Mediado el mes de agosto de 1929, La Coruña fue escenario de un acto de gran relevancia y sentimiento popular: la Coronación canónica de la Virgen de los Dolores, una advocación de Nuestra Señora que siempre gozó de gran devoción en nuestra ciudad, especialmente desde aquel desgraciado otoño de 1854 en que una epidemia de cólera, de origen asiático, diezmó la población, siendo necesario que los coruñeses volviesen la vista a la imagen de la Dolorosa, venerada en la iglesia de San Nicolás, por cuya intercesión divina concluyó aquella mortal pesadilla que se llevó por delante a miles de personas.

A los actos de Coronación que se celebraron, en una plaza de María Pita abarrotada de fieles, en la jornada del domingo 18 de agosto, asistió el Infante de España D. Jaime de Borbón y Battenberg que ostentaba la representación de su padre, el Rey D. Alfonso XIII.

Con anterioridad, a las nueve y media de la mañana del día 16, procedente de la Base Naval de Ferrol, entraba en el puerto coruñés el buque hidrográfico de la Armada “Giralda”, en el que enarbolaba insignia el Almirante jefe del Departamento Marítimo del Cantábrico quien se desplazó hasta nuestra ciudad con el fin de recibir al Infante D. Jaime, que arribó en la jornada siqguiente procedente de Gijón.

Una vez en la ciudad, el Almirante cumplimentó a las primeras Autoridades y, a mediodía, recibió a bordo del “Giralda” a las personalidades que había visitado con anterioridad.

Por su parte, La Coruña se preparaba tanto para recibir el Infante D. Jaime como para la celebración de los actos de coronación de Nuestra Señora. Como en las grandes ocasiones, la ciudad se puso guapa. La mayoría de las casas aparecían adornadas con colgaduras, en tanto que la iglesia de San Nicolás se engalanó con profusión de bombillas eléctricas que contorneaban tanto las torres como la fachada principal del edificio.

El Infante, llegó a la ciudad a bordo del trasatlántico “Alfonso XIII” a primeras horas del sábado, día 17, siendo recibido por las primeras Autoridades. En las proximidades del Real Club Náutico se situó la Compañía de Honores del Regimiento de Infantería “Isabel la Católica” nº 54, con Bandera y Música, encargada de la rendición de honores.

El Infante, vestido con el uniforme de maestrante de Sevilla, se trasladó en vehículo hasta la Colegiata de Santa María del Campo en cuyo atrio le aguardaba, para rendirle honores, una Batería del Regimiento 3º de Montaña, con Estandarte y Banda de clarines. Una vez en el templo se entonó un “Te Deum” a cuya conclusión el ilustre visitante se dirigió, entre las cariñosas muestras de la gran cantidad de público que abarrotaba las calles de la Ciudad Vieja, al Palacio de Capitanía General donde, tras recibir nuevamente los honores de ordenanza, se celebró la recepción oficial a la que asistieron las primeras Autoridades y representaciones de la vida social, económica y cultural de la ciudad.

La imagen de Nuestra Señora de los Dolores llegando a la plaza de María Pita, escoltada por Guardias del Cuerpo de Seguridad

Concluido el acto en Capitanía General, el Infante, acompañado por el Alcalde, recorrió diferentes calles coruñesas, saliendo posteriormente de la ciudad para almorzar en el pazo de los Vizcondes de Fefiñanes.

Por la tarde, asistió a un té que se sirvió en el Real Club Náutico y, por la noche, a la animada verbena organizada por el Sporting Club en sus instalaciones de “El Leirón” del Camino Nuevo.  

En la mañana del domingo, día 18, el Infante asistió a la celebración de una Misa pontifical en la iglesia del San Nicolás y, a primeras horas de la tarde, concurrió a presidir, en la plaza de Toros, una novillada en la que lidiaron José Mejías, Alfredo Corrochano y Rafaelito Mejías y, a las seis de la tarde al solemne acto de Coronación de la Virgen de los Dolores que se celebró en la plaza de María Pita.

La plaza mayor de La Coruña, a la que da nombre la heroína por excelencia -María Pita- que tanto contribuyó, junto a otras mujeres y hombres anónimos y a los Soldados de los Tercios embarcados de Infantería de Marina retornados de la Gran Armada y a los de la guarnición de la plaza, a la defensa de la ciudad, cercada por los ingleses, en 1589, estaba abarrotada de coruñeses mostrando su profundo respeto y devoción a la imagen de Nuestra Señora.

La imagen de la Virgen llegó a la plaza, procedente de San Nicolás, escoltada por efectivos del Cuerpo de Seguridad y abriendo la comitiva los Batidores y la Banda de clarines montada del Regimiento de Artillería 3º de Montaña.

Una vez en la imagen en la plaza, se inició la ceremonia religiosa de coronación. La Corona, la ciñeron sobre las sienes de la imagen el Infante D. Jaime y el Arzobispo de Santiago de Compostela.

El Regimiento de Artillería 3º de Montaña disparó las veintiuna salvas de ordenanza, mientras fuerzas del Regimiento de Infantería “Isabel la Católica” nº 54, rendían los honores establecidos reglamentariamente.  

El buque planero “Giralda”

A la conclusión del acto de coronación, se organizó una procesión, presidida por el Infante que recorrió las principales calles del centro coruñés, acompañando a la imagen de la Virgen de los Dolores hasta su templo de San Nicolás.

El lunes, 19, por la mañana, D. Jaime visitó la Grande Obra de Atocha y posteriormente, se trasladó al Palacio Municipal donde presidió la inauguración de las Jornadas Médicas, saliendo a su conclusión, por carretera, con dirección a Santiago de Compostela, dando así la visita por terminada.

Con relación al buque planero de la Armada “Giralda”, surto en el puerto coruñés en estas jornadas, señalar que fue adquirido por la Armada, a un particular, poco antes del inicio de la campaña de 1898.

Su botadura se registró el 28 de agosto de 1894, siendo asignado a la Armada a finales de marzo de 1898. Con un desplazamiento de 1.609 tn., su eslora medía 95 m., con una manga de 10,50 y un puntal de 5,80. Disponía de un aparejo de tres mástiles.

Dos máquinas de triple expansión le proporcionaban una fuerza de 8.500 cv. y una velocidad de 20,9 nudos. Durante la guerra hispano-norteamericana había sido armado con siete cañones de 47 mm. y dos ametralladoras que, una vez concluida la contienda, quedaron reducidos primero a cuatro de 57 mm. y finalmente a dos del mismo calibre. Su dotación era 105 hombres. El buque causó baja en 1934.

Tras servir durante varios años como Yate Real, en 1918, una vez realizado un recorrido completo en los astilleros, fue convertido en Buque-escuela y, a partir de 1920, quedó adscrito a la Comisión Hidrográfica, como buque planero, manteniendo esta función hasta su baja en 1934.  

El “Giralda”, en funciones de Yate Real había visitado La Coruña en agosto de 1900, acompañando al Rey D. Alfonso XIII y la Reina Regente Dña. María Cristina, en la que sería la primera visita del monarca a nuestra ciudad, a la que ya nos hemos referido en un artículo anterior publicado en “El Correo de España”.