30 de junio de 2019, se cumplió un Siglo de la Consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús.

       El 14 de marzo de 1733, en la iglesia del colegio de San Ambrosio de la ciudad de Valladolid, el Sagrado Corazón de Jesús le dio conocer al padre Bernardo Hoyos la Gran Promesa para nuestra patria con estas palabras: “Reinaré en España y con más veneración que en otras partes”.

       Promesa que años después entendió Francisco Belda que en 1900 dirigió una carta a la revista La Semana Católica, en la que proponía levantar un monumento nacional en honor del Sagrado Corazón de Jesús, delante de la ermita de Nuestra Señora de los Ángeles. Poco después, la propuesta fue aceptada y se eligió el Cerro de los Ángeles, en el término municipal de Getafe a 10 kilómetros de Madrid, por haber sido considerado tradicionalmente como el centro geográfico de España.

       En 1916 la Obra de Entronización del Divino Corazón en los Hogares, fue la patrocinadora de la iniciativa de construir un MONUMENTO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS en El Cerro de los Ángeles, a tal fin, organizó un acto para la bendición y colocación de la primera piedra en dicho lugar, y el 30 de junio de ese mismo año, fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, fue colocada la primera piedra del monumento por el obispo de Madrid-Alcalá, monseñor Salvador y Barrera.

       Todo el monumento fue costeado con las aportaciones de miles de españoles que colaboraron en la suscripción pública que se abrió con este motivo. Entre las muchas personas que colaboraron figuraba una jovencita madrileña, perteneciente a una de las familias más distinguidas de Madrid, que entregó 1.000 pesetas de las de entonces, ocultando su nombre bajo este seudónimo: “Al que es todo para mí”. Hoy ya sabemos que esa jovencita era Maravillas Pidal y Chico de Guzmán, la futura madre Maravillas, fundadora del Carmelo del Cerro, beatificada por la Iglesia Católica en el 2003.

      El monumento se edificó bajo la dirección conjunta del arquitecto Carlos Maura Nadal y del escultor Aniceto Marinas.  El ancho era de 31,5 metros, y de fondo tenía 16 metros. Utilizándose para la construcción de todo el conjunto 882 toneladas de piedra caliza de Almorquí en tonos ligeramente amarillentos. Y su altura era de 28 metros, incluidos los 9 metros de la figura presidencial del Sagrado Corazón de Jesús, que fue donada por Don Juan Mariano de Goyeneche (Conde Guaqui). Contaba con dos grupos de esculturas laterales, uno de los cuales representaba a la “Humanidad santificada” en el que figuraban los santos siguientes: Santa Margarita María de Alacoque, San Agustín, San Francisco de Asís, Santa Teresa de Jesús, Santa Gertrudis, el beato Bernardo de Hoyos y San Juan Evangelista. Y el otro a la “Humanidad que tiene que santificarse”, que estaba situado a la izquierda del monumento, se representaba el camino para llegar al cielo mediante la práctica de la caridad, del amor, de la humildad y del arrepentimiento. La caridad estaba representada por una hija de San Vicente de Paúl y cinco niños guiados por ella. Otro grupo de cinco figuras representaba la Virtud y el Amor, personificada la primera por una joven de elevada alcurnia y una niña con el traje de primera comunión, y el segundo, por un hombre y una mujer del pueblo con un niño en brazos.

     Como curiosidad, en la parte izquierda del pie que sostiene la imagen del Sagrado Corazón, se colocó el escudo de armas del papa Benedicto XV, cuyo papado duró desde 1914 hasta 1922.

      Era tal la devoción al Corazón de Jesús en nuestra patria por aquel tiempo, que en todas las templos de España se dejó oír el redoble de sus campanas, sumándose al acto que, por fin, el 30 de mayo de 1919, festividad de San Fernando Rey y coincidiendo con la víspera del aniversario de la boda de Alfonso XIII, inolvidable por las trágicas circunstancias añadidas del atentado sufrido ese día en el que tantos murieron y fueron heridos, el Rey, don Alfonso XIII, consagró España al Sagrado Corazón de Jesús.

     Aquel día, Desde primera hora de la mañana comenzaron a llegar los primeros coches al Cerro de los Ángeles, aparcándose en las proximidades de la esplanada.

     El Nuncio de Su Santidad, Francesco Ragonesi, bendijo el monumento, ante una multitud de personas se habían desplazado junto a los Reyes de España, el Gobierno y autoridades civiles y militares para tan solemne ceremonia; seguidamente comenzó con la santa misa presidida por el arzobispo de Madrid, Prudencio Melo; terminada ésta, expuso solemnemente el Santísimo Sacramento en una custodia, ante lo que todas las autoridades y el numeroso gentío cayó de rodillas.

     A continuación, Alfonso XIII subió las gradas del monumento hasta el pie del altar, y vuelto ligeramente, para no dar la espalda ni al Santísimo ni a los miles españoles que estaban presentes, en nombre del pueblo español leyó la fórmula de la consagración, en la que tras reconocer a Jesucristo como Rey de Reyes y Señor de los que dominan, mencionó la tradición católica de la realeza española y de nuestra Patria, dio gracias al Cielo por haber librado a España de la Primera Guerra Mundial y encomendó a su solicitud a los distintos sectores de la sociedad. Y en un momento dado, dijo: “Venga, pues, a nosotros Vuestro Santísimo Reino, que es Reino de justicia y de amor. Reinad en los corazones de los hombres, en el seno de los hogares, en la inteligencia de los sabios, en las aulas de las ciencias y de las letras y en nuestras leyes e instituciones patrias”.

     El rey Alfonso XIII dijo exactamente lo que no querían que dijera los sectarios de la masonería, ni los socialistas descreídos y enemigos de la religión católica, revelando que había recibió una comisión de la Masonería exigiéndole que no consagrara España al Corazón de Jesús y amenazándole con que, si quería conservar la corona, debía aceptar su adhesión a la Masonería; decretar que España sería un Estado laico; la ley del divorcio y generalizar la instrucción pública laica. Y sin titubear un instante, les respondió: - “Esto ¡jamás! No lo puedo hacer como creyente.”

      Alfonso XIII, proféticamente había enumerado los mismos motivos por los que, años después, tantos españoles dieron su vida como mártires durante la Segunda República y la Cruzada, que murieron gritando ¡Viva Cristo Rey! Y, con esa negativa, también se adelantó en muchos años a diagnosticar la enfermedad actual que hoy sufre nuestra España con una democracia tibia y acomplejada, que ha expulsado a Cristo de la familia, de la sociedad, de los centros del saber y del trabajo manual, de nuestras leyes e instituciones y en más de los casos que uno quisiera, hasta de nuestras catedrales y de nuestras iglesias.

    Y tan cierto como que Alfonso XIII no atendió la demanda de los masones, es que estos se salieron con la suya. El 14 de abril de1931, Alfonso XIII perdió la corona y se proclamó la Segunda República española.

    Los socialistas, por su parte, jalearon públicamente la estrategia de los masones. Besteiro, el tolerante intelectual del PSOE, se refirió a la consagración como “un acto bochornoso y peligroso”. Por su parte, Pablo Iglesias arremetió contra el Cerro de los Ángeles con este exabrupto: “La locura ha hecho presa en la cabeza de nuestros gobernantes”.

    Años después, en 1936 y en los primeros días de la guerra civil, allí se vivieron escenas de odio y violencia protagonizadas por las milicias rojas del Frente Popular.

     El 23 de julio de 1936, cinco jóvenes fueros asesinados por defender y guardar el monumento de posibles atentados, a manera de los que sufrieron éste y numerosos templos en España desde el inicio de la Segunda República, tales como los acaecidos en la quema de conventos de 1931. Días después de los asesinatos, concretamente el 7 de agosto 1936, un grupo de milicianos rojos intentando fusilar la fe, lo inmaterial y la esencia del pueblo español, llevaron a cabo la “ceremonia”, por ellos mismos fotografiada, de fusilar el monumento al Sagrado Corazón de Jesús; y un pelotón de milicianos, colocados en posición de ejecutar, obedeciendo las órdenes de una anarquista, que les ordeno: “¡Apuntad con odio! ¡Disparad con ira!”, dispararon sobre seguro, hundiéndose las balas sobre la frente, sobre los ojos, sobre el pecho, sobre el Corazón de Cristo.

      Tras ello, procedieron a la destrucción de las esculturas, primeramente “a mano”, sin el resultado deseado dada la dureza de su material, y, por último, queriendo volver a la nada, recurrieron a la dinamita hasta lograr volar el monumento… sonó la descarga y el eco por la llanura. Tembló la tierra, España entera y el cielo, y se regocijó Satanás y el infierno. La cabeza decapitada de Jesucristo fue tirada por los suelos y golpeada una y otra vez.

      Es difícil encontrar un acto más absurdo, incoherente y repugnante. No he encontrado mayor escándalo, odio e ignorancia durante la Cruzada que este acto ilógico e irracional.

       La prensa del Frente Popular publicó en portada y en primera página las fotografías del “fusilamiento” y comentó favorablemente el hecho con este titular: “Desaparición de un estorbo”. El Ayuntamiento de Getafe, en decisión refrendada por el Gobierno de la República, cambió el nombre cerro de los Ángeles por el de “cerro Rojo”, nombre que conservó hasta que, el 6 de noviembre del mismo año, precisamente el primer viernes del mes, dedicado al Corazón de Jesús,  el general Varela, con sus legionarios, recuperó, a punta de bayoneta, el escenario de la destrucción, levantando en sus ruinas una gran cruz blanca e izando la bandera española, y el capellán castrense de esas bravas fuerzas de choque celebró, en un altar improvisado, el primer acto de la reparación, que consistió en una misa de desagravio, ante los heroicos jefes, oficiales y soldados, que bajo el fuego de los cañones y fusiles republicanos en retirada, se arrodillaron participando en el Santo Sacrificio conmovidamente.   Desde entonces se convirtió en santuario de la Cruzada y en el Altar de España.  

      Terminada la Cruzada, en aquel año de la Victoria, el gobierno de España, presidido por Don Francisco Franco, dio orden de construir un nuevo monumento, réplica del anterior, iniciando su reconstrucción con la llamada “Obra Nacional del cerro de los Ángeles” y que con la ayuda recibida por las “obreras del Cerro”, mujeres españolas de diferentes clases sociales, dedicadas a pedir y recaudar dinero público. Y así, más de 150.000 personas presenciaron en el Cerro de los Ángeles la colocación de la primera piedra para el nuevo monumento, que bendijo, el 18 de julio de 1939, el obispo de Madrid-Alcalá, doctor Eijo y Garay.

      Para levantar el nuevo monumento se eligió el mismo lugar que ocupaba el monumento original. Las ruinas del anterior monumento que se conserva, tal como lo profanaron los rojos, como testimonio de la infamia cometida allí, fueron trasladadas al lugar que hoy ocupan para dejar despojado el solar de la nueva construcción.

      Ocho años después de la profanación, comenzó a edificarse según el nuevo proyecto de los arquitectos Pedro Muguruza y Luis Quijada Martínez. La imagen del Sagrado Corazón de Jesús y su pedestal fue también nueva obra del Aniceto Marinas, junto con los grupos escultóricos de la base, obra de Fernando Cruz Salís.      Y nada más iniciarse la nueva construcción, el 30 de mayo de 1944, para conmemorar el vigésimo quinto aniversario de la inauguración del monumento destruido y la consagración oficialmente España al Sagrado Corazón de Jesús, se celebró con gran pompa un acto de desagravio y reparación nacional, que presidió el Jefe del Estado, Don Francisco Franco, renovando la consagración de nuestra patria ante unos 200.000 asistentes, quienes emocionados se unieron a la ofrenda al Sagrado Corazón de Jesús

      El monumento que se terminó de construir en 1965, muestra la nueva imagen Jesucristo, de 11,50 metros, con los brazos abiertos, invitando a todos los hombres a ir hacia Él, apoyada sobre un pedestal de 26 metros, rematado con la leyenda Reino en España. En la base de éste se encuentra un altar, debajo del cual se inscribe la frase “Sagrado Corazón, en vos confío”. Encima de éste y en el centro figura la locución “España al Sagrado Corazón de Jesús”. A los lados se encuentran, a la izquierda, el escudo del papa León XIII y, a la derecha, el escudo episcopal del entonces nuncio en España Francesco Ragonesi.

      Rodeando al monumento y en la terraza de la Basílica se encuentran ahora cuatro grupos de esculturas, situados a los laterales del pedestal. Los dos primeros grupos de la parte delantera son repetición, aunque de distinto estilo y orden de figuras, de los que existían en el monumento origina. En el primero de ellos titulado “Iglesia Triunfante”, figuran los santos que se distinguieron por el amor especial al Corazón de Jesús. Y está encabezado por San Agustín, llamado doctor de la gracia, obispo enamorado del amor de Cristo, cuya mirada se fija en los misterios de la Ciudad de Dios. Después vemos a Santa Margarita María de Alacoque, religiosa de la Visitación, de rodillas con los ojos fijos en el “Corazón que tanto amo a los hombres”., que fue elegida por Dios, recibiendo revelaciones, para propagar la devoción del Corazón de Jesús. Vemos también a San Francisco de Asís, quien se identificó de modo absoluto con el Corazón de Jesús, que le imprimió las cinco llagas, para que pudiese gritar al mundo con su vida: “El Amor no es amado”. También vemos a Santa Teresa de Jesús, la mística doctora, española donde las haya, con la pluma en la mano fija su mirada en el libro que está escribiendo, donde nos muestra la humanidad de Cristo tan cercana a nosotros. En un plano más avanzado vemos a Santa Gertrudis, religiosa benedictina, que también recibió revelaciones del Corazón de Jesús. Podemos ver también al Beato Francisco Bernardo de Hoyos, español jesuita, a quien el Señor le hizo la gran promesa de reinar en España con mayor veneración que otras partes. Y para finalizar, este primer grupo escultórico vemos a San Juan Evangelista, el discípulo amado, que tuvo la gracia de apoyar su cabeza en el corazón de Cristo en la última Cena, oyendo así sus latidos.

       En el segundo grupo escultórico que está situado a la izquierda del monumento, llamado “Iglesia Militante”, podemos ver a la Iglesia que peregrina luchando en el mundo y que representa el camino para llegar al cielo mediante la práctica de la caridad, de la Virtud, del amor, de la humildad y del arrepentimiento. La caridad está representada por una hija de San Vicente Paúl y cinco niños guiados por ella al Corazón de Jesús. La virtud está personificada en una joven de elevada alcurnia que lleva unas flores y una niña con traje de Primera Comunión. El amor está personificado en un hombre y una mujer del pueblo, con un tierno niño en sus brazos, simbolizan la familia, a semejanza de la Sagrada Familia de Nazaret. Como remate de este grupo esta una figura que representa el arrepentimiento y la penitencia que tanto afectan al Corazón de Dios y que tan necesarios son para su Iglesia que todavía está luchando en la tierra, y esta simbolizado por un hombre medio desnudo y descalzo, que postrado ante el Señor implora la misericordia de Aquel que dijo: “Venid a Mí todos los que estáis agobiados y Yo os aliviaré”.

        A estos dos grupos se añadieron otros dos, al tercero de ellos se le llama “España Misionera”, y en él están representados un conjunto de personas insignes en la propagación de la fe, especialmente hacia el Mundo Nuevo, hacia América, encabezando por nuestra reina Isabel la Católica, por la cual se hizo efectiva la intención de predicar el Evangelio de Cristo. A su lado está Cristóbal Colón, artífice de este descubrimiento y primero y principal realizador, después Hernán Cortés que simboliza a todos los conquistadores españoles, así como a Fray Junípero Serra, misionero franciscano y gran evangelizador del Nuevo Mundo a quien acompañan tres indios, como símbolo de los frutos de la labor misionera realizada en las tierras nuevamente descubiertas.

      Y en el cuarto y último grupo escultórico que llamamos “España defensora la fe” vemos a San Osio, obispo de Córdoba, llamado “lumbrera de España y Príncipe de los concilios”, que presidió el Concilio de Nicea y que fue una figura muy importante en la defensa de la fe en cuanto a la herejía arriana en España al definir con la palabra “consustancial” la divinidad de Jesucristo, palabra que hoy ha sido sustituida en el Credo por la errónea “de la misma naturaleza”; a su lado se resalta a Don Pelayo, caudillo iniciador de la reconquista, acontecimiento más importante de la historia de España, tanto en lo político como en lo religioso, y a su lado, vemos al jesuita Padre Laínez, figura clave en el Concilio de Trento y gran figura del mismo; muy cercano se encuentra la figura de Don Juan de Austria, vencedor ante los turcos en la famosísima  Batalla de Lepanto; detrás se encuentra la escultura de Monseñor Anselmo Polanco, obispo de Teruel asesinado en Pont de Molins por los rojos en su huida. Y cierra es grupo la escultura de Antonio Ribera, el ángel del Alcázar, que murió en la Cruzada de Liberación nacional en el año 1936 mostrando su gran amor a Cristo. Este grupo escultórico vemos que está coronado por la fe en forma de una mujer ciega con un asterisco que defiende la fe.

     En la parte baja de la Basílica hay también tres esculturas:  a la izquierda San Isidoro de Sevilla representado al clero, a la derecha el Rey San Fernando representando al Estado y en el centro San Isidro representando al pueblo que deben ser servido por la Iglesia y el Estado.

      Finalmente, el nuevo monumento fue inaugurado el 25 de junio de 1965, por el Jefe del Estado, Don Franco, y bendecido por el obispo de Madrid-Alcalá, monseñor Casimiro Morcillo. Hubo, después, una Misa, concelebrada, presidida por el cardenal y arzobispo de Tarragona, Benjamín Arriba y Castro. Posteriormente, Jefe del Estado, Don Francisco Franco, bajo de la tribuna y en representación de todo el pueblo español, renovó la fórmula de la Consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús.

      Cuatro años después y en cincuentenario de la Consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús, el 31 de mayo de 1969, a las seis de la tarde, entre vítores y aclamaciones en la explanada del cerro de los Ángeles, llegó el Caudillo acompañado de su esposa.  A los acordes del Himno Nacional, Franco, fueron recibidos por el cardenal primado, Monseñor Plá y Deniel, por los miembros del Gobierno y por el Vicepresidente y Presidente de las Cortes;  tras pasar revista a una compañía del Regimiento Inmemorial del Rey, subió a la tribuna presidencial, colocada cerca del Altar y de la imagen de la Patrona de Getafe,  Nuestra Señora de los Ángeles, junto a los jefes de las Casas Militar y Civil, los Príncipes Don Juan Carlos y Doña Sofía, los ministros, los consejeros del Reino, la Mesa de las Cortes, los Consejeros Nacionales, los presidentes de los Tribunales, las altas autoridades castrenses y eclesiásticas, las primeras autoridades provinciales y locales de Madrid, los subsecretarios...

      La inmensa explanada que estaba flanqueada por enseñas españolas y del Vaticano, y abarrotada por una multitud de fieles asistentes, entre las que había muchas damas con mantilla y muchas congregaciones y asociaciones religiosas con sus estandartes y sus emblemas. Extraordinaria representación del pueblo español.

     El monumento fue bendecido por el obispo de Madrid-Alcalá, monseñor Casimiro Morcillo. Hubo, después, una Misa concelebrada, presidida por el cardenal y arzobispo de Tarragona, Benjamín Arriba y Castro. El clero y los seglares entonaron bellos cánticos al Sagrado Corazón. Se leyó el Mensaje paternal del Papa Pablo VI enviado para esta ocasión, en el que decía: “Con ánimo profundamente conmovido vemos postrarse hoy España en espíritu devota reparación en Cerro de los Ángeles y consagrarse sus hijos amadísimos por boca del Excelentísimo Jefe Estado al Sagrado Corazón. En una fervorosa plegaría hacia querida noble nación, suplicamos Cristo Redentor, por intercesión maternal María Inmaculada, conceda días paz, de creciente prosperidad cristiana en fraternal armonía colaboración tareas bien común y progreso social, otorgue gracias perseverantes en integridad fe católica hacia hidalga tierra adalid ideales misionales, reine Él siempre en el imperio de su amor y especial misericordia en individuos y sociedad. Prenda tales gracias y testimonio especial benevolencia en la bendición apostólica que, en fecha memorable, complacidos impartimos dilectísima España.” El sermón corrió a cargo del obispo de la diócesis madrileña, que en su homilía hizo referencia a la consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús, que hizo el Rey Alfonso XIII el 30 de mayo de 1919, ante el monumento que destruyeron por los milicianos rojos.

      Y, antes del ofertorio, su Excelencia Don Francisco Franco, bajó de la tribuna, acompañado de los jefes de sus Casas Militar y Civil, y subiendo al altar y en píe ante la divina imagen, como Jefe de Estado y en representación de todo el pueblo español, renovó por última vez en nuestra patria, la consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús, leyendo el mismo texto que, cincuenta años antes, había leído Alfonso XIII, formula que tiene su origen en la consagración de nuestra Patria a Jesús Sacramentado durante el Congreso Nacional Eucarístico de Valencia, en noviembre de 1893, siendo Soberana Regente del Reino Doña María Cristina de Habsburgo, madre de Alfonso XIII. 

      “Sagrado Corazón de Jesús, Corazón del Dios-Hombre, Redentor del mundo, Rey de Reyes y Señor de los que dominan. España, pueblo de tu herencia y de tus predilecciones, se postra hoy reverente ante este Trono de tus bondades, que para Ti se alza en el centro de la Península. Todas las razas que la habitan, todas las regiones que la integran, han constituido en la sucesión de los siglos y a través de comunes azares y mutuas lealtades, esta gran patria española, fuerte y constante en el amor a la religión y en su adhesión a la Santa Iglesia. Siguiendo la tradición católica de nuestro pueblo, y continuando gozosos la historia de fe y devoción a Vuestra Divina Persona, confesamos que Vos vinisteis a la Tierra a establecer el Reino de Dios en la paz de las almas redimidas por vuestra sangre, y en la dicha de los pueblos que se rijan por vuestra santa ley; reconocemos que tenéis por blasón de vuestra divinidad conceder participación de vuestro poder a los gobernantes de los pueblos, y que de Vos reciben eficacia y sanción todas las leyes justas, en cuyo cumplimiento estriba el imperio del orden y de la paz. Vos sois el camino seguro, que conduce a la posesión de la vida eterna; luz que alumbra los entendimientos para que conozcan la verdad y el principio propulsor de toda vida y de todo legítimo progreso social, afianzándose en Vos y en el poderío y suavidad de vuestra Gracia todas las virtudes y heroísmos que elevan y hermosean el alma.

     Venga, pues, a nosotros Vuestro Santísimo Reino, que es Reino de justicia y amor. Reinad en los corazones de los hombres, en el seno de los hogares, en la inteligencia de los sabios, en las aulas de la ciencia y de las letras, y en nuestras leyes e instituciones patrias.

     Gracias, Señor, por habernos distinguido como defensores de tu fe y misioneros de tu Evangelio por los confines del mundo. Que tu Providencia amorosa nos conserve la integridad de nuestras creencias, la sed amorosa de evangelización y la unidad religiosa de nuestra patria.

     Desde estas alturas, que para Vos ha elegido España como símbolo del deseo que la anima de que presidáis todas nuestras empresas, bendecid al mundo del trabajo para que reine en él la armonía, el bienestar y la paz, con la implantación de la justicia social y el triunfo de la caridad entre todos.

     Bendecid a los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire, brazos armados de la patria, para que la lealtad de la disciplina y en el valor de sus armas sean siempre salvaguardia de la nación y defensa del Derecho.

     Bendecid a todos los españoles que, unidos en la cordialidad de unos mismos santos amores a la religión y a la patria, queremos renovaros la consagración de nuestra vida, pidiéndoos, como premio de ella, el morir en la seguridad de vuestro amor y en el regazo de vuestro Corazón adorable”.

 

—Por la Santa iglesia Católica, para que su unidad revele al mundo el amor de Dios, roguemos al Señor.

 

—Te lo pedimos, Señor.

 

—Por la fidelidad a los preceptos divinos en las leyes y en las costumbres públicas y privadas, roguemos al Señor.

 

—Te lo pedimos, Señor.

 

—Por la unidad religiosa de España, para que en ella reine tu Sagrado Corazón, roguemos al Señor.

 

—Te lo pedimos, Señor.

 

—Por los trabajadores españoles, cuya promoción social y económica anhelamos y procuramos, por las familias españolas, por todas las regiones españolas, roguemos al Señor.

 

—Te lo pedimos, Señor.

 

      Diez años después, en 1975, se inauguró la cripta, obra no existente en el proyecto anterior, y que se encuentra debajo del monumento al Sagrado Corazón. Accediéndose a él por dos puertas, en que (de derecha a izquierda) figuran los escudos episcopales de Casimiro Morcillo, Leopoldo Eijo y Garay, José María Salvador y Barrera y Prudencio Melo y alcalde.

      A noventa años del centenario, el 21 de junio de 2009, el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, presidió la solemne Eucaristía en el Cerro de los Ángeles, en la que “renovó la consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús” – lo pongo entre comillas porque la consagración de España solamente la puede realizar el Jefe del Estado, y en ese momento lo era el Rey de España, Don Felipe VI, que es, en un acto así, el representante oficial de todo el pueblo español-. El presidente de la Conferencia Episcopal Española afirmó que “porque tenemos la certeza de que el camino de la descristianización no conduce a ningún futuro de salvación y de verdadera felicidad para el hombre, renovamos hoy, en el Cerro de los Ángeles, aquella solemnísima consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús que hicieran nuestros antepasados”.

      Acto, que según el testimonio de los estuvieron el él y el que se mostró en Televisión con sorprendente incredulidad: viendo a todos sus asistentes en estado cataléctico, sin un solo tremolar de banderas, ni una gota de entusiasmo visible, ni exaltación patriótica.... Después supimos que todo estaba, porque banderas había y entusiasmo también. Pero los organizadores, no querían que se repitiera el valiente testimonio de españolidad que vimos en San Pedro de Roma con ocasión de la última beatificación de los mártires españoles... En el Cerro de los Ángeles las banderas de España con el Sagrado Corazón de Jesús estaban prohibidas. Nos lo han testimoniado quienes estuvieron allí.

     Al cumplirse un Siglo de la Consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús, la Santa Sede concedió la celebración de un Año jubilar desde el 1 de diciembre de 2018 al 24 de noviembre de 2019. El jubileo fue inaugurado por el nuncio de Su Santidad, Renzo Fratini, y clausurado por el obispo de Getafe Ginés García Beltrán. Durante todo el año cerca de 100.000 peregrinos acudieron al Cerro de los Ángeles.

      Y el 30 de junio de ese mismo año, un mes después del cumplirse el centenario de la consagración efectuada por Alfonso XIII al Sagrado Corazón de Jesús, se celebró una Misa de acción de gracias, que tuvo lugar en el nuevo monumento erigido al Sagrado Corazón de Jesús en Cerro de los Ángeles e inaugurado por el Jefe del Estado, Don Francisco Franco, en 1965, como desagravio y reparación nacional a la infamia y profanación cometida por la chusma roja el 7 de agosto 1936. Al término de la acción de gracias, unos 8.000 peregrinos, junto a cuatro cardenales y una veintena de Obispos, 200 sacerdotes, renovaron su Consagración al Sagrado Corazón de Jesús, no como acto de reivindicación de una situación sociopolítica del pasado, sino como un ejercicio de piedad y devoción, que fue pronunciada por todos los asistentes y presidida por el cardenal Carlo Osoro decía así:

      “Señor Jesucristo, Redentor del género humano, Sacerdote eterno y Rey del Universo: nos dirigimos a tu Sacratísimo Corazón con humildad y confianza,
con reverencia y esperanza, con profundo deseo de darte gloria, honor y alabanza.

      Señor Jesucristo, Salvador del mundo, al cumplirse el centenario de la consagración de España a tu Sagrado Corazón, los fieles católicos volvemos a postrarnos en este lugar donde se levanta este trono de tus bondades, para expresar nuestra inmensa gratitud por los bienes innumerables que has derramado sobre este pueblo de tu herencia y de tus predilecciones.

      Señor Jesucristo, Hijo de Dios Vivo, te alabamos por el amor que has revelado a través de tu Sagrado Corazón, el cual, traspasado por nosotros, es fuente de nuestra alegría y manantial del que brota la vida eterna.

      Reunidos en tu Nombre, que está por encima de cualquier otro nombre, renovamos la consagración que fue hecha aquí hace cien años a tu Sacratísimo Corazón, en el cual habita la plenitud de la verdad y la caridad.

     Al renovar la consagración de España, los fieles católicos expresamos nuestro ferviente deseo de corresponder con amor a la rica efusión de tu misericordia,
impulsando, en comunión con toda la Iglesia, una nueva etapa evangelizadora marcada por la alegría del Evangelio.

     Cuando la Iglesia nos llama por la voz del Sucesor de Pedro a impulsar una nueva evangelización, concédenos salir valerosos al encuentro de las heridas de nuestros contemporáneos para llevar a todos el bálsamo de la misericordia que brota de tu Corazón traspasado.

     Que a todos anunciemos con mansedumbre y humildad: ¡sus heridas nos han curado! Venga, pues, a nosotros Vuestro Santísimo Reino, que es Reino de justicia y de amor.

     Reinad en los corazones de los hombres, en el seno de los hogares,
en la inteligencia de los sabios, en las aulas de las ciencias y de las letras,
y en nuestras leyes e instituciones.

     Concédenos permanecer siempre junto a María, Madre tuya y Madre nuestra, como en la víspera de Pentecostés, para que el Espíritu Santo produzca un profundo rejuvenecimiento de la fe en España.

     Que nuestro pueblo, tierra de María, sepa recibir y custodiar los frutos santos de su herencia católica para que pueda hacerlos crecer afrontando con valentía los retos evangelizadores del presente y del futuro.

     Líbranos del maligno y llévanos a participar en la victoria de tu Sagrado Corazón.

     Que, al consagraros nuestra vida, merezcamos recibir como premio de ella el morir en la seguridad de vuestro amor y en el regalado seno de vuestro Corazón adorable.
¡Que todos proclamemos y demos gloria a Ti, al Padre y al Espíritu Santo, único Dios que vive y reina por los siglos de los siglos! Amén.

      Al igual que sucedió el 30 de mayo de 1919, en seis provincias diferentes, sus comunidades parroquiales se sumaron a esta celebración.

     Al acto no se permitieron entrar a los vehículos particulares, por razones de orden y seguridad, ni a las personas que no estuviesen inscritas, por lo que había que apuntarse ante en la parroquia de origen o en la página web oficial del centenario para ir en autobús.

      Hoy, encontrándonos en España bajo un gobierno social-comunista, y habiendo perdido la Unidad Católica de España y consiguientemente el Reinado Social de Nuestro Señor Jesucristo, con el fin de poder restituir a nuestra Patria su Unidad Católica y restaurar de la Realeza de Cristo, propongo, además de trabajar oportuna e inoportunamente para esos fines, que recemos todos juntos la siguiente oración:

       “Te pedimos por España, Divino Corazón de Jesús, para que ante la vista de tantos males como está padeciendo nuestra patria, te acuerdes de tu promesa de reinar en ella y con más veneración que en otras partes. Que tu Reinado de Amor se establezca ya en nuestra querida España. Que prenda aquí con mayor fuerza ese fuego divino y de aquí se comunique por todo el mundo. Sea tu Divino Corazón, la victoriosa bandera que presida las justas ansias de restauración tradicional y misionera de la nación que más ha hecho por la extensión de tu Reinado en la tierra, y la des la victoria ayudándola a vencer a sus enemigos que son los tuyos. ¡Señor, acelerad el Reinado de tu Sagrado Corazón!”

 

EL ALTAR DE ESPAÑA - CENTENARIO DE LA CONSAGRACIÓN DE ESPAÑA AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS from José Lus DÍEZ JIMÉNEZ on Vimeo.

“EL ALTAR DE ESPAÑA - CENTENARIO DE LA CONSAGRACION DE ESPAÑA AL SAGRADO CORAZON DE JESÚS

Un saludo José Luis Díez.