Tan solo quince días después de que el Gobernador Civil de Madrid, Marqués de Vadillo, clausurase, a principios de febrero de 1907, el Circo de Price por aquella, según la denuncia del Comisario Jiménez Serrano, inmoral obra titulada “La diosa de Placer” que interpretaban las vedettes Elvira Lafont, Antonio La Cachavera y Pepita Sevilla, multadas con 1.000 pesetas, al igual que el empresario Francisco Cartolano, que había tenido que responder con dos billetes verdes, para hacer frente a los gastos que se derivasen del juicio, que tendría lugar en Madrid, tres años después.

Pues bien, desafiando a las autoridades, Cartolano decidió volver a abrir el Price con nuevos números, anunciando esta vez un concurso de Machichas, que otorgaría al ganador del mismo, un sustancioso e importantísimo premio de mil pesetas. Las parejas que iban a contender, en tan sugerente concurso, eran las formadas en principio por Elvira Font y Pepita Sevilla contra Antonia “La Cachavera” y Rosario Tordesillas. Estas parejas cambiarían tras unas funciones, para hacer más atractiva la competición. El público, para llevarse el suculento premio de mil pesetas,  debería apostar por la pareja que creyera que iba a ganar la prueba. Ni que decir tiene que, ante las rotundidades ebúrneas de las cuatro vedettes, el público asistente fue en su mayoría masculino.

La Machicha, que tan bien interpretaban “Las Argentinas" y la “Fornarina”, en el Teatro Eslava, era uno de los bailes más procaces y atrevidos de aquella España de la primera década del siglo XX. Junto al Garrotín, era sin duda el más deseado y aclamado por el público. Un baile nacido en Argentina o quizás en Brasil, con marcados toques caribeños, que las vedettes, tiples y vicetiples, bailaban con vaporosos e insinuantes vestidos, que dejaban ver mucho más allá de lo permitido y que, como relataremos, provocaría un escándalo de proporciones mayúsculas.

En la noche del 24 de febrero, bajo la dirección de Cartolano, se anuncia el concurso de Machicas. El público acude en masa a la representación, llamados, además de por el gran premio de mil pesetas que se ofrece, por la curiosidad de ver si Cartolano, apercibido por el Gobernador Civil, tras el escándalo de “la diosa del placer”, rebajaba o aumentaba el tono de atrevimiento y picardía de sus números de baile.

En uno de ellos, que entraba en el concurso, titulado “La Arabia Feliz”, las dos parejas contrincantes bailan una Machicha, Todo discurre con normalidad, hasta que una voz anónima, salida del público, pide más picardía, algo que será coreado por innumerables espectadores. Actúa en ese instante Pepita Sevilla, a quien no le hace ninguna gracia el comportamiento del público y al que dirige, sin miramientos, un rotundo corte de mangas, con la higa o peseta por bandera.

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Antonia “La Cachavera” bailando la machicha.

El público, soliviantado ante el gesto de la vedette, organizó una bronca de las que hacen época, obligando a intervenir al Teniente del Cuerpo de Seguridad, López Salgado, que se encontraba, junto a un grupo de Guardias, dentro del Price, que ante la irascibilidad del respetable, no tuvieron más remedio que desenfundar sus sables para repartir estopa a diestro y siniestro, logrando desalojar el Circo de Price, llevando la bronca a la plaza del Rey y a la calle del Barquillo, donde los Guardias continuaron, haciendo frente con dureza, a los encendidos y agraviados espectadores. Pepita Sevilla sería detenida y conducida a la comisaria del Hospicio, donde tendría que pasar la noche. A eso de las cuatro de la madrugada, el empresario Cartolano, pagó la fianza de cuatrocientas pesetas y Pepita salió en libertad.

No sería Pepita la única encausada en aquella bronca. El empresario Cartolano era multado con quinientas pesetas. Se prohibía el concurso de Machicha y de nuevo se clausuraba el Price. También se denunciaba a Antonia “La Cachavera” por “bailar demasiado alegremente”, decía la denuncia, “la Machicha”.

En el juicio, celebrado días después, Pepita y Antonia, comparecen ante el juez del distrito del Hospicio. Pepita se declara inocente y dice no haber realizado ningún gesto obsceno, pues tan solo levantó el brazo para llamar la atención de su compañera Antonia, para que esta saliese a escena. Su versión será echada por tierra por “La Cachavera”, que declararía que era imposible que la estuviese llamado su compañera, pues ella se hallaba al otro lado del escenario, señalando que a ella no tenía que llamarla nadie, pues conocía a la perfección su papel y era la música quien marcaba sus apariciones en el escenario, Declaró, que ya se encontraba bastante incomoda con la denuncia que pesaba contra ella por la obra “la diosa del placer”, como para venir a mentir en ese nuevo juicio.

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Pepita Sevilla.

Finalmente declararía el Teniente López Salgado que se ratificó en su declaración, haciendo responsable a Pepita Sevilla del grosero gesto que encendió a las masas aquella noche. Afirmó, que tuvo que usar la fuerza de los sables, al ver a los espectadores tan furibundos y exaltados, que amenazaban con subir al escenario a agredir a las tiples y coristas.

La enorme bronca se saldó con multas. Se reabrió el Price, manteniéndose las formas durante unos días para tranquilidad del Marqués de Vadillo. Incluso un diario de Madrid, de forma jocosa, recomendaba al empresario del Price, Cartolano, poner en lugar destacado en los carteles anunciadores de sus espectáculos lo siguiente: "Si el público pide machicha acentuada, los Guardias le suministrarán un calmante de evidentes y eficaces resultados. Se suplica el árnica". Cartolano, inasequible al desaliento en aquello del destape, sin duda no escarmentó. Fue un tiempo curioso, único e irrepetible en la gran historia de nuestra querida España.