Crucero “Infanta Isabel”

Agosto del año 1900, ha quedado grabado con letras de molde en la historia de La Coruña. El miércoles 22 de aquel mes veraniego, llegaba, en su primera visita a la ciudad, el Rey D. Alfonso XIII. Contaba entonces catorce años de edad.

En su visita, venía acompañado de la Reina Regente, Dña. Mª Cristina de Habsburgo, y de sus hermanas, la Princesa de Asturias, Dña. Mª de las Mercedes, y la Infanta Dña. Mª Teresa.

Desde que se tuvo conocimiento de la visita Real, la ciudad se preparó para recibir a tan distinguidos huéspedes y la animación fue en aumento conforme se acercaba la fecha de su llegada.

Los centros oficiales, las sociedades de recreo, los domicilios particulares, especialmente aquellos asomados al puerto o las calles del centro, comenzaron a engalanarse para la ocasión. Especial relieve adquirieron las grandes galerías de la Marina, Montoto y Dársena o Parrote que se adornaron con luces de gas y eléctricas, colocando en las cristaleras transparentes de color.

En el puerto, especialmente en el Muelle de Hierro, se colocaron mástiles con banderolas y gallardetes, así como grandes focos de luz eléctrica para iluminar esta zona de la ciudad. Igualmente, se dispuso el engalanamiento de todas las embarcaciones y gabarras surtas en la bahía.

Se colocaron grandes arcadas formadas con elementos vegetales y de dispuso de la colocación de multitud de farolillos a la veneciana y bujías eléctricas en la zona de la ciudad asomada al puerto.

Hasta tal punto se quiso verificar el resultado de todas las medidas adoptadas en materia del exorno general de la cuidad que, en la noche del 21, se hizo una especie de ensayo general en el que se comprobó la extraordinaria imagen que ofrecía La Coruña.

El día 22, a las tres y media de la tarde, a bordo del yate “Giralda”, el Rey, llegó al puerto de La Coruña donde lo aguardaban más de 40.000 personas que no cesaron en vitorearlo. Al yate Real, al que acompañaba el de igual clase “Urania”, le daban escolta el Crucero “Infanta Isabel”, el Cañonero “Vasco Núñez de Balboa” y los Destructores “Osado” y “Audaz”.

Cañonero “Vasco Núñez de Balboa”

En el Muelle de Hiero, la familia Real fue cumplimentada por las primeras Autoridades y las fuerzas vivas de la ciudad, mientras las piezas del Regimiento de Artillería 3º de Montaña disparaban las salvas de Ordenanza.

Por la noche, se celebró una “serenata marítima” en la que participaron, además de las Músicas de los Regimientos “Zamora” nº 8 y “Zaragoza” nº 12, alguno de los Orfeones coruñeses que se trasladaron en embarcaciones, adornadas con templetes, hasta las proximidades del Yate “Giralda”.

El día 23, fue la primera jornada oficial del Rey en la ciudad. Poco después de la diez de la mañana, desembarcó formándose la comitiva que habría de conducirlo, junto a la Reina y a la Princesa de Asturias, a la iglesia de San Jorge, donde se ofició un Te Deum.

La carrera estaba cubierta por efectivos del Cuerpo de Carabineros, en la zona próxima al Puerto; en el Cantón Grande por el Regimiento 3º de Artillería de Montaña; en la calle Real, por el Regimiento de Infantería “Zaragoza” nº 12, uno de cuyos Batallones formaba parte de la guarnición coruñesa; en Riego de Agua, por el Regimiento de Infantería “Zamora” nº 8, acompañado de la Música del Regimiento “Isabel la Católica” nº 54, por entonces de guarnición en Lugo, en tanto que el Regimiento de Cazadores de Galicia nº 25 de Caballería, daba escolta a la comitiva Real.

La acogida de los coruñeses, que abarrotaban todas las calles, fue inenarrable, sin que se registrase el mínimo incidente, colaborando en la seguridad fuerzas del Cuerpo de Vigilancia, que todavía la prensa denomina como de Orden Público”, de la Guardia Civil y Guardia Municipal. A la conclusión del oficio religioso, las fuerzas de la guarnición participantes desfilaron ante el Monarca.

Todavía, la estancia de los Reyes en La Coruña se prolongó hasta el día 28, asistiendo a diferentes actos organizados en su honor y realizando varias visitas al Cuartel de Alfonso XII, Hospital de Caridad y Hospicio, señalando, como nota curiosa, que la Reina y la Princesa de Asturias realizaron compras en establecimientos de la calle Real y Riego de Agua.

En cuanto a los buques de guerra surtos en la bahía formando parte de la Escuadrilla real, señalar que el Crucero de 2ª clase, de casco de hierro, no protegido, “Infanta Isabel”, fue construido en España, entrando en servicio en 1887. Desplazaba 1.190 tn., con una eslora de 64 m., 9,70 de manga y 5,33 de puntal. Su dotación era de 180 hombres.

Destructor Contratorpedero “Osado”

Disponía de cuatro calderas que generaban 1.500 cv. Igualmente, contaba con aparejo con tres palos y bauprés, pudiendo alcanzar 14 nudos de velocidad. Su artillería la componía cuatro cañones Hontoria de 120 mm., otras piezas menores y dos tubos lanzatorpedos. Fue baja definitiva en 1926.

El Cañonero de 1ª Clase “Vasco Núñez de Balboa”, se construyó en Glasgow, causando alta en las listas de la Armada el 28 de septiembre de 1895. Desplazaba 300 tn., con una eslora de 47,43 m., 6,58 de manga y 3,35 de puntal. Disponía de una máquina de 352 cv., que le proporcionaba un andar de 13 nudos. Iba armado con dos cañones Nordenfelt de 57 mm. y su dotación era de 50 hombres. Fue dado de baja en 1926.

Por su parte, los Destructores Contratorpederos “Osado” y “Audaz”, formaban parte de una clase integrada, además de por los mencionados, por los “Terror”, “Furor”, “Plutón” y “Proserpina”.

Los Contratorpederos “Osado” y “Audaz”, construidos en Glasgow, causaron alta en la Armada en marzo de 1898, poco antes del inicio de las hostilidades con Estados Unidos. Desplazaban 450 tn., con una eslora de 69,79 m., una manga de 6,80 y un puntal de 4,20. Disponían de dos máquinas con una potencia de 7.500 cv. y una velocidad de 30 nudos. Iban armados con dos cañones Nordenfelt de 57 mm. y dos tubos lanzatorpedos de 350 mm. Su dotación era de 65 hombres. Fueron dados de baja en 1925 y 1924, respectivamente.

Ambos Contratorpederos formaron parte de la Escuadra de Reserva al mando del Almirante Manuel de la Cámara que zarpó de Cádiz el 16 de junio de aquel fatídico año de 1898, dirigiéndose al Canal de Suez con el fin de atravesarlo y poner rumbo al archipiélago filipino, con el objetivo de batir a la Escuadra norteamericana, con un potencial inferior a la nuestra de Reserva. Sin embargo, las presiones efectuadas por los británicos, fieles aliados de los yanquis, provocaron que las autoridades locales pusiesen todo tipo de impedimentos y retrasos para que nuestros barcos cruzasen Suez, hasta el punto de que cuando, por fin, desembocaron en el Mar Rojo ya era demasiado tarde ya que el Almirante Cervera había sido derrotado en Santiago de Cuba y todo había concluido.

De hecho, dos de los Contratorpederos de esta clase, el “Furor” y el “Plutón”, se perdieron heroicamente en la gloriosa acción de Santiago de Cuba, donde los marinos españoles cumplieron con su sagrado deber a sabiendas de su notable inferioridad con relación a su enemigo.