Palabras del Caudillo, constituyen una serie de Discursos, Alocuciones, Mensajes,  y Declaraciones a la prensa, que brotaron de manera directa de los labios del Caudillo.

A través de dichos escritos, pueden comprenderse muchas cosas; entre las más importantes a mi juicio, está  el convencimiento de Franco, de que el “bando contrario” no lo era en conciencia, sino impulsado y articulado, por fuerzas hostiles y secretas que buscaban la aniquilación de España y en consecuencia, las personas que formaban el “bando contario”, no eran específicamente el enemigo, sino españoles que habían sido engañados y manipulados. Por ello, en su último mensaje, en los umbrales de su muerte, refirió: “pido perdón a todos los que  se declararon mis enemigos, sin que yo los tuviera como tales”.  Nuevamente el espíritu conciliador y ayuno de rencor del Caudillo.

En las líneas que siguen, me permito redactar dichos escritos, de manera textual, en cursiva, y progresivamente publicarlos.  Las frases relevantes están subrayadas; ya que creo sinceramente que constituyen la fuente en la que hemos de continuar bebiendo.

¡¡Arriba España; Viva Cristo Rey!!

 

DISCURSO PRONUNCIADO CON MOTIVO DE LA CONQUISTA DE GIJON

 

22 de octubre de 1937.

ESPAÑOLES: 

No hace muchos días os reuníais aquí  con motivo de la conquista de Santander. El frente Norte iba cayendo trozo a trozo y sólo quedaba Asturias que si a los españoles blancos nos rememora la fe de un pueblo,  para los españoles rojos significaba el baluarte de la revolución rusa, el baluarte del Comunismo, el baluarte de los hombres más afamados del campo rojo.

Pero el empuje de nuestras armas, el arranque de nuestros soldados, fueron bordando de boinas coloradas los riscos y las peñas, los montes enormes de la Sierra de Cuera, los desfiladeros inaccesibles de El Pontón y de Pajares, y al lado de esas boinas rojas que florecían en lo alto de montañas inaccesibles, se bordaban de camisas azules las peñas de los puertos de Tarna y Vergarada y era también la sangre de los falangistas la que brillaba en aquellas montañas.

Así se alumbraba el resurgir de España. Era el resurgir de la juventud de un pueblo que marcha, de un pueblo que se pone en pie, de un pueblo que lucha por lo que es su aspiración, contra todos cuantos a ello se oponen, un pueblo que dice a Europa: ¡Aquí está España, aquí está España, aquí está España!
Y al recibir hoy vuestro calor, estas muestras de entusiasmo por el fin de la guerra en el Norte, yo las dirijo a las madres de esos soldados que en los inviernos resistieron en las peñas del Norte, a los que cayeron en Belchite, a los que aguantan el empuje en la Ciudad Universitaria, a los que en tierras de Andalucía defienden un día y otro el territorio liberado.

Para todos ellos, es vuestro homenaje, porque si a unos les cabe la gloria de llegar a los confines de España y liberar a los españoles oprimidos por el yugo soviético, a otros les cabe la honra, entre las lluvias o las nieves del invierno, o bajo el sol abrasador del verano, de defender unas trincheras poniendo en el empeño el corazón, dirigiendo la mirada al cielo, brazo en alto, mientras con entusiasmo indescriptible, con profundo amor a la Patria, gritan como nosotros:  

¡ARRIBA ESPAÑA! ¡VIVA ESPAÑA!