En la mañana del domingo 23 de agosto de 1942,  más de 140.000 personas rendían un impresionante homenaje popular a la figura del Jefe del Estado Generalísimo Franco, en los jardines del Relleno, paseo de coches y Cantones de La Coruña.

Allí formaban desde primeras horas de la mañana fuerzas del Regimiento de Infantería Isabel La Católica º 29, Regimiento de Artillería nº 48,  un escuadrón del regimiento de Caballería de guarnición en Lugo, Ingenieros, Intendencia, Sanidad, Veterinaria,   así como fuerzas de Marinería e infantería de Marina de las dotaciones de los destructores” Sánchez Barcáiztegui” y “Almirante Valdés”, que se hallaban anclados en el puerto coruñés y del cuartel de los Dolores de El Ferrol del Caudillo; una sección armada con banda de cornetas y tambores de aprendices de la Fábrica de Armas y Parque de Artillería, Guardia Civil y Policía Armada. También formaban los Sindicatos provinciales encuadrados bajo sus banderas y sectores, varias centurias del Frente de Juventudes y Sección Femenina. Milicia de segunda línea. Voluntarios de la División Azul, Ex Combatientes, Milicia Universitaria  y las tripulaciones de las traineras que participarían a la tarde de ese mismo día  en  las regatas en honor a Franco, con sus remos en alto.   

Desde El Ferrol del Caudillo había llegado el vapor “Castillo de Riaza”, a bordo del cual viajaron dos centurias de ex combatientes. Otros 350 hicieron el viaje hasta La Coruña por ferrocarril desde diversos lugares de la provincia.

La ciudad, se había engalanando para la ocasión con profusión de Banderas  con los colores Nacionales, de la Falange Española y de la Comunión Tradicionalista. Ventanas y balcones de los Cantones lucían también colgaduras con la Bandera de España. El modernista edificio de La Terraza estaba también adornado con banderas, destacando en su parte posterior un dosel con  fondo de un tapiz con el escudo de España.   

Los barcos anclados en el puerto están empavesados con banderas de España y del código internacional de señales. Los tranvías lucían igualmente ornados con banderitas con los colores nacionales.

El Generalísimo, que vestía uniforme de capitán general, con camisa azul y boina roja, llegó a La Coruña a las doce y cuarto de la mañana, acompañado del ministro secretario general del Movimiento, José Luis de Arrese, y los Jefes de sus Casas Militar y Civil, general José Moscardó y  Julio Muñoz de Aguilar. Tras pasar revista a una compañía de Infantería, que le rindió honores, se encaminó hacia el edificio de La Terraza entre las aclamaciones y gritos patrióticos de una multitud que abarrotaba por completo toda la zona

Al asomarse el Jefe Nacional de la Falange, acompañado del ministro secretario general del Movimiento Arrese, jefes de la Casa Militar y Civil, capitán general de la región, General de División Luis Solans Labedan, jefe provincial del Movimiento, Diego Salas Pombo, al balcón central del edificio modernista de la Terraza, fue recibido  con una atronadora ovación y  gritos de ¡Franco, Franco, Franco! Las boinas rojas de los miembros del Frente de Juventudes y Sección Femenina se agitaron al viento, mientras las tropas presentaban armas.

En el primer piso del edificio, donde se encontraban jefes y oficiales del Ejército, de Secretaria General del Movimiento, Frente de Juventudes y Sección Femenina, así como otros invitados, el jefe provincial de la Falange Diego Salas Pombo, colocó en el uniforme del Caudillo de España  el Yugo y las cinco Flechas rojas, legendarias de la Falange Española, pronunciando la siguiente palabras:

“Camarada Jefe Nacional de la Falange, Generalísimo de los Ejércitos de España: Aceptad en este simbólico obsequio el testimonio sincero de la adhesión leal e inquebrantable de esos voluntarios y ex combatientes qué, para rendir homenaje a V. E., se han congregado hoy en La Coruña.

“Y al entregároslo con la emoción del camarada, el optimismo del soldado y el entusiasmo de todo español auténtico y verdadero, quisiera expresaros también a V. E. en este día la hermandad entrañable, íntima e indestructible del Ejército y la Falange, que marchan hombro con hombro, hombre con hombre y alma con alma, unidos por una misma idea: la de España.”

“Hicimos bajo vuestras órdenes la guerra, y en ella mezclamos nuestra sangre, sangre que no traicionaremos jamás. Pues como ha dicho nuestro secretario general en su discurso de toma de posesión, “la sangre vertida por un mismo ideal, ni se vende ni se traiciona.”

“Aquí están juntos las representaciones de todas las armas combatientes de nuestro Ejército y nuestra Marina, los restos desangrados de nuestras banderas deshechas, y en su presencia está, mi general, la afirmación más firme y más rotunda de que si otra vez vinieran tiempos difíciles, si otra vez el destino quisiera que tuviéramos que servir a España y a su Caudillo, junto al blanco de las chilabas de vuestra guardia y los cascos de sus caballos, estarían en esta misma unión los camisas azules y boinas rojas de la Falange, Junto al Ejército de España, dispuestos, como siempre, a morir porque hemos aprendido a vencer.”

Seguidamente el capitán general, General de División  Luis Solans Labedan, impuso al Generalísimo  el emblema de la Legión. Tras ello el capitán general rogó al Caudillo que aceptase como prueba de absoluta identidad y del cariño de vuestros soldados, “que os dignéis aceptar este emblema militar, que es el que constantemente ostentáis sobre vuestro pecho, y al igual que el de la Falange, porque así lo quiere Vuecencia”. “No tiene valor material ninguno, pero es portador de altos ideales, signos de la confianza y de la fe que tienen puesta en V. E. el Ejército, como su Caudillo. Jefes, oficiales, camaradas, gritad fuerte conmigo: iFrancol  iFranco! iFranco! Arriba España”

franco_luis_solans_1942

1942 - El Capitán General de Galicia, General de División Luis Solans prende en la guerrera del Caudillo de España el emblema de la Legión Española

Para finalizar el acto el Caudillo se dirigió a los presentes con este discurso: “Camaradas del Ejército y de la Falange y españoles que me escucháis: Este acto colma el espíritu de nuestras consignas: Unidad entre todos los hombres de España, que descansa en estos dos pilares, el Ejército como templo que cela las virtudes raciales españolas y las esencias más puras de la Patria; y el pueblo, que es el que la nutre y da vida. Esta es la demostración y la réplica más fuerte contra nuestros enemigos, como nuestro capitán general nos expresaba.”

“Nuestra Cruzada ha sido el Alzamiento que, por segunda vez en nuestra Historia, movió a nuestro pueblo a sacudir su decadencia y a alzarse contra lo podrido y lo caduco. Y este Movimiento, en el que todos habéis sido actores, unos porque os correspondió el honor del mando y otros porque tuvisteis el deber de la obediencia, recibió bajo nuestras banderas y batallones a muchos más que, ajenos a las inquietudes del Ejército, sintieron en el alma prender el santo fuego del amor patrio, arrastrado por el romanticismo de nuestras consignas y la inspiración de nuestros cantos, que hizo posible la victoria, y con ella la España Una, Grande y Libre de nuestros sueños”.

“Este acto es una afirmación que nada tiene de extraña, porque nada más aproximado a lo castrense que nuestra Falange, y nada más falangista que las virtudes de un ejército.”

“Disciplina, servicio, espíritu de deber. ¿Qué es esto más que lo que un día y otro escuchasteis en los cuarteles y lo que también proclama nuestra doctrina?”

“Pero hay más, hay la inquietud social de nuestro Movimiento; inquietud social que es la justicia para todos los hombres, para todas las clases de España. Y esa justicia social, esa ansia de dar a cada uno lo que le corresponde, de buscar el equilibrio entre las fuerzas hasta ayer en lucha, es lo que oíais en vuestros cuarteles, lo que hablábamos en los cuartos de banderas en nuestra camaradería de soldados, un día tras otro”.

“Pues si esto es lo que estamos haciendo realidad, en España, ¿habrá diferencias que puedan desunirnos? ¿Cómo puede nadie ni ninguna insidia corroer los pilares en que descansa el edificio de la Patria? Yo os aseguro que esto no puede ser. Pudo haberse perdido el otro Alzamiento nacional de la guerra de nuestra Independencia, pudo malograrse aquel esfuerzo heroico de nuestros antepasadas cuando, exhaustos por tantos años de lucha, cayó de nuevo España en las manos de los trúhanes políticos y los afrancesados. Y esto sucedió porque falló la preparación de la unidad, faltó el jefe y faltó la doctrina”.

franco_la_coruna_1942

1942 - El Caudillo de España en el balcón del edificio la Terraza de La Coruña acompañado por el ministro secretario general del Movimiento José Luis de Arrese y el Gobernador civil y jefe provincial del Movimiento de la Coruña Diego Salas Pombo.

 

 “Aquello fue un alzamiento positivo por hacerse en favor de la Patria, pero negativo parque le faltaba la esencia de una doctrina. Se sabía cómo seria, pero no a dónde se iba. Y por eso vino ese siglo maldito que es el siglo XIX, de tristes destinos”.

“Nuestra conducta de hoy ha de ser la rectificación completa de lo ocurrido en aquel siglo. Hemos de barrer lo que enturbió nuestra Historia con sus parcialidades, divisiones y rencillas; no podemos caer en aquel abismo por mucho que el oro extranjero ruede por España, comprando conciencias y sobornando voluntades para crear afrancesados que, lo mismo que los de antaño, entreguen nuestra nación al enemiga, ofreciéndosela destrozada, exhausta y dividida.”

“Y esto sucede porque en nuestra Cruzada, cuya alma fue la unidad de los españoles y de las juventudes, se confrontó, una vez más, que la España Inmortal, la España del Imperio no había fenecido. Vieron que teniendo nosotros escasos medios, altos de todo y solamente ligados por el espíritu y por la unidad, vencíamos a nuestros adversarios porque, si poseían el valor individual de españoles, estaban, sin embargo, comidos por el cáncer del materialismo, y no obstante el oro, no obstante los medios incalculables que del extranjero recibieron, triunfó sobre todo el espíritu del soldado español, el valor del hombre.”

“Y vosotros sabéis mejor que yo lo que son tres años en las trincheras, sin descanso ni relevo. La necesidad de que todos los hombres sean combatientes, reduciendo el número de los que no combaten para tener más fuerzas. Sabéis muy bien que un pueblo que no cuenta los días ni las noches ni las horas de fatiga, que no sabe de prisioneros ni entiende de rendiciones, es un pueblo que puede dar a cada uno de sus hijos el valor, por lo menos, de dos de los extraños”.

“Y esto que ha revalorizado la posición de España en el Mundo; que la ha sacado de sus fronteras para enfrentarla con los problemas universales que al Mundo acosan, representa en el campo internacional tres millones de hombres que valen como seis; que valorizan a una raza y a un pueblo que pide su puesto en el Mundo, y que lo respalda con la unidad de la juventud apoyada sobre la unidad de los dos pilares: del Ejército y de la Falange” “Arriba España”.

Terminado el discurso del Caudillo Franco, el jefe provincial de Falange, Diego Salas Pombo,  hizo entrega a los generales, jefes y oficiales, que allí se encontraban en representación del Ejército, de los guiones de la Falange. El capitán general Luis Solans  se fundió en un abrazo con el jefe provincial Salas Pombo delante del Caudillo, entre grandes aplausos de todos los presentes.

Seguidamente el párroco de San Jorge procedió la bendición de los locales donde quedaría instalada la casa de la Falange.

Tras ello el Generalísimo ocupó un balcón en la parte posterior  del edificio de la Terraza, que daba al puerto, desde donde presenciaría el desfile. Antes del inicio del mismo la multitud entonó el Cara al Sol, dando el Generalísimo Franco las voces de ritual, coreadas unánimemente por los miles de coruñeses que llenaban la zona de los jardines del Relleno, paseo de coches y avenida del Alférez Provisional,

Con exacta disciplina y marcialidad pasaron ante el Caudillo  fuerzas de Infantería, Artillería, Caballería, Ingenieros, Intendencia, Sanidad, Veterinaria, Armada, Infantería de Marina, Guardia Civil, Policía Armada, Frente de Juventudes, Sección Femenina, aprendices de la Fábrica de Armas y parque de Artillería, representaciones de productores sindicales, y pescadores con sus traineras que le rindieron el más ferviente homenaje ante las aclamaciones de los coruñeses que no cesaron ni un instante.

Al salir el Jefe del Estado de la Casa de la Falange para dirigirse al Pazo de Meirás, el entusiasmo de la muchedumbre, rompió todas las barreras para rodearle, vitoreándole.

Franco_La_Coruna_Traineras_1942

1942 - El Caudillo de España Francisco Franco, entrega al patrón de la trainera del Sindicato del Puerto de la Coruña, la Copa del Generalísimo.

A la tarde el Jefe del Estado, acompañado de su esposa, del jefe de su Casa Militar y personal de su escolta, regresaba a La Coruña, adonde llegó a las siete y cuarto de la tarde al Real Club Náutico. Fue recibido  a la puerta del club  por el Ministro de Marina, las primeras autoridades militares y civiles de la ciudad y el presidente del Real club Náutico Pedro Barrié y su junta directiva. El Generalísimo pasó  revistó a una compañía del Regimiento de Infantería Isabel La Católica qué le rindió honores. A continuación desde el balcón del club presenció las regatas de traineras que se disputaban en su honor.

Tomaron parte en ellas nueve embarcaciones: tres de la Armada, representadas por las dotaciones de los cruceros “Almirante Cervera” y  “Canarias”, y la de la Flotilla de destructores; tres del Ejército formadas por Intendencia, Policía Armada e Infantería, y tres de las organizaciones de Pósitos, Sindicato del Puerto y Exportadores de Pescado.

La prueba, que resultó muy brillante, fue ganada por la trainera del Sindicato del Puerto; en segundo lugar entró la de Pósitos; en tercero la del crucero “Canarias”; en cuarto la de Exportadores de Pescado; quinta resultó la de la flotilla de destructores; sexta la de la Policía Armada; séptima la de Intendencia y octava la del “Almirante Cervera”. La trainera de Infantería, que había hecho una magnífica carrera, tuvo que retirarse a consecuencia de una avería que la inundó. El Caudillo hizo entrega al vencedor de la copa que llevaba su nombre. Tras ello y después de saludar a todas las  autoridades, directiva y socios, regresó a su residencia veraniega del Pazo de Meirás.

A las diez de la noche, en el Palacio Municipal, los participantes en las pruebas de traineras fueron obsequiados por el Ayuntamiento de La Coruña con una cena.