El 26 de enero de 1939 Barcelona se despertó sin diarios y con una única emisora de radio en funcionamiento Radio Asociación de Cataluña. Al día siguiente apareció La Vanguardia, con el añadido Española, que fue el único periódico autorizado por el régimen para que se distribuyera. Algunas semanas después se volvió a la normalidad y, junto con La Vanguardia Española, los barceloneses podían comprar El Correo Catalán, Solidaridad Nacional, El Noticiero Universal, Hoja del Lunes y El Mundo Deportivo. Este último apareció en diciembre de 1939.

Se requisaron los talleres de los periódicos de izquierdas. La maquinaria que ERC tenía en la calle Talleres fue incautada y trasladada al Diario de Guadalajara; la maquinaria de El Diluvio fue a parar a El Avanzado de Segovia; la de Solidaridad Obrera sirvió para Solidaridad Nacional y La Prensa.

Ninguno de los diarios no gubernamentales pudo nombrar al director del diario. En La Vanguardia se le impuso a Manuel Aznar y Luis de Garinsoaga; en El Noticiero Universal se le impuso a Enrique de Angulo; y en El Correo Catalán a Diego Ramírez Pastor.

Los periodistas debían acreditarse en el Registro Oficial del Servicio Nacional de Prensa. Este registro les daba un carnet. Lo que no lo tenía no podía trabajar.

Una orden del 24 de mayo de 1939 fijó las normas para la depuración del personal de los periódicos. Junto con una declaración jurada debía presentar:

  1. diario en el que trabajaba el 18 de julio de 1936.
  2. Partidos políticos, organizaciones sindicales y células masónicas en las que se había estado afiliado.
  3. cargos ejercidos al servicio de la Administración Pública.

En Barcelona la depuración se hizo desde la Jefatura Provincial de Prensa, de la que era jefe Julio Zarraluqui. La principal causa de selección para la depuración era haber formado parte de periódicos sindicalistas, regionalistas o catalanistas.

Después de la guerra se reorganizó la Asociación de la Prensa diaria y el Sindicato Profesional de Periodistas, aunque unificadas en un solo organismo vinculado al Sindicato vertical. El 25 de mayo de 1939 se autorizó el Montepío del Antiguo Sindicato Profesional de Periodistas, que se convirtió en Institución Sindical Montepío de Periodistas.

Entre los periodistas que formaron parte en el proceso de depuración, esto es, agentes del nuevo Régimen, debemos destacar a Paco Garrigó, Antonio Martínez Tomás, Rafael Delclós, José Moreno Jardín; y Diego Ramírez Pastor.

Aquellos periodistas que no superaron la depuración, no pudieron trabajar. Mario Verdaguer, que durante la guerra fue redactor de La Vanguardia, estuvo encarcelado hasta el 16 de noviembre de 1939. María Luz Morales, que durante los primeros seis meses de la guerra fue directora de La Vanguardia, estuvo encarcelada 40 días y hasta años después no pudo ejercer con seudónimo. Federico Pujals Barrios, de El Diluvio, fue condenado a muerte, conmutada por cadena perpetua, fue puesto en libertad en 1946. Josep Roig Guivernau, de Ultima Hora, estuvo en prisión hasta 1946. Luis Guixeras Garratalà, redactor del Diario del Comercio, estuvo en prisión hasta el año 1942, no pudo volver a ejercer hasta 1978. Luis Aimerich, redactor jefe de Las Noticias y La Noche, estuvo detenido unos meses.

Otros periodistas vivieron precariamente hasta 1952. El motivo era que no tenían el carnet. Ese año, Claudio Colomer, director de El Correo Català, organizó un curso de verano en la Escuela Oficial de Periodismo, con el beneplácito de la Dirección General de Prensa. Los que lo hicieron lograron el carnet. Entre ellos estaba Sebastià Gasch y Andreu-Avel·lí Artís Tomás, que firmaba con el pseudónimo de Sempronio.

Los diarios de aquellos años no eran como los que hoy conocemos. Se convirtieron en boletines oficiales del nuevo régimen, publicando las notas emitidas por los diferentes organismos del gobierno. La vida periodística comenzó a cambiar en la década de los cuarenta.

Aparte de los periódicos, se empezaron a publicar el semanario Destino, La Hoja Parroquial y La Fiesta Santificada. Además aparecieron boletines parroquiales y de agrupaciones. A todo esto debemos añadir toda aquella prensa clandestina que iba en contra del Régimen.

La radio se consideraba un aparato de lujo. Sólo la burguesía y las clases acomodadas podían acceder a comprarlos. Sólo existían dos emisoras de radio: EAJ-1, también conocida como Radio Barcelona y EAJ-15, que era Radio Asociación de Cataluña. Teniendo en cuenta el reducido número de aparatos y de emisoras no es difícil suponer que la importancia de este medio de comunicación era limitada. Después de la guerra EAJ-15 cambió de nombre, pasando a ser Radio España 2. Lo mismo ocurrió con Radio Barcelona, que pasó a llamarse Radio España 1. Durante aquellos días comenzó a funcionar la III Compañía de Radio y Propaganda de Frentes, que fue el embrión de lo que posteriormente sería Radio Nacional.

La programación era única para todas ellas. Por ley ninguna podía emitir información general propia y, para emitir noticias era obligatorio conectar con el Diario hablado de Radio Nacional. Estos diarios se emitían a las 8,30 horas, a las 13,30 horas, y a las 19,30 horas. Las emisoras no emitían las 24 horas del día. Por ejemplo, Radio Barcelona emitía de las 8,30 a 9 horas; de 12 a 15 horas; y de 17 a 23 horas. Radio Nacional de 8 a 9 horas; de 12 a 15 horas; y de 18 a 22,45 horas.

Para tener una radio había que pagar un impuesto. Este decreto había sido aprobado por la Generalitat de Cataluña en el mes de enero de 1937 y, el gobierno de Franco lo mantuvo para poder controlar quién tenía un receptor. El impuesto suponía que el propietario pagara 2,50 pesetas anuales para los aparatos de galena; 12 pesetas para los aparatos de luces; y 100 pesetas para los establecimientos públicos con altavoces. Radio España instaló, en sus estudios de la Rambla, altavoces externos para que los ciudadanos pudieran escuchar los partes y los diarios hablados.