Lo que vemos en nuestros días con el PP ya lo hacía durante la II República, la CEDA, que era el PP de entonces. Su líder, José María Gil Robles, quiso creer hasta el final en la democracia republicana, sin darse cuenta de que con el Frente Popular, no había democracia posible.

Gil Robles ya había demostrado su escaso coraje, dejándose arrebatar la presidencia del Consejo de Ministros (hoy diríamos la presidencia del Gobierno), después de haber sido el candidato más votado en las elecciones de 1933. La presidencia se la llevó Alejandro Lerroux. Gil Robles se conformó con ser ministro y eso después de varios meses de espera.

Más tarde, en las elecciones de 1936, lo volvió a hacer y de una forma peor aún, ya que se dejó arrebatar el gobierno después de un fraude electoral masivo a cargo de la izquierda, como hoy está más que demostrado. Y lo que aún es peor, ya en la campaña había demostrado su desprecio por las fuerzas patrióticas, como Falange, a quien deliberadamente excluyó de la candidatura unitaria de las fuerzas de la derecha, así como por los carlistas y por los monárquicos nacionalistas patriotas de José Calvo Sotelo.

Gil Robles prefirió siempre que pudo, aliarse con los centristas del partido Radical, de Lerroux o con la Lliga Catalana, de Cambó. Eso sí, en los distritos electorales donde los carlistas o Calvo Sotelo podían aportar muchos votos, no desdeñó su alianza.

Como Casado, que no quiere ser confundido con VOX, y lo desprecia, pero eso sí, sus votos y su apoyo sí que los quiere, para mantener el poder en las ciudades o las regiones que gobierna el PP.

Sin embargo, Gil Robles, que parecía un político con gran futuro todavía en enero de 1936, 6 meses más tarde, en julio, ya había caído en un olvido definitivo. Y Falange o los carlistas, que en enero parecían fuerzas radicales y minoritarias, en julio eran partidos de masas, con millones de simpatizantes y militantes y potentes milicias armadas propias. En cambio, la CEDA desapareció prácticamente y no tuvo ni un solo batallón en la Cruzada.

Ya en los meses anteriores al Alzamiento, la gente veía como al auténtico líder de la oposición a José Calvo Sotelo y no a Gil Robles, a pesar de tener menos escaños. Igual que hoy la gente ve a Abascal como el auténtico líder de la oposición y no a Casado.

Así pues, nada tiene que ver Casado con Cánovas del Castillo, a pesar de la ignorancia de Pablo Iglesias, ya que Cánovas fue muchas veces presidente del Gobierno y la figura que definió una época política. En cambio, si tiene mucho en común con José María Gil Robles.