Aquel mes de mayo España tenía dos reyes felones, cobardes e indignos del pueblo español y de este noble Reino. Este mes de mayo volvemos a tener dos reyes:

El uno, felón desde el principio, ya en la defensa de la provincia del Sahara -como han expuesto militares, por ejemplo el Col. Lorenzo Fez. Navarro- e intrigante por su implicación y tejemanejes en el 23F (tal como extensamente se ha publicado, por ejemplo Pilar Urbano).

Un Truhán dado a la briba con sus cacerías y mercantilismos, con un entramado financiero como el Fondo Hispano-Saudí o fundaciones como Zagatka y Lucum (tal como publicaron diversos medios, Libertad Digital o Voz Pópuli entre otros).

Un Infiel a su propia esposa a la que juró ante Dios y ante toda España serle fiel, amarla y respetarla todos los días de su vida y a la que mintió, engañó y traicionó con una sarta sexual (como bien ha explicado numerosa prensa, por ejemplo El Español). Así, sin importarle ir contra el Sexto Mandamiento de la Ley de Dios, se pasó por el arco de su entrepierna el sufrimiento del pueblo español.

Hasta tal punto llegó este asqueroso reyezuelo que su hijo y heredero le ha tenido que retirar asignación y ha renunciado a la herencia económica que le pudiera corresponder de parte de su padre.

Este reyezuelo hemos tenido que soportar durante cuarenta años mientras los españoles sufrimos la extorsión, el pillaje y los ultrajes del independentismo; y los asesinatos y las mutilaciones perpetradas por sus cuadrillas criminales.

El otro rey, el hijo, que comparte reinado con una señora que parece ser capaz de abortar a sus hijos, y se distancia de su padre –tal como hizo Fernando VII de Carlos IV- para que no le arrastre en la caída. Pero, sin embargo, da rienda suelta a los enemigos de España y del pueblo español encomendándoles el gobierno de la Nación. Igual hizo aquel otro rey, Fernando VIII, con Napoleón y sus afrancesados.

Y ante la situación actual de quiebra moral, económica y humana -con más de 35.000 muertes- a la que nos ha llevado el coaligado Gobierno de enemigos de España, este rey no es capaz de abrir boca y retirarle a Pedro Sánchez el placet o encargo que en su momento le dio de formar gobierno.

Pero es que, ante la epidemia mortal que vivimos, Felipe VI ya es conocido como el rey ausente (sólo ha sido capaz de balbucear un simple mensaje con “lugares comunes”, ¡cinco días después de que el Gobierno impusiera el Estado de Alarma!). Nada más se ha vuelto a saber de él. Y, mientras, aquellos a los que Su Majestad dio placet para gobernar –y ahora lo están haciendo tiránicamente- van trenzando la soga con la que sueñan acabar con la Dinastía, la Monarquía y con nuestra Patria.

Aquel mes de mayo una oligarquía rancia y usurera saqueaba al pueblo español y arruinaba el Reino a lomos del ejército francés. Este mes de mayo una putrefacta oligarquía de analfabetos embrutecidos arruinan nuestro Reino y, por su ineptitud, mentiras y fraudes; quiebran nuestras vidas y destruyen el Reino y la Monarquía.

Hoy, como aquel mes de mayo, estamos gobernados por una chusma sin escrúpulos, vengativa y traicionera que cabalga vendida a lomos de la cueva del compás, y que adelanta un nuevo orden mundial (María J. Montero, ministra de Hacienda, declaraciones a 1 de mayo de 2020).

Aquel mes de mayo una Jerarquía eclesiástica ponderó que prudente era inclinarse ante los nuevos amos. Hoy una jerarquía eclesiástica activó, motu proprio, la suspensión pública del Santo Sacrificio de Cristo (13 marzo) avivando con ello los gubernamentales odios anticatólicos. Los gubernamentales enemigos de la fe católica han aprovechado la anuencia eclesiástica para ordenar la suspensión pública del culto religioso católico. Y esta jerarquía sigue callada, secundando las ilegales disposiciones del Gobierno.

Aquel mes de mayo un pueblo harto de la rapiña de los piratas gobernantes se lanzaron, a pecho descubierto, contra las bayonetas del criminal Napoleón. La nobleza del pueblo español no fue encabezada por los altos mandos militares, comprados por el masónico dinero francés sino por sencillos militares, oficialidad media y baja. Y sabían, aquellos honrados españoles, que acabarían todos muertos.

El hombre de la camisa blanca retratado por Goya en los fusilamientos de Príncipe Pío, representa lo que puede llegar hacer el pueblo español. Ahora bien, en aquel mayo había un pueblo que tenía fe, siendo su mayor divisa: Dios y Patria.

Este mayo no hay un pueblo sino un conjunto de individuos que ni saben ni quieren saber quiénes son y de dónde vienen. Individuos que no profesan amor ni a Dios ni a la Patria, y no saben lo que son y ni les importa. Un conjunto amorfo de individuos cuya única seña de identidad es el “qué hay de lo mío” bajo vacías palabras de libertad, igualdad, solidaridad (fraternidad).

Vamos, un deforme conjunto de individuos amasonados a los que se les ha enseñado a odiar a aquellos que levantaron -casi de la nada- la seguridad social, el sistema sanitario y asistencial entre 1941 a 1957. Unos individuos adeptos -sin percatarse- a la Secta. Masa de individuos a los que se les ha enseñado a aplaudir y votar a los destructores de aquel sistema asistencial, a los destructores nuestra Patria y a su cabeza: el Bribón de cesiones a marruecos, de trama golpista y de yate y caza mercantilista, desechado por su propio hijo.

Pero hoy como en aquel mes de mayo todavía hay algunos pocos, felizmente pocos, hueste de hermanos dispuestos a la lucha con las armas legales que quedan para volver a ennoblecer éste nuestro Reino. Algunos pocos que, pese a no tener oficiales que los comanden, dispuestos están. “Por Dios y por España”, “la Patria está en peligro, acudid a salvarla” ¿Alguien dará la voz?