Algún día tendré que contar la verdadera historia del HERALDO ESPAÑOL, aunque sólo sea para que quede para la Historia lo que fue el "sistema de libertades democráticas" que imperó durante la Primera Transición y la política de apertura del Excelentísimo Señor don Adolfo Suárez. Pero hoy me voy a conformar con explicar como pudimos sacar "El Heraldo" contra el Gobierno que durante meses nos estuvo prohibiendo su salida.
      Afortunadamente, el abogado don Ángel López Montero, que en aquellos momentos era Presidente del "Partido Liberal Español",  nos sugirió la fórmula para poder salir a la calle. El "Heraldo Español" no podía salir como publicación periódica de información general, pero sí, como "Órgano de información"  de un Partido Político. Y ante esta tesitura el grupo que íbamos a sacar el "Heraldo" fundamos y registramos un Partido Político: "ACCIÓN NACIONAL PROGRESISTA", y cuando estuvo formalmente constituido, registrado y aprobado por el Ministerio de la Gobernación pudimos salir.
    Aunque antes tuvimos que celebrar el "Congreso fundacional" que exigía la ley de Partidos políticos, cosa que hicimos los cuatro fundadores en una comida con el abogado en la cafetería "California 47". (Así se escribe la Historia y así funciona la Democracia en España).
    Y además tuvimos que escribir y presentar un "Manifiesto" donde quedasen claras la ideología del Partido y los objetivos del mismo. Aquel "Manifiesto" es el que hoy publicamos en "El Correo de España",  a quien como Presidente de aquel Partido (que, por cierto, sigue estando registrado y en activo en teoría) y Director periodista les agradezco las puertas abiertas que nos han ofrecido.
 
MANIFIESTO

"Nacemos para defender a España porque está en peligro, porque estamos al borde del abismo y en una decisiva situación límite "

Somos un grupo de españoles que se lanza a la arena política sin tener vocación política, si por tal se entiende una carrera con trampas, traiciones, chanchullos, consensos, cobardías, cesiones y perjurios para ver quién alcanza antes los privilegios y las prebendas de los cargos que otorga el Poder. Si es cierto que el Poder corrompe, nosotros no aspiramos al Poder. Pero si el Poder es -como nosotros creemos- un servicio a la Patria, entonces nosotros sí aspiramos al Poder y lucharemos por alcanzarlo, aunque sea derrochando sacrificio e ilusión.

NACEMOS PARA DEFENDER A ESPAÑA, porque España está en peligro. Porque estamos al borde del abismo y en una decisiva situación límite.

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De partida no estamos contra nadie ni a favor de nadie. Estamos y estaremos siempre con aquellos que defiendan a España y no se avergüencen de ser patriotas. Estamos y estaremos siempre con aquellos que luchen por la Unidad de España y trabajen por el engrandecimiento de la Patria.

Hoy somos pocos. Pero, sabemos que, afortunadamente, todavía hay millones de españoles que piensan como nosotros. Millones de españoles que piensan como nosotros. Millones de españoles que se niegan a aceptar la desintegración y la muerte de España como nación. Millones de españoles que, desde la honestidad y el sentido común, saben ya que esta España de hoy no va por el buen camino y que no hay más remedio que rectificar el rumbo, so pena de caer en el abismo. Millones de españoles que, aunque con discrepancias menores, se resisten a dar por perdida la partida y esperan, con ilusión y con fe, el ansiado momento de unirse codo con codo para dar la cara. Millones de españoles que ya están hartos de palabras y de promesas incumplidas, que han vuelto los ojos comparativamente a situaciones anteriores y han recapacitado seria y noblemente.

A ellos, a esos millones de españoles que todavía se emocionan al oír el nombre de la Patria y que sólo aspiran a vivir en paz, pero sin ser esclavos de nadie, y a ser lo que ellos libremente quieren ser… nos dirigimos.

A ellos va dirigido, pues, este Manifiesto, que no es más que un grito de rebeldía ante la grave situación porque atraviesa la Patria.

No venimos a corroer la esperanza del pueblo español.

No venimos a desmoralizar aún más con nuestras críticas.

No venimos a hurgar en las heridas nunca cicatrizadas de los españoles.

No venimos a levantar banderas “anti” o “contra”.

No venimos a descalificar a nadie ni acusar a nadie.

No venimos a sembrar discordias y enfrentamientos.

No venimos a prometer sueños inalcanzables.

No venimos a engañar a nadie y menos aún a quienes de buena fe aspiran a una España mejor.

No venimos al amparo de alguien o respaldados por alguien.

No venimos ni pretendemos enmendar la plana a nadie…

Venimos a defender a España cómo y dónde mejor podamos.

Venimos a levantar la bandera de la ilusión y de la fe.

Venimos a proclamar, sin tapujos y de frente, nuestro amor a España.

Venimos, sin ambiciones personales, a decir lo que tengamos que decir y a despertar la conciencia de los dormidos.

Venimos, con grandes dosis de humildad, a desmontar las demagogias de unos y de otros.

Venimos con la noble intención de abrir los ojos a los españoles sinceros y lanzar un cable a los indecisos.

Venimos a remover las aguas tranquilas de los cómodos y a levantar oleadas de sentido común.

Venimos a unir y enlazar voluntades, a gritar a los cuatro vientos que a pesar de lo que digan las encuestas la mayoría del pueblo español no está por la desintegración de España ni por el desorden.

Venimos a defender, sin exclusiones, nuestra fe católica y nuestro amor a la familia.

Venimos a defender la libertad que lleva a la concordia y no la libertad que lleva al enfrentamiento armado y al asesinato.

Venimos, en son de paz, a defender nuestra paz; la de España, la de nuestra familia, la de nuestras calles y la de nuestro trabajo.

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Venimos a gritar, con la frente alta, que la actual situación política no nos gusta y que este desgobierno nos lleva, irremediablemente, al caos económico total y a la bancarrota nacional.

En fin, venimos a luchar por la Unidad de España, por la familia, por el trabajo digno, por la empresa justa, por la educación de nuestros hijos, por la paz de nuestra Patria, por nuestra religión y, sobre todo, por nuestro firme convencimiento de que España debe seguir siendo España.

Por eso, hoy levantamos la bandera de la responsabilidad nacional y, sin ser políticos, nos lanzamos al ruedo político.

Asumimos, con pleno conocimiento y firme convicción, todo el pasado de nuestra Historia, sin partidismos ni exclusiones, sin colores ni adjetivos. Porque el pasado, todo el pasado, es el auténtico patrimonio de la Patria.

Aceptamos sin reservas el presente, aunque no nos aten intereses personales ni privilegios y aunque somos conscientes de que no vamos por el buen camino.

Pero no hipotecamos el futuro, porque estamos convencidos de que el futuro ha de ser otro, porque aspiramos a que sea otro.

No queremos una España desunida y enfrentada por la lucha de clases ni por ideologías radicalmente opuestas y excluyentes.

No queremos una España caótica e indiferente.

No queremos una España llena de rencores y de odios, de pistolas y metralletas, de dolor y de sangre.

No queremos una España anclada en injusticias del pasado ni una España revanchista y aventurera que camine hacia el futuro con las alforjas llenas de venganza y resentimiento.

No queremos una España aislada del mundo ni una España entregada al mejor postor internacional.

No queremos una España gobernada por el desgobierno, arruinada por el abandono, desesperanzada por la lucha entre sí de los partidos, cruzada de brazos ante el desbarajuste general y humillada por los poderosos.

No queremos una España sin crucifijos y sin fe, ni una España apática y entregada que vaya, sin rumbo, de un lado a otro para, al final, ser vendida en el mercado de esclavos.

No queremos una España rota por la indisciplina o el deshonor, una España que ni siquiera a sí misma se respete y que sea el hazmerreír de todos.

No queremos una España sin soluciones económicas, sin la confianza en nuestros propios recursos y dependiente de otras economías.

No queremos una España llena del fango de la corrupción y empantanada por los negocios sucios.

No queremos una España manipulada desde los manipulados y teledirigidos medios de comunicación.

No queremos una España que pueda venderse por parcelas ni una España separada por fronteras interiores o por alambradas.

No queremos, en fin, una España hundida en la miseria, zaragatera y triste, ni una España llena de miedo donde ni los hermanos se atrevan a darse la espalda.

Lo que nosotros queremos, y no nos da vergüenza confesarlo, es una España unida y alegre, esperanzada y creyente, trabajadora y rica, que mire con la frente alta hacia el porvenir y no reniegue del pasado. Una España que, sin dejar de ser Europa, se proyecte hacia América y sirva de vínculo con aquellos pueblos que tienen nuestra propia sangre, nuestra cultura y religión. Queremos una España que luche cada día y cada hora por ser mejor al día siguiente, porque sus hijos -nuestros hijos- vivan mañana mejor y porque cada vez se sientan más españoles y levanten con orgullo la bandera de la Patria. 

Esto es lo que nosotros queremos para España.

Esto es lo que hoy tenemos que decir sin tapujos y sin miedos.

Esto es lo que os proponemos como meta.

Y por ello levantamos esta bandera de responsabilidad nacional, de sentido común y de patriotismo.

Sí.

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Hoy somos pocos. Pero, mañana seremos muchos.

Porque estamos seguros de que somos muchos los que así pensamos. Porque estamos seguros de que ya somos muchos los que estamos hartos de la confusión que nos rodea y nos envuelve. Porque estamos seguros de que somos muchos los que no aspiramos ni a más ni a menos. Porque estamos seguros de que somos muchos los que, todavía, amamos a España y nos sentimos orgullosos de ser españoles. Porque estamos seguros de que somos muchos los que estamos dispuestos a “hacer algo” para evitar el caos que nos gobierna. Porque estamos seguros de que ya somos muchos los que sentimos arder la sangre cada día y cada noche al oír las noticias, siempre tristes, de cada día y de cada noche.

Sí.

Hoy somos pocos. Pero, mañana seremos muchos. Vamos a ser muchos.

Porque vamos a estar los que hasta ahora no hemos querido estar en ningún partido. Porque vamos a ser los que hasta ahora no habíamos querido ser de ningún partido. Porque nos vamos a unir los que hasta ahora andábamos dispersos y al margen de la lucha de los partidos. Porque vamos a hablar los que hasta ahora hemos permanecido callados y dejando hablar a los de los partidos. Porque vamos a estar los que hasta ahora sólo hemos sabido ser “carne de voto” de otros partidos. Porque vamos a ser los que hasta ahora no queríamos saber nada de los tejemanejes de la política de partidos; los que hasta ahora nos repugnaba hipotecar nuestra libertad en aras de un solo partido; los que hasta ahora nos molestaba el tener que rellenar una ficha y figurar en un archivo; los que hasta ahora nos dolía que España se dividiese en partidos; los que hasta ahora nos hemos resistido a ser “base” de este o aquel partido…

Y, en resumen, porque vamos a estar y a ser todos los que, de verdad, por encima de partidos y “consensos”, e incluso de triunfos electorales, deseamos y aspiramos a sacar a España adelante. Por eso decimos que no estamos a favor ni en contra de nadie.

Sí. 

Hoy somos pocos. Pero, mañana seremos muchos.

Porque vamos a ser muchos los que no nos dé vergüenza decir que somos españoles y que amamos a España; que somos católicos, aunque no cumplamos del todo bien con la Santa Madre Iglesia; que defendemos a nuestra familia por encima de todo y que queremos trabajar en paz y, si es posible, vivir cada día un poquito mejor.

Sí.

Ha llegado la hora de dar el paso al frente y poner los puntos sobre las íes. Ha llegado la hora de demostrar a unos y a otros que el pueblo español, esa mayoría silenciosa de la que todos hablan y nadie escucha, ni es tonto ni es cobarde.

Ha llegado la hora de demostrar que esa mayoría ni somos de derechas, si por tal se entiende la defensa de los monopolios, los trusts y la explotación del hombre por el hombre, ni somos de izquierdas, si ser de izquierdas significa la defensa de la lucha de clases, la movilización violenta de las masas y la revolución armada, ni, por supuesto vamos a ser de ese “centro” dislocado y alocado, ni “fachas” ni marxistas. Somos ante todo y sobre todo, españoles. Hombres y mujeres de buena fe, ciudadanos respetuosos, si se nos respeta; padres de familia honestos, que aspiramos a sacar nuestras casas y nuestros hijos adelante, sin avasallar a los demás, pero sin que se nos avasalle a nosotros.

Y lo vamos a demostrar.

Pero, lo vamos a demostrar con hechos, no con palabras; no con promesas; no con enjuagues; no con pasteleos; no con “consensos” en restaurantes de cinco tenedores; no con traiciones ni con perjurios; no con renuncia de lo que somos y de lo que queremos ser…

Estaremos donde haya que estar.

Diremos lo que tengamos que decir.

Censuraremos lo que tengamos que censurar.

Aplaudiremos lo que tengamos que aplaudir…

Y negaremos lo que tengamos que negar.

Y precisamente porque vamos a actuar como en Fuenteovejuna, es decir, todos a una, ni queremos líderes ni queremos “jefes”… ¡Ya saldrán los líderes! ¡Ya surgirán los jefes!

Seremos un “clan familiar”.

Un bloque unido y compacto, donde estarán codo con codo los padres y las madres, los hijos y los hermanos, los abuelos y los nietos…

 

PORQUE NACEMOS PARA DEFENDER A ESPAÑA… y eso, eso, es cosa de todos.

 

Por eso no tendremos programa.

Mejor dicho, por eso tendremos un programa imperfecto e incompleto. Porque nos limitaremos a hacer lo que en cada momento tengamos que hacer. ¿Que cómo? Como decía don Miguel de Unamuno: ahora lo de ahora y aquí lo de aquí.

¡Pongámonos en marcha! ¿Que adónde vamos? La estrella nos lo dirá… ¿Que qué vamos a hacer en el camino mientras marchamos? ¿Qué? ¡Luchar! ¡Luchar! Y ¿cómo?

¿Cómo? ¿Tropezamos con uno que miente? Pues, le gritaremos a la cara: ¡mentira! y ¡adelante! ¿Tropezamos con uno que roba? Le gritaremos: ¡ladrón! y ¡adelante! ¿Tropezamos con uno que dice tonterías y a quien oye toda una muchedumbre con la boca abierta? Gritaremos: ¡estúpidos! y ¡adelante! ¡¡Adelante siempre!!

Por España y con España.

Sin más. Sin menos.

Porque los que titubean ante el esfuerzo es porque tienen adormecida el alma. El gran ideal da siempre fuerzas para seguir adelante y no darse por vencidos. Sólo los tibios, sólo los cómodos, sólo los cobardes, sólo los indiferentes, sólo los perjuros, sólo los traidores pueden darse por vencidos, cuando lo que está en juego, precisamente, es el ser o no ser de la Patria.