Mi abuela materna, la única que tuve el honor de conocer de mi saga de abuelos, me dijo muchas veces que uno de los periodos de mayor prosperidad y pujanza para España había sido el del Gobierno del General Miguel Primo de Rivera, debido, no solo a la finalización de la interminable sangría provocada por la guerra de Africa, sino también por la gran cantidad de obras que se acometieron a lo largo de aquellos siete años (1923-1930), que sirvieron para que la modernidad comenzase a dejarse sentir en nuestra Patria, circunstancia a la que no fue ajena La Coruña.

Pues bien, en julio de 1924, tan solo unos meses después de la constitución del Directorio Militar (septiembre de 1923), tras el golpe de Estado, el General Miguel Primo de Rivera visitó, oficialmente, por vez primera La Coruña.

Pese a que se conocía, como es lógico, con la antelación suficiente, la visita a la ciudad del General Primo de Rivera, su llegada, por mar, constituyó una sorpresa, hasta el punto de que algunas de las Autoridades que tenían que acudir a recibirlo se encontraban, a su llegada, fuera de la plaza.

El General Primo de Rivera, presente en Galicia aquel mes de julio con el fin de realizar la Ofrenda Nacional al Apóstol Santiago en nombre del Rey, tenía previsto arribar a Villagarcía de Arosa, a bordo del Crucero Rápido de la Armada “Reina Victoria Eugenia”, en la jornada del día 24, con el fin de trasladarse, desde allí, a Compostela. Sin embargo, el mal estado de la mar aconsejó al Comandante del buque no realizar esta maniobra, lo que provocó que el Presidente del Consistorio tomase la decisión de ordenar que el Crucero se dirigiese a La Coruña, con el fin de pernoctar en la ciudad y al día siguiente, a primera horas, trasladarse por carretera a Santiago.

Con toda la celeridad posible, por medio de cablegramas, se comunicó este cambio de destino de la arribada del Crucero, tanto a la Capitanía General, con sede en nuestra ciudad, como a la Comandancia Militar de Marina coruñesa. Sin embargo, el Capitán General y otras Autoridades ya habían abandonado La Coruña con el fin de dirigirse a Santiago de Compostela y aguardar allí la llegada del General Primo de Rivera.

Como se pudo, se logró comunicar a las Autoridades ausentes estas circunstancias, regresando a la ciudad a toda prisa, pero no lo suficiente ya que, el “Victoria Eugenia”, fondeaba, a las siete de la tarde, en las proximidades del Castillo de San Antón, en la entrada de la bahía coruñesa, cuando todavía el Capitán General no había retornado a la plaza.

Con el fin de ganar tiempo, el Comandante Militar de Marina y otros Generales y Jefes de los Cuerpos de la guarnición, se dirigieron en una falúa al costado del buque con la intención de cumplimentar al ilustre huésped. Sin embargo, cuando se abarloaron al Crucero, el Presidente del Consejo estaba ya aproando en una embarcación al puerto coruñés, donde finalmente lo aguardaban el Capitán General, Alvarez del Manzano, que había logrado regresar en tiempo a la plaza, el Alcalde y otras Autoridades provinciales y locales.

El Crucero Ligero “Reina Victoria Eugenia”

Una vez en La Coruña, tras señalar a las Autoridades que venía como un visitante más y que a su regreso de Santiago, en la jornada del 26, daría inicio a la visita oficial a la ciudad, se trasladó al Hotel “Atlantic” donde pernoctaría, manifestando sentirse muy a gusto en la ciudad que ya había visitado con anterioridad, concretamente cuando embarcó con destino a prestar servicios en el Ejército desplegado en Cuba.

Tras un breve descanso en el hotel, el Presidente del Directorio, acompañado del General Martínez Anido, iniciaron un paseo a pie por los jardines de Méndez Núñez, deteniéndose Primo de Rivera ante los monumentos a Pardo Bazán y Concepción Arenal, dirigiéndose, seguidamente, a la zona de Riazor desde donde, en el vehículo del Alcalde, regresó al Hotel “Atlantic” para asistir a una cena con las Autoridades.

En el transcurso de aquella cena, el General Primo de Rivera ofreció al Alcalde coruñés la participación del Estado en la construcción de la nueva Prisión, con el fin de poder derruir el viejo edificio, anejo al Palacio de Capitanía General, sede de la cárcel Real; la construcción de un Palacio de Justicia, donde hoy se ubica del Tribunal Superior de Justicia y la colaboración para sacar adelante el proyecto de edificación de la Escuela de Comercio, aprobado anteriormente por el Ayuntamiento. Parte de estos proyectos se hicieron realidad en los años siguientes.

Todavía, una vez concluida la cena, el Marqués de Estella y sus acompañantes, salieron a pasear las calles de la ciudad, los jardines de Méndez Núñez y la calle Real, donde fue objeto de vivas muestras de cariño y simpatía por parte de los coruñeses y de manera especial por grupos de hermosas coruñesas que se acercaron a saludar al General. Hasta tal punto se sintió honrado el Presidente del Directorio que, en un aparte, le señaló al Alcalde, que le cambiaba la presidencia del Gobierno por la Alcaldía de La Coruña.

Aquella noche, los potentes reflectores del “Victoria Eugenia” iluminaron la ciudad.

A primeras horas de la mañana del día 25, el Presidente del Directorio, se trasladó por carretera a Santiago con el fin de realizar la Ofrenda Nacional al Apóstol en nombre del Rey, regresando a la ciudad pasadas las diez de la mañana del sábado, 26, dirigiéndose a la plaza de María Pita, donde, a las once, se celebró el acto de entrega de la Medalla Militar Colectiva al Regimiento de Artillería 3º de Montaña, con guarnición en la plaza.

Poco antes de las diez de la mañana, comenzaron a llegar a la plaza, que lleva el nombre de la heroína coruñesa, las fuerzas que iban a tomar parte en este solemne acto castrense.

En el centro formaron las Baterías 1ª, 2ª y 5ª del citado 3º de Montaña, con el Estandarte del Regimiento y doce piezas de diferentes calibres -105/11 y 75/28 mm.-, y ambos lados Unidades del Regimiento de Infantería “Isabel la Católica” nº 54, con Bandera y Música; del Regimiento de Caballería Cazadores de Galicia nº 25; de la 8ª Comandancia de Tropas de Intendencia; de la 8ª Comandancia de Tropas de Sanidad Militar; de Carabineros y de la Guardia Civil, así como una representación del Somatén.

Tras recibir los honores de ordenanza y pasar revista a la fuerza, el General Primo se Rivera se acercó al Estandarte del 3º de Montaña y una vez leída la Real Orden de concesión, le impuso, solemnemente, la Medalla Militar Colectiva ganada gloriosamente por sus Baterías en las distintas acciones de armas en las que había participado desde su creación.

Tras una vibrante y patriótica alocución del General Primo de Rivera, las fuerzas participantes desfilaron entre los vítores y aplausos de los cientos de coruñeses que abarrotaban la plaza, concluyendo de esta forma el acto militar.

A su conclusión, en el Palacio Municipal, se celebró una recepción a la que asistieron, además de las Autoridades, representaciones de la vida socio-cultural de la ciudad. Terminada la recepción, el General Primo de Rivera presidió, en el parque chalet de Molezún, en la calle Juna Flórez, un banquete popular al que asistieron seiscientas personas. Por la tarde, el Presidente del Gobierno asistió a un lunch que le fue ofrecido por los artilleros del 3º de Montaña.

Aquella noche, el General Primo de Rivera presidió una cena en el Palacio de Capitanía, en tanto que el Hotel “Atlantic” fue escenario de una verbena de sociedad y los jardines de Méndez Núñez de otra popular, resultando ambas muy concurridas y animadas.

En la jornada del domingo, 27, el Presidente abandonó la ciudad, trasladándose a Pontevedra, desde donde inició una visita a diferentes puntos de Galicia.

Con relación al Crucero Ligero “Reina Victoria Eugenia”, que acompañó en esta visita al Presidente del Directorio, señalar que había sido autorizada su construcción en 1914, dentro del plan Miranda, construyéndose en la S.E.N.C. ferrolana y botado en 1920, siendo recibido por la Armada en enero de 1923.

Desplazaba 6.454 tn. a plena carga, con una eslora de 140,80 m., una manga de 15,20 y un puntal de 7,60. Disponía de dos turbinas Parsons y doce calderas Yarrow que le proporcionaban 25.000 cv. de potencia y una velocidad de 25 nudos.

Iba armado con nueve cañones Vickers de 152 mm., otras piezas menores y dos montajes dobles de tubos lanzatorpedos de 533 mm. Su dotación era de 455 hombres.  

Con el advenimiento del régimen republicano, fue rebautizado como “República” y a la finalización de la contienda civil recibió el nombre de “Navarra”, siendo dado de baja en diciembre de 1955.