1. El Caudillo de España Francisco Franco, llega a Padrón para presidir el día de Galicia y recibir la medalla del alcalde honorario de la histórica villa coruñesa.

En la tarde del lunes día 20 de agosto de 1945, el Generalísimo Franco, asistía en Padrón a los actos  del Día de Galicia, como jornada de exaltación del campo y de la ganadería gallega en homenaje al Caudillo de España.  Una villa coruñesa,  la de Padrón, que tenía y tiene  en la historia gallega un lugar de preferencia, no solo por su mítico “ pedrón”, una piedra de origen latino dedicada al dios Neptuno, que apareció situada en uno de los márgenes del rio Sar a su paso por la villa y del que la propia villa tomó su nombre “Padrón” o “Pedron”,que en la actualidad se encuentra en el interior de la iglesia parroquial de Santiago de Padrón, y que en la Edad Media fue señalada como la piedra donde quedó amarrada la barca que trajo a esta tierra de Galicia, concretamente a Iria Flavia, desde el puerto de Jaffa en Israel,  el cuerpo del Apóstol Santiago, para depositarlo, sobre la mitad de los años cuarenta (D C), y una vez de que Santiago el Mayor “el amigo del Señor “ muriese decapitado,

Sus discípulos, Atanasio y Teodoro, regresarían su cuerpo a Hispania, la tierra donde predicó por primera vez el Cristianismo, -apareciéndosele incluso la Virgen sobre un pilar-  y que posteriormente quedarían enterrados, cerca de Iría Flavia,  en un monte llamado Libredón, donde serían descubiertos sobre el año 830, fundando entonces  el Rey de Asturias  Alfonso II “el Casto”, la ciudad de Santiago de Compostela, donde construiría una iglesia, que se convertiría en uno de los centros de peregrinación más importantes de la cristiandad.

También en Padrón, concretamente en Iría Flavia   el arzobispo Gelmírez construiría a partir de 1116, la primera Escuadra que tuvo España, aquellas naves que derrotaron valientemente y ahuyentaron a la piratería musulmana de las islas Ons, Sálvora y Cies,  que pretendían llegar hasta Compostela y destruir el  tesoro Hispano de la fe, el Sepulcro que guarda el cuerpo del Santo Adalid, el Apóstol Santiago.

El Generalísimo Franco inauguraría esa tarde una Exposición agrícola, concursos ganaderos y folklóricos y asistiría a la entrega del título de Hijo adoptivo y Alcalde honorario de Padrón y de la primera Medalla de Oro de la villa, distinciones  que le habían sido concedidas por la corporación municipal.

En Padrón se concentraron miles de personas llegados desde todos los lugares  de Galicia, coros regionales y conjuntos folclóricos, bandas de música y centenares de personas ataviadas con trajes típicos regionales. Padrón se encontraba completamente  engalanado en sus principales calles  con banderas de los colores nacionales y arcos de triunfo, así como salutaciones al Caudillo y escudos de España.

En Padrón a la espera de recibir al Caudillo se encontraban el capitán general de la Octava región, Teniente General José los Arcos Fernández; los gobernadores civiles y jefes provinciales del Movimiento de La Coruña, Orense y Pontevedra, señores Irala, Martín Ballesteros. iraola y Ponce de León, respectivamente; el general gobernador militar de La Coruña, General Alejandro Utrilla: el rector de la Universidad de Santiago, doctor Luis Legaz Lacambra; el presidente de la Diputación Provincial, Emilio Romay; presidente de la Audiencia Territorial, Víctor Cobián; subjefe provincial del Movimiento y delegado provincial de Educación Popular, Manuel de los Santos Reyero, y otras autoridades de la provincia. También estaban en Padrón los alcaldes de la mayor parte de los Ayuntamientos de la región, jefes comarcales del Movimiento  y otras autoridades de toda la región gallega.

A las seis menos cuarto llegó a Padrón el ministro de Marina, almirante Regalado, acompañado de su esposa y del comandante del crucero “Galicia”, capitán de navío Pedro  Nieto Antúnez.

Entre volteo de campanas y estallido de ruidosas bombas de palenque a la seis de la tarde hizo su entrada en la histórica villa el Caudillo de España, que vestía de paisano, e iba acompañado de su esposa,  Carmen Polo de Franco; del jefe de su Casa Militar, teniente general Moscardó; ayudantes de servicio y otras personalidades del séquito.

Miles de personas que abarrotaban las principales calles recibieron al Caudillo  con los gritos de ¡Franco, Franco, Franco!, y vítores patrióticos. La fuerza pública tuvo que hacer grandes esfuerzos para lograr que el coche del Caudillo se abriera paso ante el entusiasmo de la población. Una vez logrado, este se detuvo ante  el templo parroquial, donde  la unidad de música del regimiento de Infantería  Isabel la Católica, de guarnición en La Coruña, interpretó el himno Nacional, mientras miles de personas gritaban ¡Franco!, ¡Franco!, ¡Franco! y daban vítores entusiásticos a España.

El Generalísimo, después de ser cumplimentado por las primeras autoridades y jerarquías, se dirigió a la puerta del templo, donde fue recibido por el obispo auxiliar de Santiago, doctor Souto Vizoso, revestido de pontifical; por el clero parroquia!, alcalde y jefe comarcal de Padrón y por el Ayuntamiento en corporación bajo mazas.

El Jefe del Estado hizo su entrada en el templo bajo palio, cuyas varas fueron portadas por militantes del Movimiento, y se dirigió al altar mayor donde se encontraba situada la piedra donde fue atada la barca que condujo a la antigua Iria Flavia el cuerpo del Santo Apóstol Santiago.

El Caudillo y su esposa oraron unos minutos ante el altar, mientras un coro de niños del Colegio  franciscano de San Antonio de Herbón, para misiones en Tierra Santa y Marruecos, interpretó varias composiciones religiosas.

A la salida del templo la multitud, congregada ante la iglesia, continuó con sus aclamaciones y fervorosas manifestaciones de adhesión al Jefe del Estado, no cesando ni un solo momento los gritos de ¡Franco, Franco! y los vítores a España, a los que el Generalísimo correspondió saludando con el brazo en alto, quien junto a autoridades y escolta se dirigió a pie hacia el recinto de la Exposición agrícola, instalada en el Paseo del Espolón que en su entrada tenía una doble arcada de estilo gallego, donde figuraban los escudos de España, y sobre cada uno de los arcos los de Galicia y de La Coruña.

A la derecha  de la exposición, también bajo arcadas de típico estilo regional, figuraban los pabellones con productos del campo y a la izquierda otros destinados a la artesanía aplicada a las actividades ganaderas v campesinas. En el centro de la feria un grupo de braceros del campo procedió a la trilla, con utensilios que se empleaban normalmente en el campo gallego.

El Jefe del Estado recorrió minuciosamente las diversas instalaciones de la feria. Se detuvo primero ante los pabellones en los que se exhibían productos del campo gallego y escuchó las detenidas explicaciones que sobre su producción y transformación le dio el alcalde de Padrón, probando distintos frutos del país y también algunos dulces de elaboración gallega.

A continuación el Generalísimo  visitó  los pabellones de artesanía,  muchos de los cuales se encontraban con sus instalaciones en funcionamiento, tales como telares individuales de estilo gallego, entre ellos los encajes de bolillos, donde aparecían mujeres tejiendo, y otra serie de manifestaciones de la vida gallega aplicadas al campo y a la ganadería. La esposa del Caudillo fue obsequiada en varios de los pabellones con diversos objetos de artesanía, que Carmen Polo de Franco agradeció muchísimo.

Una vez recorrida la feria, el Caudillo de España ocupó junto a su esposa y autoridades una tribuna en el campo de la feria, desde donde el alcalde de Padrón hablaría por los  micrófonos dispuestos para el acto, pronunciando  unas palabras de salutación al Caudillo. Recordó que Padrón era la tierra que había recibido las primicias del Cristianismo, al acoger el cuerpo del Apóstol Santiago, que predicó la fe de Cristo en España, y terminó, con voz entrecortada por la emoción, ofreciendo al Caudillo los títulos de Hijo adoptivo de la villa y Alcalde honorario y la primera Medalla de Oro.

Al finalizar el alcalde su intervención, el público prorrumpió nuevamente en sus  aclamaciones al Caudillo, que se prolongaron largo rato y que arreciaron cuando el Generalísimo se acercó a los micrófonos para disponerse a hablar.

El Caudillo de España pronunció las siguientes palabras:

«Sólo unas  palabras para agradecer a vuestro alcalde su gentileza, y a vosotros este calor y este cariño que se reflejan en vuestro entusiasmo y en las sonrisas de vuestros rostros.

Al venir junto a vosotros en este momento de ocio y sentir vuestro calor, siento el calor de esta madre Patria, el calor de esta España católica que tuvo en esta, villa la base de su catolicidad. Aquí vino aquel Santo Apóstol a arribar su barca, y aquí trazó con su palabra el primer surco que había de fecundar en  estas iglesias y en están catedrales que atrajeron la atención del mundo y que hicieron venir a España a rendir su fe a tantos peregrinos.

Este patronazgo del Apóstol Santiago, que no es un patronazgo más entre los que eligen los hombres, sino que es un patronazgo de origen divino, es el gran patronazgo del pueblo caballeroso y del pueblo guerrero. La vida de España está íntimamente ligada a él. Mientras España tuvo por su Patrón a Santiago, defendió el principio de la fe, y los reyes de España fueron los portaestandartes del Apóstol: España se ensanchaba, se abría y se multiplicaba y renacía con nueva gloria.

  1. en cambio, cuando se negó el Patronazgo a Santiago, cuando en aquellas Cortes de Cádiz se entrevistó la chusma, anárquica con la idea de la fe y dijo: “Santiago no es el Patrón”, España empezó a desmembrarse, porque la vida de España está íntimamente ligada a la vida de la religión.

Este es el siglo que pasó, el siglo de la desmembración. Por eso cuando llegó nuestro Movimiento, cuando renace, España, tiene que resurgir nuevamente el patronazgo Santo de Santiago, el patronazgo de origen divino, y tienen que ser los hijos de Padrón, los hijos de Galicia, con los de la Navarra, católica y con los de tantos lugares de España, los que inician la Cruzada, y los que llevaron nuestra Bandera a través de toda España, para bajo su patrocinio reconquistar la Patria, renovar su gloria y hacerla renacer al patriotismo.

Pero nuestro Movimiento no era sólo esto. Nuestro Movimiento tenía una profundidad mayor. Nuestro Movimiento era y es eminentemente social. Nuestro Movimiento no venía a resucitar las viejas oligarquías. No era el Movimiento de los ricos ni de los poderosos, era el Movimiento de una España entera, el de la justicia, el de la fe, el de la igualdad entre los hombres, tal y como predicó el Evangelio en este mismo lugar, en esta misma peña que vemos y en aquella primitiva iglesia, nuestro Santo Apóstol.

¡Arriba España!”

Seguidamente comenzó un desfile de coros y grupos regionales y bandas de música, que con sus sones y aires gallegos pasaron ante el Caudillo de España, que una vez terminado el desfile, al bajar de la tribuna, un campesino gallego salió de las filas del público, acercándose  a Franco, para saludarle muy emocionado. El Caudillo le estrechó la mano y le saludó efusivamente.

De seguido el Caudillo, y su sequito se dirigieron  al convento de los Padres Dominicos, donde a  su llegada, con gran dificultad por los miles de padroneses  que se agolpaban en sus inmediaciones y que no cesaron de  aclamarle, pasó al interior del convento donde oró uno instantes en su capilla, recorriéndolo a continuación junto a su esposa y autoridades. Una vez finalizada la visita en el claustro del convento,  fue obsequiado con una merienda servida por el Hogar Universitario del S.E.U., de Santiago de Compostela.

Terminada la merienda, y a la salida del convento, el Caudillo de España presenció una  exhibición de folklore regional. Todos los coros que se habían concentrado en Padrón, interpretaron ante el Generalísimo danzas típicas gallegas y varias composiciones de música regional. Uno de los grupos de danzas actuó de forma muy usada en Galicia, teniendo sobre la cabeza los que danzaban, tortas típicas. Al final de la danza, le fue ofrecida la prueba al Jefe del Estado, que la degustó complacido.

Terminada esta exhibición, a las ocho y cuarto de la tarde, el Caudillo de España Francisco Franco abandonó Padrón. La despedida que le tributó la histórica villa fue apoteósica. Una inmensa riada de gente rodeó el vehículo donde viajaba el Caudillo y a los gritos de ¡Franco! ¡Franco!  y  le acompañó hasta la salida de Padrón en dirección a su residencia veraniega del Pazo de Meirás.