la propia Dirección General de Seguridad roja, habría encargarse con grandes atribuciones de dirigir la política represiva en la capital contra los que eran considerados como enemigos facciosos o quinta columnistas. Ese comité quedaría instalado en el propio Círculo de Bellas Artes, para pasar posteriormente, hasta su disolución, en noviembre del mismo año 1936, a ocupar un edificio marcado con el número 9 de la calle de Fomento.

A partir de ese instante esa checa  se convertirá en un lugar de horror, terror y muerte por el que pasarían incontables madrileños que dependieron del capricho del chekista juzgador de turno, que bien por simpatía o antipatía personal te enviaba a  la muerte, a la cárcel,  o en el menor de los casos, a la libertad. Ante el tribunal, el detenido era interrogado por medio de golpes, amenazas e insultos con el fin de aterrorizarle para arrancarle una confesión sobre sus creencias religiosas o políticas. Los breves interrogatorios –en menos de media hora se llegaban a juzgar a  quince personas- a que eran sometidos los detenidos, solían ser preguntas casi siempre sin trascendencia, sin que se escribiese ni firmase nada, pues ya estaba tomada la decisión de antemano.  El detenido, sin ningún medio de defensa, tras el interrogatorio, escuchaba la sentencia del “Tribunal”. Los acuerdos de aquel siniestro “tribunal”, que apenas ocupaban una hoja de papel, en donde se hacía constar la sentencia. Una L mayúscula significaba libertad. Pero si la L mayúscula iba seguida de un punto, eso significaba muerte, entregando al reo a una de las Brigadillas, que lo introducían en un automóvil para pegarle cuatro tiros en lugares apartados del  centro de Madrid.

Ya en el Círculo de Bellas Artes, Jaime Quiroga y su hijo fueron llevados ante el responsable máximo de la checa  Antonio Ariñio Ramis, más conocido con el apodo del “Catalán“, un antiguo delincuente común, que se distinguió por su labor represiva y asesina.

Padre e hijo fueron de seguido  maltratados y torturados. No hubo interrogatorio pues ya estaban condenados de antemano. De su estancia en la checa de Bellas Artes se encargaron miembros de la “Escuadrilla del Amanecer· que componían, entre otros, Valero Serrano Tagüeña, Guardia de Asalto,  que ejercía de jefe de la partida de asesinos; Luis Pastrana Ríos, expulsado del ministerio de Hacienda, del que era funcionario, por malversación de caudales públicos, Eloy de la Figuera, León Barrenechea, Francisco Roig y Carmelo Olmeda (a) “Tarzán”; Marcos de la Fuente Barco, Federico Pérez Díaz y Antonio Serrano Pontones.

A  Jaime Quiroga le ataron colgándole de un gancho y a su hijo le sumergieron durante cierto tiempo la cabeza en un cubo lleno de agua. Jaime Quiroga y su hijo mantuvieron una postura de encomiable bizarría sin pedir clemencia, ni contestar a ninguna de los insultos y reproches  que le realizaron,  mientras les agredían. Sin juicio previo, a la noche de ese mismo día, fueron sacados de Bellas Artes y trasladados hasta la zona de la Bombilla, ese trozo tan castizo de Madrid escenario principal de la festividad de San Antonio cuando llega el mes de junio.

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Partida de defunción de Jaime Quiroga Pardo-Bazán.

El mismo día que caía asesinado  Jaime Quiroga y su hijo y al día siguiente doce de agosto, se produciría la matanza de los trenes de la muerte llegados desde Jaén a Madrid. Fruto de aquella acción vituperable y cobarde, por parte de milicianos anarquistas de Vallecas y El Pozo del tío Raimundo,serán asesinados, de forma brutal, más de trescientos indefensos  presos, entre ellos el obispo de Jaén Monseñor Basulto Pérez

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Partida de defunción de Jaime Quiroga Esteban-Collantes.

En la Bombilla, Jaime Quiroga y su hijo fueron obligados a bajar del vehículo y llevados a una zona donde ya se encontraban tirados varios cadáveres con unos trozos de papel encima de cada uno de ellos, donde se podía leer: “Juan, por chivato. Este perro ya no ladra más”; “Otro besugo más. Este gordo”; “Luis, por fascista”. Sus caras desencajadas, desfiguradas, serenas unas, crispadas otras, por el horror; cuerpos desnudos, torturados. Una autentica masacre. Entre el grupo de asesinos se hallaba el hijo ilegitimo de Jaime Quiroga, que no se atrevió a disparar contra su padre y hermanastro.

Además de lo que dejó escrito Francisco Camba, lo que el elegante caballero, que visitó el pazo en aquel mes de septiembre de 2019, me relató, a mayor abundamiento, en uno de los viernes del mes de octubre de 2020, fecha de semana en la que el pazo de Meirás se abría al público, visitaron el mismo una distinguida dama y su hijo, familiares de Doña Emilia Pardo Bazán, quienes me facilitarían el acta de defunción y me completarían los datos sobre el injustificado y terrible asesinato de los Quiroga. 

Siguiendo con el relato, el joven Jaime fue separado unos metros de su padre y a corta distancia y antes de recibir un disparo que le hizo caer al suelo malherido, gritó ¡Viva España! y ¡Viva Cristo Rey! De seguido y entre las carcajadas de los sayones marxistas, su padre cayó fulminado de un tiro, prácticamente a su lado, después de gritar también ¡Viva España! El joven Jaime, aún con vida, al ver muerto a su padre, intentó ponerse en pie y armándose de valor y poseído por la ira se abalanzó contra el cuerpo de su padre con intención de arroparle. No se lo permitieron. En aquel instante sonaron varios disparos que acabaron con la vida del valeroso muchacho que quedó tendido encima del cuerpo de su padre.

Recordemos los renglones de ese magnífica obra, Madridgrado, hoy completamente olvidada y  descatalogada. En ella Francisco Camba describe aquel Madrid de horror y cuenta su detención por las milicias rojas. Escribe Camba en su obra: “ya cerca de la ermita de San Antonio, que yo reconocí al recortar la luz de los faros su clara silueta. Al pronto, no vi nada más, pero Bustos, nuevo Virgilio por aquel paisaje dantesco, extendió el dedo, haciéndome distinguir otros dos cadáveres tendidos en cruz, uno sobre otro.

- Esto puede que te interese más. ¿Sabes quiénes son los dos besugos que ahí tienes?

-¿Los conocía yo?

- Puede. Paisanos lo sois. ¿Conocías a Jaime Quiroga? Pues Jaime Quiroga y su hijo.

¡Pobre rapaz de Jaime! Lo de este me dio la pena natural. Pero ¡el infeliz chiquillo! ¿Qué edad podía tener? Yo lo había visto años antes, en Santiago, bajo la claraboya del hotel España. Con el mío a mi lado, esperaba el almuerzo, y ante una mesa más grande, dispuesta para un banquete, un chicuelo aún de pantalón corto, que discutía el menú, queriéndose cerciorar del punto de frescura del vino con una petulancia graciosa y llena de simpatía. Cuando vi entrar a Jaime y que el chico le daba un beso, lo comprendí todo. Aquella manera de hablar la conocía yo mucho. Era la petulancia adorable de su ilustre abuela, la condesa de Pardo Bazán. ¡Pobre criatura!

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  1. Milicianos marxistas fotografiándose junto a los cadáveres de varias de sus víctimas.

Y continua relatando Francisco Camba: “A estos dos -informó Bustos- se los han apiolado no mucho antes de ir a verte a ti. Y toma nota, tú que escribes, pues estas cosas sentimentales siempre hacen su efecto.    El chaval cayó primero, pero no debió dársele bien porque al ver a su padre, tieso allí al lao, tuvo arranque pa medio erguirse y cubrirlo con la gabardina que él llevaba por los hombros. Natural que no había acabao, cuando otra descarga le da lo suyo, y por eso le tiés mismo encima. ¿Te ha gustao la excursión? ¿No valía la pena? ¿No valía la pena este rodeo?”

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Jaime Quiroga y Pardo Bazán.

Mi profundo agradecimiento a la familia Odriozola Rico-Avello, a Carlos y a su distinguida madre, que me aportaron para la realización de este trabajo, datos incontestables y de un valor histórico incalculable como las partidas de defunción de Jaime Quiroga Pardo Bazán y su hijo Jaime Quiroga Esteban-Collantes, y el lugar exacto donde cayeron asesinados, pues hasta la fecha no se sabía a ciencia cierta donde había sido, pues unos autores lo situaban en la Pradera de San isidro y otros en la plaza de España.

 

Entroncados con el linaje de los Pardo Bazán, son también descendientes de Manuel Rico Avello y García de Lañón, exministro de la Gobernación y Hacienda de los gobiernos presididos por Diego Martínez Barrio (8 octubre al 16 de diciembre de 1933) y Manuel Portela Valladares (30 de diciembre de 1935 al 19 de febrero de 1936). Alto comisario de España en Marruecos, quien coordinaría la acción del entonces coronel Oswaldo Capaz para la toma pacifica de Sidi Ifni en 1934. Don Manuel Rico Avello sería asesinado por las milicias marxistas en el asalto a la cárcel Modelo de Madrid el día 22 de agosto de 1936. Por su parte, el elegante caballero que me refirió los últimos instantes de Jaime Quiroga y su hijo,  prefiere mantenerse en el anonimato.

PD:El Bustos a que se refiere Francisco Camba en su libro Madridgrado, puede ser el Comandante de la Guardia Civil Monasterio Bustos.