Es muy posible que la mayoría de los lectores, incluso la mayor parte de los españoles, especialmente los de tierra adentro, al leer este título, ni siquiera sepan a qué nos estamos refiriendo.

El “BS-11”, acrónimo de Buque de Salvamento, el primero de la primera serie, es un Remolcador de Altura polivalente, propiedad de la Sociedad de Salvamento y Seguridad Marítima (SASEMAR), una entidad pública, encargada del salvamento en la mar y la seguridad marítima, dependiente del Ministerio de Transportes.

Este buque, que fue botado en los astilleros vascos de Zamakona de Santurce (Vizcaya), el 28 de marzo de 2006, entró en servicio el 1 de diciembre siguiente.

Se trata del cabeza de una serie compuesta, hasta ahora, por dos unidades y está concebido para misiones de rescate y remolque en alta mar, en todo tipo de condiciones. Está preparado para la lucha contra la contaminación por causa de las mareas negras, utilizando barreras y dispersantes. Igualmente, tiene capacidad para apoyar a buzos en trabajos subacuáticos.

Su eslora es de 80 m., con una manga de 18 m., un puntal de 8,25 y puede desarrollar una velocidad de 17,50 nudos, contando con una dotación de 18 tripulantes.

Pues bien, este buque, no sabemos muy bien las razones, fue bautizado, en su día, como “Don Inda”, en honor al siniestro Indalecio Prieto Tuero, miembro del PSOE y uno de los promotores, según sus propias palabras, del golpe de Estado contra la República en 1934 y responsable directo del inicio de la guerra civil en 1936.

Desconocemos el motivo que llevó al responsable de turno, dentro del nefasto gobierno de otro oscuro personaje del presente siglo XXI, Rodríguez Zapatero, a bautizar con este nombre un buque capaz de prestar tan buenos servicios como el “BS-11”.

Suponemos que tuvo que haber algún motivo, además de su militancia en el PSOE, para que, con su nombre se bautizase un buque de salvamento. Descartando el hecho de ser originario de tierras marineras, que no era el caso, ya que había nacido en Oviedo, creemos que tal honor -para él, que no para el barco-, puede deberse a una relevante “hazaña”, relacionada con en el mundo de la náutica, de la que fue protagonista este personaje junto con otros correligionarios de su mismo partido. Nos referimos al alijo, en la costa asturiana, frente a la localidad de San Vicente de Pravia, de las armas y municiones que transportaba el buque “Turquesa”, destinadas a apoyar la revolución asturiana contra el gobierno de la República y que tantas vidas costó.

Aquella noche del 10 de septiembre de 1934, Prieto, eludió su casi segura detención, por parte de una pareja de Carabineros, engañándolos al darles como excusa para justificar su presencia en la zona del desembarco de la mortal mercancía, que iba de “gatos pardos”, como se suele decir, o a “echar una canita al aire” con tres mozas y que, dada su condición de personaje público, no deseaba ser identificado. Los Carabineros, lo creyeron a pies juntillas e incluso le ofrecieron la mano que él, en una demostración más de cinismo, se la extendió.

Luego, cuando las cosas le fueron mal, huyó, de forma “valiente” y “gallarda”, a París, donde se mantuvo hasta que salió elegido diputado tras las fraudulentas elecciones de febrero de 1936, que dieron entrada al nefasto y criminal frente popular.

Sin embargo, las huidas de Prieto no concluyen ahí ya que, al ver que la guerra concluía con la derrota del ejército rojo, se embarcó en el yate “Vita” -otra de sus grandes gestas navales-, llevándose consigo una buena parte del tesoro expoliado por el frente popular a los españoles, para dirigirse a Méjico, donde vivió, como un “pachá”, hasta su muerte en 1962, ocupando entre los años 1948 y 1951 la presidencia del PSOE en la diáspora.

Caso de no ser alguna de estas gloriosas “hazañas” el motivo principal que tal vez inclinó a quien decidió bautizar el buque de referencia con el nombre de este personaje, puede que fuese el hecho de haber ocupado la cartera de Marina durante la guerra civil. Sin embargo, aquellos que conozcan un poco de la historia naval de España sabrán, sin lugar a dudas, de los grandes “éxitos” de la Marina del frente popular que, pese a contar con la mayor parte de la Escuadra -cruceros, destructores y submarinos-, fue incapaz de hacer frente a la Escuadra nacional, inferior en número, pero notablemente superior en cuadros de mando.    

De hecho, si examinamos los datos, veremos que la Escuadra que quedó afecta al bando nacional, estaba compuesta por un acorazado (España); dos cruceros pesados (Canarias y Baleares); dos cruceros ligeros (Almirante Cervera y Navarra); dos destructores (Velasco y Ciscar); cuatro minadores que entraron en servicio en plena guerra (Júpiter, Vulcano, Marte y Neptuno); otros dos en construcción (Eolo y Tritón); cinco torpederos (nº 2, 7, 9, 16 y 19) y cinco cañoneros (Lauria, Cánovas del Castillo, José Canalejas, Eduardo Dato y Calvo Sotelo).

Por el contrario, la escuadra cuyo Ministro era Prieto, disponía de un acorazado (Jaime I); tres cruceros ligeros (Libertad, Miguel de Cervantes y Méndez Núñez); quince destructores (Sánchez Barcaiztegui, José Luis Diez, Almirante Ferrándiz, Lepanto, Churruca, Alcalá Galiano, Almirante Valdés, Almirante Antequera, Almirante Miranda, Gravina, Escaño, Ulloa, Jorge Juan, Alsedo y Lazaga); nueve torpederos (nº 1, 3, 4, 14, 17, 18, 20, 21 y 22) y doce submarinos (B-1, B-2, B-3, B-4, B-5, B-6, C-1, C-2, C-3, C-4, C-5 y C-6).

Una diferencia de fuerza más que notable que, a todas luces, pone en tela de juicio la mala gestión, bien por acción, bien por omisión del Ministro de Marina de turno, en este caso Indalecio Prieto quien no fue capaz de dotar a la Armada dependiente de su Ministerio de un Estado Mayor capaz de hacer valer su manifiesto poder naval.

Creemos que hay muchos nombres para denominar un buque de las características del “BS-11”. La Historia de España, es rica en gloriosos personajes vinculados al mundo de la mar que supieron llevar, con honor y gallardía, el nombre de nuestra Patria por todos los mares de la tierra.

Pero aún prescindiendo de marinos, descubridores, conquistadores, etc., todos ellos con infinitos más méritos que el tal Indalecio Prieto, que no tiene ninguno salvo haber causado muerte y dolor en muchos hogares españoles, quedarían nombres más apropiados, como “Coloso”, “Titán” o “Cíclope”, para bautizar un barco con las características y misiones del “BS-11”.

Por cierto, que el segundo de la serie, el “BS-32”, gemelo, pese a su numeral, del “BS-11”, lleva el nombre de “Clara Campoamor”, otra política, curiosamente republicana, que, si bien fue defensora, lo que la honra, del sufragio femenino, pese a la oposición de una buena parte de la izquierda, entre ellos los socialistas, no guarda vinculación alguna con la mar ya que ni tan siquiera nació en una ciudad portuaria.

Sin duda, el nombre de esta mujer, nada tiene que ver con el que lleva su buque gemelo, sin embargo, tampoco nos parece lógico que dos políticos de la época republicana, la más oscura y malvada de nuestra historia, den nombre a dos barcos del Estado.

Ha habido muchos y muy buenos políticos en España que, incluso dieron su vida por ella -Cánovas, Canalejas, Dato o Calvo Sotelo-, para que se tenga que recurrir a dos que, por cierto, huyeron de España; eso sí, Clara Campoamor quiso regresar en 1940 y no lo hizo al enterarse que estaba procesada por su pertenencia a una logia masónica. Ignoramos si tal extremo es cierto o no.

En cualquier caso, dejando a un lado, a Clara Campoamor que, probablemente se lo merezca, lo que nos parece inaudito es que un buque de España lleve el nombre de un personaje de la catadura de “Don Inda”. Por eso, tal vez convenga aplicar, también en este caso, la Ley de la “memoria democrática” socialista.