Aspectos poco conocidos de las personas ilustres           

La palabra anécdota, de etimología griega, es prural de anécdotos, participio de ekdidonai, con el significado de publicar o dar a conocer, más la partícula negativa a-. El término tiene el significado de aquello que aún no es conocido y ahora se declara. Pero las anécdotas tienen una dificultad: discernir las que son verdaderas de las que no lo son. Ustedes pueden estar seguros de la bondad de nuestras anécdotas, porque fueron recopiladas por otras personas a lo largo de los siglos.

El secreto de Tales de Mileto

Comenzamos con Tales de Mileto y su secreto. El filósofo griego del siglo VI antes de Cristo, Tales de Mileto, que intuyó ser el agua de la vida, conocía la causa de los eclipses. Cuando el día 28 de mayo del 585 dijo que el Sol iba a dejar de alumbrar momentáneamente, todos se rieron. Acertó, y desde entonces, ya no se rieron de él. Pero si como sabio era competente, como persona era muy patoso, y andaba siempre distraído y cayendo en cuantos hoyos y desniveles encontraba en el camino, por lo que decían de él: “mira tanto a las estrellas que no ve donde pone los pies”. Cuando en vísperas de su muerte perdió la vista y no pudo ya observar el movimiento de los astros, exclamó: “Gracias te doy, oh Zeus, porque me acercan a ti, ya que desde la tierra no podía ver la grandeza y hermosura de las estrellas”.

Emperador y poeta místico

Publius Aelius Hadrianus nació en Itálica en el año76, y sucedió a Trajano en 117. Su padre, primo de este emperador, estaba casado con la gaditana Domicia Paulina. Murió el día 9 de julio de 138. Para su enterramiento había mandado construir el actual castillo de Santángelo. En su lecho de muerte compuso este breve poema dirigido a su alma:

Pequeña alma, blanda, cariñosa,

huésped y compañera de mi cuerpo,

¿a qué regiones te encaminarás ahora,

pálida, yerta, desnuda,

sin gastar bromas, como solías…?

 

Algunos han querido ver en esta composición cierto resabio cristiano, pero no es así: en su tiempo tuvo lugar la cuarta gran persecución de los cristianos. Decían que había sido el más sabio de los emperadores. De su capacidad e inteligencia corrieron numerosas anécdotas; llegaron a decir que le bastaba leer una vez un libro para saberlo de memoria, podía dictar numerosas cartas a la vez, y dominaba todas las ciencias sin olvidar las artes, ya que era excelente músico y formidable pintor.

 

Entre la convicción y la soberbia

 

Alfonso X el Sabio fue el primer hombre medieval que dudó de las teorías astronómicas de Tolomeo. Fue este rey de Castilla quien, con la ayuda de la ciencia de su tiempo, de los sabios judíos, moros y cristianos, elaboró las Tablas Astronómicas que llevan su nombre. Tan pagado y contento estaba el monarca con su trabajo en 1252 que alguien dijo que exclamó: “De haberme tenido Dios a su lado cuando creó el universo, acaso hubiera Él escuchado alguna observación que yo le habría hecho”.

 

De lo que le pasó a un pintor con cierta dama

 

Tranquillo de Cremona era un pintor detallista, concienzudo y exigente. Tenía fama a mediados del siglo XIX, en Roma, donde poseía su estudio. En cierta ocasión una dama de la alta sociedad le pidió que hiciera su retrato. El pintor tenía que trasladarse todas las tardes a su casa. La dama, ya metida en años, quería aparentar una juventud que realmente no poseía, por lo que pasaba horas ante el espejo probándose vestidos, peinados y floripondios. Tranquillo de Cremona, que era más bien nervioso y hacía poco honor a su nombre, se impacientaba al ver a la dama maquillarse, empolvarse y pintarse labios y mejillas repetidas veces, y no pudiendo soportarlo más se encaró con su cliente y le dijo: “Vamos a ver, Señora, ¿qué quiere, pintarse Ud o que la pinte yo? Tenga la bondad de decidirse, porque no puedo perder más tiempo”.