1936. La expedición postal regresa a La Coruña en los primeros días de la contienda, Con ellos vuelve la Bandera Rojo y Gualda de la Patria.

Al inicio de la guerra de Liberación española 1936-39, el servicio de correos y propaganda organizó desde La Coruña, una expedición postal con destino a trece provincias españolas. El motivo, enviar a esas provincias sublevadas ante el sectarismo del gobierno marxista y masón del Frente popular,  el saludo de la ciudad de La Coruña, también sublevada, a través de miles de cartas de ciudadanos coruñeses, así como de un  gran número de ejemplares de la prensa escrita.

El viernes 31 de julio, a las siete de la mañana, tres autobuses llenos de sacas de correos, partieron en dirección, el primero a León, Medina de Ríoseco, Valladolid, Aranda de Duero, Soria, Calatayud y Zaragoza: El segundo a Palencia, Burgos, Miranda de Ebro, Vitoria, Pamplona y Logroño, haciéndolo el tercero en dirección, Astorga, Benavente, Zamora, Salamanca, Ávila y Segovia.  Los autobuses en los que figuraba la inscripción “Octava División-Trasmisiones Correos” llevaban en los  costados  grandes rótulos donde se leía. “España única y grande. Galicia saluda a las regiones hermanas”. La expedición, a la que acompañaban tres camiones, en los que se realizaba el transporte, iba escoltada por voluntarios de Falange y Caballeros de La Coruña.

Con ello se pretendía llevar un abrazo fraterno a las regiones hermanas,  que en aquellos históricos cuatro días de julio, del 17 al 20,  no habían caído en poder del Frente Popular y rebelándose, unidas en un mismo y acendrado amor patrio, se mantenían con tesón, secundando el esfuerzo denodado del Ejército, en la causa de la paz y del orden por la salvación de España y la lucha contra el comunismo internacional, la masonería y otros enemigos. Un mensaje dedicado a las demás regiones, enorgulleciéndose de  la perfecta unidad de pensamiento y de acción de las cuatro provincias gallegas para rechazar el sectarismo, la subversión y el marxismo.

El viernes día 7 de agosto regresaron a La Coruña después de cumplir fielmente su cometido. A las doce y media de la mañana, en el Puente del Pasaje eran recibidos los autocares de la expedición. El  C-4700, que había viajado a Pamplona y Logroño con siete miembros de Falange Española, que eran: Segundo López Montenegro, Javier Sanz de Andino, José Trulla, José Cea, Manuel Pampín y Antonio Vela, al mando de Rafael Salgado Torres. Les acompañaba el oficial de correos Bermúdez de Castro; el C-5.455 que fue a Zaragoza con siete Caballeros de La Coruña: Carlos Aranguren, Eduardo Marquina, Garicano, Severiano del Río, Manuel Nieto e Ibáñez, al mando del cabo Enrique Pacheco. El último autobús, que se desplazó a Segovia, iba al mando de Armando Casteleiro, sargento de los Caballeros de La Coruña y lo ocupaban otros seis miembros más de esa milicia coruñesa, los caballeros: Daniel Goyanes, Vasco Guimaraens, Manuel Vela Cuervo, Antolín Barrado, José Luis Aranaz y Enrique Salazar.

  1. Miles de coruñeses saludan el paso de dos vehículos de la expedición postal llenos de Banderas rojo y gualdas

Traían consigo profusión de cartas, periódicos de las ciudades visitadas y misivas de todos los alcaldes con mensajes de cariño y respeto a la ciudad de La Coruña.

Los recibió el teniente coronel de Ingenieros, Arturo Montel, que estaba acompañado por el teniente coronel de artillería, Luis Argudín, el teniente jefe del servicio de trasmisiones, Moreno Torres, el propietario de Radio Coruña, Francisco Hervada y un gran número de afiliados a Falange española. Más de cincuenta automóviles de conocidas familias coruñesas, entre ellas los Losada Rebellón, Argudín Casares, Fernández Obanza, López Sors, Ozores, Mateo Malumbres, Ponte Ferreiro, Vivero Barallobre, Tomás Piñeiro, Lage Lodos, Sanz Miranda, Quiroga, Roura, Coira, Marcos, se acercaron al puente para tomar parte en la caravana de entrada a La Coruña que se formó de inmediato.

El paso de la caravana por el sanatorio de Oza, fue saludada por los niños que se alojaban en el mismo. Ya en el puente de la Gaiteira, la sirena de la CAMPSA cumplimentó con su sonido a los expedicionarios.

Miles de personas esperaban en los Cantones. Al pie del Obelisco estaban las autoridades con el gobernador civil Florentino González Vallés y el alcalde José Fuciños Gayoso en lugares destacados.

Los viajeros descendieron de los autocares a la altura de la puerta del hotel Palas, donde se abrazaron con familiares y amigos. Seguidamente pasaron a ocupar el lugar donde estaban las autoridades, de las que recibieron una efusiva bienvenida. A los acordes de la marcha militar “Bajo la Doble Águila”, interpretada por la banda y música del regimiento de Zamora, se inició el  desfile en honor de los miembros de la expedición postal, que abría tres centurias de Falange al mando del oficial de artillería Oset. La última sección de los falangistas llevaba consigo la Bandera Roja y Gualda de la Patria, primera vez que manos juveniles la exhibían por las calles de La Coruña, después de cinco años de oprobio,  sin miedo a ser multados o detenidos  y que comenzaba a imponerse a la adulterada enseña republicana.

1936 Los coruñeses entonan el Cara al Sol en Los Cantones con motivo de la llegada de la Bandera Rojo y Gualda.  

A la Bandera roja y gualda, le acompañaba la roja y negra de la Falange Española. La Bandera de España fue besada de forma emotiva por multitud de personas que se salieron de  las filas para tal fin. Cerraban la parada militar los Caballeros de La Coruña. Detrás se situaron las autoridades y los expedicionarios que emprendieron marcha hacia el ayuntamiento a través de las calles Real y Riego de Agua. Una muchedumbre emocionada entonó un vibrante “Cara al Sol” en el Cantón Grande y  siguió al cortejo hasta María Pita. Innumerables balcones y ventanas estaban orlados con la bandera Nacional. Vítores y aplausos, gritos de “España si”, “Rusia No” “Franco Si” “Comunismo No”, arreciaron al paso de la comitiva.

En la plaza de María Pita estaban formadas unidades de milicias. El alcalde Fuciños Gayoso, que venía con la comitiva, y el general Bosch, jefe de la División Orgánica  recibieron de forma oficial a los miembros de la expedición. En el salón de sesiones tuvieron para ellos, palabras de bienvenida. “Aquí está de nuevo con vosotros”, dijo el general Bosch, “la enseña de sangre y oro, la bandera de España que traen consigo estos bravos   muchachos”.

Desde el balcón principal, el general Bosch y el sargento de los Caballeros de La Coruña, Casteleiro, se dirigieron a los miles de personas que abarrotaban la plaza. Este fue portavoz de los saludos enviados a La Coruña por parte de las trece provincias visitadas. Visiblemente emocionado agradeció el magno recibimiento de los coruñeses.

Cerró el acto el general Bosch que hizo un  canto a la bandera de España: “La Bandera Roja y Gualda que presidió tantas gestas inmortales. Esta bandera, puede ser, será al caso, restituida al puesto que verdaderamente le corresponde. Lo definirá el gobierno salvador de España que asuma en adelante la tutela de sus destinos. Hoy  sin embargo la bandera oficial es otra, y esa es la que acatamos como emblema de la Patria y por eso la de sangre y oro que fue testigo de tantas heroicidades está aquí solo traída por patriotas entusiastas que añoran como nosotros, días de esplendor hispano. Pero aunque sin carácter oficial portada a esta casa, la veneramos como símbolo de un pasado inmortal.”

La recepción finalizó con la entrega de toda la correspondencia que portaban los expedicionarios. Mientras en la plaza bullía un desmedido amor patrio. El desfile de las milicias formadas ante el palacio municipal, dio término al brillante homenaje popular.

  1. El día 15 de agosto, el general Queipo de Llano iza en el ayuntamiento de Sevilla la Bandera Rojo y Gualda.

Ocho días después del regreso de la Bandera roja y gualda a La Coruña, el día 15 de agosto de 1936, día de la Virgen de los Reyes, con la asistencia del General Francisco Franco, Jefe del Ejercito de Marruecos, el general Gonzalo Queipo de Llano, izaba en el balcón principal del ayuntamiento de Sevilla, con una plaza Nueva llena de una multitud enfervorizada,  la Bandera rojo y gualda, que venía sustituir a la bandera tricolor de la II república, El general Franco se dirigiría a la multitud con estas palabras: “Sevillanos, Ya tenéis aquí la gloriosa bandera española. Ya es vuestra. El heroico general Queipo de Llano la ha izado en esta fiesta solemne y de forma oficial. La Bandera bicolor es la enseña de una raza, de unos ideales, de una dignidad, de una religión. De todo lo que está en peligro de desaparecer por el avance de las hordas marxistas y de la propaganda de Moscú. Es el oro de Castilla y la sangre de Aragón, De nuestra gesta gloriosa en América y los triunfos de los barcos españoles  a través de la historia”.    

Aquel gravísimo error de proporciones considerables del gobierno de la II república fue admitido incluso por el que sería distinguido jefe del ejército del bando rojo, Vicente Rojo LLuch, quien dejo escrito “que la bandera rojigualda que teníamos los españoles no era monárquica, sino nacional”. Para Vicente Rojo  “la nueva enseña tricolor ni era inconmovible, ni imperdurable pues no nació del pueblo, sino de una minoría sectaria. Fue un auténtico disparate por parte del Gobierno imponer a los españoles la enseña roja, amarilla y morada”. “No crearon pues un símbolo nacional, que ya estaba creado con ese carácter, sino uno de lucha partidario, haciendo prevalecer las ideas de la República por encima de las ideas de Nación y Patria”.

Y el militar republicano argumentó para ello tres razones: “Primera, porque no respondía a una aspiración nacional, ni siquiera popular. La bandera republicana era desconocida por la inmensa mayoría de los españoles”. “El pueblo no anhelaba incorporar a la bandera el color morado de Castilla. No podía anhelarlo porque la masa del pueblo español ignoraba que el morado fuese el color de Castilla”. Y es que no lo era. Era el carmesí.

“Segunda, porque se reemplazó una bandera nacional por una bandera partidaria y, con ello, solo consiguió dividir a España. Y tercera, porque no era necesaria y, consecuentemente, tan solo podía producir complicaciones, tal y como sucedió”.

Sin embargo habría que esperar al día 29 de agosto para dar carácter oficial a la vuelta de la Inmortal Bandera roja y gualda. Vendría dado por un Real decreto firmado por el general Guillermo Cabanellas, presidente de la Junta de Defensa Nacional. En su artículo único decía: "Se restablece la bandera bicolor, roja y gualda, como Bandera de España". "El movimiento salvador de España, iniciado por el Ejército y secundado entusiásticamente por el pueblo, fundidos en el fervoroso anhelo de reanudar su gloriosa Historia, ha sido presidido espontánea y unánimemente por esa gloriosa enseña”. "Sólo bastardos, cuando no criminales propósitos de destruir el sentimiento patriótico en su raíz, pueden convertir en materia de partidismo político lo que por ser símbolo egregio de la nación está por encima de parcialidades y accidentes. Esta gloriosa enseña ha presidido las gestas inmortales de nuestra España; ha recibido el juramento de fidelidad de las sucesivas generaciones; ha ondeado los días de ventura y adversidad patrias, y es la que ha servido de sudario a los restos de patriotas insignes que, por servicios prestados a su país, merecieron tal honor el restablecimiento de la tradicional bandera bicolor roja y gualda"

En aquel mes de agosto la vida en la ciudad de la Coruña se había normalizado por completo. Ese fin de semana de la llegada de la expedición postal,  el teatro Linares Rivas presentaba a Angelillo en “la Hija de Juan Simón”. El Kiosco, la película, “Odio”. El Rosalía Castro proyectaba “La simpática huerfanita” con la niña de los rizos de oro, Shirley Temple como principal protagonista. El Savoy, llevaba a su cartelera “La verbena de la Paloma” con un insuperable Miguel Ligero en el papel de Don Hilarión. Por su parte La Terraza exhibía “Ana, la del remolcador”.

El Sporting club Casino, abría una suscripción a favor de las Fuerzas Armadas. Falange Española, instalada en la antigua casa del Pueblo de la calle de Juana de Vega, hacía un ruego a través de la prensa, en las que solicitaba mesas de escritorio y una máquina de escribir. La casa de hilados y tejidos Vilasantar entregaba en el parque de Intendencia un donativo consistente en 60 piezas de lienzo para la confección de colchones. Diversas entidades y particulares habían reunido gran cantidad de víveres, ropas y otros artículos para enviarlos al frente. La campaña estaba coordinada por El Ideal Gallego y Radio Coruña y las donaciones se recogían en el local de Unión de derechas y en la plaza de Toros.

Los dueños del café Marineda de la calle Real, mis tíos Remigio Vivero y Carmen Barallobre entregaban un banderín a la compañía La Vengadora de Los Caballeros de La Coruña.

 

  1. Los dueños del Café Marineda mis tíos Remigio Vivero y Carmen Barallobre, hacen entrega de un banderín a la compañía La Vengadora de Los Caballeros de La Coruña.

El registro civil anotaba el nacimiento de los gemelos García Sabio, de Fernando Pereira Méndez, de Rosa Vidal Estraviz, de José Vidal Souto, de José Mantiñán Canosa y de José Núñez Nión. Por el contrario no se había producido ninguna defunción. Una joven se había querido suicidar en la calle Buenavista, ingiriendo un líquido corrosivo.

En el sanatorio del Pilar de la plaza de Pontevedra, los doctores Manolo Barbeito, Víctor Fernández Alonso y Grimaldos, operaban con éxito, a la señora Doña Melania Romero, esposa de Emilio Rey, farmacéutico, propietario de los laboratorios Yer y madre de Emilio Rey Romero que en los años cuarenta sería  presidente y propietario del diario La Voz de Galicia. Un joven era herido de una pedrada en la calle Cabana. Dos vecinas del callejón de García se agredían en una riña por cuestiones de vecindad. Ambas presentaron  diversas mordeduras. Era detenido, Francisco López, un muchacho de dieciséis años, domiciliado en el campo de la Leña, por haber agredido de palabra y obra a las vecinas de la calle de Tabares, Raimunda Rodríguez y María Manteiga.

Todas las Iglesias de la ciudad, ofrecían culto en ese segundo domingo del mes. La revista Vida Gallega en su número 670, se vendía en la librería de Lino Pérez. El Restaurante Fornos presentaba a su clientela la siguiente carta: Langosta en dos salsas, huevos a la flamenca, calamares en tinta, riñones al Jerez, fabada asturiana, perdices estofadas, merluza a la marinera, lenguado al gratén, salmonetes a la parrilla, espárragos, caviar y postres variados.

Entraba en el puerto el velero español San Jorge y salían el velero Roberto y el buque de la Armada Británica, contratorpedero, Viceroy D-91. Se anunciaban pasajes para La Habana, Río de Janeiro, Montevideo y Buenos Aires con precios que oscilaban desde las 3.500 pesetas que costaba la primera clase en algunos trasatlánticos, hasta las 664 que había que desembolsar por un pasaje de  tercera. El corredor de comercio, Felipe Pérez se encargaba de la conversión de valores amortizables. Peluquería Salvador, en la calle Real anunciaba permanentes a 15 pesetas. Se alquilaban pisos con todos los adelantos, incluido ascensor en la calle de Rosalía de Castro desde 25 a 50 duros mensuales. La playa de Riazor ofrecía un fenomenal aspecto en esos primeros días de agosto, llena de bañistas que se chapuzaban en sus azules aguas.

No habían pasado ni dos semanas, desde aquellos difíciles momentos, y lejos quedaban ya en el tiempo para la ciudadanía, los días 20, 21 y 22 de julio, en que se había producido el alzamiento militar por España de las tropas con disparos de fusil y cañonazos. La Coruña se aprestaba a vivir en retaguardia, casi tres largos años de guerra.