Seguimos analizando los principios básicos de los nacionalistas, a la luz de sus escritos. El nacionalismo, como saben, aspira a la independencia absoluta del pueblo vasco, restaurándose ésta conforme a lo esencial de su tradición religiosa-política, para construir a esta parte del Pirineo y del Bidasoa la confederación de todos los antiguos estados de la raza vasca. Porque, para ellos, no hay verdadera unión entre los hombres, sin la unidad de pensar y sentir, y no hay unidad donde preexiste oposición. La unión supone, para que pueda constituir medio de fuerza, exclusión de elementos incompatibles. El partido nacionalista de los vascos ha nacido y vive para la patria vasca, que es una Vizcaya libre en una Euskadi libre.

Del análisis de los escritos que disponemos, se desprende que los nacionalistas vascos consideran las familias como el pueblo, en perfecta igualdad de derechos: los pueblos, forman la región o merindad, sin que afecten las diferencias de riqueza o de población; las regiones componen la República o Confederación Bizkaína. Todos libremente asociados, de forma que la familia puede emanciparse del pueblo; el pueblo de la región, ésta del Estado, con la misma libertad que tuvieron al asociarse.

No terminamos de entender este concepto idílico de equilibrio político en el tiempo. Por eso les transcribimos literalmente uno de los textos consultados sobre esta materia: “Los estados bizkaínos tenían derecho a vivir independientes los unos de los otros, y, por lo mismo, eran dueños absolutos de si mismos, tenían también derecho a confederarse unos con otros cuando les pareciese oportuno, y en el perfecto uso de ese derecho, lo hicieron así y constituyeron lo que llamamos Bizkaya. Desde ese momento todos eran ya voluntariamente ciudadanos de una misma República, como por naturaleza eran hijos de una misma familia, de una misma raza”.

Algún acontecimiento hemos debido de perdernos, ya que seguimos sin entender el tiempo y momento histórico a que se refiere el párrafo anterior. Aunque todavía les transcribimos otro texto que amplía los conceptos precedentes: “Esto no significa que Bizcaya ha de presidir las otras regiones de Euskaria. No. Alaba, Bizcaya, Guipuzkoa, Lapurdi, Napará, Naparóbera y Suberoa son pueblos hermanos por lazos naturales de raza, idioma, carácter y costumbres, y según la política nacionalista, están llamadas a formar una confederación”.

Larga sombra, nunca negada, la de Sabino Arana

Tampoco alcanzamos a diferenciar si hablan de hechos que realmente sucedieron o de acontecimientos en abstracto, o que puedan tener lugar en un futuro indeterminado. Las fuentes consultadas para este comentario corresponden a una colección de pensamientos seleccionados de los escritos de Sabino Arana, publicados después de su muerte, de su alma y de su pluma, en los que aparece su firma como a él le gustaba: Arana ta Goiri’taŕ Sabin, fallecido en 1903. Que cierra estos argumentos con el comentario que sigue: “Los primeros nacionalistas de acá, que alzaron su bandera en tierras bizkainas, de la que eran hijos, lo primero que tuvieron que hacer para alzarla fue renunciar a la independencia política de Bizkaya, por la unión y libertad de toda Euskadi. Porque bizkainos serán bizkainos cuando son patriotas, pero antes que bizkainos son vascos”.

El objetivo de unidad lo encontramos de manera expresa en el siguiente párrafo: “Pero es preciso que nos unamos, no con unión ficticia y exterior, sino dentro de una perfecta unidad de pensamiento. Para ello hay que rechazar toda idea política españolista y abrazarnos a la bandera en cuyos pliegues está grabado nuestro sacrosanto lema: Jaun-Goikua eta Lagi-Zará”.

La Confederación Vasca a la que aspiran los nacionalistas se basa en tres principios. Primero: Que se constituya por voluntad libre y expresa de todos y cada uno de los estados vascos y con los mismos derechos en la formación de sus bases. Segundo: Que una vez establecida aquella, todos los estados tendrían los mismos derechos e idénticas obligaciones. Tercero: Que a los confederados no les ligaría más que el orden social y las relaciones con el extranjero, permaneciendo con la misma independencia tradicional. Como si los nacionalistas o bizkaitarras no pretendieran la absorción de los estados tradicionales en uno mayor.

Ellos mismos reconocen que en las bases de la confederación nacional de nada serviría la tradición, ya que no ha existido en la historia. Y necesitan los lazos confederativos para que la unión sea sólida y duradera: unidad de raza y unidad religiosa. La primera es la materia nacional y la segunda el espíritu que la informa. Y todavía incorporan dos bases más: libertad para separarse e igualdad de derechos y deberes confederales.

Para los nacionalistas la libertad del liberalismo constituye una farsa y mentira que se sintetiza en el lema: Guerra a Cristo. Por el contrario, la fuerza del nacionalismo procede de la tradición religioso-política. ¿Acaso no nos recuerda al carlismo?