Durante la campaña de Vizcaya de 1937, el ejército Nacional, formado en su mayor parte en aquella ofensiva por las Brigadas de Navarra, de mayoría carlista, derrotó en una serie de duras batallas al llamado “Eusko Gudarostea” (ejército vasco), formado por 28 batallones, tanto de los partidos de izquierdas como de los separatistas y que la debilidad del gobierno central republicano de Largo Caballero había puesto al servicio del “lehendakari” José Antonio Aguirre, del PNV. Aguirre, eso sí, tan aficionado a jugar a general, resultó un incompetente estratega y organizador militar. Los gudaris fueron perdiendo todas las batallas frente a los requetés durante los meses de la primavera de 1937. Es verdad que los nacionales contaban con la ventaja de disponer de una aviación y una artillería mucho mejores pero los gudaris hubieran debido compensar esos factores con su superioridad numérica y con el hecho de que disponían de la ventaja que suponía defender un territorio agreste y montañoso desde las cumbres de las montañas y las posiciones elevadas.

Ya antes en el verano anterior de 1936 los requetés navarros se habían apoderado de Guipúzcoa aplastando a las milicias marxistas y separatistas, durante el mes de agosto. Y en diciembre los requetés alaveses y la Guardia Civil habían derrotado totalmente a los gudaris, que atacaron en número muy superior, intentando tomar Vitoria. Es lo que se conoce como batalla de Villareal de Álava, en la que murieron 800 gudaris. Ahora el nuevo gobierno vasco cuya autoridad estaba limitada a Vizcaya confiaba en hacerlo mejor y parar a los requetés en Vizcaya.

No fue así y los requetés se fueron imponiendo, causando muchas más bajas a los gudaris que a la inversa durante la campaña de Vizcaya. Para que se vea la dureza de aquellos combates y de aquella campaña echemos un pequeño vistazo a los diarios de campaña de unidades requetés durante la fase final de la campaña, tomando como fuente la obra del clásico de la historia militar de la guerra civil, el coronel Martínez Bande. El 14 de junio durante la lucha por la estratégica posición conocida como Santo Domingo era esencial tomar una estratégica estación de radio protegida por ametralladoras y un tanque. Para asaltar la estación de radio era necesario cortar una alambrada. Para esta difícil misión se presentó voluntario el cabo Isasi.

El capitán del Burgo Torres y sus requetés de la V Brigada de Navarra se apoderaron luego de una casa situada cerca de la estación. El enemigo que disponía de 6 batallones, el tanque y sus ametralladoras, abrió fuego impidiendo totalmente el avance de los requetés. El Tercio de Requetés tuvo que refugiarse en el lindero del bosque y parapetarse. Pero la oportuna llegada de refuerzos a cargo de la Bandera de Falange de Navarra y el Tercio de San Miguel permitió asaltar la posición con granadas y neutralizar la resistencia enemiga, causando grandes bajas a los gudaris.

Se había dado un nuevo avance hacia la toma de Bilbao, que iba quedando cercada por el avance de las Brigadas de Navarra. La mejor sangre navarra se seguía derramando generosamente en pro de la salvación de España.