Los más antiguos de lugar aún recordaran que en la calle Porta de l’Àngel -donde hoy hay una tienda Mango- durante muchos años hubo una librería llamada la Hormiga de Oro. Un sitio de referencia para parte del carlismo catalán. Pues bien, antes de ser librería, este nombre fue una revista que fundó Luis María de Llauder. El director de la misma era Luis Carlos Viada y Lluch. Nació en Barcelona el 11 de julio de 1863. Fue publicista, escritor y periodista. Pasó por periódicos carlista como La Comarca Leal de Vic, El Sarrianés, El Correo Catalán, Biblioteca Popular Carlista, El Correo Español, La Ilustración Musical, La Ilustración Artística, La España Moderna, La Creu del Montseny, Lo Pensament Catalá y en L’Iride. Tradujo al castellano a dante Aligheri, Henry Wadsworth Longfellow, Hugo Fósoclo, Lewis Wallace, René Bazin, Ernest Eckstein, o Amalia Gulinelli.

 

Se consagró a la lexicografía y a la bibliografía -a pesar de que a los 13 años se vio obligado a suspender sus estudios y a empezar como aprendiz cajista en una imprenta- de la primera ya había dado muestra en sus Observaciones al Diccionario de la Real Academia (Barcelona, 1887), libro que le mereció los elogios de la crítica y un oficio de la Real Academia, y de la segunda en las biobibliografías de Impresores barceloneses, que publicó en varias revistas. Desde la 15.ª edición del Diccionario de la Real Academia Española figuró entre los colaboradores del mismo. También puso a servicio del Diccionario de Diccionarios, de Arturo Masriera, sus conocimientos en lenguas neolatinas y sus trabajos de investigación en lexicografía castellana.

 

El 5 de mayo de 1921 fue recibido como individuo de número en la Real Academia de las Buenas Letras de Barcelona tratando en su discurso De la limpieza, fijeza y esplendor de la lengua castellana en el Diccionario de la Real Academia Española, y dos años después fue nombrado miembro de la Real Academia Gallega. De su amor al libro dio relevantes pruebas con la publicación de sus Aforismos rimados, en 1927, año en que también le fue premiado por la Cámara del Libro de Barcelona su curioso trabajo Las Vírgenes del Libro. En su última obra, Los que no leen a Cervantes (1935), hizo un inventario de los verbos, adverbios, sustantivos y frases usadas en El Quijote. De su obra poética incluimos el siguiente ejemplo:

 

Según que use en sus versos el poeta

la métrica de Italia o de Castilla,

compondrá una sextina o una sextilla,

un cuarteto o cuartete, o una cuarteta. 

Si el quinteto a ocho sílabas sujeta,

quintilla llamáralo; y octavilla

a la octava, y al terceto, tercerilla

será que a iguales límites someta. 

Sonetistas que en metro castellano

soneteáis, y cada sonetada

vuestra llamáis, al modo italiano,

soneto: ¿no es más lógico y sencillo

que, usando la voz propia y adecuada,

la llaméis simplemente sonetillo?

 

Antonio Palau Dulcet, en 1935, escribió Memorias de un librero catalán: 1867-1935. En este libro encontramos la siguiente reseña bibliográfica de Luis Carlos Viada que pasamos a transcribir. Decir que Antonio Palau era uno de sus mejores amigos. Sobre viada escribió:

 

El Reverendo Jaime Barrera dice de él:

Jovencito, pero sólidamente formado en el estudio de humanidades, Viada y Lluch fue excelente alumno del Colegio del Obispo, al cual venía incorporada la segunda enseñanza. Ese Colegio de Nobles o de Cordelles. se levantaba en la Rambla de los Estudios, junto a la Iglesia de Belén. Viada y Lluch habla visto y recorrido la Biblioteca Episcopal, sita en el primer piso de dicho Colegio, con sus dilatadas estanterías, barnizadas de azul obscuro y presididas por el busto de Gimbernat. También la Sala especial de Escritores Catalanes, con tanto amor enriquecida por Félix Amat y sus sobrinos Félix Torres Amat y el laborioso Ignacio Torres Amat.

Sigue diciendo que Viada y Lluch, buscando ambiente más propicio a sus vocaciones literarias, emigró a una ciudad ideal, que Saavedra Fajardo llama República Literaria:

Edificándose una casa de libros, que en ciertos casos, son materiales más duros que piedra viva. Dos gruesos y formidables muros forman el albergue y escondrijo de ese antiguo repúblico de las letras. Volúmenes de clásicos castellanos, ligados o alternando con los italianos... Otros de cosas o impresores de impresores de Barcelona, principalmente los productos salidos de las oficinas de Pedro y Pablo Malo y de Sebastián Cormellas.

Trazando un merecido elogio del amor del libro que mueve a Viada y Lluch, prosigue Mosén Barrera:

Durante sus descensos del Ensanche a la vieja ciudad, gusta de ver a los amigos y comprar libros. Con frecuencia deambula por las angostas calles del barrio del Call, en donde se complace en admirar los esgrafiados de la Casa Cormellas, la célebre oficina que tantos libros produjo entre 1592 a 1700. Y centenares de veces ha pasado por la antigua Riera del Pino para rememorar los fecundísimos bibliópolas, Pedro y Pablo Malo, los libros de los cuales, siempre interesantes, ostentan el pie de imprenta entre los años 1557 a 1592.

Recogido en su ideal repúblico, Viada y Lluch reunía y daba a las cajas sus Ensayos poéticos, hacia 1882, al paso que nos traía de Italia numerosas versiones poéticas de una fidelidad sólo comparable al esposo cristiano. Y sin abandonar la lectura y consulta de sus queridos libros, sacaba a luz las ediciones de: "Pastores de Belén, prosa y versos divinos por Lope de Vega", Barcelona, 1905 ; "El libro de oro de la vida. Selección de pensamientos morales de los clásicos castellanos", Barcelona, 1906. Por medio de la Editorial Doménech: "Castillo interior, por Santa Teresa, con prólogo y variantes", y "La Galatea, por Cervantes".

Tamaña tarea reclamaba momentos de distracción. Por esto el repúblico, con voz activa y pasiva de la idea bibliópolis, y con cien seudónimos desconcertantes, colaboraba con rimas inquietas o festivas, en aquellos semanarios que tan pintoresca hacen la hemeroteca catalana, L'Espurna, El Burinot, Lo Crit de la Patria,* L'Ingríngulis, Don Ramon, El Sarrianés, Lo Mestre Titas, La Comarca Leal y otros.

Con el poeta Verdaguer colabora en Lo Pensament Catalá,* y en La Creu del Montseny. Gratos recuerdos. Viada era el traductor castellano preferido por Verdaguer... Intervino asaz directamente en la impresión de algunas obras del gran poeta, Santa Eulalia y Montserrat, los autógrafos de los cuales conserva nuestro excelente amigo. Del propio Verdaguer aún podría publicar una obra inédita: Santa Maria del Socor.

Colaborador de la edición políglota de Lo Gayter del Llobregat, se complace en trasladar versos de una a otra lengua. Para semejante tarea aporta una preparación admirable: sus grandes conocimientos lexicográficos del latín, italiano, castellano y catalán. La vulgarización de bellos libros fué continuada por él, preparando para la Editorial Ibérica, el Romancero del Cid, Entremeses, de Cervantes, y El Bandolero, de Tirso de Molina.

Para la Casa Montaner y Simón, la más fuerte de las editoriales barcelonesas, ordenó, en 1915: Los Pecados Capitales, prosas clásicas y versiones de antiguos autores catalanes. En 1913 reproduce Los Lusiadas, versión castellana en verso por Luís Gómez de Tapia. En 1912 nos da una fiel y elegante versión castellana de Vita Nuova de Dante Aligheri (...)

Al ser llamado a la Academia de Buenas Letras, Viada escogió un tema lexicográfico para su Discurso de recepción: De la limpieza, fijeza y esplendor de la lengua castellana en el Diccionario de la Real Academia Española, reforzando con esto, sus arraigadas aficiones al estudio crítico del léxico, iniciadas en sus Observaciones y continuadas en el Apéndice II del Diccionario de Diccionarios, edición de Montaner.

El amigo Viada y Lluch, emplea actualmente sus actividades literarias, en La Hormiga de Oro, traduciendo, ordenando y glosando, textos dignos de ser publicados”.

 

En las elecciones al Parlamento de Cataluña de 1932 se presentó por el partido Dreta Catalana, sin salir escogido. Al estallar la guerra civil española una patrulla de control fue a su casa. Destruyeron gran parte de la documentación que conservaba, junto con manuscritos originales y correspondencia. Se lo llevaron detenido. Los colaboradores y empleados de la imprenta de La Hormiga de Oro intercedieron a su favor. Con grandes esfuerzos consiguieron que lo pusieran en libertad. Desgraciadamente Luis Carlos Viada moriría el 2 de febrero de 1938 como consecuencia de las secuelas de las palizas que le habían propinado los milicianos.